Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 43. El filo de un corazón roto. #11
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43. El filo de un corazón roto. #11

El suelo se sacude. Los guardias, yo, y cualquier criatura cerca, nos sacudimos con ella.

Mis comisuras se elevan en una sonrisa. Mi pecho se deja recuperar el aliento al sentir que su presencia significa que Twig continuará respirando.

Solo puedo pensar en el impulso de ver su rostro ahora que sabe que podremos marcharnos juntos al fin.

Me felicidad se deforma cuando las comisuras de mis labios se desploman. El ruido de mi mente solo se debe al grupo de soldados parados frente a mí con Twig entre sus brazos. Una mano inclina su cabeza hacia delante, una bota metálica pesa sobre su espalda. Corrí demasiado rápido.

Sacudo la punta de los dedos sobre el suelo.

La angustia me invita a recoger su luz al precipitarme hacia él.

Esa que es capaz de hacer que todo vuele por los aires como la tierra mágica de Xharum al contacto con mi don.

Lucho para que las partículas formen una resplandeciente esfera, incluso, aunque haya guardias que no desistan en su idea de querer apresarme.

A pesar de sentir que si estiran sus brazos en dos zancadas podrían apresarme.

Mi mente se enfoca en la respiración de Twig hasta que algo rompe mi conexión con mi don de una sacudida.

Un golpe seco en el abdomen me hace toser.

Mis ojos se abren, la pasarela ya se ve lejana.

Twig comienza a verse pequeño, pero su sonrisa amplia en manos de la muerte se ve desde donde estoy.

—¡Ejecutadlo! —la voz imponente del rey se escapa desde algún lugar.

No puedo esconderme del temor. Ms lágrimas se escapan cuando siento los brazos de Azohr rodeándome y las alas de Hai sacudiendo el tiempo.

Busco desde sus lomos el lugar donde el rey se esconde para mirarlo directamente a esos ojos malvados para quemarlos.

Mis pupilas se detienen en su torre. Su figura solemne se distorsiona aún más mientras observa como Twig está arrodillado sobre el camino del jardín con una espada sobre la nuca.

Una que sostiene Tien. Me aferro a la armadura del príncipe cuando escucho como su voz vuelve a rebotar entre las rocas.

—¡Vuelve! —le ordeno a Azohr bajo gritos de mi alta—. ¡Vuelve!

—No es posible hacerlo —Azohr calla.

—No puedes dejar que lo ejecuten —tiro de su armadura con desesperación.

—Está rodeado. Usar fuego contra los guardias es acabar con él antes de que esa espada se mueva —los labios del príncipe se posan sobre mi cabeza.

—Vamos, maldito estúpido, ¿a qué esperas? —brama mi padre, inclinado sobre la barandilla de su terraza. —¡Corta su cuello ahora!

Tien dedica una reverencia. Pestañeo antes de que sus brazos hagan fuerza para levantar la espada, me sacudo entre los brazos de Azohr para dejarme caer sobre ellos.

Mi corazón solo puede observar como el filo se eleva sobre su cuello, y el vacío no me parece limitante si se trata de impedirlo.

Tomo impulso. Funciona. Por un segundo mi cuerpo parece ceder al deseo de volar por mi cuenta de nuevo, pero, entonces…

—¡Suéltame! —le ordeno a Azohr entre gritos.

—Si pudiera salvarlo, lo haría —confiesa el príncipe con la voz rota y utilizando toda su fuerza para sujetarme contra él, contra Hai.

—¡Déjame ir a mí! —sollozo, mi garganta se desgarra. —¡Por favor!

—¡No vas a ser la serpiente!—sacude sus riendas para hacer que Hai se aleje—. Lo siento, mi princesa.

Mi alma viaja tan rápido como la de este animal.

Mis lágrimas reflejan la sangre que se derrama sobre el suelo cuando el acero ha conseguido atravesar el cuello de Twig.

Sangran tanto como él. Mi voz se hiende en un alarido que rompe la carne de mis entrañas como han roto la suya.

Mi cuerpo me pide caer para tocar el suelo frío como lo ha hecho su cabeza.

Me envuelve una calidez que no merezco mientras mis lamentos sacuden las hojas del jardín.

Del templo de dioses aflora el agua con más intensidad que nunca para llenar las grietas sangrantes que han provocado en mí.

El viento corta como el filo de un corazón roto bajo las alas de Hai.

Los recuerdos no serán suficiente para sostener estas tierras porque su voz se ha perdido en el mundo de las que se van para siempre.

Los guardias de la pasarela despliegan las alas.

Se impulsan para perseguirnos tras dejarlo caer como si acabaran de arrebatar la vida de un vulgar ladrón.

Mi mandíbula se tensa con tanta fuerza, que lo dientes rechinan sobre el sonido de Hai en movimiento.

Azohr ladea las riendas para cambiar de dirección. Hai gira levemente.

—Hazlo por Twig —golpeo el cuello de Hai, Lo envuelvo con los brazos para sentir su fuego.

Mi lamento profundo cerca de su oído endurece su mirada.

Abre el pico al ver como los guardias dirigen el vuelo hacia nosotros.

Sus lanzas se apartan, pero es demasiado tarde para escapar.

Como lo fue para mi pobre Twig. Una llamarada naranja y amarilla tan intensa como el color de un mediodía, borra el marrón de mis pupilas al reflejarse en ellas cuando alcanza sus armaduras.

Tampoco pueden escapar de una segunda que trata de acabar con los que están sobre el jardín en espera de nuestra caída.

En sus ojos veo la vehemencia por atacarnos a pesar de ver como el resto muere.

Hoy podrán hacerlo, pero prometo que mañana no podrán.