Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 40. La noche de las batallas. #8
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40. La noche de las batallas. #8

Lo contemplo perdida, pero sus ojos abiertos se centran en los míos con esa forma amiga de hace semanas.

Y lo encuentro. En días lejanos también se detenía a sacar mis miedos.

Tira de mí con fuerza para evitar que las primeras motas nos toquen, me invita a tomar impulso en una carrera en la que no suelta mi mano. Sigo sus pasos y me lanzo al vuelo.

Tan solo nos toma un par de minutos atravesar el bosque.

Encuentro un bulto pelirrojo entre las copas de los árboles que descansa sobre el fénix de Ebhan al llegar al regresar a la necrópolis.

Su rostro se vuelve lúcido a medida que nos acercamos.

Maren se sujeta con firmeza a la cintura del príncipe, rodea la capa con los brazos.

Veo su cara preocupada y sus mejillas llenas de lágrimas.

Todas las almas vivas esperan a lomos de los fénixes como les indiqué, pero sus rostros están más muertos que los soldados que todavía corren bajo nosotros. Solo contemplar al teniente…

—¿Maren? —detengo el vuelo a su lado. Tomo su mano.

—Lo siento —Maren se deja llevar en sollozos. Apoya su frente en mi hombro.

—Tien consiguió llevarse al niño —confiesa Mim con ojos perdidos en Shae.

—Sus padres intentaron evitarlo —Ebhan me dedica una apesadumbrada ojeada—. Pero, lamentablemente…

—No llegamos a tiempo —Mim todavía observa el plumaje.

—¿Por qué lo permitiste? —dirijo una mirada afilada al teniente—. Sus padres debían estar seguros aquí.

—Cuando él llegó, ya no podía hacer nada —Maren baña sus ojos en culpa. En mi conciencia se suma otra herida—. Tien no preguntó. Cortó sus cuellos y solo dijo que me asegurase de que guardabas el luto.

—Ebhan… —le dirijo una mirada que sé que el príncipe entenderá.

—Su fénix atacó a Ciea. No pude bajar de ella hasta que logramos perderlo —explica Ebhan con tono quebrado.

—Lo siento Maren. A pesar de que jamás esas palabras podrían ser suficiente —el remordimiento ralentiza mi respiración.

—Tú tampoco has salido indemne —Maren gime. Lo hace y dibuja una sonrisa para darme ánimos.

Le devuelvo la sonrisa, pero su llanto abrazando mi oído es peor que una mirada de mi padre.

—Sufrirá por esto —susurro en su oído—. Yo haré que su corazón llore.

—No podrás —Maren niega. Me rodea con fuerza y lamentos.

—Podré. Sé que lo haré cuando llegue el momento —hundo las puntas de mis dedos sobre su espalda.

—¡Por la calva de mi abuela! —grita Lugh—. Eladriel… —mira el cielo lejano con las manos en la cabeza.

—¿Qué mente enferma pensó que eso era buena idea? —Mim se sujeta a las riendas con fuerza.

—Dije que Brenshire y Néferien debían desaparecer, y eso es lo que sucederá —aprieto los labios cuando recibo la mirada de Ebhan, Efaris y Shaqia.

La nube oscura se acerca con más rapidez de la hubiera imaginado. Creo que ya solo pueden resignarse a ese manto oscuro que cubre su hogar.

—Lynn —la busco entre las miradas de los príncipes de Néferien.

—¿Qué debo hacer? —Lynn despliega las alas sobre el fénix de Efaris.

—Utiliza el viento para desplazar la tormenta por Néferien —señalo la nube azabache—. Lugh y yo utilizaremos la luz para hacer fuego.

—Que tengáis suerte, princesa —Lynn me dedica una sonrisa antes de marchar.

—Retirad a los fénixes que sobrevuelan la necrópolis, marchaos a Bhulkahdur —ordeno al resto mientras ella se aleja.

—Qué curioso —Shaqia eleva una ceja—. Sólo os quedaréis aquí las hadas…

—Es tarde para que no confíes en mí, princesa —estiro los labios de forma afilada.

—¿Por qué debería confiar en la hija del rey de las hadas cuándo su deseo es tan parecido al de su padre? —su expresión se llena de malicia.

—Yo no deseo matar almas, deseo salvarlas —expando las fosas nasales con tono molesto.

—Eso suena mucho más elegante que deshacerse de nosotros, pero solo es un discurso —espeta la princesa oscura sin remordimientos.

—Mim —aclaro la garganta para ignorar sus palabras y tragarme las mías—. Quiero que esté a salvo.

—No esperaría a que lo ordenaras —ríe Mim.

—No es una orden, Mim —detengo mi angustia sobre la su mirada. Trato de no perderme en ella por un instante—. Es una súplica.

Los fénixes se alejan hacia tierras enanas mientras el manto oscuro cada vez se hace más extenso. Lugh sacude las alas tras de mí.

—Debes situarte al otro lado —sacudo la cabeza para señalar el otro extremo de la nube—. Llama a la luz de la tierra, recuerda que Ilta dijo que esa era la más poderosa.

—¿Qué pasa si no consigo que funcione? —el alma de Lugh ya no se refleja en sus ojos.

—¿Acaso podría dudar del mejor en control de luz en un momento como este? —asiento sonriente—. Lynn —vocifero.

—Princesa —asiente Lynn.

—Tienes que conseguir que el viento arrastre la tierra por el suelo de la necrópolis y sobre el castillo —alzo la voz según tomo altura.

—Mi señora —me dedica una reverencia burlona.

Las manos de Lynn mecen el aire suave. Las partículas finas de arena oscura comienzan a ceder ante sus susurros y descienden para su reencuentro con el suelo.

Baña la tierra fresca del bosque, las rocas.

Las briznas de hierbas que los animales toman como alimento desaparece bajo ella.

El reflejo nítido de la luna vuelve más sencillo distinguir las superficies que quedaron bajo su dominio.

Arqueo las manos en dirección al suelo. Mis dedos llaman a las motas ocultas entre esos recovecos de arena compacta y dura.

Arrugo el labio desesperada. Si no funciona solo habré cambiado el lugar de Órianth donde las tierras se llenarán de sangre.

Las partículas claras ascienden. Buscan entre las alturas la distancia que las separa de mis manos.

Se deslizan alegres alrededor de los dedos, esperan a que les muestre cuál es el objetivo.

Las esferas no tardan en formarse. Despliego los brazos.

Impulso las bolas tintineantes, se descarguen sobre la arena que cubre todo el ejército y el lugar donde reposan los muertos.

Las lenguas de fuego crecen al ser envueltas por el aire.

El viento ruge fiero tras un primer fogonazo de luz intensa que se expande rápido sobre el suelo.

Se alimenta de cada ser y estructura que ocupa.

Un golpe de aire violento estalla contra nosotros. Tratamos de huir, pero la fuerza con la que nos empuja es incontrolable. Un estruendo más estremecedor que mil truenos arrebatados retumbando sobre cualquier rincón de Órianth envuelve la oscuridad.

—¡Eladriel! —alcanzo a escuchar un grito lejano de Lugh—. ¡Aléjate!

Trozos de roca y metal vuelan cuando la bola de fuego oscuro las impulsa de la superficie.

Del suelo y los muros de la necrópolis. El recuerdo del castillo baña mis ojos al verlo desaparecer frente a mí.

Polvo, humo… El chillido de los fénixes a lo lejos contemplando como su hogar se consume bajo llamas y sonidos de despedida y horror.

La capital de la magia verde ya no existe.

Aquellos que la aman lloran desesperanza.

Aus lágrimas se vuelven más claras bajo la luz de las llamas y mi estómago no puede evitar apiadarse del sufrimiento.

—Tenemos que avanzar a Berato. A cada pueblo —ordeno entre las llamas.