14. La alianza de la luz y las sombras. #9
—Estoy segura de que esta noche en la reunión de los reinos se sentirá completamente reestablecido —tomo aire de forma profunda antes de fingir una sonrisa—. No mencionéis nada al respecto, puede que no le guste demasiado hablar de su salud delante del resto de reyes.
—Conocemos el placer del rey por la confidencialidad —me recuerda Aranel con un gesto burlón.
Tras dedicarnos las debidas reverencias, Lugh y yo desplegamos las alas para emprender el viaje de vuelta a Eryas.
Mientras él observa con cara de bobo como la princesa se aleja, entiendo por qué el brillo de su pupila oscila con tanta tristeza.
Comprendo cómo se siente. No sabe cuándo volverá a estar junto a esa criatura que quiere, y si lo hace, todavía habrá algo que le separe.
Sin la posibilidad de evadir la culpa porque esa distancia no se rompe hasta quebrar la norma de los dioses.
No hay besos, mis manos solo buscan bajo su camisa, pero el pensamiento es más poderoso que cualquiera de esos pecados para convertirlo en algo mucho peor. El amor.
Cuando se aleja, es todavía más agonizante. Quizás se pregunta por qué su corazón debe sufrir para complacer el sonido de la dicha de la obediencia absoluta. Esa que pasa, incluso, por encima de tus propios latidos.
—Eladriel —Lugh utiliza un tono comedido para entablar conversación—. ¿Pasa en algún momento?
—¿Qué quieres decir? —volteo para mirarle con desconcierto.
—La sensación de despedida definitiva —lentamente, sus ojos se encuentran con los míos—. El estómago me tiembla como si hubiera liberado a una horda de asesinos.
—Aún lo desconozco —bato las alas para acercarme—. Pero estoy convencida de que, en algún momento, esa sensación se convertirá en la seguridad más absoluta.
Lugh eleva una sonrisa tímida. Sube más la punta de su comisura izquierda al dedicarme una mirada de confidencia.
—¿Desde cuándo os encontráis? —Lugh intensifica ese brillo de curiosidad compartida.
—Tan sólo hace unos pocos días —aparto la mirada algo sonrojada.
—¿Hay alguien más que lo sepa? —carraspea.
—Aranel y tú sois los únicos —omito a Twig porque jamás me atrevería a ponerlo en peligro—. Espero que siga siendo de esta manera.
—Maren entrará en colapso cuando lo descubra. A mí casi me explotan los ojos cuando lo he visto bajar del fénix —Lugh deja escapar un resoplido irónico.
—Promete que no le mencionarás nada —niego. Sujeto su brazo con fuerza para que me escuche—. Me gritaría si no soy yo quién se lo dice.
—Lo haré si guardas el secreto de Aranel —arquea una ceja que apoya su propuesta—. Los dos sabemos que Maren es demasiado intensa.
—¿Por qué lo crees? —sonrío con ironía.
—¿La imaginas descubriendo nuestros encuentros? —se inclina hacia delante con los ojos abiertos y una expresión de susto—. Todos lo sabrían —sacude la cabeza en una negativa—. No deseo que nadie sepa detalles sobre lo que ocurre con Aranel.
—Tienes razón —asiento con énfasis—. Pero… —le dirijo una pequeña mirada de súplica—, ¿yo tampoco podré conocer ningún tipo de detalles?
Lugh sonríe y deja que abarque su expresión.
—Primero hablamos durante unos minutos. Le llamó la atención mi trabajo sobre el curso de la primavera y no dejaba de sonreír ni de estar guapa —Lugh se ve interrumpido por su propia sonrisa—. Y la besé.
—¿Qué? —a duras penas, consigo dejar que mi voz salga del asombro.
Conozco a Lugh lo suficiente como para imaginar que este tipo de sucesos le llevarían bastante más tiempo. Al menos, esperaba tres encuentros de más de un suspiro.
—Sentí el impulso —Lugh desvía la mirada al frente tras aclararse la garganta—. No lo pensé hasta que todo estaba sucediendo, y me arrepentí cuando era tarde.
—Pensé que todo iría más despacio con la princesa elfa —arrugo el entrecejo con algo de inquietud—. Sé que ella te gusta, pero…
—¿Puedes asegurarme que mañana vaya a verla? —posa sus ojos en mí con una urgencia imperiosas.
—Me encantaría garantizarte su amor para siempre, pero sabes que eso no es posible —aprieto los labios con pesar.
—Ella dijo que lo deseaba. Que no se atrevía a hacerlo —observa como mi incomodidad asciende según habla—. No renunciaré a la oportunidad de besarla si lo desea porque puede que, si espero algo más, entonces sea demasiado tarde para poder hacerlo.
—Besaros rompe la norma —le reprocho con algo de advertencia—. Habéis roto la norma de los dioses…
—Estoy seguro de que no te reúnes con el teniente para charlar sobre las ventajas de la alianza entre vuestros reinos —el tono de Lugh mezcla burla y recriminación a partes iguales.
—Es más complicado que el deseo o el amor —bajo la mirada. Me aparto con lentitud—. Es la culpa.
—Te sentirás culpable de igual modo si os capturan, y ni siquiera te has atrevido a pensar cuánto lo deseas —traga saliva—. No es lo que yo haré.
—Podría perder la cabeza por ese beso —manifiesto con cierto aire de molestia.
—Su decisión le llevaría a ser ejecutado, igual que a tí —estira el brazo para apoyar la mano sobre mi hombro en el único gesto íntimo que ahora podría ofrecerme para consolarme—. Él te ha elegido a pesar de conocer las consecuencias de su amor como yo elijo a la princesa Aranel.