Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 33. La nueva era de Brenshire. #12
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33. La nueva era de Brenshire. #12

—No importa. Diles a todas que abandonen los cuartos —bordeo el fuego para atraer más luz.

—¿A quiénes? —la mujer voltea en la galería vacía sobre la que nos encontramos.

Las partículas de pura, de la tierra, se alían una vez más a mi don para que pueda hacer justicia.

Los candados robustos se convierten en líquido espeso.

Recorro el resto de pasillos seguida de todas esas mujeres que salen desconcertadas de lo que pensaban su final. El fuego protege nuestras espaldas.

Titubeo al encontrar de frente una pared rígida.

Efaris y su amenaza aparece en mis recuerdos.

E Ilta… Sus palabras sobre el control. Avanzo un par de pasos.

La palma de las manos se alisa. Me concentro en que esto funcionará, o de otro modo la revolución nos habrá dado muerte.

Mis dedos se colocan en posición. Las partículas brotan de esas grietas polvorientas formas en el suelo por los milenios y los pasos sobre ellas.

Mi energía se funde en esa pared. Elevo los brazos para convertir la esfera radiante en una fuente ardiente con la última fuerza de voluntad que me queda.

Lanzo la orbe para que embista contra la pared.

—¡Al suelo! —cubro mi cabeza y me dejo caer.

El polvo del derrumbamiento se mezcla con los restos de fuego que quedan. El agua del lago y sus movimientos han apagado el resto. Las profundidades de Silverfall se han llenado de trozos de roca y miedo.

—Tendréis que nadar, huir por el bosque —vocifero mientras me levanto—. Debéis iros de aquí.

—¿Quién sois? —insiste la mujer del pelo rizado que me ayudó a guiar al resto.

—Podéis buscar ayuda en cualquier pueblo del reino de Néferien. El reino de Bhulkahdur también está preparado por vuestra llegada —advierto mientras camino de espaldas hacia el amplio hueco humeante.

—Pero decidme vuestro nombre —esa mujer insiste. Da un paso que me hace apresurar los míos.

—Mi nombre no salvó vuestras vidas. Ni lo hará ahora. Pensad en que vienen a por vosotros y saltad a ese maldito lago —advierto—. Si aun conserváis vuestras alas, no las saquéis en el agua, esperaos a entrar en el bosque.

Mi entrecejo se arruga. Ahora soy yo la presa del pánico a pesar de que la libertad está a un salto.

No veo a Mim. Tampoco a Maren o Riexor. Bajo la mirada hacia el agua para calcular la caída justo cuando el chillido de un fénix furioso me hace ladear el cuello de golpe.

Sonrío al verlo. Doy unos pasos hacia atrás para tomar impulso y lanzarme al vacío. A sus lomos.

Sujeto las riendas de Riexor tirando de ellas hacia atrás en un movimiento rápido y preciso.

Asciende hasta alcanzar a Shae. Aseguro las piernas a los costados sin soltar las cuerdas cuando la culpa gira mi cuello sobre el hombro.

Una catarata de mujeres cae desde los restos de roca, otras patalean para llegar a las orillas.

No sé si los gritos que han tomado Eryas son de miedo o esperanza, pero suspiro aliviada al ver que los guardias aún no han llegado.

—¿Pero qué has hecho? —vocifera Mim dejando que perlas de ira salgan de su boca.

—Escuchamos un fuerte estallido cerca del palacio —Maren mantiene sus ojos abiertos.

Recorre mi aspecto desmejorado y sucio con sorpresa.

—Tenía que liberarlas, lo prometí. No podía irme y dejarlas condenadas —mi pecho ya no quema.

—Estarán perdidas —Mim sacude la cabeza con negativa. Se sujeta la frustración que le nace por la frente.

—¿Más que aquí? —dejo que la mía salga en forma de pregunta.

—Eladriel —me recrimina el teniente—. Han visto fénixes, vendrán a por nosotros.

—Ya quieren destruirnos, Mim —su falta de empatía por la vida me llena de ira—. Violaba y torturaban a esas mujeres.

—Y Azohr nos torturará a nosotros —me recrimina Mim sin miedo a mi mirada afilada.

Y no se confunde. A solo un par de suspiros, sobre el bosque de las orillas, Hai aletea con fuerza. Su garganta asesta un chillido tan lleno de ofensa, como la mirada del príncipe.

—¿Cómo has podido pensar que no descubriría la verdad? —reclama Azohr apenas Hai llega a mi altura.

—Debía venir, tú lo sabes —bajo la mirada.

—¿Por qué tenías que hacerlo sola? ¿Por qué sin decirme nada? —su tono de decepción es suficiente para que la culpa se vuelva dolorosa.

—No esperaré a tener tu permiso para hacer lo correcto, príncipe —enredo las riendas de Riexor entre mis dedos—. Sé que puedo hacerlo sola.

—Pero no estás sola —Azohr se deja caer hacia delante. Su tono se llena de rabia viva—. No confiar en mí hace que tengamos problemas.

—Lo siento —acepto finalmente—. No quería que tu moral se perdiese junto a la mía.

—Tú ya no puedes evitar eso —sus ojos no están lleno de ese azul tierno de esta mañana y sé que están turbados con razón—. La condena de tu ausencia yo no…

—¿Cómo supiste que estaba aquí? —mi mirada se convierte en el espejo brillante de la disculpa.

—Efaris vino a buscarme después de que acudieras a la biblioteca de Brenshire tras haber confesado que saldrías —me confiesa sin que su mirada se suavice a mi cercanía.

—¿Está segura de lo que vio? —mi peso cae sobre el fénix.

—Alguien robó el collar y lo está usando para conseguir información —revela Azohr antes de que Hai retome el vuelo.