Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 28. El nacimiento de una nueva alianza. #10
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28. El nacimiento de una nueva alianza. #10

—Eres un miserable hijo de puta —le espeto a Tien cuando mis lágrimas comienzan a emborronar mi visión por verlo.

—Por respeto a los pequeños cuerpos, no deberías decir improperios frente a ellos —me sugiere Tien con retintín.

Doy un paso. De nuevo, la mano de Azohr sujeta mi muñeca, se coloca a mi costado frente a él.

El aire que mantiene la distancia entre Tien y yo se debería sentir más pesado para él que para mí, en mi mirada no queda rastro de misericordia.

Solo odio. Uno profundo que se intensifica cada vez que lo tengo delante, con cada pestañeo de sus pútridos ojos.

—Sabía que tu silencio era sospechoso —dejo salir con voz rota.

—Aún no sé cómo podías pensar que salvarías a todos esos bastardos —Tien ríe. Alza las cejas de forma breve, con ironía—. Desde que el rey supo que tú los tenías en tu poder, los condenaste.

—Uno de esos bastardos es tu hijo —su falta de empatía eriza mi piel—. ¿Cómo puedo sentir yo más aprecio por él, que tú?

—Yo no deseaba que le sucediese nada malo, pero tú decidiste intervenir y utilizarlo —el tono de Tien comienza a elevarse.

—Estaba perdido mientras te buscaba. Fuiste la última criatura por la que preguntó —poso mis manos en su pecho para empujarlo con rabia—. Le has respondido con la muerte.

—No te preocupes, princesa —sonríe Tien. Estira el cuello para no responder mis empujones—. Habrá más niños con los que puedas jugar a no ser princesa.

—No permitiré que hagáis más daño a las esclavas —exclamo en gritos.

—No será necesario, el rey Eliot acaba de comprometerse —sonríe el hijo del cancilier—. Quizás, hasta haya un nuevo heredero.

—¿Comprometerse? —sonrío de forma tensa—. ¿Con quién?

—La madre de Eseo ahora podrá tener hijos que le sirvan para algo —admite Tien con una expresión tan cruel que revuelve mis tripas.

—¿Ella aceptó después de todo? —pregunto con tanta sorpresa como asco.

—¿Haría otra cosa después de saber que Eseo ha muerto? —Tien chasquea la lengua como si fuera un juego divertido.

—Vivir libre del mando de mi padre sería un buen comienzo para ella —confieso—. Lejos de ti.

—Él era su garantía para ascender ahora que la reina había desaparecido. —niega con una sonrisa placentera—. Había convencido al rey de que era suyo, el niño que Olet no pudo darle.

—Imagino que tú te encargaste de susurrar en el oído de la esclava las palabras correctas —frunzo los labios con rabia.

—¿De qué otra forma sabría que su rey siempre deseó un hijo? —sus cejas se arquean con sutileza—. Esta noticia devastará a vuestro padre.

—Tú hijo en el trono… —río—. Tú ambición es más desmedida que la del cancilier.

—El rey no debe ponerse triste, le daré más —ríe.

—¿No te parece que todo son buenas noticias? —sonríe Aranel. Sujeta sus manos a la altura del abdomen—. Ya no habrá niños que te perturben, y tendrás hermanos que ocupen tu lugar en el trono y te liberen de esa carga —sonríe emocionada—. Es maravilloso.

—Espero que esta noche brindéis por vuestras victorias —le indico a la princesa elevando la barbilla. —Entre ellas, la muerte de Keus.

—Fue triste, de hecho —niega Aranel. Chasquea la lengua con sorna—. Admito que era divertido, aunque no me complacía tan bien como su primo.

—Nada te diferencia de cualquiera de los cargos de mi padre —mi nariz se arruga al escuchar sus palabras.

—Debo darte la razón, todos buscamos que desaparezcas lo antes posible —Tien finge tristeza al bajar el semblante—. No tuvimos más remedio que aliarnos. No nos dejaste otra opción.

—Convierte este problema en un aprendizaje por tu bien —me aconseja Aranel—. Nuestra victoria ha sido indiscutible y tú has salido ilesa, pero puede que en otra ocasión, no mantengas la cara que ama el teniente sobre los hombros.

Un guardia elfo rema sobre un bote. Se aproxima a la orilla mientras vocifera el nombre de la princesa Aranel. Desembarca con premura y rompe la distancia con pisadas clamorosas.

—Su majestad —reverencia el soldado.

—¿Qué ocurre? —Aranel da media vuelta antes de arrugar el ceño.

—Debo daros una mala noticia —jadea el guardia con mirada asustadiza—. No hemos encontrado el niño que buscabais entre los que habían zarpado, princesa.

Tien entrecierra el ojo, se acerca con el oído aguzado para prestar atención. Aranel voltea la mirada hacia mí, hacia el teniente. La comisura de mis labios transforma la curva en media sonrisa de placer. La mandíbula del hijo del cancilier se tensa, puedo oler su rabia desde aquí.

—No te preocupes —muerdo mi labio inferior mientras mantengo la sonrisa—. Os prometo que cuidaré de él.

—También yo —asesta Lugh con ojos rojos y lágrimas de odio—. Y te hundiré como tú hundiste a Keus.

Azohr eleva el brazo, Hai y Riexor detienen el vuelo a la altura del agua que ondea bajo el muelle.

Lynn corre para tomar impulso mientras Lugh despliega las alas con mirada intensa y profunda sobre Aranel.

Desde los lomos del fénix dedico una reverencia a la princesa.

Desenvaino una sonrisa de desprecio tensa hacia Tien.

Espero que esto sea suficiente para que comprendan que, por muchas victorias que obtengan, jamás podrán derrotarme.