23. La génesis de una promesa. #3
Conozco a la perfección de quién se trata, pero vuela con más torpeza en las maniobras que suele dominar con bastante facilidad.
Eso, y que su piloto está sobre la hierba del campo y no sobre sus lomos, me hace temer lo peor…
Condeno a Yeziel una vez más con la mirada antes de adentrarnos en una carrera hacia la explanada.
Sigo el recorrido de Shae una vez más. Busco al resto del grupo por la sección este del campamento.
Godrick está cerca de los aros de fuego junto a Fiena y Lyris, pero Maren no está.
Y si Mim pilota su fénix, y el piloto de Vel no dirige el suyo, eso significa que mis temores son ciertos.
Mis pupilas se detienen sobre la princesa cuando su entrecejo ya se ha perturbado.
Una vez más, el graznido de un fénix hace templar el campo.
Los animales sobrevuelan las rocas cercanas a la montaña de vuelo del ejército.
—¿Puedes decirme que no es Maren? —pregunta Eladriel sin apartar la vista de la trayectoria de los animales.
—Es Maren —asiento despacio. Tan sorprendido como ella lo parece.
Shae sacude las alas a toda velocidad hacia la sección de aros, Vel la sigue de cerca.
Ambos se acercan a la misma velocidad para cruzarlo; si alguno de los dos no cede, acabarán chocando.
No sé cómo esperan que haya espacio para los dos.
Mim acelera al observar en miradas rápidas como Maren intenta anticipar sus movimientos.
Ella se inclina sobre el cuello del animal como si eso le hiciese seguir sus órdenes, pero los fénixes solo obedecen al brujo que los monta.
Godrick es quién le da las instrucciones, y no son las precisas.
Le ordenó que aumentase la velocidad y tomase su lado derecho.
El primer aro está a tan solo un par de pasos.
Solo falta uno para que el pico de Shae choque contra la llamarada cuando el coronel decide reducir la velocidad para hacerlo ascender.
Vel aprovecha para atravesarlos todos antes de volar hacia la montaña.
Mim tuerce el cuello al comprobar que Maren toma ventaja, y su mejor opción es golpear las riendas con furia para sobrepasarla. Casi está a su costado izquierdo.
—¡Vel! —Godrick vocifera con las manos alrededor de la boca—. ¡Maniobra de defensa izquierda!
Su ala izquierda comienza a cerrarse obediente, su cuerpo se inclina con ligereza hacia el lugar indicado.
Se acerca con cuidado a las traseras de Shae para golpear en alguna ocasión sus lomos.
Maren y Mim se tambalean sobre ellos. El coronel obliga a su fénix a tomar distancia para tratar de recuperar el equilibrio entre que se sujeta a las plumas con empeño de no caer.
—Ordénale a tu fénix que se detenga —dicto al llegar frente al estúpido de Godrick.
—Mim me prometió que habría carrera —ríe Godrick antes de devolver la mirada a Vel.
—Tus instrucciones ponen en peligro al hada, ella no sabe montar —doy un paso hacia él con los puños cerrados—. Sabes que Vel no sigue sus órdenes.
—Princesa —Godrick se inclina ante Eladriel tras ignorar lo que le digo.
—¿Qué podemos hacer para detener esto? —Eladriel se acerca sin determinar a Godrick en lo absoluto. Toma mi brazo.
—No lo sé —miro de nuevo el vuelo de los animales—. Espero que Mim decida descender.
Vel hace que sus alas vibren con intenciones de acercarse a Shae de nuevo.
—¡Reduce la velocidad para alejarte, Mim! —le indico al coronel entre gritos.
—¡Despliega tus alas, Maren! —exclama Eladriel.
Godrick insiste con que Vel ejecute esa maniobra de defensa.
Maren despliega sus alas y abandona el fénix cuando estaba a punto de estabilizarse, y el hecho de que ya no esté lo vuelve deseoso de embestir.
Mim trata de recuperar la posición en la silla.
Shae se aleja a toda velocidad. El coronel observa la distancia que hay entre ellos para evitar el siguiente ataque cuando los ojos del animal se centran en él para coger impulso.
—Si no le ordenas que se detenga, los guardias te encerrarán en las mazmorras por desobediencia —impongo a Godrick cuando mis fosas nasales se separan.
—Entonces espero que me lleven junto al coronel —Godrick eleva sus cejas desafiante—. La idea fue suya.
El graznido de Shae estremece al campo, toda la formación de brujos observa como el fénix ha perdido el control.
Mim cuelga con trabajo de una de sus alas.
Maren dirige el vuelo hacia él para sujetar su otro brazo con ánimo de ayudarlo a sostenerse en el aire, pero sería imposible para ella soportar todo el peso del coronel si se soltase.
Aún trato de pensar qué hacer cuando Eladriel ya desplegó sus alas y desapareció.
Vuela para tratar de mantener sus piernas en alto y que no caiga.
—Monta a Rea —camino hacia Lyris—. Vuela rápido, pero reduce antes de ponerte bajo ellos.
—Sí, teniente —asiente Lyris antes de correr hacia su fénix.
Devuelvo la mirada al punto donde el tiempo se suspende.
Las alas de Maren ni siquiera se mueven después de que Mim dejara a Shae, la princesa apenas puede mantener el movimiento bajo él.
Aprieto la mandíbula por la impotencia al ver que todavía Rea no llega.
Hundo la mirada en Eladriel al ver como caen a pesar de las fuerzas que hacen para impedirlo.
—Ruega que ninguno muera —dedico una mirada de reojo a Godrick—. Si no, tendrás que arrodillarte ante el dios de las profundidades para que te ceda su trono, su justicia te parecerá más placentera que lo que yo te haré.
Bajo el coronel, las alas de Rae se vuelven rectas.
Advierte a Mim de un chillido de que debe soltarse.
Eladriel se aparta para permitir que caiga cuando Lyris sujeta las riendas con fuerza en un intento de que el fénix se mantenga estable.
Maren mueve sus alas para descender junto a la princesa a poca distancia de la que nos encontramos. Rae lo hace junto a ellas.
—¿Estás Loco? —Mim desciende del fénix vociferándole a Godrick—. Tu estrategia de defensa casi me mata.
—¿Debería sentir lástima por ti? —Godrick estira su labio con falsa tristeza—. No es culpa de Vel que tu fénix sea una deshonra para el resto y para ti como piloto.
Mim se lanza a la carrera hasta sujetar la camisa que sale bajo la armadura ligera del brujo. Lo empuja con fuerza. Su cuerpo se detiene en uno de los postes de madera de la prueba de aros.
—Teniente —enuncia Mim furioso y con dientes apretados—. Solicito permiso para romper la nariz de este maldito estúpido.
—Denegado —me cruzo de brazos tras él.
—¿Denegado? —Mim voltea la cara con rabia. Me enseña su puño—. ¿Quieres que mi puño impacte contra tu cara?
—Será el príncipe Ebhan el que decida su castigo —me acerco a él para sujetar su armadura y apartarlo.
—¿Por qué sería castigado? —Godrick eleva la barbilla aun con la espalda pegada al poste a pesar de que ya nadie lo mantiene ahí—. Yo no participé en la carrera que el coronel inició.
—Pusiste en peligro a uno de tus coroneles —la ira se hace dueña de mi tono de voz para convertirla en un bramido—. Pusiste en peligro a una súbdita del rey Eliot. A su princesa.
—Yo solo obedecí a mi coronel al prestarle el fénix a esa hada —Godrick desvía la mirada como si en verdad no tuviera culpa.
—Has desobedecido las órdenes de tu teniente —le recuerdo todavía vociferando—. ¿Quieres iniciar una guerra contra el reino vecino al entregarle el cuerpo de su heredera?
Maren y Eladriel aparecen. Lyris se coloca junto a Fiena a pesar de que ella no parece contenta con su llegada.
—¿Estás bien? —Mim se olvida de Godrick al verla. Curioso—. No sabía que este imbécil haría eso cuando te propuse la carrera.
—No debí aceptar, me advertiste varias veces que solo obedecen al brujo que los monta —Maren observa a Godrick confusa—. Dijiste que no hiciera caso a su insistencia.
—Al menos, tú tenías alas y no ibas a morir —Mim rueda los ojos hacia Godrick.
—Hubieras caído si Eladriel no me hubiera ayudado hasta la llegada del otro fénix —aclara Maren con sonrisa nerviosa.
—Se lo agradeceré con más calma en otro momento en el que no tenga deseos de pegar a un tonto —el coronel entrecierra los ojos.
—Debes agradecer realmente a ese fénix que te salvara —Eladriel sonríe.
—Es cierto —Godrick sonríe—. Ningún hada se sacrificaría por uno de los nuestros.
—Cállate, soldado —le ordeno de inmediato.
—Os debo una disculpa si eso es lo que pensáis sobre Ravenbell cuando estáis ante mi presencia —Eladriel baja la mirada. Sujeta sus manos al frente.
—No veo en vos nada diferente al maldito asesino que reina a las hadas y llamáis padre —escupe Godrick con la nariz arrugada.
—Una palabra más, y vas a arrepentirte de saber pronunciar —enuncio con un tono de amenaza que debería reconocer, lo escucha con bastante frecuencia.
—No os preocupéis, teniente Bradosck, estoy de acuerdo con él —afirma Eladriel con una sonrisa sin dejar de prestar atención al brujo—. Al menos, en cuanto a lo que menciona sobre mi padre.
—¿A qué habéis venido? Las hadas no visitan nuestras tierras —protesta Godrick con peor cara que de costumbre.
—Los asuntos de la princesa no son relevantes para los súbditos —Eladriel eleva las cejas. Dibuja media sonrisa tras recorrerlo con la mirada— Y en vuestro caso dudo que aguzarais la sesera para entenderlo.
—Solo me causa curiosidad qué tipo de asuntos traen a la princesa de las hadas al castillo de Brenshire —sonríe Godrick—. ¿Qué será lo que os lleva a reuniros con el teniente Bradosck a solas en el castillo?
—¿Qué insinúas, soldado Galvork? —de una zancada rompo la poca distancia que nos separaba.
—¿Quién sois vos, mi teniente, para tratar temas de política con la princesa de un reino enemigo? —Godrick agila su mirada al alzarla sobre la mía.
—¿Debería darte explicaciones de mis responsabilidades como teniente? —inclino la frente hacia abajo cuando sus sugerencias comienzan a impacientarme.
—Solo me preocupo en calidad de soldado del ejército de Néferien —Godrick ríe, pero lleva reproche en la sonrisa.
—Ella te respondió, ahora guarda silencio —sello sus palabras con autoridad.
—Disculpad que me haya sorprendido al veros abandonar el castillo en compañía de la princesa —sonríe el brujo—. Es Fiena quién os visita cuando el príncipe no se encuentra en Brenshire.
Batallo contra mi propio impulso de mirar a Eladriel, pero no puedo evitarlo.