Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 28. El nacimiento de una nueva alianza. #9
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28. El nacimiento de una nueva alianza. #9

Ordeno a los ejércitos detenerse. Guardias elfos vigilan el amarre de las embarcaciones, rompen sus filas cuando desciendo frente a ellos.

Me dedican una reverencia cuando bajo de Riexor, se mantienen inclinados según compruebo las cajas de madera de la cubierta donde debe haber provisiones.

Cuento los toneles de agua. Me aseguro de que no se olviden las cajas con medicinas.

Algo de calma me invade al ver que todo lo que preparé para la higiene de los niños esté aquí y colocado como solo Twig lo haría.

Los fénixes se lanzan al vuelo, dejan espacio a los pequeños para que puedan embarcar.

Un par de guardias del ejército de Atria accede junto a los primeros.

Se mantiene junto a los soldados elfos para asegurarse de que todo sucede sin incidentes.

El primer barco zarpa. El segundo se llena de más niños y dos oficiales del ejército de la luz.

Comienzo a descansar al ver cómo empieza a alejarse, cómo el tercero está a punto de levar el ancla.

—Eladriel —reclama Lugh con tono de enemistad—. ¿Qué es esto?

Camina desesperado para que lo siga. Se aleja cuando los últimos niños se encargan de montar. Lugh por fin sacia sus ganas de protestar.

—Lugh, yo… —callo.

La espera por su reacción. Todo lo que sucede con los pequeños. El hecho de que Tien sepa qué planeo…

—¿Utilizaste a Keus para ser tu espía? —Lugh arquea una ceja. Deja que la rabia salga en el tono de su voz.

—Intenté evitar que ella lo convirtiera en el suyo —acepto, incapaz de volver a mentirle—. Pero yo no le envié a Eigton, Aranel pidió su presencia allí.

—¿Trataste de impedirlo? —cuestiona Lugh. Arruga la nota entre los dedos.

—¿Crees que es fácil ir contra las decisiones de mi padre? —sacudo la cabeza en un gesto de negativa cuando su queja nubla mi culpa.

—¿No? —Lugh muestra sus manos, señala el alrededor—. ¿No es eso lo que estamos haciendo?

—¿Con qué excusa pediría que se quedara? —bramo. Me acerco a él con indignación—. Si lo hubiese permitido ahora tú…

—Ahora qué… —Lugh deja salir el aliento con trabajo.

—Aendyl te habría matado a ti en vez de a tu primo —confieso. Siento la mirada de asombro de Azohr en la nuca.

—¿Matado? —traga saliva.

—Su cuerpo era el presente que la princesa menciona en la carta —mi mirada fluctúa entre él, y la necesidad de apartarla de su rostro.

—Entonces, el pañuelo que antes me pediste… —Lugh deja caer la frente con tono deshecho.

—El condestable ya cobró su venganza con Keus —despacio, mis pies se mueven en un paso que nos una.

Lugh arruga el entrecejo cuando el quejido de dolor sale en forma de sollozo.

Voltea para lanzar al mar la carta que envió la princesa.

Se aleja lleno de ira. Lynn me dedica una mirada para que me detenga cuando mis pies se levantan solos tras él.

Asiente con labios apretados y corre en un intento de ofrecerle consuelo.

Aparto la mirada cuando la rechaza. Centro la vista en los barcos que navegan cerca de la línea a lo incierto al comprender que no puedo hacer nada.

Me sostengo en la idea de que los pequeños pronto podrán sonreír lejos de las casas de palos secos y fuegos fríos del invierno al que se veían sometidos.

Sonrío. Aunque dentro pueda tener un incendio.

Gotas de emoción acogen mis ojos al recordar a sus madres, para no olvidar que a ellas también les prometí un futuro mejor.

Flanqueado por olas serenas, el sonido estruendoso de mi intuición embiste contra mi estómago.

Mi cuerpo se dobla antes de que mi mano pueda llegar a sostenerlo.

Un grito tan desgarrador como mi instinto, asciende por mi garganta cuando una bola de luz crece para transformarse en colores naranjas y rojos.

Envuelven el mástil entre destellos blancos que sortean el humo.

Botes comienzan a rodear los barcos. Elfos lanzan flechas hirvientes contra el casco mientras otros los embisten.

Recupero la postura. Veo como siluetas pequeñas y oscuras corren por la cubierta hasta caen al mar.

Mis alas se despliegan al sentir que suspiro coraje, pero la mano de Azohr rodeando mi mano con fuerza me impide impulsarme.

—Es imposible, Eladriel —Azohr señala los otros dos barcos con mirada brillosa.

Han sido tomados. Han roto mis esperanzas y arrebataron vidas inocentes.

Las gotas que antes recordaban una promesa, ahora evocarán fracaso.

Nunca podré devolverles la familia que mi padre y sus canciliers les impidieron tener.

Las esclavas dejarán de tener motivos para desear abandonar esos cuartos.

Los gritos sobrecogen nuestros cuerpos. El tiempo comienza a parecer eterno ante la muerte, y el eco se convierte en el recuerdo de las almas inocentes que perecieron en estas aguas suplicando una segunda oportunidad.

Una feliz. Es innegable que, una parte de mi conciencia se muere con ellos.

Que sus lamentos sonarán cada vez que empuñe un arma contra mis enemigos para recordar su inocencia y la culpa de quién esté frente a mí de rodillas.

El mar no solo se tragó sus esperanzas, también engulló la última gota de inocencia que albergaba.

—Siempre supe que terminar con tus planes sería sencillo, pero no imaginé que lo pondrías tan fácil —la risa de la princesa Aranel impacta contra mis lágrimas.

Cierro los ojos para tragarme la luz que brota en mi garganta.

Si dejara que envolviese mis manos, si le cayese una sola gota, sería capaz de desatar el fuego del mismo infierno.

Volteo después de haber exhalado dos veces.

Me he intentado calmar con la mirada sonriente del príncipe.

Y ahí está Tien, tan sonriente y desafiante como siempre el maldito bastardo.