Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 14. La alianza de la luz y las sombras. #8
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14. La alianza de la luz y las sombras. #8

Eso es mi responsabilidad. Ojalá pudiera ser consciente de lo importante que es esa información para todas las pobres criaturas de Ravenbell que tendrían que luchar y morirían.

—No sé cómo pasaré desapercibido —el teniente ladea el cuello para mirarme de frente. Vacila—. Pero si quieres mi ayuda, daremos un giro a tu plan.

—No es tan simple—sonrío. Mi ceja se eleva como advertencia—. No me gusta que me impongan condiciones.

—Entonces tú serás quien las dicte —dibuja media sonrisa. Mueve el dedo en mi dirección a modo de aviso. Yo solo pondré una.

—¿Una? —asiento con seguridad—. Te escucho.

—No te haré ninguna pregunta si llega un momento en el que siento que debo tomar el control —arquea las cejas—. Solo, lo haré.

—Mínimamente me informarás, y nada de órdenes —estiro el brazo para ofrecerle sellar el trato—. No trates de convencerme de lo contrario.

Azohr sonríe. Acepta mi mano con menos problemas del que esperaba.

Recojo un par de bayas de los arbustos mientras caminamos.

Le ofrezco una al teniente para que la coma.

Ambos tomamos el camino de vuelta al claro hace unos minutos, quiere asegurarse de que Hai está comportándose debidamente.

Cree que si el fénix decide buscarlo y no lo encuentra, es capaz de graznar tan alto que el ejército de Rhysartyr se plantaría aquí por miedo a que los brujos estuvieran atacando sus tierras.

En la boca de la salida, observamos como el fénix sobrevuela sobre la frondosidad del bosque.

Dejamos atrás la fila de árboles y nos adentramos de nuevo en el claro cuando un sonido sonoro proveniente de unos troncos provoca la estampida de algunos pájaros.

Se marchan a prisa desde lo alto de las ramas.

La mano del teniente agarra mi muñeca con fuerza mientras el otro puño se eleva al cielo. Hai desciende ante su gesto.

—No te muevas —me ordena Azohr.

—¿Qué no me mueva? Ni siquiera sé qué sucede.

—¡Hai desciende hacia nosotros a toda prisa! —grito cuando veo como el pico del fénix se ve cada vez más cercano.

—No te hará nada, sólo nos protegerá —me lanza una mirada por encima del hombro—. No te muevas.

—¿Acabas de estrecharme la mano y ya estás faltando a tu palabra? —le pregunto con tono de reproche.

—Si quieres, puedes probar a que te arranque un brazo —su voz se eleva con más reproche aún—. O a que quiénes hayan hecho el ruido lleguen para hablar con ellos.

El teniente desenvaina la espada. Me arrastra como siempre a sus espaldas cuando las garras del fénix tocan el suelo, cierro los ojos al verlo venir a tanta velocidad con el ala abierta.

El sonido de la tierra rasgándose entre las garras del animal comienza a detenerse.

Después, abro los ojos para ver sólo plumas blancas alrededor.

El silencio llega. Trato de resbalarme entre su plumaje para ver que sucede, pero Hai me aprieta contra él aún si eso me genera más desconfianza.

Apenas pasan unos segundos cuando Hai eleva el ala. Abro las fosas nasales en busca de aire fresco, sobre todo porque no huele demasiado agradable ahí. Volteo cuando escucho pasos cerca.

—Eladriel —Lugh corre cargado de plantas raras—. He pensado que Joralf podría preguntar.

—Me ha sorprendido su agudeza mental inesperada —Aranel sonríe—. Se le ha ocurrido cuando se ha sentado encima de una ortiga.

—Es una muy buena idea, esperemos que no nos pregunte por el nombre —le cojo el conjunto de flores para observarlas de cerca.

—Es salvia. Esas son salva y bardana —dice Azohr. Señala a cada una según dice su nombre—. Aunque sus usos son diferentes.

—No son platas de tu reino —Lugh lo mira frunciendo el ceño—, no quieras impresionarnos.

—Soy un brujo sanador de Órianth, trabajo con toda la tierra y las plantas del reino —Azohr sonríe levemente.

—Imagino que, al ser el teniente, tus conocimientos son más extensos que los del resto de brujos verdes de Néferien —sonríe Aranel con una pizca de curiosidad por él.

Me gusta.

—Algo así —Azohr le devuelve la sonrisa—. Los brujos reciben clases de conjuros y control en Brenshire.

—¿Cómo es montar en un águila gigante que en cualquier momento puede demostrarte amor quemándote vivo? —pregunta Lugh. Sus ojos centran en el animal—. La profesora Ilta dijo que yo también puedo hacerlo.

Hai ladea el cuello para mirar fijamente a Lugh mientras lanza un chillido.

—No están entrenados para escupir fuego a los jinetes —Azohr eleva las cejas—. Los entrenamos nosotros para que ataquen a los enemigos.

—¿Y si algún fénix no sigue las normas? —Aranel estrecha la mirada sobre el animal.

—Entonces no solo su jinete sentiría su “afecto” —entrecomilla Azohr sonriendo—. Todo lo que estuviera por delante saldría ardiendo.

—¿Cuántas veces ha ocurrido eso? —lo miro con el entrecejo arrugado. No sabía que eso era una opción.

—Solo tres —Azohr echa un vistazo a Hai—. No es común que los fénixes se sientan amenazados…

—No me gusta demasiado la idea de que tengas un fénix de mascota —Lugh lo mira aguzando los ojos—. Eso te da una ventaja clarísima.

—Prometo no utilizar a Hai en tu contra —Azohr ríe—. Aunque tengo que advertirte de que tiene la libertad de actuar como quiera.

—Creo que deberíamos despedirnos antes de que Joralf entre al claro a buscar a su princesa —aprieto los labios para disimular la sonrisa por la cara de Lugh.

—Me gustaría poder despedirme de Lugh —Aranel posa la mano sobre su hombro—. A solas.

—No más de dos minutos Lugh —inclino la cabeza hacia un lado—. Recuerda la reunión en el templo.

—Tres, y te prometo que te defiendo delante de Maren cuando hablemos —Lugh me señala.

—Hecho —contesto rápidamente.

Con tal de tener alguien que me apoye contra los reproches de Maren, lo que sea.

Lugh y Aranel se alejan no mucho más de un par de metros. Al menos, están más apartados que Hai.

—Te veré esta noche en el templo de Órianth, princesa —acepta el teniente cuando volteo a mirarlo—. Si decides asistir.

—No tengo opción —finjo una sonrisa. Como si estuviera cómoda con esa circunstancia.

—¿El lunes vendrás? —se acerca y su mano se cuela por mi cintura.

—A menos que me sometan a purgaciones o mi padre vuelva a prohibirme salir del reino… —río mientras bajo ligeramente la vista hacia un lugar diferente a su cercanía—. Espero con ansia que llegue ese día.

—Intenta mantenerte con vida —aprieta la mano contra la ropa. Me acerca aún más. —Hai está ansioso por enseñarte lugares nuevos.

Sus ojos me dicen algo nuevo que no había visto antes.

La forma inconsciente en la que de forma ligera se inclina sobre mí tratando de unir su respiración …

Sacude mi deseo con fuerza. Esta vez, estoy dispuesta a dejar que todo suceda como pudo suceder en Brenshire.

Todavía su mano rodea mi cintura. La pequeña mota en forma de raya que cruza el hermoso azul de su iris recorre con suavidad el alrededor de mis labios.

Después de dedicarle una última mirada sincera llena del deseo que no comulgo en alto, cierro los ojos con fuerza para que no haya crimen que confesar.

Me convenzo de que si no lo veo, ser cómplice no puede ser tan grave.

No podré regalarle esa imagen a mi sesera y no anhelará este momento porque pensaré que sólo ha sido un sueño.

Porque, pensándolo con toda la tranquilidad que puede ofrecerme tenerlo solo a un susurro de mis anhelos, si cedo ante ellos, terminarán por saciarse.

Mi mano se posa sobre el lateral de su cara para acercarlo.

Las suyas apartan algunos cabellos que caen entre nuestros alientos.

Mis labios se separan sutilmente cuando lo cálido de él me advierte de que sólo tardará un segundo más en convertirnos en pecadores a los ojos de los dioses.

Acepto el momento dejando que nuestras manos se fundan sobre el tiempo perdido antes.

—Eladriel —Lugh golpea en dos toques mi hombro—. Deberíamos volver al camino.

Azohr eleva media sonrisa. Apoya su frente en la mía mientras clavo la punta de los dedos en medio de la unión de su armadura. Retrocede. Me aclaro la garganta mientras él se coloca sus mechones. Contengo la respiración durante un instante hasta que comprendo lo que acaba de pasar.

—Sí —consigo decir finalmente tras mover las pupilas por el alrededor para ubicarme—. Te veré en Órianth, teniente Bradosck.

—Princesa —Azohr asiente desenvainando una sonrisa—. Su majestad —se inclina ante Aranel.

—¿Eh? —Lugh estira el pie para colocarse frente a la princesa. Se asegura de que Azohr lo ha visto bien—. Empiezas muy mal si pretendes irte sin despedirte de mí.

—¿Quieres que te haga una reverencia a tí también? —el teniente se encoje de hombros.

—No me simpatizas —Lugh le devuelve la mirada de desagrado.

—Vaya, que haré ahora que los dioses me han negado su favor al no agradarte —Azohr se acerca a él.

—Siempre te gustan los arrogantes —Lugh me mira con furia.

—Vamos —el teniente le echa el brazo por encima—. Quiero que me caigas bien.

Azohr monta el fénix y desaparece entre los árboles.

Lugh y Aranel caminan sin parar de hablar hasta llegar a la salida del claro donde Joralf nos espera.

Nos dedica una reverencia al vernos aparecer.

Arruga el entrecejo al ver que llevo entre los brazos distintos tipos de flores, pero guarda silencio y solo desvía la mirada hacia un punto en el que no se haga preguntas.

—Espero que su majestad encuentre el remedio que buscaba —asiente la princesa Aranel con una amplia sonrisa de agradecimiento.