Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 23. La génesis de una promesa. #6
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23. La génesis de una promesa. #6

—Solo lo hice por ti —confiesa con furia mientras su marcha se vuelve apresurada.

—Había olvidado tu capacidad para lanzar excusas —pongo los ojos en blanco mientras me lanzo a su lado.

—El rey Eliot cortaría tu cabeza si descubriese que una de sus súbditas murió aquí mientras su hija se reunía a solas con el teniente de los brujos —frunce los labios tras lanzar la crítica.

—En eso tienes razón —sus palabras hacen temblar mis pensamientos—. Todo comienza a complicarse.

—No dudes de que Godrick irá a por ti después de lo ocurrido —resopla con frustración.

—Él no me intimida —revelo detrás de un gesto de hastío—. La voz detrás de sus palabras es la que me asusta de verdad.

—Fiena es más inteligente que él, no se hubiera expuesto de esa manera —encoge los hombros con poca importancia.

—Hasta tú sabes que es a ella a quién me refiero —sacudo la cabeza en un gesto de negativa—. Es demasiado evidente.

Emir y Yeziel se inclinan cuando pasamos entre ellos.

Ebhan y Efaris caminan en cabeza entre que Maren y Eladriel admiran algunas de las coas que el coronel señala.

Me mantengo alejado por mis pensamientos.

No me tranquiliza que Ebhan haya revelado frente a todos que la visita de la princesa es solo por motivos de la corona, sé que las palabras no son suficientes para callar acusaciones.

No sé hasta qué punto confía Fiena en eso de que es en Berato donde se encuentra esa mujer que le mencioné.

No sé qué la vincule a Godrick, pero me angustia que utilice su rencor y la amenaza velada de los dioses para vengarse por haber perdido su puesto en el ejército de Brenshire.

Eso lo desvincula de las órdenes de Ebhan.

Eladriel detiene a Maren en la puerta de comedor bajo una señal de advertencia que reproduce sobre Mim.

Encojo los hombros al pasar al lado de coronel y su ceño fruncido.

Al acceder, Gandar tomo asiento en la butaca que siempre elige, la de la izquierda.

Efaris se coloca el vestido antes de tomar asiento en la que está libre a la derecha.

Ebhan se acerca a la estantería con una sonrisa para alcanzar una de las botellas, me la lanza con agilidad según rodea la mesa para tomar unas copas.

Asegura que no, pero estas reuniones acaban resultándole placenteras solo por el placer de brindar.

La princesa me dedica una mirada antes de aceptar el ofrecimiento de la reina y tomar asiento en el sofá. Sigo sus pasos cuando reparo en que todos la miran con asombro, de una forma que me hace sospechar. Lleno las copas que Ebhan ha dejado sobre la mesa en cada lugar correspondiente.

—Princesa Eladriel —Efaris rompe el silencio y no solo capta su atención—. Sabemos los motivos que os traen aquí.

—Majestad… —murmulla Eladriel después de dedicarme una mirada de reojo.

—El silencio ahora será tu mejor ventaja —sonríe la reina. Eleva la copa en su dirección.

—Estoy de acuerdo —Gandar da un trago a la hidromiel inventada por el príncipe—. Es un gusto conocer por fin el motivo de mis desvelos.

—El placer es compartido, mi señor —sonríe Eladriel—. Y dejadme decir que vuestra afirmación me sorprende tanto como me intriga.

—Al menos, vuestras dudas parecen más sencillas de resolver que las del teniente Bradosck —ríe Gandar con cierto aire de sorna.

—Todos estamos al tanto de lo que ocurre —Ebhan confiesa por encima del borde de la copa.

—Pero no temas —Efaris se incorpora. Camina hacia ella con los ojos puestos sobre mí—. Azohr no es un súbdito de mi reino.

—No importa si lo es —asegura la princesa.

—Es evidente que, de no haber sido así, no contaríais con tanta suerte —anuncia Gandar golpeando la vara contra el suelo—. No es asunto de emoción lo que sucede entre vosotros.

—Gandar… —interviene Efaris con gesto amable—. Nuestro querido Azohr ha dejado de ser ese niño que correteaba por nuestras tierras para tomar un lugar de responsabilidad.

—Si vuestra gracia me lo permite, mi querida señora, el teniente no ha dejado de ser un niño —reprocha Gandar tras un bufido.

—Vuestra sobreprotección no le hace ningún bien —Ebhan sujeta la botella por el cuello para llenarse la copa.

—Ahora él te necesita más que nunca —Efaris capta la atención de Gandar con sus palabras.

—Bien sabe que jamás podría negarle mi ayuda —la barbilla del hechicero se frunce con afecto, pero también con ansiedad—. Solo deseo mantenerlos vivos.

—No es decisión nuestra lo que sucede, Gandar —le recuerda Ebhan con la frente en alto—. En este momento solo puedes intentar mantener sus cabezas sobre los hombros.

Bajo la mirada ante Gandar. Me apena su tristeza, la que Ebhan trata de ocultar, incluso la que Efaris disfraza de alegría.

Pero, miro a la princesa a mi lado, y su presencia me hace confiar más que nunca en que este es el momento que esperaba.

No quiero renunciar. Me acerco a ella, busco sus dedos para aferrarme a su mano con fuerza, sonríe antes de elevar la mirada hacia el príncipe y la reina… Hacia Gandar.

—Tú mejor que nadie sabes que rendirme ahora acabaría conmigo —le recuerdo a Gandar desde el asiento a su derecha.

—Siempre supe que no podría evitar lo que está por pasar —Gandar calla—. Ella siempre ocupa mis visiones.

—Nos encargaremos de que no haya futuro oscuro sobre ellos —asiente la reina tras tomar asiento de nuevo con la copa en la mano.

—Azohr y Eladriel no solo cuentan con la protección de Brenshire y Carsley —sonríe Ebhan—. La princesa Shaqia ha enviado un grupo de brujos a las regiones nevadas de Avka para patrullar.

—El maestro de inteligencia de Brenshire, Elyndor, encontró guardias en la ciudadela que están dispuestos a ser nuestros espías —manifiesta la reina estirando el brazo para que Ebhan le llene de hidromiel.

—¿En la ciudadela? —pregunta la princesa con el ceño fruncido—. ¿Para qué?

—Azohr aseguró que frecuentáis ese lugar —Ebhan mira a la princesa con cejas elevadas y una sonrisa—. Necesitamos información sobre los pasos de los guardias.

—Un fénix será asignado a la princesa. Será menos llamativa que volando en tu compañía con sus alas —afirma Efaris de forma sarcástica—. Permanecerá en Brenshire y nadie tendrá permitido montarlo para que no confunda sus órdenes.

—Yo me encargaré de darte la formación —Ebhan suelta la botella sobre la mesa tras llenar la copa de su hermana—. Queremos que aprendas a montar, y si te enseña el teniente no lo harás.

—¿De verdad? —dejo escapar el aire con molestia.

—Será arriesgado venir con frecuencia para ello —Eladriel mira su copa y se la toma de un trago.

—Pero es necesario —asesta Ebhan sin dar lugar a reproches—. En Avka tus alas no resistirán más de dos meses.

—El frío impedirá que puedas guardarlas… —Efaris dedica una mirada de pesar a Eladriel—. Se quebrarán.

Unos instantes de silencio rodean a la princesa. Las palabras de la reina llenan aun más de dolor la decisión de que abandone todo, incluso sus alas, y ella solo sacude su garganta …

—La teniente Astara estará encargada de llevar provisiones y ropajes, volverá cada cuatro meses para tomar nota de lo que falte —sonríe Efaris.

—Debéis adelantar la salida —Gandar ahoga un quejido al reincorporarse—. Ahora se ha vuelto peligroso que permanezcáis en Órianth, el tiempo apremia a vuestros enemigos.

—Mantendremos al soldado Godrick bajo vigilancia —Ebhan sacude las pupilas sobre las nuestras—, pero desconocemos lo que sucede en Eryas.

—Los dioses enviaron a Eladriel a las minas como representante de Ravenbell —Efaris interrumpe pensativa.

—Para eso tan solo faltan dos semanas —Gandar inclina la frente hacia abajo en un gesto firme.

—Necesito más tiempo —interrumpe Eladriel tras alzar por fin la mirada de la copa.

La condición que Eladriel ofrece hace que Efaris la busque de inmediato con la mirada.

Ebhan baja la vista hacia los decorados de la mesa, guarda silencio al contemplar como Gandar tuerce la boca en un gesto de pesar.

Supongo que esperarían de ella la misma seguridad en dejarlo todo que hay en mí.

Confío en que está convencida, pero no habrá nada que puedan hacer para que actúe de otra manera.

—¿Hay algún preparativo que no hayamos tenido en cuenta? —pregunta la reina. Lleva las manos a los reposabrazos del asiento.

—Así es —asiente Eladriel con mandíbula tensa—. No me habéis tenido en cuenta a mí.

—Las decisiones que tomamos han sido por vuestra protección, princesa —Ebhan arruga el entrecejo. Eleva la barbilla de forma rápida.

—Deseo aceptar la proposición del teniente así sea a costa de perder un trono o las alas… —declara y yo respiro—. Sin embargo, debo dejar a mi pueblo libre antes de hacerlo.

—Princesa —Gandar usa la punta de la vara para apoyarse, se levanta con cuidado—. Es en vuestro hogar donde no os encontráis a salvo.

—No desconozco cuáles son mis enemigos —acepta la princesa bajo un suspiro—. Pero su cercanía me permite actuar en consecuencia, creedme.

—¿Conocéis al aliado que encontró el cancilier Drieden? —espeta Gandar tras elevar el tono de voz y volverlo un presagio—. Es un gran aliado.

Bordea la butaca donde permanecía sentado, la mesa baja donde descansa la botella de vino.

Se acerca a la chimenea. Al llegar, sujeta su vara con ambas manos para elevarla hacia arriba con decisión.

Cierra los ojos. Traza un par de círculos amplios con la punta hasta que las llamas invaden en un momento la vista, las sujeta con cautela antes de dejarlas en la boca de fuego de la chimenea.

Unas imágenes se muestran en la precisión del bailoteo de la lumbre.

Una figura sin rostro cuya armadura envuelve un velo azul añil raído se encuentra entre las oscuridades con Drieden.

—Un aliado del ejército de los butkam… —Ebhan se acerca perplejo.

—Sabemos que otro objetivo los trajo a estas tierras, pero Drieden aprovechó su visita —Gandar mueve la vara, muestra la entrada de la necrópolis—. Buscan entrar aquí.

—¿Butkam? —se apresura a preguntar la curiosidad de Eladriel.

—Hijos siervos de Beliel que escaparon de las profundidades para promover el pecado entre las criaturas —cuenta Efaris entre tragos.

—Creemos que, tras la reina, Drieden querrá terminar contigo —Ebhan me mira después de haber advertido a Eladriel.