Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 30. El festival de las estaciones. #5
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30. El festival de las estaciones. #5

El dios Aivtor espera en la puerta del carruaje por la diosa Essoi.

Vémtix, Kona y Shaone abordan los escalones del trono con seguridad.

Moran… El dios de la muerte contempla el paisaje en soledad según avanza por la estructura amarmolada que sostiene la silla real.

No podría ser de otra manera. No imagino al guerrero del destino compartiendo espacio con la vida.

La sonrisa del rey se ilumina cuando sus padres se acercan a él con semblante sereno.

Sus ojos resplandecen como si la amabilidad del dios del agua y de la diosa de la luz se debiese a un infinito amor por su hijo.

Sus piernas se sacuden por el afecto. Después de todo, Essoi lo llevó en su vientre a pesar de que no le permitiera ser dios.

Tantas eran sus ganas de ser madre, que prefirió que Azabel lo moldeara en esta criatura que llamaron hada, así eso le impidiese tener su poder.

Creció junto a ellos y los llamó padre hasta que le dieron un reino que gobernar.

Crearon vida para él. Ante sus ojos, siempre será ese niño que busca ser lo que nunca será.

Nació con corona y trono, sí, pero jamás le otorgaron su título.

—Grandes señores de la luz y el agua. Mis amados padres. Llenáis mi corazón de mucho gozo con vuestra presencia —su majestad se arrodilla ante ellos con el tono de voz cortado por la emoción.

—Este año, nuestra visita era importante —Essoi le ofrece su mano. La lleva a su frente tras besarla en dos ocasiones.

—Enviaste una misiva detallando que todos los pueblos estarían en unidad —Aivtor desliza la mirada hacia el rey para mirarlo de forma solemne.

—Por haceros felices, queridos padre. Os demuestro que hay espacio en mi mesa para el reino de los brujos y los enanos —los párpados del rey se separan ávidos tras las palabras de su padre.

—Eso es lo que nuestro rey haría —asiente Essoi con una sonrisa.

—Eliot —Aivtor hace una señal con la mano para que se levante.

Mi padre se incorpora de inmediato. Toma la mano del dios del agua y la besa tal y como hizo con la diosa de la luz clara. La coloca en su frente y cierra los ojos ante el gesto.

—Padre —musita el rey. Sus ojos destellan orgullo—. El más poderoso y sabio de todos los dioses.

—Veo el reino firme. Las criaturas tienen buen aspecto —el dios del agua alza sus comisuras satisfecho.

—Siempre vuestra guía fue mi salvación, amado padre —el rey se inclina ante él—. Vuestro mando sobre las aguas de Nóssurël es ejemplo entre los dioses.

—Todos celebran alegres incluso si su reina partió hace poco —Essoi recorre a los súbditos de forma fugaz.

—La vida del reino debe continuar, querida —Aivtor posa la mano sobre la parte baja de la espalda de Essoi.

—Era una amada reina —se lamenta Essoi para desgracia de mi padre.

—¿Dónde se encuentra la princesa Eladriel? —Aivtor frunce el ceño de forma repentina.

—Aquí presente, mi divina señoría —mi padre aparta a Debhrán con cuidado para señalarme de forma apresurada.

Se acerca con una sonrisa amplia que me produce verdadero terror. Aivtor y Essoi siguen sus pasos con la mirada hasta llegar a mí.

—Mi querida princesa de las hadas —la diosa de la luz inclina la cabeza sonriente.

Mi querida princesa de las hadas… Ni siquiera siento que sea nada suyo. Le dedico una reverencia al ver que se acerca con el brazo estirado para que acepte su mano y la bese. Apenas he posado los labios sobre ella, la voz de Aivtor me estremece.

—Nuestros ejércitos aún buscan a aquellos que nuestras normas señalan como traidores —asevera el dios del agua con el ceño fruncido—. Estoy convencido de que no permitirás pecados en estas tierras.

—Sé que seguirás el camino de los dioses tal y como lo hizo tu padre. Te encargarás de que las hadas cumplan todas las leyes y normas para que la paz continúe reinando —Essoi es tan bella... Y yo la siento despreciable.

Su hermosura no impidió que estas tierras se llenasen de muerte, y eso es mucho peor que el pecado.

—Con vuestra bendición, mi señoría —asiento de forma elegante.

—No vemos al resto de reinos aquí —interviene Shaone, y debería darle las gracias—. No consigo encontrar al rey de mis criaturas.

—Se han retrasado, su majestad —el rey Aelfraed no duda en intervenir.

—Daremos comienzo a la celebración mientras esperamos por su llegada —la cara de mi padre cambia en un solo segundo.

—¿Cómo daremos comienzo si ellos no están presentes? —Vémtix alza su barbilla de forma imponente.

—El pueblo debe poder saciar su sed y su hambre, comienza a hacer calor bajo los rayos del sol —los labios de su majestad se estiran con una amabilidad que nunca podría mostrar.

—¿Os parece correcto dar comienzo sin la representación de todos los reinos? —la diosa de la magia insiste. Su expresión se endurece—. Todas las tierras sufren el cambio de estaciones.

Las recriminaciones de Vémtix se ven opacadas con chillidos de fénix que relajan el ambiente sobre el trono.

Calman de forma definitiva la impaciencia de mi padre por su presencia e incluso consigue arrancarle una sonrisa.

Quién lo diría… Mis pupilas se posan sobre la diosa de la magia.

Observo en silencio como las curvas de sus labios solo matizan cada parte hermosa que encuentro en su rostro.

Su imponencia es tan profunda, su piel de ébano es tan perfecta y ligada a la oscuridad de la magia, que no encuentro nada más bello que un cuerpo para poder honrarla. No encuentro otra diosa tan virtuosa.

Cómo acordamos, solo tres fénixes acudirían al reino de las hadas.

Ciea dirige el vuelo y el aterrizaje. Shaone, ahora sí, coloca su frente en dirección a la bóveda celeste satisfecho con la llegada de los enanos en compañía de los brujos.

Las hadas que rodean el trono se sorprenden al ver cómo las patas de los animales se estiran para tocar tierra.

Cómo se inclinan para reducir la velocidad.

Descienden frente al trono sin importar cuánto revuelo causen por ello.

Me fascina que, incluso huyendo de las aves gigantes, la atención del pueblo siga sin perturbarse cuando descienden de ellas los altos cargos que nos acompañarán.

—Mis soberanas deidades —Ebhan les dedica una reverencia a los dioses apenas toca tierra.

Mim desciende a prisa tras él. Sus rodillas tiemblan al dedicarle una reverencia a criaturas a las que no vio en otra ocasión a pesar de haberles encomendado su propia vida en infinidad de ocasiones.

El príncipe Borin desmonta a Hai junto a Azohr.

Ambos se colocan a un costado de Ebhan para reverenciarles.

Wild aún espera a que su esposa baje de Shae con una sonrisa y el dedo descansando en su cinturón.

—Mis queridos brujos —Vémtix se cuela entre los asistentes en el trono para acercarse.

—Mi querida señora —Ebhan aparta la capa sonriente al hacerle una reverencia para coger su mano—. La belleza de la magia siempre os acompaña.

—Me agrada veros en este lugar —sonríe la diosa.

Su vara golpea el suelo orgullosa cuando sus majestades, los enanos, llegan frente a ellos.

—Grandes señores de Nóssurël —Wild recorre con la mirada y una mano en alto a todas las deidades. Se inclina.

—Os doy la bienvenida a mi reino, señores de Néferien y Bhulkahdur —mi padre camina con premura para darles la bienvenida—. Es un placer contar con vuestra presencia en esta ocasión.

—Habría sido placentero recibir invitación alguna de las ocasiones anteriores —Ebhan no tarda ni un segundo en esbozar su sonrisa de burla.

—Habéis llegado para la que es importante —las comisuras de mi padre se elevan hacia arriba.

—Espero que, en un día de celebración como es hoy… —Ebhan ladea el cuello hacia Azohr—, su presencia no suponga ningún problema.

—Por supuesto que es bienvenido —acepta mi padre de buena gana y sonriente—. Estoy especialmente feliz de tenerlo en mi presencia hoy.

—¿Sí? —Azohr arquea una ceja—. ¿Por qué?

—Hoy por fin tenemos un motivo por el que celebrar juntos —confiesa el rey. Su mirada ni siquiera se enturbia al detenerse sobre él como en otras ocasiones.

—Veo que habéis venido en compañía de su majestad, el rey Wild —Aelfraed da un paso hacia mi padre para dirigirse a Ebhan.

—Así es —asiente el príncipe—. Es curioso… —ríe—, ellos también esperaban ser invitados en las anteriores celebraciones.

—Majestad —Wild da un paso al frente.

—Me alegra ver que conserváis la salud, viejo Wild —sonríe Aelfraed—. Y la compañía de vuestra amada esposa.

—Me halaga recibir vuestra visita —sonríe mi padre.

Interviene antes de que Aelfraed pueda mostrarse más agradable que él como anfitrión del festejo.

—Gracias por la bienvenida, rey Eliot —Marbet sujeta sus manos al frente. Sonríe—. Lamentamos no poder contar con la compañía de la reina Olet.

—Es una pena —Wild sacude la cabeza. Sus labios se aprietan—. Sus conversaciones amenizaban las pocas ocasiones en las que coincidíamos.

—Comencemos la celebración, mi querido sire —el cancilier Drieden rompe con su discurso de forma apresurada.

—Sí, tenéis razón —asiente el rey mientras sus pupilas se afilan sobre Wild

Aranel y Evander resuenan en mi mente mientras Azohr me sonríe al subir al trono.

Mi padre. Me estremece que su expresión cambie al no obtener respuesta alguna por mi parte, ni una de las miradas que anhelo capturar en este momento.

Aprieto las manos al frente para no tentarme.

Ojalá se atreviese a leer mi mente y pudiese comprender que en mi pecho está a punto de saltar la chisca que iniciará la ignición.

Él me importa más que mi propio dolor. Tanto, que al viento no le quedó más remedio que aliarse conmigo para apagarme el fuego que ha invadido mi cuerpo por sentir que el silencio por primera vez, nos distancia.

Aún si, esa parte de razón que guardo en mi corazón lo aviva con una furia desmesurada.

—Buen día tengáis hoy, queridos pueblos —proclama mi padre.

Sus palabras invocan de nuevo esa infinita reverencia que los súbditos hacen al ver como abre los brazos frente a ellos para acogerlos. Cómo si no fuera a estrangularlos en cuánto la fiesta termine.

—La compañía de todos los pueblos no fue posible, pero contamos con la presencia de las figuras más importantes de los enanos y los brujos —sonríe el rey de forma genuina—. ¡Demos comienzo al festival de las estaciones!