Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 41. No sólo guerra. #4
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41. No sólo guerra. #4

Sin embargo, sus labios me siguen pareciendo igual de delicados y apetecibles que todas las demás veces que los observé.

Pensé que solo se veían agradables en su sonrisa, nunca imaginé como serían ante palabras de despedida.

Y hasta los deseos con más ganas que antes ahora que los miro de cerca.

Tenerla al lado siempre será un castigo mental, aunque si la alejo…

Si ella se lleva su risa y su mirada desenfadada en medio de todo este infierno…

—Acepto tus disculpas, Mim, te doy mi palabra —resopla Maren.

Voltea y sus ojos se abren cuando encuentran los míos a un centímetro.

—Solicito tu permiso para besarte —trago saliva cuando veo todas las partes verdes que conforman su ojo y que me despiertan deseo.

—Pero… —sus labios vacilan frente a una sonrisa que comienza a dibujarse.

No necesito que su boca pronuncie una palabra de afirmación, siento como sus manos se deslizan por los laterales de la armadura.

Levanto los brazos para que acariciar sus rosadas mejillas, las sujeto con más calidez de la que pensé que tendría.

Me acerco por instinto. Todas las normas que se imponían férreas entre nosotros desaparecen cuando sus labios se encuentran con los míos.

Su silencio abraza su timidez. Su sonrisa entrega mis ganas a su voluntad.

Observo sus labios un instante antes de besarlos otra vez para asegurarme a qué sabe la respuesta que buscaba.

Deslizo los dedos entre su pelo rojo, sus bucles amplios cerca de sus largas pestañas.

Hundo los labios entre los suyos cuando ella utiliza la punta de sus dedos para clavarlas en mis costados.

Su expresión se relaja ante nuestro tacto.

Ante nuestros alientos. Las desliza por los brazos, sobre el pecho de la armadura, y siento un cosquilleo cuando rodea mi cuello con sus brazos.

Bajo las manos hasta su cintura para que nada le impida abrazarme con fuerza.

La acerco con vehemencia. La beso. Con todas las ganas que guardé durante días y trato de impedir que se aleje.

Y si lo hace, al menos que primero sepa que muero por ella.

Ni el sonido más atronador podría asustarme ahora.

—Teniente —el carraspeo y la voz de Azohr hacen que Maren se aparte rápidamente.

Paso el brazal de la muñeca por la boca bajo la mirada insistente del príncipe.

Trato de recomponer la respiración. Azohr observa desde el hueco de la puerta que antes Maren dejó abierta luchando por no realizar ninguna mueca sobre lo que acaba de ver.

Lo tendría merecido. Aunque espero que ella le importe más que yo.

Le dedicamos una reverencia en silencio, observo por el rabillo del ojo como sus mejillas se muestran tan vergonzosas como las mías.

—Príncipe —suspiro.

—Pregunté a un guardia por ti, dijo que te vio tomar este camino —Azohr eleva las cejas. Desvía la mirada hacia Maren—. Pero no dijo que tuvieses compañía.

—¿Ocurre algo? —dibujo una sonrisa tensa.

—Solo buscaba a Eladriel —ríe—. Antes de salir del cuarto dijo que se encontraría con Maren.

—No he visto a Eladriel fuera de vuestro cuarto —Maren da un paso al frente. Sus párpados se separan.

—Lynn dijo que la esperaba para desayunar, que debían hablar sobre algo importante —declaro al recordar las palabras del hada.

—¿Cuánto hace de eso? —pregunta Azohr con angustia.

Esa voz solo sale cuando no hay buenas noticias.

—Antes de reunirme con Maren —rompo la distancia para observarlo confundido—. ¿Azohr?

—Se ha ido —el príncipe golpea la puerta de una sacudida ágil. El marco vibra.

—Eso no es cierto, ella jamás te dejaría —Maren se acerca al príncipe apresurada.

—Se fue a Eryas —Azohr brama.

—Puede que haya ido tras Lugh. Querrá asegurarse de que cumple con lo prometido —Maren sacude las pupilas desorientada—. Esta mañana partía a Eigton para reclutar a los elfos.

—No, ella no se expondría en Rhysartyr —Azohr aprieta la mandíbula—. Sé que ha ido a por Twig.

—¿Qué debemos hacer? —Maren endurece el gesto en un segundo.

—Yo iré a por ella. Twig sabía qué tenía hacer si la princesa llegaba —Azohr se impulsa en el marco para alejarse de la puerta.

—¡Azohr! —grito—. Deja que te acompañemos, la cosa puede complicarse.

Me coloco en la mitad del pasillo solo para ver como avanza por él.

—Si Aranel cumple con su palabra y las tropas elfas no están, solo será un paseo en Hai —eleva el brazo para sacudirlo en una negativa.

—¿Y si no? —pregunto. Estiro el cuello mientras elevo la voz.

—Entonces, tardaremos un poco más en llegar —ríe.

—Tal vez deberíamos ir —Maren se acerca. Lo observa con el ceño arrugado.

—Tú te quedarás aquí —señalo el interior elevando las cejas—. No estás bien del todo.

—Tienes razón —asiente. Eleva una sonrisa tímida—. Gracias por haber venido.

—Creo que yo también puedo quedarme un poco más —carraspeo—. Si lo deseas.

—¿Y Azohr? —Maren amplia su sonrisa.

—No aceptará una copa de vino ahora —río de forma nerviosa.

—¿No irás con él? —da un paso al frente para sujetar mi mano—. Puede que te necesite.

—Él sabe que yo ahora te necesito a ti —ladeo la mirada hacia el final del pasillo mientras termina de perderse—. Cierto, príncipe? —elevo la voz para que me confirme.

—Tú eres la única que lo duda, Maren —el príncipe le dedica una sonrisa sobre el hombro.