Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 38. El rey del campamento. #8
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38. El rey del campamento. #8

Un grupo de mórothar ha rodeado a la princesa elfa, Joralf y Mim.

Me lanzo al vacío uniendo partículas para formar una flecha.

Cierro el ojo izquierdo cuando uno de ellos echa las manos sobre el teniente, desato el tiro para enviarla al medio de su espalda abierta donde contiene lo único parecido a nosotros. Los órganos.

Las partículas prenden su interior mientras Mim cae al suelo.

A través del rabillo del ojo contemplo como, justo a su lado, otro mórothar tiene el lobo de la princesa.

Utilizo la luz para crear otra flecha que acabe con ese maldito ser.

Sin embargo, antes de que pueda utilizar los dedos para llamar a mi magia, Iskar cae a los pies de Aranel.

Por un momento consigo apiadarme de ella.

De sus lágrimas de tristeza al ver morir a un ser que ama.

Y veo a Lugh tratando de eliminar a la criatura que lucha contra Joralf, que otro de esos bichos oscuros se acerca a ella aprovechando que se ha dejado caer sobre los lomos del animal.

Ojalá pudiese dejar que muriese y todo terminase.

—¡Lugh! —Aranel clama por él con más desespero que antes.

Él atiende a su llamado apenas lo recibe.

Sus cejas se arquean tristes al ver que no puede salvarla, demasiada distancia Me apresuro a tomar luz una vez más, una flecha luminosa apunta al corazón del mórothar bajo mis órdenes.

Y la lanzo sin pensar. Esa asquerosa criatura se desvanece dejando a la princesa bañada en sangre, pero sin un rasguño.

Entonces Lugh me dedica una mirada sincera, pero turbada.

Y ella… Si no la conociese pensaría que es de agradecimiento.

—Gracias, Eladriel —Lugh coloca la mano en el pecho cuando desciendo a su lado.

—No lo hice por ti —dedico una mirada a la princesa—. Tampoco por ella —niego—. Solo lo hice por tu hijo.

Un quejido de dolor de Azohr me hace ladear el cuello. Deslizo la mirada entre las criaturas que corren en la lucha. El peso de mi cuerpo se hace evidente al verlo bajo la mirada de un laméntira. Al recibir sus lamentos.

—No intentes dar un paso —Mim me sujeta el brazo con fuerza.

—Suéltame, teniente… —mi tono se vuelve un presagio lento.

—No es él, Eladriel —utiliza la otra mano para sujetarme con más fuerza—. Ya sabes cómo actúan los laméntiras.

—Es él, yo puedo verlo —siento como mis lágrimas me queman más que nunca—. Puedo escuchar cómo me llama.

—Pero solo tú lo ves —asegura Mim en un grito cerca de mi oído.

—Azohr está junto al príncipe —Lynn se acerca. Toma mi cara para moverla hacia otro lado del campamento.

Mi llanto se detiene al ver como Ebhan está junto a él, al comprobar que ambos están bien.

Entonces mi respiración aumenta presa del alivio.

Ahora veo con claridad a ese maldito laméntira que trataba de engañarme.

Todavía estoy entre las manos de Mim, pero no pienso dejar que viva.

El teniente se aparta cuando mis dedos se llenan de energía con más rapidez que cualquiera de las otras veces que quise usar mi don. Incendia mi piel.

Mi garganta se desgarra en un grito al ver que consigue cautivarme.

Mi pecho está en llamas como si eso que ahora veo frente a mis ojos fuera cierto.

Sube y baja por el recuerdo de Twig desfalleciendo, por Sane tratando de impedirlo.

Mi llanto brota, las esferas casi implosionan en mis brazos.

Las lanzo antes de que la luz me lleve con ella, aunque ya es demasiado tarde para evitarlo porque se ha llevado mi piedad.

Toda esa parte del campamento donde el laméntira consumía almas ha desaparecido bajo partículas de luz. Las casas se han convertido en trozos de tierra húmeda y palos rotos. Apenas consigo tomar aire un segundo cuando el graznido de un fénix avisa de su llegada sobrevolando el lugar en llamas.

—Eladriel —la voz de Azohr me acoge con ternura.

Suena tan intensa, que el resto de lágrimas me abandonan entre sus brazos sin que pueda evitarlo.

—Tú lo has hecho —Azohr me sostiene con fuerza.

Aunque siento como su pecho late fiero por lo que ha sucedido.

—Pero han muerto brujos —aceptarlo, decirlo en voz alta, quiebra mi conciencia.

—Así funciona una revolución, mi princesa —sostiene sin vacilar—. Muchos más brujos han sobrevivido.

—¡Azohr! —la voz de Ebhan enciende mi intuición—. Tenemos que irnos.

Arqueo la ceja al ver que la señorita Fiena acompaña al príncipe.

—¿Qué sucede? —Azohr recorre de la bruja más extrañado que yo.

—Las tropas van a Néferien —confiesa Fiena con la expresión perdida.

Serk aparece con una entereza que me conmueve. En su mirada hay un brillo de dolor que parece haberse acostumbrado a esto.

—El saikh pregunta quién ha llegado —Serk nos dedica una reverencia.

—¿Velthar? —Fiena deja caer la mandíbula inferior ante él.

Serk eleva la mirada ante ese nombre, su garganta se sacude asombrada.

—¿Fiena? —Serk ilumina el rostro.

—Así que, estás aquí… —Fiena dibuja una tímida sonrisa.

—¿Señorita Alis? —Ebhan da un paso hacia ella con el ceño arrugado.

—Es mi hermano —la bruja camina hacia Serk con el semblante fascinado—. Pensé que se encontraba en la fortaleza de Borh.

—Nunca —Serk baja la mirada.

—Nunca debiste venir aquí —Fiena arquea una ceja. Estira los labios—. Si te descubren, pondrías a la familia en peligro.