Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 24. Sin miedo a vivir. #2
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24. Sin miedo a vivir. #2

Siempre quise que, cuando la responsabilidad de la corona recayese en mí cambiase el mundo.

Podría borrar la crueldad, la vil vehemencia de quiénes lo destruyen con sus bajas intenciones.

No puedo culparlos, el amor que recibieron les hizo amar su vida, pero mi padre…

Mi padre quiso quebrar durante años a esa parte de mí que creía en la paz.

Me hizo odiar mi poder. Sus susurros iniciaron una guerra contra mi conciencia, la eliminaron para establecer la suya y ya no era Eladriel.

No podía serlo si quién me da el aliento aseguraba que esa sombra ruin que eran mis pensamientos me corrompía cada día por dentro.

Cambió mi nombre. Esa inocencia que guardaba como un tesoro murió al descubrir los planes del cancilier Drieden y su hijo.

Las heridas en el corazón de mi madre se convirtieron en su tumba.

Elm oró por ella cuando lo descubrí ejecutado.

Las esclavas y guardias muertos se la han ofrecido al dios de las profundidades.

Y sin darse cuenta, Azohr ayudó a Beliel a que la aceptase.

Fue al asumir que deseo estar a su lado cuando me convencí de que la verdadera calma nace del ruido de mi resistencia.

El rey perdió la batalla. Y en el último recurso que tengo entre mis manos para recuperar mi propio juicio, la violencia se escucha como la vida en reposo.

Nací en un trono que decía impartir justicia.

Nací para llevar una corona que gobernase un lugar mejor.

Pero mi vida me cambió. El rey que juraba protegerme, me mató.

He visto tanto dolor en este reino, que me adentraré en las sombras más profundas de las simas para recuperar la esperanza de quiénes se perdieron en ellas.

Les enseñaré la fuerza que me otorga ser una mujer.

Ninguno de ellos lo sabe, pero yo no necesito su permiso desde que tengo el mío.

Es ante el único solio que me arrodillaré.

—A veces quisiera entenderte mejor —Maren me mira confundida.

—Descubrí cuánto me gusta el arte de la venganza contra quiénes se aferran a ella para dirigir su vida —declaro con una seguridad pasmosa que hasta a mí me estremece.

—¿A qué te refieres? —Maren arruga el entrecejo con lentitud.

—Dentro de poco podrás entenderlo todo —sonrío con más decisión que nunca.

—No tienes permiso para hacer algo que ponga tu vida en peligro antes de que decida qué debo hacer —Maren se sujeta a mi brazo para impedir que me aleje—. Si mueres, solo tendré a Lugh. ¿Eres consciente de lo que eso significa?

—No necesito esperar a que te aclarares para aconsejarte sobre Rani —ladeo el cuello para observar cómo sus ojos están abiertos y entornados en desconcierto.

—Todavía está unido a mí —deja caer mi brazo con mala cara.

—Preferiría verte junto a Lugh —me detengo. Mis pasos se detienen cuando me veo obligada a no callar más.

—¿Lugh? —Maren cesa el vuelo rápido a mis deseos.

Voltea con cara de horror y mueca de asco profundo.

—Tú reacción es peculiar teniendo en cuenta que es bastante parecido al coronel —ahora, nada puede contener mi risa de sorna.

—Por tu culpa no podré dejar de ver a Lugh en la cara del coronel —inclina la cabeza hacia un lado con desagrado.

—¿Acaso lo verás de nuevo? —sacudo las alas rápido hasta alcanzarla—. ¿Te reunirás con él?

—Claro que no —Maren niega con premura—. Pero te acompañé dos veces a Brenshire…

—Entonces no debes preocuparte, no volverás a reunirte con él —le confío en una mirada rápida antes de retomar el vuelo.

—Soportaría a ese tubérculo pelirrojo que no sabe mantener la boca cerrada por ti —se coloca a prisa a mi izquierda, aún más confundida que antes—. No quise lanzarte un reproche.

Un reproche…

—Me marcharía muy triste de aquí sí sé que te quedas en manos de Rani —declaro.

—¿Marcharte? —Maren se coloca frente a mí. Desdobla los brazos para detenerme—. ¿Cómo marcharte? ¿A dónde?

—Me iré con el teniente —sonrío levemente—. Aunque no será en las próximas semanas.

—Pero… —balbucea. Su barbilla se mueve mientras sus pupilas saltan sobre las mías—. No puedes irte sin mí…

—No puedo tener a Azohr y el reino. Poseer las dos cosas no es posible —sello los labios ante su mirada empañada.

—Eladriel… —Maren pestañea un par de veces.

—Yo también te echaré de menos —afirmo con una sonrisa.

Por primera vez, me acerco a ella. La rodeo con los brazos tan sorprendida como la veo. No confío en el cariño, sabe que detesto abrazar, pero este lo siento como si fuera el primero de todos los que están por venir. Pienso aferrarme a él hasta que esa sensación se quede conmigo.

—Volaré sujeta a la pata del fénix si es necesario —Maren rompe el silencio con un sollozo—. Yo iré contigo.

—¿Renunciarás a quién te hizo abrir los ojos? —río—. Yo quiero que vivas, Maren.

—¿Sin nadie con quien hablar? —lloriquea sobre mi hombro.

—Lugh estará contigo. Lynn —aprieto mis manos contra su espalda—. No sabes lo afortunada que eres.

—Eso será aún peor —hunde su frente—. No habrá nadie con quién compartir ese castigo.

Una pequeña carcajada que intento disimular sale sin control.

Maren coloca sus manos sobre mis brazos para observarme con esa sonrisa tan risueña que siempre tiene.

Vuelvo a reír cuando ella se deja llevar y se entrega a las carcajadas.

Mientras la veo divertirse solo puedo pensar en todo lo que voy a necesitar ese sonido para el resto de mi vida.

En que, aunque renuncie a él, mi alma no deja de pensar que algún día lo recuperará.

—Si el reinado de mi padre termina, si los dioses cambian de parecer, no dudes en buscarme —le pido con ojos suplicantes—. No importa cuántos años hayan pasado.

—Tú vas a quedarte —Maren sonríe tras limpiar sus lágrimas—. Vas a ver todo lo que suceda aquí.

El resto del vuelo se vuelve más interesante después de esta conversación.

Más ameno. Me he visto obligada a declinar su ofrecimiento para acompañarla a supervisar el trabajo que dejó encargado a las hadas.

Ha sido demasiado pronto para sincerarme y confesar que me iría con Azohr.

Por lo menos conseguí convencerla de que debía buscar a Mylo antes de reunirme en la cena con el rey de los elfos y su hija.

Twig estará en mi cuarto mientras me preparo y ni siquiera deseo encontrarme con él ahora.

Menos explicarle a qué se deben mis reuniones con un guardia real.

Asegura que sigo siendo su niña, pero después de lo que suceda esta noche no sé si podrá seguir pensando de la misma forma.

Los soldados de la puerta me abren con una reverencia mientras me lleno de aire para atreverme a entrar al interior del palacio.

Recorro los primeros pasos de la galería principal con la mirada.

No veo criados ni lacayos. Ni a Twig merodeando cerca en espera de que regrese de Néferien y obtener detalles.

De reojo veo como cierran las hojas. Aprovecho para adentrarme en el ala este, asigné a Mylo en este lugar para que pudiera escuchar con detalle la reunión del rey del día de hoy.

Tuerzo el cuello vigilante de mis espaldas cuando camino cerca de la sala de la biblioteca.

Los guardias entrenan en el patio a estas horas, las puertas se mantienen cerradas por falta de vigilancia.

Giro a la derecha al pasillo de la sala de asambleas.

Sonrío al ver a Mylo en formación. Su semblante se transforma al verme aparecer sujetando entre las manos el colgante que la profesora Ilta me entregó en la clase de hace unas horas asegurando que tiene el poder de transformarte.

Golpea la lanza cuando mis pasos me llevan frente a él.

—Princesa —Mylo me dedica una reverencia.

—¿Hay alguien en el interior? —señalo la puerta con un movimiento de pupilas.

—Hace poco rato que la sala se encuentra vacía —afirma.

—Entra —le ordeno.

—¿Eladriel? —su cuerpo se tensa. Su mirada se eleva a mi indicación.

—Conversaremos en intimidad —dibujo una sonrisa por su reacción.

Su guarda el titubeo para asentir. Abre la puerta.

Todo en el interior está tan ordenado, que parece imposible que mi padre y su séquito de crapulosos canciliers hayan estado aquí.

El sillón del rey es el único que se encuentra en una posición diferente, algo en el mapa también ha cambiado.

El templo del reino de Ylros se muestra en grande sobre él.

Arrugo el entrecejo al ver que Mylo se mantiene entre las hojas.

Hundo la mirada en él mientras camino hacia la mesa, y dejo que un suspiro domine el ambiente al ver que permanece inmóvil ahí pese a que le pedí que accediese.

—No creí necesario tener que explicar qué significa entrar —apoyo los lumbares contra la mesa—. Pensé que fui clara al decir que hablaríamos en intimidad.

—Estoy preparado para escucharos —carraspea desde la puerta.

—¿Te asusta hablar en privado con una mujer? —arqueo una ceja.

—Lo que me intimida es que el rey Eliot me encuentre hablando en su sala de asambleas en privado con su princesa —reconoce Mylo sin apartar sus ojos de los míos.

Previsible, aunque incomprensible. Asiento sin más a su confesión.

—Esta noche recibiremos la visita de los altos de Rhysartyr —revelo—. Aprovecharemos que Drieden y Tien abandonarán el palacio temprano.

Mylo separa los párpados ante mi declaración. Se apresura a cerrar la puerta y caminar hasta colocarse frente a mí con el gesto descompuesto.

—¿Qué debo hacer? —pregunta Mylo con aparente intranquilidad.

—¿Lo ves? —alargo la mano para mostrarle el colgante oscilando en el aire—. A partir de ahora no podrás perderlo de vista, esto será nuestro mejor aliado.

—¿Qué cosa es esa? —se acerca un paso más. Entrecierra los ojos para capturar sus detalles.

—Quién me lo entregó asegura que tiene el poder de transformarte en otro ser solo con desearlo —sacudo la mano frente a sus ojos para que lo tome—. Esta noche, debes desear ser Tien.

—¿El entrenador? —pregunta Mylo con el colgante en la manos y cara de susto.

—Durante la cena con los altos cargos de los elfos, quiero que uses el colgante para buscar a tres guardias reales —inclino la frente hacia abajo para clavar en él una mirada afilada de rabia—. Sus nombres son Sendro, Kesien y Junel.

—¿Hicieron algo malo? —Mylo endurece la mirada.

—Me subestimaron solo por lo que poseo entre las piernas, y van a pagar por ello —mi mandíbula se tensa por el recuerdo de sus palabras.