Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 44. El fuego y el aire. #4
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44. El fuego y el aire. #4

Su garganta se mueve al tragar saliva. La mía se sacude al ver como sus ojos bajan en busca de mi respuesta.

Sabe que yo no deseo un guardia tras de mí cada segundo de mi libertad.

Ni tampoco, que esta sea una decisión suya en vez de mía.

—¿Tú deseas aceptar su propuesta? —Azohr utiliza su dedo índice para posarlo bajo mi barbilla, para mirarme a los ojos.

—¿Crees que eso es libertad? —estiro los párpados en espera de su respuesta.

—No puedo ayudarte con ese deseo —Azohr se coloca de medio lado para lanzar la negativa.

—No seré un guardia privado como los conocidos si ella no lo desea —Serk sacude los labios por su tono nervioso—. Solo lo haré cuando lo ordene, o si es vuestro deseo.

—¿Sólo cuando yo decida, me ha parecido escuchar? —inclino la cabeza hacia delante para agudizar el oído.

—Solo cuando vos lo decidáis, mi señora —el brujo ladea el cuello hacia mi voz con rapidez—. Puedo custodiar la puerta de vuestro cuarto, acompañaros fuera del castillo, o traer frente a vos a quién pidáis.

—Si aceptas esas condiciones, permitiré que seas mi guardia privado —acepto sonriente.

Serk sonríe. Ese brillo intenso que se aviva en mi presencia se vuelve más profundo.

—Guardarás las puertas del cuarto real cuando estemos en el interior, te encargarás de todo lo relacionado con nuestra seguridad —enumero las funciones sonriente—. Espero que así te sientas recompensado por tu lealtad.

—Más de lo que esperáis, mi señora —declara Serk con un gesto más alegre que sus palabras.

—¡Eladriel! —Maren grita mi nombre desde un lado de la sala.

Antes de que pueda voltear, Azohr ya analiza la situación. Maren sacude el brazo con energía hasta que ve como nuestra atención está centrada en ella desde que me llamó. Su ceño se frunce después de colocar las manos en la cintura.

—¿Cómo accederás a Eryas para robar el cuerpo de Twig? —Maren eleva el tono al ver que no tenemos intenciones de movernos.

Desenvaino una sonrisa al comprobar que vuelve a sacudir la mano.

El resto de su compañía también parece ansioso de escuchar la historia, aunque, no tengo intenciones de revelarles ahora todos los detalles.

De hecho, no aceptaré su ayuda si la ofrecen.

No pondré en peligro más vidas de las necesarias.

Tras haber hablado y discernido largo rato sobre la variedad de opciones, y después de haber tenido un par de desencuentros algo pobres entre Lugh y Mim, parece que todos están conformes con el plan.

En el palacio de Eryas solo necesito la compañía de Azohr.

Serk comendará el ejército de brujos de la fortaleza y del campamento, y vendrán tras nosotros para encargarse de la guardia real de mi padre.

He pedido al teniente que recoja el cuerpo de Twig de la capilla, a mi anacardo que lo guie hasta ella.

Y que juntos fueran a Xharum en busca de Baron.

Esperarán a que el resto de pueblos lleguen.

Efaris se encargará de reunirse con los gobernadores de los pueblos elfos para revelar la verdad sobre el auténtico Aelfraed y darles la oportunidad de tomar otro camino.

Si todo sale como lo esperamos, nosotros llegaremos con la cabeza de mi padre y el pueblo hada que decida seguirnos.

—Saldremos cuando el alba desgarre la noche —Ebhan aparta la capa para levantarse—. Si esperamos más tiempo, la luz del mediodía se volvería reveladora.

—Señores —Borin golpea la mesa de madera tras él. Nos dedica una mirada a todos—. Esta noche será la última en mucho tiempo sobre las tierras de Órianth.

—En ese lugar también habrá vino, ¿cierto? —Ebhan separa los párpados. Sus ojos entornan una expresión de miedo exagerado.

—Hasta yo estoy asustada por no encontrarlo —elevo media sonrisa.

—Vayamos a las cocinas para preparar el que tienes aquí —el príncipe de magia verde tuerce el cuello rápidamente hacia Borin—. Es lo único que me preocupa dejar en este castillo.

—Los pueblos tienen que estar preparados para partir en unas horas —Efaris se incorpora para caminar hacia ellos con el tono seco—. Os debería de parecer más importante que fueran puestos al tanto.

—Confío en que vos dispondréis de lo necesario, alteza —Borin sonríe según le dedica una reverencia—. Esta noche sois la reina del castillo mientras me emborracho con vuestro hermano.

La reina acepta sin más remedio. Su suspiro de resignación mientras encomienda su mirada a la princesa de magia negra es suficiente para ver que estamparía una jarra sobre sus cabezas si la tuviera entre sus manos.

Observa como Ebhan lanza una carcajada al aire al responder al golpe de Borin sobre la espalda.

Su sonrisa se difumina al sentir la mirada directa de Efaris sobre su nuca, y en pocos segundos, sobre sus ojos.

Sujeta el brazo del príncipe enano para tomar el camino hacia la puerta a pesar de que el entrecejo junto de la reina indica que está molesta.

—Buscaremos criados que se encarguen de avisar a todos —la princesa de magia negra se levanta y ofrece sonriente el brazo a la reina.

—Espero que sean más eficientes que sus príncipes —la reina estira las fosas nasales.

Guardias enanos cierran las puertas de la estancia cuando la reina y su hermana salen tras los príncipes.

Mim dedica una mirada a Azohr. Acto seguido, clavan sus ojos sobre Lugh y Lynn, y su silenciosa presencia cerca de la mesa principal.

Maren y yo sonreímos cuando nuestros ojos se encuentran en medio de la incertidumbre.

—¿Qué? —Lugh sacude los hombros con poca gana.

—Quieren que nos vayamos —carraspea Lynn. Hunde el dedo en el cuello de su uniforme para caerlo hacia un lado.

—¿Por qué? —Lugh se sujeta a la mesa para no ceder—. La reina y los príncipes acaban de irse, yo también quiero vino.

—Lugh —Lynn se acerca para asestarle una mirada cercana—. A ver si mientras buscamos una copa de vino con Ebhan, adivinas porqué quieren quedarse a solas.

El cuello de Lugh se estira. Se vuelve rígido al permitir que su mirada se pierda en un punto desconocido durante un par de segundos.

Su ojo se entrecierra a la misma velocidad que su cuello gira.

Hunde las pupilas entre sus párpados entrecerrados sobre el teniente.

Cierra los puños. Su boca se ha estirado, sus cejas arqueadas han dado un toque de molestia a la serena expresión de hace un momento.

La forma en la que toma aire hace que su pecho suba.

Que baje tan lento, que nadie podría tomar en serio su cara intentando infundir respeto.

—Eladriel me da miedo, pelirrojo traicionero, pero Maren no —Lugh le señala con fervencia.

—Avísame cuando funcione la otra mitad de tu sesera —Mim ríe. Estira la copa para ofrecerle un brindis.

—¿Mi sesera? —Lugh dobla el brazo para mostrarle el puño—. ¿Crees que la necesito teniendo esto, antorcha luminosa?

—Desde luego —el teniente toma impulso para levantarse del sofá.

Con tres pasos, sus narices se rozan.

—Iré a buscar el vino de Ebhan —asiente Lugh—. Pero vigilaré tras las puertas y estaré atento a ti porque no me simpatizas.

Lynn deja caer la mandíbula ante la fuerza que Lugh ejerce por mantenerse en su sitio.

Asiente con una sonrisa tensa antes de tirar de él hasta que cede.

Sortea algunos objetos de decoración de forma torpe mientras trata de no caer sobre la alfombra, se estira para alcanzar a recoger en último momento uno de los candelabros que caían.

Ambos dejan la sala cuando lo coloca sobre una pequeña mesa frente a una estantería llena de libros.

Desde la puerta, Serk me sonríe al ver como Lynn golpea despacio la nuca de Lugh para que ande más rápido.

Coloca el dedo sobre sus labios tensos pidiéndole que salga sin rechistar.

Azohr se acerca al teniente al compás que la hoja se cierra.

Me acerco a Maren sin apartar la vista del príncipe para convertir mi voz en un susurro.

—Debería decir que me alegro —señalo a Mim con las pupilas—. Pero, sin embargo, ¿cuándo ha…?

—Sabes que, de no ser algo reciente, no podría haber guardado silencio —Maren se enfrenta a su mirada tímida para sonreír. Es lo que más le brilla hoy.

—Pero Lynn dijo esta mañana que habías decidido alejarte de él —alzo una ceja reclamando una explicación.

—Estaba decidida a no hablar más con ese pelirrojo de sesera dura —Maren amplía la sonrisa. Suspira.

—Entonces, algo ha debido de pasar para que cambies de opinión —estiro la comisura izquierda.

—Ya lo sabes —su sonrisa ya no es solo ajena, es cómplice de la mía—. Me hizo cambiar de opinión lo mismo que a ti. Que a él, supongo.

—No sé a qué te refieres —me encojo de hombros. Ofrezco mis manos a Maren.

—El deseo de que sea su voz la que susurre confesiones de buenos días no muy distante del oído —Maren las acepta solo por sacudirlas con calidez—. La inocencia de sonreír por despertar como si fueras un niño.

—Vivir para siempre en mi estación favorita, o percibir que el tiempo se convierte en mi enemigo cuando la manecilla marca su ausencia —repito a su compás.

—Esas fueron las palabras que usaste cuando te pregunté por qué arriesgarte a morir —Maren aparta la mirada hacia Azohr y el teniente—. Y no podía dejar de recordarlas cuando escuché su miedo, y como pidió mi besos a pesar de él.

—Me alegro de que encontraras a tu primavera de la misma forma que yo encontré a mi invierno —ninguna sonrisa podría interponerse entre mis brazos y el deseo de abrazarla—. Como yo encontré en ti el amor por el verano.

—Juntas siempre hemos sido verano —Maren me estrecha entre sus manos.

Me aparto con cautela ante la firmeza de esa afirmación.

—Puede que nunca más lo seamos. Puede que ese sol que crees que hay en mí, mañana sea mucho más que eso —la voz se entrecorta entre mis dientes y mis certezas.

—Estoy segura de que cuando mañana haya oscurecido, serás más verano que nunca —sus manos me separan lo suficiente como para mirarme por completo.

—No hay estaciones en mí, Maren. Mis emociones están a la espera de una primavera que nunca llega —trago mis tristezas para no mostrársela ahora que su esperanza brilla.

—Eso que hay en tu mente no es cierto, Eladriel —sus ojos se han llenado de una certeza envidiable—. Ejecutas la decisión correcta.

—¿Lo piensas con certeza? —cierro los ojos. Me sujeto a sus manos con fuerza—. ¿Aún si debo matar a mi propio padre?