30. El festival de las estaciones. #8
Como en el reino nevado. La reverencia en el final de la canción nos devuelve a la posición de inicio, lejos.
Las criaturas de Ravenbell vitorean al terminar el baile. Los músicos ofrecen un respiro y las parejas se deshacen para tomar algo de bebida refrescante. Azohr se aleja de una forma que consigue arrugar mi alma.
Aelfraed toma el centro del podio con una copa en la mano, una sonrisa en la cara, y la frente en alto. El pueblo toma las bebidas que los lacayos sirven mientras voltean curiosos por su presencia.
—Queridos reinos de las tierras de Órianth, el reino de Rhysartyr desea anunciaros algo que llena mi alma de felicidad —el rey elfo sonríe.
Sus ojos brillantes y orgullosos recorren la concentración de súbditos mientras ladea el brazo hacia atrás en busca de la princesa. Aranel dibuja una sonrisa. Sujeta las manos al frente al aceptar su pedido y lanzarse a su lado.
—Mi hija, la princesa Aranel, contraerá matrimonio con el condestable del ejército de Rhysartyr, Aendyl Silrion —proclama Aelfraed con una sonrisa completa y la copa elevada hacia las nubes.
Las hadas, los elfos… Los pueblos ovacionan con bebidas que se derraman por el compromiso de la princesa.
Los niños recogen pétalos del suelo para lanzárselos con alegría.
El pueblo de Aranel vocifera con fiereza al golpear el pie contra el suelo por la nueva era de su reino.
Entre ellos, la mirada de Lugh me busca tan insaciante, como mis deseos de espetarle un alarido de socorro.
Espero que encuentre consuelo en la profundidad de mis pupilas para reconfortarnos juntos en el abismo.
—El compromiso tendrá lugar en los jardines de Eigton, en la semana próxima —Aelfraed continúa con los detalles del enlace—. Todos los pueblos están invitados a celebrar esta hermosa unión.
—Mi matrimonio afianzará la unión entre nuestros reinos —promete la princesa. Eleva su corona con una sonrisa.
—Marcharé a Las Islas de Aeranthos cuando el problema de la convergencia esté solventado. La princesa me sucederá en el trono como heredera legítima de la corona de Rhysartyr —Aelfraed toma un trago de la copa mientras fija sus ojos en Aranel.
—Inclinaos ante la nueva reina del pueblo elfo —proclama mi padre con la copa en alto.
Los elfos vociferan con más intensidad. Se postran ante ella con más emoción de la que podría haber esperado para perder al único rey que han conocido. Los dioses alaban la unión entre ellos sonrientes por estas buenas nuevas que sus criaturas comparten.
—Querido Aelfraed —mi padre sonríe al tomar su lugar—. No dejemos que la felicidad del pueblo decaiga en este momento —asiente—. Yo también debo hacer anuncios.
—Adelante, querido amigo —Aelfraed se inclina ligeramente para retirarse junto a la princesa.
El rey toma la mano de Debhrán para ocupar el lugar que el rey de los elfos y su hija han dejado frente al pueblo.
Eleva la mano para mostrar a su acompañante a todos.
Como si fuera uno de sus premios de caza, estira una sonrisa de placer que parece haber aprendido a no distinguir entre clases.
Muerdo mis labios para evitar esbozar una mueca de repulsión.
—La señorita Debhrán ocupará el lugar del trono que mi amada Olet dejó vacío —anuncia mi padre esperando vítores—. En breves, tomaré unión con ella para entregaros nuevos herederos.
Mientras la muchedumbre lanza deseos por mantener su vida y su reinado por muchos años más, mi padre chasquea los dedos hacia sus espaldas.
Rune aparece aprisa entre los lacayos que sirven a los altos con una corona exuberante sobre un precioso cojín aterciopelado de color púrpura.
Hace rato que no aparecía. La tensión que carga en sus hombros desde hace siglos le convierte en una criatura torpe.
Tropieza entre las capas de los asistentes, pero está tan acostumbrado a las correcciones de mi padre, que antes de que pueda lanzarle una mirada severa, ya recuperó la postura.
Su majestad alcanza la corona de hilos finos de plata y piedras preciosas del tesoro real.
La coloca cuidadoso sobre el bello cabello castaño de la señorita.
El pueblo hinca rodilla en cuanto eso la titula como futura reina del palacio de Eryas y el reino de Ravenbell.
Incluso si ella tiene la misma apariencia que yo, y mi padre poco tiene ya de juventud.
—Te veo poco emocionada —Tien susurra a mi derecha.
Mi estómago se estremece cuando volteo el cuello y lo encuentro con actitud serena. Sujeta sus manos al frente con aparente calma y esa sonrisa que se le dibuja cuando está complacido con algo.
—No tengo interés en el compromiso de la princesa Aranel —elevo las cejas con desprecio.
—Tampoco te vi sonreír cuando tu padre mencionó el suyo —ríe Tien.
—Tampoco siento interés por las relaciones de mi padre —ruedo los ojos hacia un lado con tedio.
—Entonces, esperemos que el próximo anuncio del rey consiga arrancarte una sonrisa —su comisura izquierda se eleva. Las líneas sobre ellas se curvan.
—¿Debhrán está embarazada? —niego. No puedo evitar sonreír con sarcasmo.
—Parece que has perdido la suerte con la que has contado hasta ahora —despacio, Tien me dedica una mirada radiante—. Es mucho peor que eso.
—Tien… —enuncio. Mi tono se vuelve amenazante.
—Sé qué piensas en lo correcto —sus parpados se entrecierran. Su sonrisa se vuelve tensa—. Te aconsejo que, cuando tu padre hable, dibujes una sonrisa —asiente—, le caerás mejor al pueblo.