Capítulo 1 #3
—Deja de fingir que eres una inocentona. Sé que lo planeaste y me las vas a pagar, por esto y por Christian, te lo aseguro —susurra tan bajo que sus palabras salen como cuchillas silbando en el aire haciendo sangrar mi oído.
Me da una última mirada de advertencia y se aleja de la misma forma repentina con la cual se acercó. Se dirige hacia afuera haciendo una salida triunfal. Trayendo consigo un minuto de silencio, sin embargo, el cuchicheo no se hace esperar y la estancia vuelve casi a la normalidad.
Miro a Christian y me da un leve asentimiento con la cabeza. Estoy por volver con Saray cuando una mano toma mi codo y detiene mi paso.
—Creo que me debes una —Christian me dedica esa sonrisa coqueta tan suya que las derrite a todas, pero definitivamente a mí no.
—Sí gracias, en serio —le digo y suelto mi codo de su mano lenta y disimuladamente— fue muy lindo de tu parte, pero mi amiga me está esperando.
—Creo que una cita no estaría mal para ambos y así me compensaras un par de deudas ¿no crees? —intenta tomarme del codo nuevamente, pero yo retrocedo unos pasos hacia atrás.
—¿Por qué no te pago en cuotas y así salgo de la deuda por la ropa? —mis ojos buscan una salida ignorando su petición.
—¿Me estás rechazando nuevamente? —suelta sin más intentando disimular su molestia con una galante sonrisa.
—No, no… solo que por el momento estoy ocupada. Lo siento —musito.
—Entiendo —él asiente—. No te preocupes, pero si cambias de parecer avísame, me gustaría salir contigo alguna vez —responde antes de voltearse y retirarse hacia otra mesa donde se encuentran los demás chicos de su grupo.
Sin poder creerlo regreso a la mesa con Saray y esta me mira preocupada desde donde está. Definitivamente vio todo el alboroto, veo el arrepentimiento en sus ojos y ella decide romper el incomodo silencio.
—Lamento no haberte ayudado —hace una pausa antes de continuar— pero antes de que pudiera siquiera reaccionar, ya tenías defensor.
—No es tu culpa, tranquila.
—No puedo creer —murmura acercándose un poco más a mí desde el otro lado de la mesa— que le gustes a Christian, es raro ¿sabes?
—Yo también lo pienso. Me ha pedido salir otra vez…
—¿Cuántas veces van ya? —réplica—. ¿Tres?
—Sí, tres.
—Bueno, vamos, ya se me ha ido el apetito y Christian te está acosando desde aquí con la mirada.
Ambas nos levantamos de la mesa y tiramos en el bote de basura lo que no queríamos. Salimos directamente de la cafetería para ir a los casilleros a buscar los libros para el cambio de horario; el ambiente entre nosotras ha vuelto a su habitual buen humor, los chistes y las charlas triviales no se hicieron esperar y sin prestar mucha atención a por donde iba caminando, repentinamente choco con otro cuerpo, este es más sólido y me hace retroceder unos pasos atrás hasta casi caerme. El hombro comienza a dolerme por el impacto del choque, por lo que, me cuesta recuperarme por un momento y quedo algo desorientada. Siento las manos de Saray agarrándome del brazo. Le digo que estoy bien mientras recupero un poco la compostura.
—Oh… lo siento —murmuro avergonzada.
—No te preocupes.
—Lo siento, estaba un poco despistada —insisto.
—He dicho que está bien.
—Soy Emma, un placer y bienvenido al colegio —intento hacer una sonrisa, pero con mi nerviosismo creo que me ha salido más bien una mueca. Así que simplemente extiendo la mano
Él la mira e inmediatamente endurece el rostro, ignora mi gesto como si yo tuviera la peste o algo parecido. Con desagrado dirige su mirada nuevamente a mí.
—Gracias —dice tajante y se retira pasando a mi lado, dejándome con la mano extendida.
Saray me mira y se cruza de brazos mientras se acerca a mí.
—Eso fue grosero —dice molesta.
—Lo sé —contesto confundida.
—En fin, tenemos clases y qué bien que nos toca juntas —chilla con emoción y no puedo evitar rodar los ojos al cielo.
—Literatura.
—Sí, saquemos las cosas de los casilleros y vamos al salón de clases —me sonríe con su tranquilidad habitual.
Saray toma mi mano y entrelaza nuestros brazos para ir juntas a nuestro próximo destino.
El resto del día fue tranquilo, bueno más bien sin dramas y estoy muy agradecida por ello. Tuve la suerte de no volver a encontrarme con Emily, pero sí con Desten un par de veces y fue bastante extraño, sentí su intensa mirada en mí todo el tiempo, tanto en clases, como en los pasillos, es como si me acechara como un águila lo hace con su presa.
Al llegar a casa veo en el recibidor del pasillo una nota. Eso significa que mamá no está y volverá muy tarde. Miro la nota identificando que definitivamente es de ella por el estilo de letra y mis sospechas no se hacen esperar.
Llegará tarde por trabajo.
Dejo la nota en su lugar y me dirijo hacia las escaleras. Al llegar a mi habitación dejo la bolsa detrás de la puerta, los zapatos debajo de la cama y me lanzo en esta para relajar un poco la mente de todo lo que viví hoy.
Haciendo un resumen mental de todo… Hay dos chicos nuevos, hice el ridículo con la chica más estúpidamente popular del colegio, volví a rechazar al deportista y para terminar ese chico nuevo… me intriga.
—Vaya mierda —digo en voz alta—. La vida sigue, Emma, la vida sigue —murmuro mientras me recojo el cabello en un moño alto y me dispongo a hacer la tarea.