Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 28. El nacimiento de una nueva alianza. #8
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28. El nacimiento de una nueva alianza. #8

Acaricio la pequeña barbilla de Eseo antes de entregárselo a Maren. Sujeta su mano cuando afirmo con la mirada. En un par de pasos, sujeto el brazo de Azohr para alejarlo a una distancia que me permita sincerarme sobre lo sucedido con Rani.

—Tien ya sabe todo —confieso. Dedico un último vistazo a Maren y el niño.

—Que fueras más precisa sería de gran ayuda —el príncipe rodea mi brazo presto por mi confesión.

—Maren ha revelado la verdad —bajo la mirada. Muerdo el labio inferior con angustia—. Utiliza su unión con Rani para conocer mis movimientos.

—Sospecha de nosotros desde hace días —Azohr rebaja la importancia que yo le encuentro a este acercamiento.

—Sabe dónde nos encontramos. Conoce lo que planeo con los archivos y todo lo que deseo hacer con los niños —dejo escapar el aire cuando me suelta con cuidado. Atento.

—Después de lo sucedido en la ciudadela, no puedes decirme que deseas entrar en ese lugar —la comisura de sus ojos se entorna inquieta.

—Si fuese el único lugar donde podría estar contigo, entonces nada me detendría —le advierto con el semblante lleno de tensión—. Pero temo que conozca cuál es tu hogar ahora. Que Émaxor ya no sea seguro.

—Hay guardias rodeando todas estas tierras. Fénixes de Efaris protegen las fronteras desde hace días —la mano del príncipe se eleva hasta poder ofrecerme calma con una caricia lenta en el rostro.

—Sé que no habrá nada que pueda protegernos si Maren permanece en Eryas. No van a permitir que desaparezca sin que haya revelado todo lo que sabe —su tacto vuelve segura mi mirada—. Quiero que permanezcan aquí.

—Puedo ordenar que preparen un aposento para ella en el castillo —propone el príncipe. Maren ocupa el centro de su mirada.

—No puedo alejar a Maren de su familia —mi mano toma la suya para pedirle que me escuche. Que me mire—. ¿Qué sucedería si decidiesen utilizaros contra ella?

—Puedo pedir a Mim que busque una casa pequeña cerca del castillo —Azohr se cruza de brazos—. No sé si hadas querrán vivir en estas tierras, pero son bienvenidos si aceptan.

—Deben venir hoy —me aferro a su mano.

—Pueden permanecer aquí en tu castillo hasta que tú decidas —besa mi frente sonriente.

—Serviremos a la casa Bradosck mientras nos deis hospedaje aquí —Maren interviene con mejillas sonrosadas. Le dedica una reverencia—. Os entregaremos el servicio de nuestros dones.

—No deseo que me sirvas —la expresión del príncipe se turba—. Ni que hagas eso.

—Mylo permanecerá esta noche junto a mí —me coloco de medio lado para señalarlo.

—¿Él también necesita protección? —el mentón de Azohr se eleva firme para dedicarle una mirada.

—Mi señora… —titubea Mylo.

—Cuando recibamos la primera misiva con el estado de los niños, podrás partir hacia Eryas para informar a Nura sobre lo sucedido —mi mirada, mi expresión se vuelve precisa.

—Sí, alteza —se inclina Mylo.

—Hay algo más que deseo pedirte antes de partir hacia el muelle —confieso al príncipe en voz baja.

—¿Es que puedo negártelo? —Azohr resopla.

—Es importante para mí, príncipe Bradosck —detengo el pestañeo. Me lleno de sinceridad.

Azohr guarda silencio tras mis palabras. Asiente. Tomo como nuestra la distancia que nos aleja de los primeros escalones para detenerme frente a ellos.

—¿Te encuentras bien? —Azohr coloca la mano sobre mi abdomen.

—No te preocupes, aún no he sentido nada extraño —carraspeo. Bajo la mirada hacia su mano.

—¿Es por este lugar? ¿Te incomoda que sea de magia negra? —apoya la frente sobre la mía.

—Es tan perfecto como tú —sonrío. Acaricio su mano con cuidado—. Quiero que te encargues de algo importante.

—Te escucho —su mirada curiosa tan cerca me estremece.

—Rani no puede permanecer libre y cerca de Tien —me esfuerzo por parecer implacable ante la verdad.

—¿No estaba unido a Maren? —su semblante se vuelve frío.

—Ahora está unido a Tien —tomo aire para hacer desaparecer la culpa—. Tratará de encontrar a Maren y hacerle daño. La amenazó con delatarnos frente a los dioses si se alejaba de él.

—Sé que habrá alguien dispuesto a encargarse de un perro sarnoso como ese —asiente.

Me fascina como sus dedos se mueven cálidos sobre mis manos, pero su aliento abandona sus fosas nasales con ira.

—¿Mim? —pregunto en una sonrisa reveladora.

—Sí —Azohr se aparta. Arruga el entrecejo.

—Sé que Maren estará segura aquí, he visto como la protege —ahora, mi curva alegre se transforma en satisfacción.

—Consigues que tu inteligencia seduzca a todos mis deseos —me susurra.

—Eso es menos peligroso que tenerte cerca —beso sus labios.

Pasaron horas desde que arribamos a tierras de magia oscura.

Azohr hizo llamar a Mim. Llegó presto y se llevó a Maren y el pequeño en cuánto el príncipe le entregó las instrucciones precisas.

Ordené a Mylo permanecer junto a ellos hasta mi llegada, que los protegiera con su vida si era necesario.

Yeziel por fin ha anunciado la aparición del ejército de la luz.

Camino junto a Azohr para recibirlo, la tropa que comanda Atria y los niños.

El suelo de tierra árida y ennegrecida de Émaxor ha dejado de ser visible.

Parece consumida por la vida. El color ceniza se ha cubierto de criaturas que detienen sus pasos al recibir una indicación precisa.

Los soldados reposan los escudos. Toman aliento.

Lynn bate las alas con cautela hacia la parte norte de la formación.

Lugh se adelanta a prisa para entregarnos información.

—Eladriel —anuncia Lugh—. Sobrevolamos el camino hacia el muelle. Todo parecía despejado.

—¿Esto no eran ruinas? —Lynn desciende absorta en el castillo a nuestras espaldas.

—Hay un nuevo príncipe en tierras de brujos —dedico una sutil mirada a Azohr.

—¿permanecerán aquí los niños? —Lynn asiente al determinar la presencia del príncipe—. Supongo que no querrán buscarlos en este lugar.

—La existencia de este castillo dejará de ser un secreto dentro de muy poco tiempo —afirmo.

Miro a Lugh. No puedo evitar pensar en Keus, en la imagen de sus ojos cerrados a la fuerza.

Incluso si pestañeo para que no aparezca.

Volverá a casa y descubrirá la verdad, estaré lejos y no podré robar sus sentimientos oscuros con un abrazo cuando lea lo que Aranel me envió.

Suena cruel y despiadado romper su tranquilidad ahora.

De golpe. Pero la princesa no solo ha terminado con la vida de su primo, también lo traicionó con él.

Esta es la prueba que él necesitaba para descubrir a quién ama.

—Lugh —me aclaro la garganta. Saco la misiva de debajo del corpiño—. Deseo que leas esto, pero no ahora. No frente a mí.

—¿Me harás leer también? —resopla Lugh—. ¿No tienes suficiente con hacerme trabajar?

—No quiero leerte yo lo que hay escrito —insisto con un movimiento ágil de brazo para que la tome.

Lugh une las cejas. Acepta la carta con un ligero temblequeo de duda antes de guardarlo en un hueco de su uniforme.

—Volaréis en la parte de atrás —indico a Lugh. A Lynn—. Cubriré el frente junto a él —señalo al príncipe.

—Quizás tu ejército debería ir delante por ser menos numeroso —Azohr señala la formación al fondo—. El de Eryas puede abrazar los flancos durante todo el recorrido, su extensión será suficiente.

—Seguid las órdenes del teniente —sonrío. Llamarlo de nuevo así cosquillea mi estómago—. Espero que la suerte esté con nosotros como hasta ahora.

Los ejércitos se repliegan tras las nuevas instrucciones.

Cubren el terreno a cada lado de los niños, sus espaldas.

Los hombres de Sulán capitanean el inicio con espadas de cruz pequeñas.

Lugh y Lynn planean cerca de los primeros soldados.

Deslizo la mirada al aire celeste al percibir el aleteo de fénixes sobre el castillo.

Hai dirige un segundo fénix. La velocidad a la que sacuden las alas aminora en segundos al planear la tierra al otro lado del puente levadizo. Las estiran por completo en el suelo en espera de que los montemos. Azohr me permite el paso incluso si sabe que no me movería sin que me acompañase.

—¿De quién es? —pregunto sin apartar la vista del animal.

—Es tuyo. Tu fénix —sonríe el príncipe.

—¿Mío? —río. Ladeo el cuello hacia él—. Me asusta montar contigo…

—Si puedes dirigir un ejército, puedes montar en Riexor —asegura según escala el ala de Hai.

—Azohr… —titubeo. Sigo sus movimientos con la mirada.

—Confía en ti —sus labios se sellan con una curva alegre.

Mis hombros suben cuando el aire me parece demasiado poco para poder llenarme de valentía.

Parece un animal cariñoso, se dejó acariciar apenas me vio.

Hai me conoce desde hace más tiempo y lo más tierno que he recibido de su parte es un graznido agudo e insoportable.

Escalo el ala como si ver al teniente me hubiera otorgado años de práctica, aunque Riexor lo ha puesto fácil.

Estiro las riendas para rodear mis brazos con ella.

Pido aprobación al príncipe en una mirada, pero tras sonreír, sólo echa a volar.

Me aferro a las cuerdas con firmeza. Las agito en un movimiento preciso de muñeca que hace a Riexor sacudir el cuello.

Mi cuerpo se hunde sobre el suyo cuando sus patas se flexionan para tomar impulso.

Mis manos sujetan el pomo de la silla mientras me convenzo de que temblar solo me hará perder el control.

Solo pienso en que debo mantenerme en esta postura para no caer hasta que se estabilice.

Aprieto las rodillas contra sus lomos cuando en mi mente se articula la sonora orden de mandarlo a volar.

En cuestión de segundos, planea junto a Hai azotando las alas.

—Definitivamente, la muerte debería temer tu valor —Azohr deja que sus ojos y su sonrisa brillen.

—Debería temer a mi conciencia —dibujo media sonrisa de orgullo.

Volamos sobre los campos secos previos a Brenshire. Busco la mirada de Lugh por encima del hombro. La carta está en sus manos, su mirada herida y torturada se posa sobre la mía como si yo hubiese sido la responsable de esa traición. Mis ojos bajan por piedad a su alma.

Hace corto rato que la decepción me condenó culpable en la mirada de mi anacardo.

Tres barcos de madera noble y elegante con velas de lino blanco han atracado en la parte del muelle que limita con el bosque de los susurros de Néferien.

Qué oportuna aparición. Estaba sentenciada a perderme en mi propio juicio si el vuelo se extendía por más tiempo.