Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 29. Fiesta pagana. #9
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29. Fiesta pagana. #9

—Siéntate —autoriza la princesa mientras un hilo de aliento aún roza mi abdomen.

Obedezco presto su orden. Sus manos se colocan seguras a un lado de mis piernas, sus labios se posan sobre los míos al intentar recostarme.

Apoyo los codos al ver como sus pupilas oscuras me miran según sus besos se precipitan por mi cuerpo.

Besa la piel cerca del pantalón al desatarlo.

Mi aliento se quiebra cuando sus dedos se cuelan en él, en un roce lento.

Dejo caer la cabeza hacia atrás ante su tacto envolviendo mi miembro erecto.

Dejo escapar un profundo jadeo por las caricias de su lengua sobre él, cierro los ojos a merced de ella y como intensifica el movimiento.

Nunca dejará de parecerme una ilusión su cercanía, que seamos nuestros porque ella lo elija…

Yo decido perder ahora la noción del tiempo.

Suspiro ante su decisión. Me sobrecoge el roce de su cuerpo con el mío, de la punta de sus dedos buscando sostenerse a algo.

Me reincorporo. Encuentro en la unión de nuestras manos el momento preciso para tomar su mentón.

Beso su abdomen cuando desdobla sus rodillas para ponerse en pie, frente a mí.

Alcanzo su pierna para atraerla, beso sus pechos cuando coloca la mano sobre mi hombro al sentir que alzo la otra sobre mi cadera.

Rodeo su cintura con el brazo. Toma mi nuca con las manos.

Poso la frente cerca de sus clavículas, mis pupilas la recorren según entro en ella.

Su lengua roza uno de mis labios con suavidad antes de que nos perdamos en un beso.

Pienso en el espacio entre nosotros como enemigo.

Se aferran a mi rostro para enfrentarlo, sus besos se vuelven profundos.

Exploro con un gesto cálido su espalda. Deslizo la lengua por uno de sus pezones para fruncir su ceño una vez más, y que provoque mi necesidad de sentirla más cerca.

Gime. Envuelvo su cadera. Sostengo entre mis dedos el sentido de mis latidos.

Jadeo. Poso un beso sobre su hombro al levantarme, sobre sus labios por temor a que se detenga.

La recuesto sobre la cama, me coloco entre sus piernas rindiéndome al placer de verla frente a mí.

Dejo caer una mano cerca de su rostro para besarla.

Aparto el pelo que adorna su cuerpo para acariciarlo, la mota firme de mis ojos guía a mi dedo por sus curvas.

Despierto su pecho en una caricia al aceptar mis propias tentaciones y caer rendido ante la línea de su cuello.

Tiembla cuando me hundo en ella. La empujo con vehemencia.

Se sostiene en mis brazos al sentir que cada movimiento la llena con urgencia, e intensifica sus gemidos al dejarse llevar por lo que piden nuestros pensamientos.

Su placer susurra al mío que se avive. Mis dedos se resbalan por la piel de su pierna.

La eleva y acentúa nuestro aliento sin remedio.

—Deseo hacer algo contigo —musita la princesa cerca de mi oído.

—Estoy seguro de que yo también lo deseo —susurro de forma entrecortada.

Sonríe. Sus manos se posan sobre mi pecho para detener mis movimientos. Besa mis labios antes de doblar los codos para reincorporase y pedirme espacio. Aparto la rodilla del borde de la cama. Me retiro un par de pasos. Le ofrezco la mano para ayudarla a ponerse en pie.

—Siento que sigo siendo una princesa delicada en tus manos —Eladriel sujeta mi nuca para acercar mi boca a la suya.

—No eres una princesa delicada, créeme —mi sonrisa se vuelve firme.

—Entonces deséame —me pide en un hálito de voz.

Voltea. Arquea la espalda para apoyarse sobre la cama.

Sigo el contorno que dibuja su cuerpo hasta llegar a sus caderas, ninguna propuesta podría ser mejor en este momento.

Me acerco a ella. Su pelo realza aún más la belleza de su piel, de su cintura.

Acepto su petición. La tela de las sábanas se arruga bajo el gesto de sus dedos, los míos vibran por ella.

Me acojo a mi esencia vital, su anhelo, y cedo ante el deseo de embestirla.

Su voz declarando sentir lo mismo que yo, aviva mi ansia.

Su voz se vuelve melodía y la mía la acompaña.

Y ambas se han convertido en voces entrecortadas que podrían atravesar los muros de este cuarto a pesar de contar con magia que lo proteja.

Hacerla mía a su voluntad es mejor que cualquier fantasía.

Busco apoyo en la parte baja de su espalda cuando sus brazos ceden y la inclinan hacia delante.

Mi mirada se enciende aún más. El último de sus gemidos me impulsa contra ella y despierta en mí algo que no sabría si determinar cómo delirio.

Es mi locura. Ni siquiera podría imaginar que a su lado, hasta su placer es digno de protocolo y reverencia.

Que es tan inmensa, que tiene el poder de hacerme olvidar el mío, y aun así llevarme al mayor de los éxtasis.

Y me consume cuando su cuerpo vibra mi mente cuando el placer nos consume.

Beso su espalda de forma cálida, con ternura. Tomo el lugar a su lado para recostarme con ella, sonrío al sentir que su mano me acaricia el pecho antes de posarse sobre mi abdomen. La contemplo en silencio cuando me abraza.

—¿Tomas aliento? —pregunta Eladriel. Sus ojos se alzan sonrientes.

—Intento —afirmo con media sonrisa.

—Recuperaré el abrigo —utiliza las manos para incorporarse en un impulso ágil.

—Pero… —mis párpados se separan.

—¿O encuentras más confortable la sala de armas? —ríe de forma traviesa.