Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 16. El baile de las luciérnagas. #7
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16. El baile de las luciérnagas. #7

Los últimos cipreses y el inicio de los abetos están cubierto de esa capa densa que forma el frío aire.

Las aguas se han escondido tras una fina capa de hielo de la que florece la vida de las estación helada.

Entre giros, Hai elige la dirección de una gigante roca en la que hay un gran túnel.

Sus alas reducen el aleteo antes de atravesarlo.

Al cruzarlo, el lago continúa extendiéndose.

Las rocas están cubiertas de musgo bañado en luz en las extensiones de las orillas, como si guiaran a las criatura a una pequeña cabaña de madera negruzca que hay al final.

Sus arcos son de punta. Tiene una pequeña chimenea como las que contemplo humear en las casas de las orillas desde mi balcón.

El reflejo del agua transforma el cristal en un hermoso rubí.

Cada beta de la madera luce impecable, como si estuviera recién puesta en ese lugar.

Hai desciende frente a ella. Mis alas se despliegan cuando mi estómago vibra por desmontar al observar los detalles de este rincón.

Nunca imaginé que colores tan oscuros en mitad de una fría noche, pudieran sentirse como el más cálido de los días de verano.

Mis ojos se entrecierran para captar con más atención las líneas hechas con flechas en el centro de la hoja de la puerta.

Luce como una frase. Estiro el dedo hacia las sombras que ondean sobre ella, como la carta que el teniente dejó sobre la cama de la ciudadela.

—Te siento más tranquila, ¿te gusta este lugar? —pregunta el teniente cuando sus manos se colocan en mi cintura.

—Mucho más de lo que podrías imaginar —confieso con asombro—. ¿Quién vive aquí?

—Aún nadie —su voz se siente cerca, más cálida que el aire.

—¿Es una posada o algo así? —elevo la mirada con el ceño fruncido.

—Es tuya —Azohr sonríe—. Es tu lugar seguro.

Mis manos ceden, caen. Mi mirada. Recorro el alrededor, las paredes y la nieve que conquista el techo.

Es preciosa. Yo esperaba una cueva alejada en mitad del bosque ancestral en la que con suerte no habría criaturas tan peligrosas como las de las leyendas.

Volteo cuando esto me abruma más, que el hecho de que mi padre me haya enviado fuera de su tiranía.

—¿Cómo has conseguido esta cabaña aquí? —mis ojos no podrían expresarle cuanto agradezco su ofrecimiento.

—Me ayudaron los magos de la reina Efaris —Azohr apoya el hombro contra la pared, cruza una pierna por delante—. Pusieron un escudo para que se active cuando sienta alguien dentro, no tengas miedo a venir cuando lo desees.

—¿Este también será tu lugar seguro? —aparto la mirada a un lado de la cabaña.

Siento que esa manta colocada sobre el banco de madera es una forma de decirme que le gustaría ver el paisaje desde aquí.

—Solo si tú estás dispuesta a compartirlo conmigo —sonríe.

—¿Podría llegar aquí sin tu compañía? —sonrío de forma irónica. Extiendo la mano para ofrecérsela—. Estaría contigo aquí, aunque solo tuviéramos ese banco y esa manta para protegernos del frío.

Entrelaza sus dedos con los míos. Apenas me muevo cuando él da un paso al frente que me hace tragar mis anhelos. Contemplo como sus labios guardan silencio y yo me lleno de dudas sobre si él sabe cuánto deseo que hablen.

—Debo enseñarte algo. Está atrás —señala el camino que rodea a la cabaña con una sonrisa. Tira de mí con más suavidad que antes.

—Espero que no sea algún animal, serían demasiados encantos de golpe —sujeto su mano con firmeza.

Solo por la ausencia de golpes de metal, las vistas se vuelven espectaculares.

Hasta el agua disfruta de este silencio.

La nieve ocupa el espacio que sirve de jardín.

Hay un cenador como el de Eras, árboles enanos alrededor como en sus jardines repleto de flores del invierno que campanillean al tacto de los copos.

Jardineras flotantes que se extienden hasta antes de comenzar el bosque.

La noche despejada favorece que, el brillo de la luna transforme la oscuridad en un lienzo de detalles ocultos del entorno.

No puedo dejar de observar la inmensidad de los ojos de ese búho blanco sobre las ramas de la parte baja de un abeto al fondo.

Es como si las estrellas se hubieran condensado ahí.

El frío nunca se sintió tan agradable. Este lugar es el más hermoso que jamás vi, Azohr es el ser más hermoso que jamás vi.

—¿Qué te parece si nos olvidamos por un momento del paisaje, y hacemos algo más divertido? —pregunta el teniente mientras yo aún me maravillo con el lugar.

—¿Divertido? Tengo mucho que conocer de tí todavía —sonrío. Acepto su mano cuando la mueve para que me acerque.

—Un baile sobre la nieve es lo más divertido que soy —me acerca a él. Esconde su mano en mi espalda—. Aquí no hay nadie que lo prohíba, no está Tien… —sonríe—. Me resulta más entretenido que el último en el que estuvimos.

—Me encanta tu propuesta —le dedico una sonrisa con más admiración de la que me gustaría mostrarle.

Tras el primer paso, Hai despliega las alas.

Veo como alza el vuelo mientras un par de chillidos ocupan el aire.

Solo su lejanía calma el ruido. Pestañeo una sola vez antes de que, al horizonte, luces destellantes abandonen los troncos de los árboles más cercanos.

Los aleteos la acercan a nosotros. Cientos de luciérnagas se unen a nuestro baile.

No sé si guían los pasos del teniente, o llevan los míos.

—¿Entrenaste a Hai para este momento? —mis comisuras suben con ironía, con una sonrisa burlona.

—Me encantaría decirte que sí —ríe el teniente. Observa el baile de los animales—. Pero ni siquiera sabía que esta noche estarías aquí.

—Esto es increíble. Creo que si Mim estuviese aquí, se sorprendería más que al ver el palacio de Eryas —sonrío al contemplar el alrededor—. ¿Por qué elegiste este sitio?

—Porque dijiste que querías conocer las criaturas de este lugar y descubrirlas —confiesa sin dudar de ello ni por un instante—. Ahora tienes un lugar seguro para poder hacerlo.

—Es demasiado valioso para un simple gracias, teniente —me centro en disfrutar de sus ojos un instante.

Pienso en todo lo que pierdo mientras solo lo observo. Sé que quiero más que miradas e indirectas.

—Esto solo son enseres, para mí es valioso que estés aquí. No sabes cuántas veces vi este momento —confiesa Azohr mientras permite que me pierda en sus ojos a pesar de que no debería.

—¿Crees que los dioses de Avka nos observan? —no sé si su respuesta servirá para calmar las súplicas de mis deseos.

—No sé si lo hacen, pero espero que esto sea suficiente para que disfruten —ríe.

No sé si es la respuesta que esperaba.

—¿Qué ocurrirá mañana cuando salgamos de aquí? —dejo salir el aire antes de dar un paso hacia atrás.

—No entiendo, princesa —su frente se llena de preocupación.

—¿Qué nos espera al volver? —mi tono apagado ya no puede ocultar lo que me aterra—. Allí los dioses nos persiguen solo por un baile. Allí no somos criaturas de Avka.

—Sé que eres inteligente, Eladriel, creo que mentirte sería un insulto —su expresión se vuelve rígida, pero nunca lo vi tan seguro—. Esta cercanía no es fácil, los dos sabemos esto. Yo no voy a convencerte de lo contrario.

—No importa si es fácil o difícil —tomo aire cuando siento que los nervios me asfixian—. Ya mi corazón no conoce más opciones, pero tampoco más miedos. Ni siquiera aquí estamos seguros.

—Hay límites en mis promesas, yo no trazo destinos que aseguran la vida —Azohr sella sus labios por un instante.

—Unas palabras no calmarían mis temores —no puedo evitar que mi voz suene a reproche.

—A mí me ayudaría saber que lo deseas con la misma fuerza que yo —ladea la mirada un instante—. Me prometería a mí mismo que lucharía hasta que mi magia se agote para estar a tu lado. Al menos, hasta que la vida decida apartarme de tu compañía.

—No quiero arrepentirme después de que suceda, me rompería —mi voz se quiebra—. No sé si puedo sobrevivir con más culpa.

—No solo tú lo sientes —sus ojos comienzan a encenderse—. Yo llevo años culpándome por esto.

—Yo quiero decirte que sí —mis manos se aferran entre sí para detenerme—, pero no puedo. La mano de mi padre me ahoga cuando quiero hacerlo.

—Yo necesité años para estar aquí. Encontrarte de nuevo —sus pupilas oscilan entre las mías.

—No deseo que esperar te aleje —rechazo su mirada—. Pero tampoco traicionarme. Yo soy la única criatura que no puede traicionarme.

—Yo elegí estar aquí incluso si tú no llegas nunca —Azohr aparece frente a mí para hacer que lo mire de frente.

—No puedes asegurar lo que dices —lágrimas de certeza empañan mis ojos cuando me hace mirarlo—. Tú solo me conociste en tus sueño, ahí siempre hay finales felices.

Sus ojos son los que ahora se cierran. Toma aire. Por un momento, mi presencia tan cerca parece resultarle demasiado porque se aleja.

—Te veo, sé que no eres un sueño, Eladriel. Eres compleja, también lo sé —el teniente manifiesta su verdad con algo de indignación —. ¿Es eso lo que tú deseas escuchar?

—Tú aún no conoces la realidad —desvelo con temor, pero sin temblar.