Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 22. La concesión al pecado. #2
46%

22. La concesión al pecado. #2

Doy un paso al frente. Coloco la mano despacio sobre su antebrazo de metal.

—Cuéntame qué hablaste con la esclava —insisto sin perder la sonrisa—. Lo que hagamos ahora depende de sus palabras.

—No sabe quién es el padre de Eseo. También asegura tener más hijos —algo de vergüenza se apodera de Mylo cuando aparta la mirada.

—Algo esperado, pasa por el lecho de todos. Supongo que hasta es probable que tenga un posible heredero —elevo las cejas con ironía—. Quiero saber si mencionó al cancilier Drieden o el nombre de otro cancilier.

—Cuando mencioné al entrenador dijo que Tien sólo se había preocupado por ella —encoge sus hombros con desconcierto—. Que había sentido lástima por el niño.

—Me tomaré eso como una señal. Tien es incapaz de empatizar con otra criatura distinta a su sangre —muerdo mi labio inferior sin parar de pensar—. Conseguir algo de ella no será fácil.

—¿Por qué? —Mylo arquea las cejas—. Tenéis lo que desea.

—Porque los protege, cree que cuidan a sus hijos. Harán que dude de cualquier otro que intente ofrecerle ayuda —niego mientras aprieto los labios.

—Pero sois vos quién tenéis al niño en vuestro poder —su frente se arruga sin comprender.

—Fuera de palacio, pero ella está dentro —suspiro—. Por desgracia, solo conoce la autoridad que ellos ejercen. No puedo convencerla a través de guardias ni bajar yo misma con el pequeño.

—Tal vez, una carta… —sugiere Mylo con cejas elevadas.

—Sí —asiento sonriente—. Pero una carta que debe entrar y salir.

—¿Por cuál arte será posible eso? —pregunta con algo de sorna.

—Sin magia. Tú se la entregarás y la obligarás a devolverla cuando haya terminado de leerla —elevo la barbilla con firmeza—. Debo recordarte que no puedes mencionar mi nombre.

—¿Creéis que así aceptará vuestra propuesta? —cuestiona Mylo con los labios estirados en un gesto de duda.

—No voy a hacer una propuesta —elevo mi comisura izquierda en una mueca de seguridad—. Le haré saber que ahora Eseo está en mi poder junto al resto de sus hijos. Que solo tendrá noticias de ellos si revela qué relación hay entre Tien y el niño.

—Eladriel… —muerde sus labios para callar—. Los rumores sobre el cancilier y su hijo han comenzado a esparcirse por las orillas de Eryas y sus ojos deben estar sobre vos.

Eso es maravilloso. Ellos sospecharán de mí, pero no pueden probar que he sido yo si no saben quién empezó este rumor.

Tratarán de buscar con qué incriminarme ante los ojos de mi padre, pero…

Mientras ellos piensan la forma de deshacerse de mí y limpiar su nombre, el pueblo comenzará a sospechar que son asesinos capaces de enviar bestias a palacio para acabar con la reina.

Que no hubo guardias capaces de detenerlos o que estaban aliados para causar el caos.

El miedo les hará pensar que los siguientes son ellos.

Que ya no tienen soldados que los protejan por las noches.

—Hay algo que debes hacer hoy antes de que llegue la mediodía —enuncio tras ignorar por completo su advertencia.

—A sus órdenes —suspira con postura de protocolo.

—Toma un frasco de elixir del sueño y uno de la verdad del cuarto del purificador —hundo la instrucción en sus pupilas—. Busca a la esclava que yacía con mi padre la noche que murió mi madre y entrégaselos.

—¿Noura? —una mueca de preocupación aparece en su semblante.

—No sé su nombre, ¿puedes asegurar que es quién mencionas? —estrecho la mirada ante su reacción.

—Sí —asiente despacio—. El rey la llama con bastante frecuencia.

Sus ojos han sido invadidos por una tristeza que no logro comprender.

Podría pensar que se trata de una hermana, de una prima, pero sé que no tiene familia en ninguno de los pueblos de Ravenbell.

La intuición me dice que no es una amiga de palacio, jamás lo vi con alguien diferente a un guardia.

Pero puedo ver que es importante. La forma en que su mandíbula está tensa…

No ahondaré en su vida privada, pero parece más que una esclava para él.

—Cuida de ella, confío en ti para hacerlo —sonrío ligeramente al ver tu repentino cambio de semblante—. Debe decirte quién pasará la noche con ella. Tu misión es ir a la casa de su compañía entre tanto, buscar cualquier cosa que pueda servirnos. Sobornos, traiciones, espionaje…

—Lo haré, princesa —la incomodidad se ha hecho dueña de la voz del guardia.

—Antes de marchar, me gustaría enviar algo a Noura —su atención repentina cautiva mi curiosidad—. Pide al sastre que le confeccione un traje nuevo por orden de la princesa, el que tenía sobre la cama estaba lleno de jirones.

—Enviaréis vuestra cabeza a una pica con ese gesto —Mylo no puede evitar sonreír a pesar de que sabe que tiene razón.

—Le diré a su majestad que despojar a su esclava de nuevos y lujosos ropajes será mucho más digno de un rey, que dejar sobre sus colchas de seda ropa harapienta —pongo los ojos en blanco con sarcasmo.

—Gracias, Eladriel —asiente Mylo. Ya no hay tensión en su mandíbula.

—No abandones la torre hasta que hayan pasado unos minutos —lo rodeo para colocarme frente al primer escalón—. Si alguien sube, cuentas con mi autorización para usar mi cuarto como vía de escape.

Mylo se dobla en una reverencia mientras desaparezco por las escaleras.

Antes de buscar a Maren, debería poner en aviso de mi ausencia a la profesora Ilta, ella puede ser quién se encargue de buscar una excusa coherente que explique mi salida del reino.

También servirá para poner en preaviso al profesor Glimmer.

Tampoco puedo callar ante Lugh, entonces todo Eryas sabría nuestra ausencia en un soplo.

—Princesa Eladriel —enuncia uno de los soldados centinelas de la puerta del salón.

Me detengo aún perdida en mis inquietudes para atender a su llamada.

—El rey os espera en el comedor —me informa el guardia.

—Infórmale que no deseo desayunar, gracias —le lanzo una amable sonrisa.

—No os espera para el desayuno, mi señora —insiste con aparente angustia.

Pensé que no desearía salir de su cuarto. Tal y como actuó la última vez al descubrir que sus pueblos se habían llenado de carteles mencionando sus perversidades, imaginé que permanecería oculto con su ira. El guardia abre la puerta.

—Majestad —genuflexiono al acceder al interior.

—Princesa —el rey asiente con una sonrisa—. Veo que habéis decidido salir de vuestro cuarto.

—Me encuentro mejor —declaro sin más florituras y recta por su aceptación.

—Qué situación tan bochornosa me hicisteis pasar, querida —lleva la mano a su frente con vergüenza—. Una soberana encerrada en su cuarto con un lacayo mientras tiembla de miedo.

—Mi señor… —tomo aire para tomar paciencia.

—¿En qué clase de princesa os habéis convertido? —niega mi padre. —¿Qué reina podría sentarse en un trono con miedo al acero?

—Tenéis razón, padre —solo puedo bajar la mirada hacia mis manos sujetas al frente. —No volveré a temblar ante la idea de matar, os doy mi palabra.

—Esta noche, el rey Aelfraed y la princesa Aranel acudirán con su prometido para celebrar una cena de presentación —anuncia mi padre, colocándose en su sillón. —Es de obligado cumplimiento vuestra asistencia.

—Será un honor acompañaros a la mesa —me inclino.

—Eladriel —carraspea mi padre.

—¿Sí, majestad? —elevo la mirada para tratar de ver cuál es su expresión.

—La próxima vez que tu lacayo ignore mis órdenes y decida reposar a pierna suelta en tus aposentos durante toda la noche, lo enviaré a la horca pública por deshonra y forzamiento —advierte con gesto impasible.

—Él jamás se atrevería a tocarme un… —me atrevo a discutir porque sé que Twig no es como él.

No se merece que lo calumnien con sus verdades.

—Si continúas hablando, serás tú quién lo empuje del borde de las orillas hasta que se quede sin aliento —interviene su majestad con tono seco.

—Mi señor —le dedico una reverencia sin decir nada más.

Cedric, tras su gran silla, me dedica una mueca en la que sus ojos se entornan resignados.

Abandono la sala con la misma rapidez con la que los guardias abren la puerta para que pueda escapar.

Camino rápido. Despliego las alas para lanzarme al vuelo mientras pienso en Lugh, en que no debe descubrir esta visita.

Si la intención de la princesa elfa es aprovechar Eryas para encontrarse con él, tendrá que darme explicaciones primero. Exponerlo frente a su prometido…

Aunque quizás Lugh no me perdonaría si descubre su audiencia y mi silencio.

No desconozco lo implicado que está con ella.

No entra en razón con facilidad cuando se trata de aceptar que lo mejor para él es alejarse.

No lo comprende. Tanto así, que no le importa compartir cama con ella a sabiendas de que tiene un prometido que la espera cada noche.

Veo su cara desde las alturas. Es la misma desde que salimos hace tres días del palacio de Eigton.

—Cola de rata —Lugh aprieta los dientes al verme descender a su lado—. Te has dignado a aparecer.

—Lugh —sonrío.

Sus labios se unen tras haber dejado que el aire triste salga por un resoplido. Sus pupilas me observan con ese sentimiento en ellas.

—Ven a mis brazos —Lugh abre los brazos. Sacude las manos para que acuda presta a su ofrecimiento.

Un primer paso corto me hace concederme el placer de responder a su propuesta.

Palmea mi hombro con cuidado, en silencio.

Me estrecha entre sus brazos cuando el pasar de los segundos lo hace ganar confianza.

Me entrega un abrazo de esos que solo le otorgas a quién tiene el corazón herido y deseas curarlo a como dé lugar.

—Siento no haberos dejado entrar a palacio anoche —mis ojos se empañan—. No era seguro.

—Twig nos lo advirtió —Lugh calla. Su mano aprieta mi espalda aún más.

La sinceridad en la calidez con la que me rodea, que no le incomode el pasar del tiempo ni mi voz entrecortada…

Me hace sentir remordimientos. Le prometí que no le ocultaría nada.

Puede que lo que diga ahora le haga perder la cabeza, pero no decirlo me hará perder la mía. Me obliga a romper mi palabra.

—La princesa Aranel visitará Eryas esta noche —confieso aun con la barbilla apoyada sobre su hombro.

Sus manos viajan hasta mis hombros para apartarme con menos cuidado del que esperaba tras la suavidad de su abrazo.

Sus pestañas se mantienen separadas. Sus ojos sobre los míos.