Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 28. El nacimiento de una nueva alianza. #2
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28. El nacimiento de una nueva alianza. #2

—¿En las ruinas? —Mylo inclina la cabeza hacia delante. Veo cierta ironía en su gesto… —No podéis dejar al niño en ese lugar.

—Eseo permanecerá en Émaxor —detengo mis pasos para insistir a través de una mirada afilada.

—Perdonadme, querida princesa —Twig se aclara la garganta mientras sus ojos todavía bailan en lo que parece inseguridad—. ¿Cómo haremos para cruzar la muralla sin llamar la atención?

—Sí —critica Mylo con tono sarcástico—. No podremos camuflaros ni aprovechar el cambio de guardia…

—Pide a un lacayo de la cocina que prepare vino para los guardias que custodian la salida a los campos lunares de la parte suroeste —ladeo la mirada hacia Twig con una orden—. Añade esencia de opio para que los duerma.

—¿Y creéis que eso nos dará el tiempo necesario? —Twig alterna la mirada entre la de Mylo y la mía.

—Una buena dosis a modo de elixir… —murmulla Mylo estirando los labios.

—Busca en cualquier lugar donde puedas conseguir una buena cantidad —estiro el dedo para lanzarle a Twig una advertencia.

—¿Dónde podría encontrar esencia de opio en este palacio? —me muestra las manos confuso.

—En la enfermería de palacio, en la cámara de alquimia, en la sala de torturas… —dejo salir el aire—. Incluso entre las plantas del jardín si es necesario.

—A sus órdenes, mi señora —me reverencia Twig.

—Aún me gustaría saber cómo cruzarán el corte de Gaia —me recuerda Mylo de forma acertada.

—Es cierto… —mis labios se unen para callar.

—Puede que el comendador esté dispuesto a prestarnos su caballería —Twig ensancha la mirada—. Los pegasos serían una solución fácil.

—Es demasiado llamativo —sacudo la cabeza hacia los lados. Niego—. No creo que haya tantos pegasos como niños. Serían vistos desde los otros puntos de guardia de la muralla.

—¿Qué haremos entonces? —el hombro derecho de Mylo sube—. Para evitar el precipicio habría que adentrarse en territorio de los elfos y pedir paso al reino de los enanos.

—No, eso es un suicidio —muerdo mi labio inferior con frustración—. Deberíamos aprovechar las alas de quiénes puedan usarlas.

—Hay niños que son demasiado pequeños como para resistir un vuelo tan largo. Otros puede que ni hayan sido entrenados —la expresión de Mylo se vuelve tan pesimista, como sus afirmaciones.

Quizás sea buena idea ponerse en contacto con los brujos, ellos tienen fénixes. Podrían transportar más de un pequeño sobre sus lomos y no sería necesario que volasen cerca de la muralla o los campos lunares. Si mantienen el vuelo bajo desde Néferien, el precipicio ocultaría su llegada.

—Twig —vacilo incluso si mis labios ya enuncian su nombre—. Envía un gorrión de urgencia a Brenshire en mi nombre. Utiliza mi sello —elevo la frente—. Pide que envíen fénixes a Émaxor para cuando el sol esté en su punto más alto.

—Mi señora… —se inclina Twig.

Mylo traga saliva. Su mirada tras lo que hablamos se ha vuelto inquieta, más que antes.

No sé si la presencia de Twig le resulta incómoda.

Tal vez, desea comunicarme algo de lo que lo une con la esclava, y que él esté le impide sincerarse.

Mi garganta juega conmigo. Mi mente le ordena que hable, que haga al guardia abrir la boca aun si no estamos en soledad, pero también contiene mi aliento.

Conozco como mueren los inocentes. El alma de mi querido padre, aunque él solo se considere mi lacayo, es cándida e inmaculada.

Por eso, no puedo quebrarla ni oscurecerla.

—Habla —asiento para dejar que se cumpla lo que mi corazón desea—. No ocultaremos nada más a Twig.

—Tengo noticias sobre Nura —acepta Mylo.

—Te escucho —doy un paso seco al frente.

—Asegura haber encontrado información relevante sobre Drieden —sonríe el guardia.

—¿Dijo qué podría ser? —contengo la sonrisa por no adelantar acontecimientos.

—Solo mencionó un nombre… —aparta la mirada. Su barbilla se arruga pensativa—. Butkam, creo.

Mis comisuras comienzan a elevarse, ahora sí, para dibujar una sonrisa de satisfacción. Por fin una buena noticia.

—Dile que recibirá mi visita en las horas de la noche —le indico a Mylo—. Tendrá que negarse a ir aun si la escogen.

—Eso es imposible, princesa —desestima con expresión de desagrado.

—¿Por qué? —encojo los hombros—. Si se encontrase enferma…

—Nadie puede oponerse a las órdenes del rey —Mylo baja la mirada avergonzado.

—Entonces iré antes de la cena —suspiro con desprecio.

—A vuestro servicio, princesa —se inclina Mylo.

—No te marches todavía —arqueo una ceja con rabia al recordar a Tien—. Hay algo que deseo preguntarte.

—Os escucho —Mylo ladea la cabeza con atención.

—Me gustaría saber si la esclava madre de Eseo y Tien han vuelto a encontrarse —mis manos se cierran con rabia al recordarlo.

—Dos veces desde que salió de los calabozos —revela el guardia con la mirada baja.

—¿La señorita Debhrán? —Twig interrumpe de golpe.

—Nunca escuché ese nombre —niego de inmediato.

—Ella es, alteza —afirma Mylo con una sonrisa ladina.

—¿Tú conocías quién era? —mis ojos se entornan con reproche hacia Twig.

—Vi a las criadas preparar a la señorita para el hijo del cancilier, por eso recuerdo de quién se trata —confiesa.

—Con que es una criada favorita… —dibujo media sonrisa—. ¿Ella también estará ocupada en las horas de la noche?

—Ella no se encuentra en palacio —Twig niega. Una arruga ha tomado su entrecejo—. Su majestad, el rey, la escogió como acompañante para la salida de Eigton.

Si mi padre se llevó a la esclava al palacio de los elfos, no es una esclava favorita cualquiera.

Es mucho más inteligente que cualquiera de las otras.

Incluso podría considerarla más inteligente que yo sí ha conseguido escalar tan alto desde la estancia más cochambrosa del palacio.

Algo extraño sucede, lo sé. Mylo aseguró que Nura era la mujer que más veces llamaban, pero parece que eso no la convierte en favorita.

—¿Sabes qué significa todo esto, cierto? —contengo el aliento al detener mi atención sobre él.

—¿Qué cosa, princesa? —calla Mylo.

—Aseguraste que Nura era su favorita, pero no es ella quién lo acompaña en este viaje —la sospecha me hace contener los labios entre los dientes.

—Pero ella es llamada cada día —desvía la mirada.

—Puede que la hayan descubierto. Quizás han escuchado tus conversaciones con ella o han visto los frascos cuando los llevaba encima… —cierro los ojos. Llevo las manos a la frente bajo un resoplido—. Debo sacar de aquí a las esclavas cuánto antes.

—Pero… —Mylo vuelve a vacilar.

—Estad atentos. Avisadme cuando Debhrán vuelva a su cuarto —volteo con las manos en la cintura—. Si alguno de vosotros guarda silencio, convertiré las habitaciones de las esclavas en las vuestras.

La mirada de Twig se encoge. Mylo acepta porque él está más acostumbrado a escuchar advertencias de este tipo.

—Retiraos, aún debo vestirme para las clases de control —les ordeno mientras me dirijo hacia la cama.

—Princesa —Mylo me dedica una reverencia.

—Princesa Eladriel —indica Twig al inclinarse.

Me envuelve por fin un poco de silencio.

La soledad me viste. Espero poder encontrar a Lugh en las clases de control, la profesora Ilta comienza a hacerse preguntas tras tres días de ausencia.

Su descontento amenaza con hablar sobre ello en el consejo de profesores.

Estos días fui a buscarlo a los campos de trabajo, pero se negó a dejarlos.

A conversar conmigo. Su comportamiento está empezando a resultar exasperante.

No es nada fácil encontrar soluciones a sus propios problemas bajo las condiciones que él quiere darme.

Me apremio a ocultar el cuaderno de Elm entre el resto de tomos del escritorio antes de abandonar el cuarto.

Twig trata de tranquilizar mis pensamientos oscuros.

Asegura que nadie se atrevería a entrar a los aposentos privados de la hija del rey Eliot, pero asesinaron al soldado que custodió la puerta por siglos.

No tuvieron reparos en intentarlo conmigo.

Reclamo atención llamando a la puerta. Mylo separa la hoja sonriente como los últimos días que se encargó de hacerlo.

Aún estoy expectante por ver la reacción de mi padre cuando, al regresar de sus días de descanso, encuentre un nuevo guardia centinela designado sin su aprobación.

Sonrío al verlo. Agradezco su presencia aquí, la confianza que siento en su lealtad.

Estoy dispuesta a pasar los escalofríos que me causa imaginar la aviesa sonrisa que pondrá.

—Espero tu presencia en la entrada del jardín cuando terminen las clases de control —indico a Mylo de medio lado y sonriente.

—A vuestra disposición, mi señora —se inclina Mylo.

Desde hace días, bajo estos escalones con más seguridad que miedo.

Los muros estrechos del torreón dejaron de parecerse a un tortuoso camino hacia mi confinamiento.

El tamaño aún se hacía más pequeño cuando los pensamientos oscuros me azotaban.

Quise hacer un hondo hueco en mi pecho para esconder en él todo lo que rondaba por mi mente y debía callar.

Oculté hasta mi propio rostro. Elegí el corazón para guardarlos porque mi amado Twig siempre aseguró que no sabe pensar.

Mi cuerpo, hasta mis cavilaciones, se sumieron al protocolo.

Nunca pude comprobar hasta ahora lo confundida que estaba, mi alma tiene juicio propio…

Detengo el aleteo sobre las orillas. Contemplo la fila de alumnos.

Ilta se acerca sonriente desde un punto lejano del sur, pero ambas tocamos tierra al mismo tiempo.

He tardado en decidir si quería situarme junto a Lugh y su expresión de fastidio por mi presencia a pesar de que junto a él, está vacío el hueco que siempre reserva para mí.

Ladea la mirada resignado cuando decido enfrentarlo y colocarme a su altura.

—¿Es esto cierto? —mi ceño se vuelve molesto. Hablo entre dientes cerca de su oído—. Hace días que rechazas hablar conmigo, ¿y así es como decides recibirme hoy?

Lugh opta por sellar los labios, el silencio se convierte en mejor aliado que yo. Mi mandíbula se tensa por su gesto, pero callo. Sujeto las manos al frente con el único propósito de guardar el debido respeto a la profesora.

—Buenos días, jóvenes hadas —anuncia Ilta al recorrer la clase en una ojeada rápida—. Me sorprende ver que hoy no nos acompaña el joven Alié.

—Sufrió una lesión durante su jornada de trabajo —Norette se apresura a responder por su ausencia.