Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 33. La nueva era de Brenshire. #9
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33. La nueva era de Brenshire. #9

del rey te volviese privilegiado. Permite al pueblo contemplar como toman vino y cuentan historias, y ellos brindan por el trono mientras sus familias se mueren de hambre. Ya no vuelvo a deglutir saliva, solo decepción. Frustración, rabia, pena. Ira porque no deseen cambiar.

—Mim —anuncio. Hago oídos sordos a mis pensamientos ahora que llegamos—. Estás bajo las indicaciones de Maren, ella conoce este lugar.

—¿Bajo sus órdenes? ¿Por el reino del loco? —Mim detiene el vuelo de su fénix a mi izquierda.

—Tendrás que guiar a Riexor durante mi ausencia —siento los ojos hundidos del animal clavados en mí.

—¿Por Eryas? —el teniente insiste en asombrarse.

—Os espero en una hora en las rocas altas frente a la sala del consejo —arrugo la frente antes de reprender su desobediencia.

Mim asiente. Maren me dedica una última mirada cuando despliego las alas.

—Sigue las indicaciones del teniente —rodeo el cuello de Riexor con fuerza.

—Azohr no estará conforme —me reprocha Riexor en un graznido.

—Dices eso solo porque no quieres admitir que te asusta Hai —río bajo el eco de su voz.

—Espero que regreses como has prometido —chilla.

—Una hora, lo prometo —beso su cara emplumada.

Apoyo las manos en su cuello para tomar impulso.

Desciendo para perderme entre las copas de los árboles del bosque de las orillas antes de que cualquiera de los guardias que custodian la entrada al palacio puedan verme.

Guardo las alas antes de lanzarme a la carrera.

Esquivo anchos y oscuros troncos pensando en Mylo.

Puede que mi padre le haya asignado nuevamente los turnos de vigilancia ahora que ya no pasa tanto tiempo cerca.

Debo encontrarlo, darle órdenes importantes para él.

Paro en seco por un segundo para tomar aliento.

Cierro los puños a pocos pasos del gran árbol que sobresale de las altas rocas.

Guardo mis espaldas y contemplo tras las columnas de madera de los enebros y pinos alrededor de las cataras con la esperanza de no escuchar pisadas de advertencia.

Detengo mis pasos cerca del agua. Analizo los huecos por los que poder entrar a la sala de asambleas sin ser vista mientras busco el collar bajo el corpiño. Insisto.

Mi corazón apaga sus latidos cuando aterrizo en la sala de asambleas y no he podido encontrarlo. Estaba convencida de que lo guardé aquí. Volteo el cuero por si la claridad me ofrece mejor visión, pero no hay nada.

Solo me queda soñar con el hecho de que saldré de aquí sin que me atrapen.

Guardo las alas al rodear el tirador. Olvido ms conflictos con el tiempo para aliarme a él por un instante para salvar mi vida.

Retengo la última bocanada de aire para escuchar el exterior al separar la hoja con lentitud.

Cierro los ojos. Suelto el aliento cuando la punta de mis pies toca el pasillo de los cuartos privados y ya no ha muros que puedan contenerme.

Corro ante la sala de música. La biblioteca ya no me transmite lo mismo de siempre.

Y encuentro, como siempre, dos centinelas que custodian la puerta principal pendientes de que la galería no se llene de enemigos.

De mí. Me convenzo de no dar la vuelta. Aminorar el paso no será una opción.

Rompo la manga de la camisa para envolverme con ella en una especie de capucha con la que ocultar mi linaje. Y tiento a la suerte una vez más.

Pienso en Nura cuando la claridad fuera de la protección impacta contra mí. Solo pienso en atravesar este maldito trecho.

—¡Alto! —brama uno de los guardias.

Miro por encima del hombro cuando la galería de los sirvientes me envuelve. Sus armaduras han comenzado a golpear furiosas contra el suelo como inicio de una persecución. Pasean la advertencia, no la dicen.

—¡Decid vuestro nombre antes de que os prendamos! —vocifera otro de ellos.

Aprovecho que les saco distancia de ventaja para tomar las direcciones que recuerdo. El cuarto de Twig y el camino que tomó la noche en la que encontramos a Elm y la reina sin vida en el lago. Mi intuición me dicta la izquierda. Desenvaino el brazo cuando la desesperación por el picaporte me llena.

Cierro la puerta con cautela a pesar del miedo.

Apoyo la espalda contra ella para dejar que el aire llene mis pulmones de nuevo.

Aun con lágrimas, sé que debo tener aliento.

Abro los ojos a la oscuridad del cuarto según me dejo caer despacio en el suelo.

Aparto la capucha improvisada en espera de que las tinieblas me devuelvan la calma que perdí en el camino.

Aunque una luz repentina está dispuesta a cambiar mis planes.

—¿Princesa Eladriel? —la sonrisa de Twig está deslumbrada tras la vela.

—¿Mi querido Twig? —la última lágrima cae al escuchar su voz.

Veo como una sombra se incorpora de la cama. Me pongo en pie en cuanto sus movimientos se inician para acudir a sus brazos abiertos. Nunca deseé tanto estar entre ellos como en este momento.

—Ay, Twig —digo entre lágrimas y sollozos.

No tiene reparos en recibirme. Me envuelve con esa eterna calidez que extrañaba. Mis pasos se posan sobre sus adorables y arrugados mofletes con cuidado para analizar de cerca que su piel está intacta. Que no hay dolor. Sonrío antes de volver a hundirme en él.

—Estamos juntos de nuevo, mi pequeña princesa —Twig me sostiene. Acaricia mi pelo con la suavidad que solo él puede darme.

—Pensé que te habían torturado —me dejo llevar por el llanto—. Mylo estaba en graves problemas por haberlo permitido.

—No recibimos ni siquiera una amenaza —la voz de Mylo suena. Pero esta vez parece fuera de mis pensamientos.

Twig se aparta. Mi abrazo cae cuando él me muestra con la mecha corta de la vela el lugar en el que se encuentra. Su rostro resplandeciente tras la luz.

—¿Qué hacéis aquí? —niego. Enlazo miradas entre ellos porque aún no lo creo—. ¿Qué fortuna podría haberme traído hasta vuestra presencia?

—Buscamos la sala —asiente Twig entre la penumbra.

Solo puedo sentir admiración. Tienen coraje. Están dispuestos a todo solo por saborear una vida distinta en Eryas.

—Hoy solo hace un par de horas que buscamos —el semblante de Mylo se vuelve amigo.

—A ti te necesito en otra misión más importante aún —elevo la comisura izquierda. Asiento en su dirección agradecida—. Una con la que deseo que encuentres la felicidad.

—¿Yo? —Mylo ladea la cabeza hacia un lado. Su frente se estrecha.

—A partir de ahora solo cuentas con media hora —sentencio sin apartar la mirada del brillo confuso de sus ojos—. Prepara todo lo necesario para ti y Nura, vais a huir.

—No puedo dejar mi puesto, princesa —el guardia da un paso hacia atrás.

Hasta bajo ese traje pesado de metal puedo ver que se ha helado.

—Vuelve aquí antes de partir. Espero haber encontrado la sala para ese momento, tomarás la cantidad de monedas que necesites —tomo sus brazos fríos para que despierte y comprenda que es libre.

—¿Yo? —balbucea Mylo—. Pero yo…

—Si necesitáis un hogar, podéis venir a Brenshire —aparto la mirada por un instante. Vacilo—. Pero eso significa que debes romper tu juramento de lealtad a mi padre para arrodillarte frente a los brujos.

Su mirada toma la luz de la vela que sostiene Twig sonriente.

La piel entre sus cejas responde. Se arruga sobre el pequeño baúl de madera antigua que hay a los pies de la cama.

Me convierte en el centro de sus pupilas con una decisión que me toma por sorpresa.

Él, que apenas puede avistar mis ojos sin que la imagen de mi padre ejecutándolo aparezca.

—¿Estarás entre ellos? —Mylo rompe el protocolo una cantidad de veces impropia hoy. Hasta usa un tono desenvuelto y amigo—. Eladriel.

Sonrío a esa forma en la que pronuncia mi nombre.

—Sabes que estoy unida a ellos —ni siquiera me atrevo a respirar con tal de que mi semblante no le confunda. Esta visita.

—¿Crees que nos aceptarán? Es decir… —su voz tropieza antes de salir.

—Brenshire os estaría esperando —esbozo una sonrisa.

—Entonces, iré donde vayas tú —afirma Mylo.

Se arrodilla. Posa su antebrazo en la pierna para postrarse.

—¿Así me agradecerás? —alzo las cejas. Abro la mano para ofrecérsela.

—Eladriel… —Mylo casi no se atreve a mirarme.

—Estoy esperando un abrazo —sacudo la mano frente a él.

El metal suena cuando decide aceptarla. Ayudo a que se reincorpore para lanzarme a sus brazos.

—A partir de ahora, nunca volverás a reverenciarme. No volverás a llamarme princesa —le ordeno de forma directa—. Nunca.

—Entonces, te llamaré hermana como en antaño —siento como su mano rodea mi nuca para acercarme a él en un abrazo cercano.

—Mi señora —interviene Twig—. Estaría bien conocer qué haréis para liberar a Nura y el resto de esclavas.

—¿Qué otra cosa puedo hacer? —me alejo de Mylo para dar media vuelta hacia Twig—. Bajaré al ala de esclavas. Usaré el poder de la luz para derribar una de las paredes a la orilla esperando que así puedan escapar.

—Habéis perdido el juicio —Twig deja caer la vela.

—Las liberaré, Twig, les di mi palabra —arropo su antebrazo para que guarde la calma—. Pero tendrán que huir por ellas mismas.

—Me pregunto si podréis liberaros vos antes de llegar a ese ala —su angustia nace en forma de sarcasmo.

—Lo haré. Esto servirá para que todos los ciudadanos descubran esto que mi padre oculta —hundo los dedos sobre sus ropas—. Me entiendes, ¿verdad?

—Os respaldo, mi princesa —me corrige Twig.

—Entonces, busquemos —volteo para echar un vistazo a la oscuridad.

El velo sombrío que cubre este cuarto es más profundo que el aquel que vi en las profundidades.

Apago la vela de un soplido. Mis dedos se estiran en el aire en busca de algún objeto al que poder agarrarme.

Toco algo frío. Parecen las rocas humedecidas de los muros.

Avanzo bajo la silenciosa guía del tacto, aunque no sé por dónde camino hasta que mis pies chocan con algo pesado.

Doblo la espalda para adivinar su forma, su tamaño…

Parece esos arcones con los que el rey proviene a los lacayos para que guarden su ropa.

Recupero la postura. Me concentro solo en los sentidos…

Tanteo un trozo de tela pesada que luce como un tapiz.

Palpo bajo la pared por si hubiera oculto alguna clase de mecanismo, aunque solo encuentro las uniones arenosas de las piedras.

Me esfuerzo en hacerlo rápido. Mis pies pierden la paciencia incluso si la prisa nunca es buena amiga del éxito.