Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 33. La nueva era de Brenshire. #6
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33. La nueva era de Brenshire. #6

—Es bien sabido por todos los presentes que el rey Eliot buscó la alianza del pueblo de Ylros para levantarse contra los brujos —el cancilier convierte a Ebhan en el centro de su disertación—. Fénixes blancos ya atacaron Brenshire.

—Recordamos lo sucedido cada vez que abandonamos este palacio —Ebhan inclina el mentón con ligereza.

—¿Acaso tenéis constancia de un nuevo ataque hacia el reino de los brujos? —mi pregunta calla a todos los presentes.

—Sé la unión entre los butkam y el cancilier Drieden —asiente el cancilier.

—¿Cuándo? —pregunta Azohr de forma solemne.

—Por desgracia, solo los cancilier de consejo político tienen acceso a las asambleas de guerra —Evander sacude la cabeza. La deja caer como si se hubiese rendido.

—Cancilier Tons —enuncio con voz temblequeante—. No puedes abandonarnos ahora.

—Descubristeis el primer ataque, princesa Eladriel, y temen que os desvelen el segundo —las manos del cancilier se posan con desespero sobre el respaldo de la silla.

—Entonces, ¿Brenshire podría ser atacada esta noche? —mis fosas nasales se separan. Mi actitud ajustada al protocolo se esfuma.

—No solo Brenshire —el silencio del cancilier es capaz de retener mi aliento—. El objetivo principal del rey Eliot es Émaxor, pero los butkam desean acceder a la Necrópolis. Hay tropas que tomarán Carsley y Éxavor.

—¿Decís que los butkam están apostados en la frontera de Néferien? —la reina Efaris se vuelve más blanca de lo que ya es.

—Mi señora, lo que trato de decir es que las hadas cederán su reino para que el ejército de muertos destruya vuestro reino —afirma el cancilier con la frente en alto a pesar de que acaba de cometer traición.

Cómo podría sorprenderme que mi padre tratase de erradicar aquello que tiene el poder de hacerme sonreír.

Destruyó Brenshire. Y ahora, incluso si tenemos un ejército de brujos replegados en cada reino, seguiría siendo insuficiente.

Atria y Sulán no tienen poder para impedir que pasen de las fronteras de Ravenbell para asediarlo.

Twig mencionó algo de unos nuevos reclutas antes de que Azohr me sacase de Eryas, pero apenas había mil hombres.

Muchos de ellos ni siquiera tienen formación…

Los mortales parecen condenados. Los vivos.

—Evander —me inclino para estudiar el mapa. Apoyo las manos sobre la mesa—. ¿Qué novedades hay sobre el ejército de la luz?

—Sulán y sus hombres continúan llenando de carteles los pueblos de Armind, Íkora, Bonelish y la ciudad de Ritalis —asiente el cancilier—. Atria envió una misiva informando de la llegada de nuevos reclutas, pero no dejo constancia de cuántos eran.

—Lleva a cabo un recuento oficial y crea listas para asegurarnos de que, si es necesario luchar, el nombre de todos esté registrado —dejo caer la respiración sobre las tierras de Órianth—. ¿Qué puedes decirme de los butkam y su alianza con Drieden?

—Los altos cargos de los butkam crearon una entrada directa a Órianth bajo el mar Therys. Abordarán Eryas por la costa del norte —Evander señala las tierras del lago Cøve bajo la montaña de Eryas.

—¿Bajo el agua? —Ebhan se coloca a mi izquierda. Se dobla para fijar sus ojos en el agua del mar.

—Accederán desde Khaltoria —revela el cancilier.

—Pero Khaltoria… —Shaqia arruga el entrecejo.

Aparta a Ebhan de un empujón para tomar su lugar. Aparta mi mano para contemplar el mapa con mayor facilidad.

—Khaltoria no aparece en este mapa —la princesa de magia oscura eleva la frente. Asesta una mirada llena de sombras de duda.

—Esa isla es el hogar de los butkam, y solo ellos tienen el poder de encontrarla —Evander coloca la punta del dedo sobre el agua que rodea el reino de Ménthir—. Creemos que se encuentra aquí.

—Dime, cancilier Evander —aparto a Shaqia para devolver al atención al mapa—. ¿Alguno de los magistrados conoce la noticia de mi estado? ¿Y el merino del pueblo de Íkora?

—Nadie salvo el rey y las criaturas de palacio tienen constancia de lo sucedido —el cancilier eleva las cejas en una mezcla de satisfacción e incertidumbre—. Conocéis el temor del rey a ser represaliado por sus padres.

—Si no mentís, que Atria se reúna en secreto con los magistrados de Ritalis y Bonelish.

También con el merino de Íkora —le ordeno sin mover las pupilas del papel—.

Si conseguimos que esos pueblos se alíen con los brujos, el ejército de los butkam no podrá pasar de las fronteras sin haberse debilitado.

—Antes de llegar a Néferien deben cruzar el bosque de los susurros —Ebhan rodea el lugar donde se encuentra el bosque con media sonrisa—. Eso también los hará flaquear.

—No estés tan seguro de ello —niego. Me muerdo el labio inferior por concentrarme demasiado—. Si esos muertos han elegido esa ruta, debe ser por algo.

—Es el camino que más rápido los acerca —señala Azohr.

—Si no fueran a llegar intactos, estoy segura de que no habrían tomado esa decisión —tomo aire—. Puede que busquen algo ahí. O que sean más poderosos que aquello que se esconde dentro.

Cubrir la frontera entre Ravenbell y los campos lunares distraerá su atención.

Contar con la extensión del bosque ancestral y sus peligrosas criaturas quizás nos de algo de ventaja.

Pero no podremos huir de la muerte. Lo sé.

Si conseguimos que Amatara se una a nosotros con su ejército, tal vez podríamos replegarlo como si fuera una muralla de acero por la frontera del reino brujo.

O enviarlos a rodear la Necrópolis para protegerla.

No creo que los tres ejércitos de magia sean suficiente para evitar que esos muertos entren en ella.

Puede que los fénixes y las hadas podamos controlar el aire mientras todos ellos guardan la tierra.

Apenas sé montar en Riexor y habrá que enfrentarse a fénixes blancos.

Nunca vi a esos cerberos que mencionan ni a los dragones fae, pero leí sobre ellos.

Temo. Pero será interesante enfrentarme a uno de esos dragones con el mismo don que yo poseo…

—¿Crees que Gandar podría comunicarnos con Amatara? —ladeo el cuello en busca del príncipe—. El cancilier no ha recibido respuesta.

—Puede que si usa el fuego… —Azohr aprieta los labios. No parece convencido.

—O la magia negra… —arqueo una ceja.

Mi espalda se vuelve rígida para encontrarme con sus ojos azules y asustados.

—No, princesa —Azohr sacude la cabeza con energía.

—Yo confío en tu magia, príncipe —estiro el brazo para posar la mano sobre su mano.

—No puedo protegerte de los dioses si ellos descubren qué clase de magia domino —su mano sujeta la mía. Besa el dorso.

—No puedo protegernos si no conseguimos más soldados —acerco su mano a un lado de mi cara. Cierro los ojos.

Siento como mi moflete se mulle entre sus dedos. Como calma lo que duele.

—Puede que un mensaje cuervo funcione… —propone. Contemplo su mirada profunda—. Pero debo advertirte que nunca lo hice. No sé si podré conseguirlo.

—¿Cómo es eso que sugieres? —sonrío. Me lleno de orgullo por lo que veo, me llena de curiosidad su poder.

—Usaré la magia para transformar las palabras en un cuervo fantasma. Cuando llegue a quién pertenece, desaparecerá y el mensaje se mostrará en el rastro de la sombra que deje —Azohr sonríe. De esas veces que solo puedes ver ternura.

—Toda mi fe está depositada en ti, príncipe Bradosck —me apoyo sobre la punta de los pies para besar sus labios—. Sé que conseguirás ese ejército.

—Azohr aun cuenta con un ejército adicional —recuerda Efaris.

—Guardaremos tropas —volteo. Le dedico una mirada segura a la reina—. Volverán si pierden esta batalla.

—Beliel dijo que era necesario liberarlos —Ebhan arruga la barbilla. Se mueve preocupado.

—El cancilier no mencionó nada del ejército del reino hada —me cruzo de brazos—. ¿Qué sucederá cuando hayamos perdido la mitad de nuestros hombres?

—Podríamos adelantarnos. Enviar nosotros los ejércitos —una ceja de la princesa magia se eleva dispuesta a iniciar una guerra.

—¿Esa es tu estrategia? ¿Perder a tus hombres antes de que lleguen los enemigos más grandes? —el asombro me deja caer la mandíbula. Es imposible no ver sus anhelos de venganza.

—Eliminar al rey de las hadas antes de que se alíe con enemigos más grandes, princesa Eladriel —asesta Shaqia sin perturbar su mirada mientras la hunde en la mía.

—Mi padre no solo es un ser malvado, Shaqia, es inteligente —estiro los labios en una sonrisa tensa—. Si ninguno de los pueblos hadas se une a los brujos, serán siete ejércitos contra los tres que guardan Néferien.

—Necesitamos aliados —la reina Efaris abre los ojos. Su pecho se hiela.

—Contamos con el apoyo del rey Wild y el ejército de Bhulkahdur. Rhysartyr se mantendrá neutral —revela Shaqia de forma resulta. Incluso muestra la palma de la mano con poca importancia—. Nuestras alianzas siempre estuvieron claras.

—No en este momento —inclino la cabeza con ligereza hacia un lado—. Con la princesa Aranel gobernando el trono de los elfos, mi padre ganó un nuevo aliado que no teme enfrentarse a vosotros.

—Yo diría que lo desea… —suspira Azohr.

—¿Acaso alguno veis una posibilidad que esos elfos nos derroten? —Shaqia ríe. Las carcajadas son tan sonoras como molestas para mí—. No pueden luchar contra dones.

—Si subestimas su poder, al menos recuerda que, a ellos, nadie les arrebató sus poderes como los creadores hicieron contigo —mis pupilas arrebatadas sobre ella borran la sonrisa de su cara—.

Deberías envidiar su don, y uno de sus lobos puede separar tu cuerpo en dos si no llegamos a tiempo para salvarte.

—Eladriel tiene razón —Efaris dedica una mirada de aviso a su hermana. Sus labios se mantienen finos y en línea recta—. No hay enemigo pequeño cuando es el odio quien lo impulsa.

—¿Habéis olvidado que también se unieron a los fénixes blancos que atacaron Brenshire? ¿No recordáis que Ylros posee dragones fae? —mi mirada salta a cada uno de ellos. Despacio—. Si no rompemos esa alianza con los butkam, no sabremos a qué ejercito temer.

—Aún si los enanos se prestan a luchar junto a nosotros, son demasiados —Azohr inclina la frente hacia delante. Sus sombras le vencen.

—¿Te rindes? —yo, por el contrario, alzo la barbilla para mirarlo a los ojos.