Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 22. La concesión al pecado. #6
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22. La concesión al pecado. #6

—¿El coronel loco? —pregunto pensativa—. Con el oso muerto estoy de acuerdo, pero…

—Eladriel, tú no volaste a lomos de su fénix —niega. Eleva una mirada llena de rencor.

—Te recuerdo que el fénix en el que yo volaba llegó más rápido que el del coronel —inclino la cabeza hacia delante para clavarle la mirada.

—¿Conoces la maniobra del ascenso del fénix? —aprieta los labios con una sonrisa irónica, pero también creo que de ira.

—No —guardo los labios y la sonrisa entre los dientes.

—Tres maniobras aparte de esa fueron el motivo de mi retraso —eleva su barbilla con decisión—. Y temo que algo te pediré a cambio.

—Pensé que mi amistad incondicional sería suficiente —niego.

Rodeo el sofá para tomar asiento.

—Después de que el coronel te haya hecho volar con alguna de esas maniobras, podremos llamar a tu amistad incondicional —aparta la mirada indignada.

Azohr y el brillo del cristal de cuatro copas y una botella aparecen por el lado derecho del sofá.

Su sonrisa también se cuela mientras destapa el vino y lo sirve sin que ninguna gota se derrame por el gollete.

Incluso después de haberla apoyado sobre el mármol.

Coloca las nuestras frente a nuestra posición, toma un sorbo de la suya de forma elegante.

Maren se lanza a por ella cuando la hoja de la puerta abriéndose irrumpe.

Mim se apoya en el marco de la puerta. Toma aire de forma apresurada con los ojos rodeados de pecas y llenos de tensión.

Se abren al percibir como Azohr aparta el cristal con media sonrisa.

Deja caer la mano del centro de su pecho.

En pasos cortos que suenan como pisotones, accede al interior con rostro desencajado.

—¿Una copa de vino? —Mim reprocha con tono de indignación—. He cruzado el campo de fénixes corriendo, ¿para verte beber vino?

—A mí tampoco me agrada pensar que estaré en vuestra compañía —Maren se levanta con puños cerrados y una mirada de reproche.

Mim abre los ojos ante la repentina presencia de Maren. Sus labios se cierran para ahogar su voz. O eso parece por como calla ahora que ella ha decidido hacerle un reproche bastante acertado. La señala mientras el teniente sonríe.

—Ya entiendo… —consigue hablar el coronal.

—Buenos días, coronel —me incorporo para colocarme al lado de Maren.

—Princesa —se inclina Mim sin apartar la mirada del teniente.

—Coge tu copa y bebe —ordena el teniente con gesto divertido.

—¿Y qué debo hacer a cambio? —Mim acepta el ofrecimiento a duras penas.

Se apresura a bordear los asientos para colocarse al lado de Azohr con una sonrisa nerviosa que muestra sus dientes. Levanta la copa de la mesa para dar un sorbo sonoro.

—Disfrutar —Azohr rodea el cuello de Mim con el brazo mientras señala a Maren con la copa—. Tengo entendido que su curiosidad desea escuchar historias.

—Solo tengo algo de curiosidad —Maren aparta la mirada.

—Me prohibisteis hablar durante la mitad del vuelo la última vez que nos vimos —reprocha el coronel con ojos entrecerrados y bastante más acierto que Maren.

—Perdona si os ofendió mi petición, no quería interrumpiros con el vómito —Maren apoya el peso sobre su pie derecho.

—Tenéis alas, no podéis marearos al volar —se burla Mim en una sonrisa sonora.

—Deberíais preocuparos por vuestra propia supervivencia —espeta Maren con tono de enfado—. No logro comprender como una criatura que podría morir por un resfrío, maneja ese animal de forma tan caótica.

—¿Por un resfrío? —el coronel deja que la ira arrugue su entrecejo—. Soy un brujo sanador, un resfrío no podría hacerme nada, hada de las plantas.

—Eladriel —Maren voltea para clavarme una mirada aterradora—. Quiero decirte algo a solas.

Azohr encoge los hombros son una sonrisa tras el cristal de la copa.

Mim nos mira mientras toma vino, con cara de molestia.

Suspiro. Me abro hueco entre el sofá y la butaca para poder apartarme.

Maren camina sin dejar de mirar al coronel, lo que enciende aún más su ira.

Sus fosas nasales se separan mientras sus mofletes adoptan un color rojo propio de cuando está avergonzada.

—No me quedaré a solas con ese imbécil —me advierte Maren con el dedo índice apuntando el centro de mi cara.

—En Eryas parecía que os llevabais bien —desvío la mirada con tedio.

—Ese fue el peor día de mi vida —sus labios se fruncen.

—Estoy segura de que fuera de los lomos del fénix podréis encontrar algo en común —sonrío con calidez.

—Eres una pena ofreciendo consejos —me dedica una mirada llena de desdén.

—No puedo alejarme tranquila sí sé que en cualquier momento vais a lanzaros el vino a la cabeza —arrugo la frente como reprimenda—. ¿Prefieres esperar a solas?

—La soledad será mejor compañía que el coronel, porque la suya es un horror —de reojo, Maren vuelve a mirar a Mim.

—He visto a Rani eructar mientras bebe cerveza y desabrocha su cinturón, no imagino algo peor que eso —mi labio superior se eleva.

—Eladriel… —Maren baja la mirada.

—No fue fácil tomar la decisión de venir aquí, Maren —tomo aire tras observar al teniente—. Pero no ayudas.

Maren entorna sus ojos en un gesto de resignación.

—Supongo que no puedo negarme —responde Maren tras soltar un resoplido.

—Puedes hacerlo —asiento—. Yo haré lo que decidas, incluso si eso significa marcharnos.

—Estar un rato a su lado no puede ser tan desagradable como ver a Rani en esas condiciones —suspira.

—Puedo pedirle al coronel que te muestre otros sitios donde haya brujos si no deseas solo su compañía —le propongo en un susurro.

—¿Estás loca? —exclama Maren en bajo con ojos abiertos—. Los fénixes siguen sus órdenes, prefiero quedarme a solas con él.

Estiro los labios en una sonrisa por su loco juicio mientras vuelve al sofá.

Doy media vuelta cuando un destello es capturado por el rabillo de mi ojo.

El cuadro de la mujer de negro con esos grabados de oro en el marco.

Hay detalles como las gemas incrustadas alrededor de los relieves que me parecen hermosos.

Resplandecen. Uno de sus colores tiene un color azul índigo tan brillante como el que decora la llave de los archivos de los dioses que el rey Aelfraed ocultaba.

Quizás, si la observase de cerca, podría ver si las betas siguen el patrón que el abrecartas tenía dibujado en el metal.

—Eladriel —la voz de Azohr detiene mi deseo de acercarme.

Señalo el frente sin desviar la mirada de esa joya.

—La gema del marco. Su color —indico que mire la parte superior izquierda—. ¿No te recuerda a algo?

—Son gemas de magia, se utilizan para sellar objetos —su mirada viaja hacia el lugar que le indico.

—No entiendo —alzó la mirada hacia él—. ¿Cómo si los protegieras?

—Es una manera de unirte a un objeto. Sellar tu unión con él —sonríe.

—¿Y a qué crees que estén conectadas todas las que están en el marco de ese cuadro? —estrecho la mirada para analizarlo.

—Fueron creadas por los reyes que gobernaron Néferien —apenas le da importancia a lo que yo sospecho—. La razón de que ese cuadro siga ahí son las leyendas que la mencionan como una reina con destino roto.

—Parece digna de algo así —asiento con orgullo por la imagen, por la figura de la mujer venerada.

Me estremezco al sentir como la mano del teniente se desliza con suavidad por la parte baja de mi espalda para sujetar mi cintura. Volteo en ella para mirarlo de cerca. Sus ojos están llenos de angustia, parecen implorar un perdón que aún no consigo descifrar.

—Ebhan dijo que esperabas mi presencia en Eryas —susurra Azohr—. Lo siento.

—La esperaba, es cierto —afirmo a pesar de que sienta vergüenza por ello.

—Yo… —titubea—. Solo seguí los consejos del príncipe para protegernos.

—Creo que hiciste lo correcto —acaricio su mejilla con una sonrisa.

—No fue lo correcto —tira de la cadena del collar que envuelve su cuello—. Yo lo sentí.

—Tu ausencia es la que me hizo venir —me atrevo a romper su inquietud con una sonrisa.

—Es tu madre —sentencia.

—Muchas cosas más que tristeza me envolvieron —rodeo su colgante para apartarlo de su mente—. Pero no es necesario hablar de eso en este momento.

—¿Qué me dices del soldado de los espíritus? —Azohr aprieta mi mano. El collar.

—Eso siguen siendo problemas, teniente —estiro la frente.

—Es importante —siento como su mano se ajusta a mi espalda.

—¿Qué te parece si me das los detalles mientras caminamos hacia ese lugar que deseas mostrarme? —mis cejas suben sugerentes al buscar su mano para tomarla.

Asiente. Besa mi frente despacio.

Mim y Maren parecen haber arreglado sus diferencias.

Al menos, de cara a lo que el teniente y yo observamos de ellos.

Toman vino sentados en el sofá en medio de una charla que luce animada.

Tranquila. Los dos han dibujado una sonrisa cuando hemos llegado frente a la mesa baja.

Sonrío al levantar la copa que dejé en la mesa para beberme el contenido de un solo trago.

Mis ojos se fruncen por el amargor antes de ladear el cuello hacia el teniente al comprobar que me mira sin pestañear.

Su gesto se vuelve obtuso. Humedece su labio inferior antes de imitar mi gesto para terminar con su copa.

Mim arquea una ceja cuando dejo el crista sobre la mesa. Maren sigue los movimientos de Azohr cuando la coloca al lado. Su expresión de asombro y poca importancia al mismo tiempo me confunde.

—Coronel —anuncia Azohr con una sonrisa y voz de autoridad—. Acompañaré a la princesa a hablar en privado.

—Nos encontraremos en el campo de fénixes cuando la reunión termine —revela Mim sonriente.

—Maren —carraspeo. Dirijo una mirada fugaz al coronel antes de centrarme en ella. —Por favor, controla tu carácter.

—A sus órdenes, princesa —sonríe Maren.

Mim se acomoda en el sofá. Sube una rodilla al cojín y apoya su copa de vino en ella.

Maren sonríe a su gesto. Toma vino. Apenas le han dado importancia al hecho de que nos marchemos.

Ni siquiera han esperado a que hayamos salido para apartar la mirada.

Parece que nosotros hemos sido los que los hemos interrumpido a ellos.

Camino delante del teniente hasta abandonar el salón.

Puede que sus dedos y los míos se rocen desde que caminamos por el pasillo, pero incluso aquí, con la protección del príncipe Ebhan y la intimidad del castillo…

A ojos de cualquiera solo somos una hada y un brujo que no pueden tocarse.