Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 41. No sólo guerra.
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41. No sólo guerra.

(Mim)

Masco el desayuno con más elegancia ahora que estoy frente a la reina.

Busco otro trozo de pan que llevarme a la boca mientras me pierdo en los detalles polvorientos de las rocas de los muros.

Tomo un sorbo de vino. Ebhan continúa su charla.

Maldito Azohr… Le dije que no me importaría visitar el reino enano y recorrer sus estancias cavadas, lo sé.

Pero nunca imaginé que terminaría en esta montaña.

No puedo montar en Shae ni salir de este lugar.

Desesperaré si no sale a dar la cara, ya pasaron dos lunas desde que Godrick casi termina con su vida.

Casi no he podido verlo. Ebhan está junto al príncipe Borin durante todo el día.

Es como si se consolaran. Aunque el lugar del enano es tan espinoso que sería difícil sentir lo que él.

Como dijo Eladriel, las tierras solo sirven para sostener las almas que laten.

Nosotros podremos formar nuevos recuerdos, ver las sonrisas de siempre, pero Borin jamás volverá a ver a Sane.

Supongo que por eso Azohr no ha salido de esa condenada habitación. Tampoco la princesa.

—Mim —la voz firme de la reina me devuelve a la realidad.

Apoya los cubiertos en el plato. Me dedica una sonrisa.

—¿Sucede algo? —Efaris enlaza sus manos.

—No, majestad —carraspeo. Me recoloco en el asiento.

—Deberías haber aceptado la guardia, tomar aire habría devuelto el color a tu piel —Ebhan eleva la cejas de forma burlona por encima de la copa.

—Ebhan tiene razón —la reina toma su tenedor de nuevo—. No abandonaste el castillo desde que llegamos.

—¿Te preocupas por el príncipe? —Ebhan arquea una ceja mientras mastica.

—No —río—. Todos sabemos que se encuentra mejor que cualquiera de los presentes.

—Sí —Borin dedica una mirada cómplice a Ebhan—. Ella no le permitió abandonar los aposentos al sol de hoy.

—Le dije que cometería un error si aceptaba ese paseo por los jardines ocultos —ríe el príncipe—. La princesa le advirtió que usaría la luz de ser necesario.

—Y eso que Azohr entró caminando esa misma noche… —Borin estira su comisura izquierda.

—Lo importante ahora… —Efaris posa las manos sobre la mesa. Se aclara la garganta—. Es que Azohr se ha recuperado.

Se aclara la garganta. Dedica una mirada de reprimenda a los príncipes.

—Y nosotros debemos prepararnos para abandonar este reino cuanto antes —la reina toma la copa para mojarse los labios.

—Aún es pronto, mi señora —Borin se inclina hacia delante.

Apoya los codos en el borde presidencial de la mesa solo para lanzarle una negativa.

—Mantenernos aquí no es seguro para ninguno de nuestros pueblos —niega la reina—. Partiremos en las primeras horas de mañana.

—Reforcé la seguridad del reino con un nuevo pelotón de soldados enanos —Borin sonríe.

—Además, los soldados del pueblo brujo que nos acompañaron se negaron a tomar descanso —Ebhan ladea el cuello presto hacia su hermana—. Guardan el castillo en compañía de la guardia enana.

—No os preocupéis por los brujos —Shaqia apoya la copa en la mesa con desgana—. Hay hadas con nosotros.

—Eso es lo que me preocupa —Efaris guarda silencio.

—¿Te preocupa la princesa? —el ceño de Ebhan se arruga.

—Desconfío de Eliot —la reina ladea la mirada hacia el príncipe enano—. Puede que insista en buscar a los que lo han traicionado así Néferien sea cenizas.

—¿Es que creéis que se dará por vencido después de todo lo que ha hecho por destruirnos? —Shaqia arquea la ceja. Alza la barbilla en un gesto poco amigable.

Entrecierro los ojos sobre la princesa oscura. Sé que mientras Eladriel viva seguirá siendo útil para ellos, pero ya ni siquiera es la heredera del trono…

—Puede que sí se haya dado por vencido —murmuro en voz alta sin poder reprimirlo.

—¿Qué dices, teniente? —Efaris arruga la frente.

—Escuché a Maren hablar. Dijo que Tien convenció al rey Eliot de que Eseo es su hijo, otro heredero —me encojo de hombros.

—¿Eliot confiaría su trono a un hijo bastardo? —Ebhan estira los párpados incrédulo.

—No puede ser cierto —Borin ríe—. Esa bestia hija de los dioses no sentaría en ese trono ni a su propia princesa con tal de no perder poder.

—¿Por qué no? —Efaris alza la frente. Estira los labios pensativa—. Quiere unir a Eladriel con el hijo del cancilier solo por entregarle la corona a él.

—Quizás solo esté interesado en Tien —alcanzo el pan para partir otro trozo.

—Eliot solo quería a la princesa para poder hacer oficial el enlace —Ebhan le resta importancia llevándose un trozo de comida a la boca.

—¿Entonces dices que dejará de buscarla? —Shaqia se cruza de brazos. Estira la espalda.

—No creo que eso pase mientras siga con vida —alzo la vista hacia la princesa—. Puede que él no la quiera en su trono, pero tampoco la quiere con nosotros.

—Eladriel aseguró que todo terminaría muy pronto, solo debe ejecutar una orden —Efaris se recuesta sobre el respaldo. Suspira.

—Confiar en ellos, respaldar lo que hay entre Azohr y la princesa es lo que nos trajo aquí —Shaqia nos golpea a todos con las pupilas—. ¿Cuánto más debemos perder por protegerlos?

—Lo que sucedió contra Néferien no fue culpa de Azohr ni de la cercanía a la princesa hada —Ebhan deja el tenedor molesto sobre la mesa.

—Así es —Efaris une las manos a la altura de los labios—. Hace milenios que el rey Eliot desea nuestra muerte. Esto solo ha sido nuestro destino.

—¿Qué diría padre al ver nuestros castillos reducidos a cenizas? —Shaqia deja caer el puño sobre el reposabrazos.

—Padre no era un rey como cualquier otro —Efaris traga saliva.

—Su legado está destruido… —Shaqia tuerce el gesto—. El legado de los brujos.

—Mi padre jamás hubiese dudado —Ebhan tensa la mandíbula—. Azohr también es parte de nuestra familia.

—¿Estaría orgulloso de ver sus tierras arder por alguien que no desea ser parte de nosotros? —Shaqia arquea las cejas.

—Tú afirmaste que nos abandonaría —Ebhan golpea la mesa—. Pero luchó por nuestro hogar hasta casi perder la vida.

El príncipe se levanta. Aparta la silla de un leve empujón.

—Estás ciego para no ver que se hubiera marchado si la princesa se lo hubiera pedido —Shaqia rueda las pupilas hasta apartarlas de él.

—Interpretaría vuestras palabras como traición si fuera un alto cargo de los brujos —Borin mastica sin cuidado.

—Majestad… —Shaqia le dedica una reverencia desde el asiento.

—¡Calla! —ordena Borin tras tragar—. O yo mismo daré la orden para que te castiguen.

—Que hayamos perdido nuestra vida es culpa de esa princesa. Que estemos en este lugar —Shaqia se deja caer sobre el respaldo con pesadez.

—Estáis aquí porque ese fue el trato que hice con el príncipe Bradosck —Borin se limpia los labios con la manga de terciopelo rojo.

—¿Disculpad? —Shaqia ladea el cuello sobre el asiento solo para asestarle una mirada de sorpresa.

—Él pidió mi ayuda durante la misión del solium —Borin estira el cuello. Desenvaina una sonrisa—. Quería salvar al pueblo brujo, que todos estuvieran a salvo.

Ebhan transforma su expresión en cólera. Niega. Sus pupilas se posan decepcionadas sobre la princesa de magia oscura. Shaqia solo estira el gesto. Me estremezco cuando, sin previo aviso, Ebhan tumba la silla de una patada antes de alejarse de la mesa.

Efaris cierra los ojos tras contemplar como golpea la puerta furioso para que los guardias le abran. Guarda los labios entre los dientes cuando abandona la estancia.

—Si a padre le hubiese importado la sangre del linaje, jamás te habrían llamado princesa —Efaris se pone en pie. Contempla a su hermana en silencio.

Me incorporo de inmediato para dedicarle una reverencia.

Shaqia se mantiene en silencio. Ha puesto la mirada sobre la cubertería de plata como acto de resistencia.

Borin se reclina sobre el asiento. Apoya los codos mientras muerde un mendrugo de pan, contempla a la princesa de magia oscura y como la reina la contempla con los labios torcidos.

Tomo asiento de nuevo antes de que la situación se tense aún más.

—Efaris… —Shaqia eleva la mirada hacia la reina.

—Puede que estés afectada por todo lo que sucede y por eso no sabes lo que hablas —Efaris aparta la silla.

—Mi señora… —titubea la princesa.

—Guarda silencio, Shaqia —Efaris se aleja de la mesa—. No causes más problemas.

La princesa se acoge al silencio. Prepara la postura para continuar disfrutando del desayuno.

—Teniente —Borin alza la voz desde su butaca real.

—Sí, alteza —dibujo una sonrisa tensa de agradecimiento por escucharlo hablar.

—¿Qué más sabes sobre el rey Eliot? —el príncipe enano masca pan según me observa. Uno de sus ojos se entrecierra curioso.

—Tan solo sé lo que os revelé —bajo la mirada hacia el plato.

—¿Crees que puedes conseguir más información? —el príncipe eleva las cejas.

—Tal vez Maren pueda decir algo que sea importante —Efaris sonríe—. Necesitamos saber sus planes para poder actuar y proteger a Azohr y a la princesa.

—Estaría informado en ese caso —tomo el cubierto a pesar de que mi mano tiembla—. Azohr me encargó su seguridad y desde entonces pasé demasiado tiempo a su lado.

—Puede que omitiese información —Borin recoge la copa para pasar tomar un trago. Traga—. O puede que no la considerase importante.

—Debes hablar con ella —ordena la reina sin perderme de vista—. Intenta que cuente todo lo que sabe.

—Eladriel sería una criatura más oportuna para vuestro plan, majestad —mi voz nace temblorosa—. Es cercana a ella. Y seguro que la princesa nos cuenta todo lo que revele.

—No quiero molestar a la princesa con más problemas —Efaris esboza una negativa con una sacudida de cabeza.

—Pero estoy convencido de que yo… —muevo los labios con torpeza. El tenedor sobre el plato—. Creo que yo…

—¿El teniente no está capacitado para interrogar a una criatura? —Efaris apoya las manos sobre la mesa. Se inclina sobre ella.

—Sí, majestad, lo estoy —asiento finalmente.

—Bien —la reina recupera la postura. Eleva la frente complacida—. Entonces levanta y busca al hada Maren. Regresa sólo si tienes información nueva.

—A sus órdenes —coloco la servilleta de tela sobre la mesa para levantarme.