Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 28. El nacimiento de una nueva alianza. #5
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28. El nacimiento de una nueva alianza. #5

—¿Qué enemigo? —Lugh eleva las cejas sarcástico—. ¿Alguien se atrevería a ser tu enemigo?

—Lugh —arrugo la frente—. La valentía de un hombre siempre se celebra, pero la de una mujer… —río de forma cáustica—. Siempre es puesta a prueba.

—¿Hablas de Tien? —Lugh esboza media sonrisa—. Ese estúpido no puede considerarse, ni rival.

—Me preocupa con quién pueda aliarse —le advierto con una mirada de recordatorio—. Él solo piensa en satisfacer a su padre.

Algo me habla, no necesito escuchar palabras para comprenderlo.

Desconfío de la repentina unión del reino de los elfos con el cancilier Drieden y su hijo, justo cuando se acerca el festival de las estaciones.

Aelfraed se ha mostrado imparcial hasta ahora.

Se ha encargado de mantener sus buenas relaciones con el resto de reinos así sus lazos más estrechos fueran con mi padre y las hadas.

Pero con el cambio de trono… Todo se puede transformar en lo que dura el pestañeo de Aranel.

La nueva afinidad que se ha creado entre la futura reina de Rhysartyr, su prometido, y los cargos más importantes de mi reino, me resulta tan desagradable como el hedor penetrante de las mazmorras.

—Tenemos que irnos de inmediato —le ordeno a Lugh entre que despliego las alas—. Busca a Lynn. Volad a Zor.a y uníos al condestable Sulán, os dará indicaciones a seguir.

—¿Qué sucede? —pregunta Ilta sobresaltada.

—Avisa a Maren. Dile que la espero en la entrada de Eryas, ahora —ignoro a la profesora para perderme en las indicaciones a Lugh.

Despliego las alas. Me impulso al vuelo ante la mirada intranquila de Ilta.

Determino la posición de Mylo sobre la pasarela y sus ojos tan llenos de preocupación como los de la profesora.

Quizás sea por mi premura al descender a su lado.

O puede que no quiera aceptar que son los míos los que están desfigurados por la urgencia del que tiempo pase. De que Maren no aparezca.

—¿Princesa? —Mylo me dedica una reverencia. Su tono está tan inquieto como el brillo de sus ojos.

—Tranquilo —me esfuerzo por dedicarle una sonrisa—. Esperamos a Maren antes de partir, solo se trata de eso.

Cierro los ojos. Tomo aire para que el fresco cálido de la brisa pueda acunarme los nervios.

Dientes afilados se aferran a mi estómago como en esas ocasiones en la que mi intuición brilla con tanta fuerza.

Mi aliento me calma como antaño. Susurra que confíe.

Nada puede garantizarme que Aranel no cumplirá con su palabra si hasta ahora su voz ha caído en un pozo de silencio.

Paseo para dejar atrás la sensación de peligro.

Gruñidos de fuerza al otro extremo roban hasta lo que mis sentidos percibían.

Cinco guardias cargan un barril de madera provisto de cuerdas de agarre y colores claros.

Se ve bastante pesado cuando intentan moverlo bajo nuevos rugidos, es casi imposible no sacudirlo.

Terminan el transporte justo en la verja. Cae de forma pesada sobre el suelo. Los hombres que lo traen entregan las debidas explicaciones a los soldados que los reciben. Mi cuello se tuerce en busca de Mylo cuando uno de los centinelas que custodia la puerta camina hacia nosotros.

—Mi señora —se inclina el guardia centinela.

—¿Qué es eso? —sacudo la cabeza para señalar el barril.

—Los guardias elfos que lo han traído han declarado que es un regalo para vos —asiente. Muestra su mano de metal—. Lo acompaña esta misiva.

Recojo la carta de sus manos. Apenas reparo en su reverencia cuando camino hacia el barril para admirarlo de cerca. Escucho las armaduras a mis espaldas. Observo la tapa sellada con clavos de forja que oculta el contenido.

—¿Qué contiene? —mi voz se seca.

—Parece contener líquido, tal vez sea algún barril de vino de ofrenda —asegura el otro guardia que custodia la puerta.

—Abridlo —ordeno.

Tomo distancia. Mis dedos tiemblan al intentar desdoblar el papel. Mis ojos se sacuden sobre las primeras líneas de forma contenida.

“Querida princesa de las hadas.

Deseo confesarme. Me resulta estimulante que hayáis decidido enfrentaros a mí de una forma tan perspicaz, desconocía que fuerais eruditas en estos campos.

Me agrada. Es reconfortante para esta sierva de la sabiduría tener una rival cuya inteligencia no se mida en cuán rápido desenvaina una espada.

Admito que vuestro plan funcionó por unos días.

Keus consiguió su propósito y envió un mensaje con información.

Es una desgracia que deba acogerme a la sinceridad para comunicarte que vuestra estrategia llegó a su fin.

El pobre criado que vuestro padre envió para servir y vos para espiar, terminó confesando todo.

Es primo de Lugh. Supuse que mostrarle todas las virtudes que él encuentra fascinantes sería suficiente para hacer que Keus se convirtiese en tu enemigo.

En una sola noche cambió su lealtad y os traicionó.

También debo agradeceros vuestra valiosa ayuda.

La presencia del primo de Lugh en Eigton ayudó a calmar las dudas de Aendyl, lo convirtió en sus sospechoso.

Es de suponer que no como esperabas, pero cumpliste tu parte del trato.

Espero compensar con los barcos y un presente digno de vuestra merced y vuestra amable y desinteresada ayuda.

Os encomiendo a la protección de los cielos y de vuestra casa.”

Volteo para tomar aliento. Desvío la mirada hacia los guardias cuando escucho como la tapa se abre.

—Está abierto, su alteza —se inclina el guardia que sostiene la tapa.

Doy un paso al frente. Otro más, pero con cautela.

Un líquido color ambarino de apariencia viscosa fluctúa en el interior.

No parece ningún tipo de bebida que yo conozca, ni siquiera del reino elfo, pero el olor…

El ácido del vinagre impacta de lleno contra mi nariz para hacerme retroceder.

El aroma de la reina y las breas me alcanza de forma inevitable.

—¿Mylo? —doblo el brazo para poder taparme la nariz.

—Es una especie de conservante —Mylo rompe la distancia con la madera—. Parece que el vinagre se ha mezclado con lo que han utilizado para sellar el barril.

El aire ya no se puede respirar, se ha encogido hasta volverse hilo.

La tensión me hace separar los labios al ver como uno de los guardias introduce el brazo en el líquido.

Mi mirada se deforma al ver pelo entre la armadura al sacarla del interior.

Ahogo un lamento. Mis párpados caen. Permitió que lo matasen después de traicionar a Lugh con él…

—¿Keus? —pregunta Maren.

Desciende sobre la roca. Me mira de forma fugaz según camina hacia la cabeza sostenida por el guardia. Sus pasos dejan caer sus lágrimas.

—Que su alma esté en manos de Azabel —sello los labios. Me inclino ante su rostro sin vida.

—¿Es él? —balbucea—. Parece él…

—Es demasiado complicado para explicar qué pasó —niego—. Debemos irnos.

—Eladriel… —Maren señala a Keus. Sus labios tiemblan entre balbuceos.

Me alejo de los guardias. Del barril. Tomo su brazo para echar a andar.

—Me importa su muerte —despliego las alas—. Pero llorarla vengarla, no es más importante que salvar a cientos de niños.

—¿Niños? —A Maren se le escapa la pregunta entre jadeos.

—Entregad los restos a su familia. Que sean ellos quienes decidan qué hacer con ellos —ordeno a los guardias del barril según avanzo.

—Asus órdenes, alteza —se inclina.

Maren decide guardar silencio mientras la formación de soldados me dedica una reverencia antes de que me impulse al aire.

Despliega las alas para lanzarse junto a mí.

Mylo nos sigue de cerca. Aranel no sabe que la venganza que mueve la presencia del alma es incluso más letal y afilada que la que otorga su preciada sabiduría.

Ella es incapaz de sentir algo distinto al ansia por llevar a cabo sus propias decisiones.

No me importaría en otras circunstancias, pero quebrará el corazón de Lugh por segunda vez, y tendré que ser testigo de ellos.

Su dolor ya me arañó el alma hasta pedir clemencia por él.

—¿Te encuentras bien? —me atrevo a preguntar al ver que Maren vuela a una distancia considerable—. No pareces estar bien.

—Lo estoy —asegura Maren como si pudiera convertirlo en realidad.

—Te contaré todo lo que desees saber sobre lo que has visto —me inclino con ligereza hacia la derecha para acercarme.

—Sé que no has sido tú quien le diste muerte, Eladriel —sus ojos se vuelven blancos. Su tono, cansado.

—Conozco tus gestos de sospecha —dejo caer la frente hacia delante. Mi tono se vuelve delicado por la culpa.

—Es que… —Maren desvía una triste mirada—. Estoy segura de que hay cosas que Rani me oculta.

—Pensé que se debía a la cabeza de Keus recubierta de un viscoso líquido… —suspiro con pesadez al recuerdo.

—¿Y si tiene relación con lo sucedido con Keus? —su vuelo aligera por un segundo para poder colocarse frente a mí.

—¿Con la muerte de Keus? —mis alas se detienen a su pregunta.

—Lo seguí, princesa —declara Maren. Voltea de inmediato para adelantarse.

A pesar de que me asombre su repentino arrojo y eso me haga parar el vuelo, batallo con el tiempo para darle alcance.

—¿Crees que te engaña? —guardo la rabia entre los puños para que Maren no la vea.

—Pensé que no había otra posibilidad que esa —Maren deja salir la verdad entre titubeos—. Hasta que descubrí que sus salidas son al palacio.

—¿A Eryas? —bato las alas tan rápido como ella.

—Vi como Tien lo recibió sonriente en la pasarela —sus mejillas se vuelven rosadas. Del tono de la vergüenza.

—Pero anoche pregunté por Tien, y dijeron que no se encontraba en palacio —mi mirada se tensa. Se aparta hacia el infinito celeste—. ¿Estás segura de que era él quién…?

—Vi cómo Tien llegó a la pasarela. Conversaron unas palabras y se marcharon juntos —su tono cada vez es más débil.

Tien fue sagaz. Se acercó a ellos solo para elegir cuál estaría dispuesto a salvar su causa. Dejo escapar un quejido de ira. De frustración. Tiemblo solo al recordar la cercanía con Maren y la incapacidad que ella tiene para mantener ocultas las cosas importantes…

—Debes ser sincera, por favor —inflo el pecho. La miro con súplica—. ¿Qué más sabe aparte de los archivos que buscaba?

—Tal vez, no respeté el pedido de guardar silencio sobre tus encuentros con el teniente —Maren declara con culpa en la sonrisa y en sus pupilas.

Entonces, significa que me convertí en el centro de sospechas.