23. La génesis de una promesa. #5
—No es una pregunta que pueda responder ahora con un simple todo, princesa, no puedo decir que es nada —mi garganta se sacude.
—Sé que te manejas con soltura en la oratoria, encontrarás las palabras adecuadas —insiste en mirarme con ese brillo de reproche.
—No quise ir contigo a un lugar donde haya estado con ella —declaro de forma sincera.
—Ella debe ser importante si es digna de entrar en tus aposentos privados —Eladriel vuelve a privarme de su mirada.
—Nada de Brenshire me ha importado nunca —sujeto su mano en un arrebato por dejarme guiar solo por lo que me importa.
—¿Tampoco el observatorio? —suspira con ironías—. O quizás no solo tenías miedo de que los dioses nos descubrieran y por eso elegiste ese lugar…
—Elegí ese lugar porque es el que deseaba para ti. Para nosotros —callo.
—¿Esperas que me deje afectar por estas cosas? —pregunta molesta.
—Sé que no lo harás —asiento como si estuviera convencido a pesar de que mi respiración se ha contenido en la garganta.
—Azohr, no me asusta que otra mujer haya estado en ese lugar que dices darme —sus sinceridad me busca y suena a advertencia—, pero si rompes tu lealtad y me mientes… No perdonaré tu traición.
Ese aviso termina de quebrar mi aliento.
No me temblaría la voz si tuviera que reconocer que es cierto que ella estuvo en mi cama, pero no entre mis manos.
Sin embargo oscila ante la idea de que descubra quién soy.
Que se asuste. Me angustia que callar sea peor que confesarle que tengo magia negra y debería estar encerrado en la misma fortaleza que el resto de brujos de Néferien que la poseen.
—Te diré lo que desees saber —me coloco frente a ella en un paso firme—. Todo lo que necesites.
Ojalá no me arrepienta de mi impulso de volverme honesto ahora.
—Solo quiero conocer qué te une hoy a ella —Eladriel dedica una mirada disimulada a Fiena.
—Nada de lo que Godrick mencionó —confieso sin dejar de mirarla.
—Ese brujo no me conoce, pero parece preocuparse por su honor y por el mío… —agudiza su mirada. Da un paso hacia atrás.
—Ella nunca estuvo tan cerca de mí como estás tú —mi frente se arruga al ver como otro paso la aleja.
—Y… —la princesa insiste—. ¿Cómo de cerca está ella ahora?
No conozco palabras que me ayuden a hacerle entender qué siento por ella.
Creo que de haberse podido explicar, no hubiera sido imposible sacarla de mi mente.
Ella se convirtió en el murmullo de mi conciencia.
Supe que era todo lo que necesitaba para ser feliz al ver la mezcla del blanco puro y el marrón ennegrecido de sus pupilas.
Me convencí de que yo sería suyo cuando comprendí que ya no tenía juicio.
El tono de sus mejillas, las líneas que contornean sus rosados labios, la forma en que sus manos delicadas se unían con elegancia ante las palabras del príncipe…
Incluso en este momento su pelo descendiendo sobre lo que hace que mi pulso se rompa.
No dejaría que se alejase de nuevo.
—Voy a besarte —anuncio mientras camino hacia ella.
—¿Qué? —Eladriel titubea—. Estás loco…
—¿Eso crees? —una de mis cejas se arquea con burla.
—Te rodean tus soldados, tu príncipe… —separa los párpados al verme de cerca.
—Entonces camina hacia Hai —señalo al fénix tras ella sin apartar la vista de sus labios.
—Tu reina está aquí —musita la princesa cuando no le queda más remedio que ceder a mis órdenes si no desea que nos vean.
—¿Crees que no la veo? —elevo mi comisura izquierda. Inclino la cabeza hacia un lado—. Solo puedo pensar en besarla.
Le indico a Hai en un movimiento rápido que abra su ala cuando la princesa casi impacta contra él. Obedece. Ella se detiene cuando sus manos tocan las plumas. El fénix nos recoge justo cuando la mía se coloca a un lado de su rostro.
Me inclino a ella mientras apoyo la otra mano sobre su cadera.
La atraigo hacia mí para dejar que mis labios se encuentren con los suyos.
Siento su dulzura e inocencia. También el deseo con el que acaricia mi cara para que no deje de besarla.
Cedo sin poner resistencia porque sé que no podría negarme a nada de lo que ella me pidiese…
—Esto es todo lo que yo siempre deseé —mis pupilas bailan sobre las suyas—. Yo siempre fantaseé con tenerte incluso teniéndola a ella.
—¿Crees que aceptaré eso como una respuesta? —sonríe Eladriel—. Tu uso de la palabrería sigue siendo digno de elogio, teniente.
—Pídeme que me marche contigo ahora, y Brenshire no podrá detenerme —vuelvo a besarla.
—Eso es demasiado peligroso, estamos rodeados de criaturas —me recuerda sin perturbar su sonrisa.
—Tu vida es lo que me hizo ordenarle a Hai que nos ocultase —entrelazo mis dedos con los suyos—. Todavía puedo ordenarle que inicie el vuelo mientras te beso.
—No necesito que nos expongas, Azohr —Eladriel cierra los ojos después de que sus labios me hayan dado un beso suave—. Lo único que espero es lealtad hacia la confianza que te he entregado.
—Soy leal a ti desde que te vi —le susurro—. No sé cómo se vive si no es así.
—Ordénale a Hai que abra el ala antes de que medio ejército acabe en las mazmorras por difamación —Eladriel se apoya sobre su pies para que pueda besar su sonrisa.
Deslizo la mano por su cuello para impedir que se detenga.
La mantengo entre mis besos un instante más.
Golpeo con delicadeza el lomo de Hai para que el ala se separe solo porque ella decide que es el momento.
Ebhan aparece tras de ella cruzado de brazos, con cejas elevadas y piernas en posición de reproche.
Solo quedan Maren y Mim en el campo. Gandar y la reina también se mantienen junto al príncipe, aunque ellos apenas parecen tener expresión.
Puede que no haya sido un gesto prudente, lo admito, pero sin duda era mejor que haberme lanzado a besarla. Y lo habría hecho sin dudarlo.
—Lo mejor será que nos retiremos para conversar en privado —Ebhan endurece el tono al señalar el castillo.
—Una conversación que será interesante —asiente Efaris. Voltea para caminar con una sonrisa iluminadora.
—¿Qué haremos con la acompañante de la princesa? —carraspea Gandar según señala a Maren con la vara—. No deseo faltarle el respeto a la señorita, pero esta conversación pertenece a la privacidad de la corona de Néferien y Ravenbell.
—Puedo esperar aquí si así lo ordena mi señora —se inclina Maren con el primer gesto de seriedad que veo en ella.
—No es buena idea —Eladriel se adelanta hacia ella para colocarse a su lado—. Podría esperar en alguna sala en el interior mientras conversamos.
—El coronel Mim podría encargarse de hacerle compañía ya que parece no tener oficio alguno en este momento —propone Gandar con las comisuras de los labios hacia abajo.
—Será mejor que el coronel supervise el trabajo de los soldados —golpeo el hombro de Mim con fuerza—. Después de lo ocurrido, creo que es lo más conveniente.
—Estoy seguro de que, el teniente coronel Aric, podrá encargarse de ese trabajo —Ebhan sacude la capa al girarse junto a Efaris.
—Dejar sola al hada no sería correcto, teniente —me reprocha Efaris antes de seguir a su hermano.
Gandar apoya la vara entre la hierba y el suelo irregular del campo de fénixes para caminar con más facilidad.
Eladriel me dirige una mirada rápida sobre el hombro.
Se aferra al antebrazo de Maren antes de dirigirle una mirada de reproche.
El coronel suspira resignado cuando su pie se levanta para dar un paso, un segundo después mi mano se encuentra con su armadura para impedir que continúe.
Lo coloco a mi lado de forma brusca para asestarle una mirada que podría ejecutarlo.
Finjo sonreír cuando Ebhan nos dedica analiza lo que sucede desde el principio de la comitiva con el ceño lleno de molestia.
—¿Es necesario advertirte que si te vuelvo a ver sobre un fénix cerca de Maren te utilizaré como comida para Hai? —grito en bajo mientras se ensanchan mis fosas nasales.
—No es a mí a quién debes amenazar —me reprocha Mim con cara larga—. Ella me hizo perder la cabeza con sus comentarios.
—No sabía que el coronel de mi ejército perdía la cabeza con tanta facilidad —separo los párpados sorprendido por su contestación.
—Se burló de mi forma de volar —espeta. Deja caer los puños furioso.
—No debiste haber propuesto una carrera en fénix —niego con incredulidad.
—Shae no me perdonaría si me hubiera quedado callado —sus brazos se cruzan a la altura del abdomen.
—No creo que a Shae le importe lo que un hada de poca estatura piense sobre ella —sujeto su brazo. Mi mirada se vuelve desafiante.
—Te sorprenderías, teniente —Mim desvía la mirada con labios estirados en molestia.
Como si tuviera motivos para estarlo, y no para arrodillarse pidiendo disculpas.
—La has puesto en peligro al aceptar una carrera con el fénix de Godrick —mi dedo impacta sobre su cabeza—. Tú te pusiste en peligro.
—Advertí a Maren de que era mala idea aceptar su ofrecimiento, pero montó en Vel antes de que pudiera convencerla —desvía la vista hacia un lateral del puente.
—¿Dices que solo tuviste la opción de montar en Shae? —le pregunto con rabia.
—No podía dejarla volar sola bajo las órdenes de Godrick —murmulla.
—Mim, ella tiene alas —le recuerdo con cierto retintín.
—Vel es de los primeros en atacar objetivos —encoge los hombros—. No quería que la viera como una lombriz comestible con ese pelo rojo.
Una ligera sonrisa aparece en su rostro.
Lo conozco. No lo haría solo por ser amable con Maren, hace muchos años que sabe que Godrick es un idiota.
Es alocado y temeroso, pero no hasta el punto de desobedecer mis órdenes para iniciar una carrera contra ella.
Sonrío cuando en ocasiones la mira y entonces desvía la mirada. Y sé que él odia esos gestos.
Una de mis cejas se arquea al comprender lo que sucede.
—Te gusta Maren, coronel —le espeto sin poder reprimir media sonrisa.
—¿Qué? —Mim ladea el cuello apresurado. Se detiene de inmediato. —Cállate.
—Te gusta la lombriz pelirroja —aprieto los labios para no reír.
—Yeziel me parece más atractivo que ese intento de enano —eleva el labio superior en un gesto de desprecio que a mi parecer, lo delata aún más.
—¿Sí? —estiro la frente con ironía—. Es atractivo, pero no te has subido a ningún fénix para evitar dejarlo solo en las guardias.