Dark Arcangelo Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—¿Qué crees tú? —digo sarcástica y continúo mi camino hacia la fila para la comida.

—No es mi culpa que seas fácil de asustar —la escucho decir detrás de mí.

—Lo sé y aún me pregunto porque sigues haciéndolo si ya sabes cual será mi reacción —digo por encima de mi hombro.

—Es divertido hacerlo, además no siempre es la misma reacción, a veces lo acompaña un poco de… irritación y no olvidemos el sarcasmo —intenta sonar seria, pero es en vano y vuelve a reírse, lastimosamente yo no puedo evitar sonreír también.

—Muy graciosa.

—Está bien, lo siento, pero por eso no vine a buscarte —se disculpa mientras formamos la fila y se coloca detrás de mí.

—Entonces… ¿Para qué? —pregunto con curiosidad— ¿aparte de para acompañarme en el almuerzo?

—¿Conociste al nuevo? —suelta sin más— sé que estuvo en tu clase de física esta mañana, Michelle me lo contó y también sé que se sentó a tu lado —levanta sus delgadas cejas arqueadas insinuando algo.

—Sí, conocí al payaso del circo, si eso responde tu pregunta y no, no le hablé si eso responde tu otra pregunta —le interrumpo.

—¿Qué otras clases tienes con él?, está en mi clase de español y geografía.

—Biología e historia y si no me equivoco educación física.

—Es algo misterioso, ¿no lo crees? —menciona con un toque de emoción.

—Parece orgulloso.

—Es guapo… —su voz se torna un susurro, queriendo añadirle intimidad a la palabra.

—Ajá —respondo sin realmente prestarle atención.

La cocinera nos pregunta qué vamos a comer cada una, yo pido lo de

siempre. Hamburguesa y una bebida de manzana. Definitivamente no tengo que adivinar el almuerzo de mi mejor amiga, papas con pollo y una gaseosa.

Saray ha sido mi mejor amiga desde el jardín de infantes y no nos hemos separado desde entonces. La conocí porque ella era nueva el primer día. Me acerqué por pura curiosidad y descubrí que ambas éramos poco sociables. Intercambiamos un par de palabras y desde entonces nos hicimos inseparables. Que fácil es hacer amigos cuando eres un niño. Ella y yo somos tan diferentes, para empezar, es más alta que yo, con el cabello rizado y frondoso, la música es su más grande pasión y tiene esta extraña debilidad por las papas y el pollo frito que aún no logro entender. No sé qué hubiera sido de mí sin ella. Le encanta leer, devora libros como nadie que haya conocido y entiende de arte mejor que nadie, porque para mí son puros garabatos.

Luego de que nos sirvieran la comida tomamos un par de frutas que hay en el mostrador y nos dirigimos hacia la caja registradora. La chica que nos atiende nos cobra a cada una.

—¿Viste quién está buscando mesa? —dice mientras abandonamos la caja y nos dedicamos a la ardua tarea de buscar un lugar libre.

—Por favor no empieces, al pobre le deben doler los oídos de tanto que hablas de él, bueno tú y todo el colegio. Además, es exasperante —digo y finalmente mi búsqueda tiene recompensa.

Nos sentamos una frente a la otra y comienzo una conversación que, para mí, resulta bastante entretenida. Para Saray, en cambio, parece ser de lo más irrelevante, porque no tardo en darme cuenta de que apenas me está prestando atención. Decido seguir su mirada, que pasa por encima de mi hombro para ver que el chico nuevo está sentado junto a otro chico que nunca había visto.

—¿Quién es el chico que está junto a él? —pregunto tomando un poco del jugo de manzana.

—Él también es nuevo, apareció en mi primera hora de clases, un poco tarde se podría decir, pero supongo que el director tardó en presentarlo para introducir al otro chico nuevo, estábamos en la mitad de las matemáticas cuando se presentó.

—Es atractivo, ¿no lo crees? —miro a Saray con un poco de malicia y burla intentando recrear su molesta conversación sobre el chico que con tanta vehemencia decidió hablar desde que nos encontramos.

—Sí, pero no estoy interesada —masculla— Es un poco molesto y entrometido… por favor deja de mirarme de esa forma —contesta irritada.

—Aburrida —río—. No te gusta probar tu propia medicina.

—Tonterías, estás siendo ridícula y en serio, quita esa estúpida sonrisa de tu rostro, no estás logrando nada.

—Claro, claro, ¿Ya se te fue la alegría rayito de sol?

—Es que el chico no tiene nada extraordinario, no sé por qué insistes —dice y se mete una papa en la boca intentando parecer desinteresada.

—Oh vamos admítelo, te tiene intrigada y no sabes cómo disimularlo —insisto.

—Cierra la boca y tráeme otra soda, si eres tan amable —sonríe con una dulzura y hace ojitos con esta ternura que me es imposible decirle que no—. Por favor —ruega.

—Ahora regreso —le respondo mientras ruedo los ojos al cielo, y me levanto de mi asiento

Me acerco a pedir una soda a la chica que nos atendió hace un rato y cuando la tengo en mis manos la abro desde antes porque estoy segura de que va a pedirme el favor de hacerlo y justo en el momento que abro la lata me choco contra un cuerpo derramando todo el líquido entre nuestros cuerpos principalmente el de la otra persona. Intento susurrar una disculpa torpemente, pero cuando levanto el rostro y veo a quién golpeé se me va la sangre del rostro. Es Emily Brooks, Maldición. Acabo de hacerla enojar y mucho.

—¡ERES UNA ESTÚPIDA! ¿QUÉ DIABLOS SUCEDE CONTIGO? ¿SABES CUANTO CUESTA TODA MI ROPA? ¡NI SIQUIERA TU CASA ENTERA L PAGARÍA! —su rostro pasa de ser de un blanco porcelana a un rojo furia mientras vocifera en mi cara.

Miro a mi alrededor intentando buscar una vía de escape, pero se me es imposible y entro en pánico porque todos se nos quedan viendo.

Ella definitivamente sabe cómo llamar la atención.

—¿Y bien, no piensas decirme algo? —levanta ligeramente su ceja izquierda, mientras se cruza de brazos y me mira con asco desde los pies hasta la cabeza.

—Yo no quise, fue un… fue un acci... —tartamudeo— fue un accidente —logro decir— lo siento, lo siento mucho —le respondo frenéticamente.

—Un lo siento no va a cambiar lo que le hiciste a mi ropa, eres una…

—¡Basta! —Una fuerte voz interrumpe lo que sería un grito sumándole una ofensa con pasaje directo hacia mis sentimientos.

Me doy media vuelta para ver quién fue lo suficientemente valiente o muy estúpido por interrumpir a Emily en su intento de asesinarme verbalmente y mi cara de sorpresa se hace evidente porque no esperaba que Christian Tarrer, otro señor popularidad, deportista estrella y la cereza del pastel, ex de la chica con ropas manchadas.

—Basta, Emily. ¿No ves que fue un accidente? Ya déjalo estar y si tanto te preocupa tu vestimenta, yo pagaré la tintorería —dice quitándole importancia.

—Eres mi novio, deberías apoyarme a mí y no a ella —replica ella susurrando, con un tono de irritación en su voz.

—Exnovio —le corrige— además, fue un accidente, no creo que Emma lo haya hecho a propósito, relájate —con mucho cuidado camino hacia atrás para dejarlos argumentar o en otras palabras dejarlos pelearse entre ellos sin que sean conscientes de que estoy aquí y dejar que la mitad del colegio siga presenciando el espectáculo.

—¿Sabes su nombre? —pregunta con sorpresa haciendo un gesto bastante exagerado.

—Sí, sé su nombre. —Christian rueda los ojos.

El rostro de la chica se descompone por un instante, pero recupera la compostura enseguida. Vuelve a adoptar esa máscara de superioridad que tan bien le queda, acompañada de una mirada altiva y gestos orgullosos.