14. La alianza de la luz y las sombras. #6
—Espera aquí —se acerca hasta él. Le entrega una llave que ha sacado del interior de la manga de su túnica—. Si algo llegase a ocurrir, me reuniré contigo en el pasadizo cuatro del ala sur de palacio.
Joralf asiente y se coloca frente a la verja.
Parece decidido a impedir el paso a todo aquel que intente acceder tras nosotros.
Lugh camina con algo de temblequera a mi izquierda tras haberle prestado su pierna a la princesa para que la utilizara a modo de escalón.
Arqueo las cejas. Aranel guarda algunos metros de distancia mientras Joralf todavía se divisa en la entrada.
Los pasos sobre las hojas y la hierba seca por el calor impropio de estos días son lo que me mantiene distraída.
—Esperaba que tu acompañante estuviera aquí para cuando llegáramos —Aranel me dedica una sonrisa tediosa—. Me gustaría verlo más de cerca.
—¿Ella lo sabe? —Lugh señala a Aranel con el dedo índice y se dedica a mirarme con un ligero desprecio—. Resulta que confías más en la princesa de otro reino, con perdón —tuerce el cuello hacia ella—, que en alguien que te ha acompañado durante toda tu vida.
—Déjame decirte que, la princesa, fue bastante reservada —Aranel se acerca a pesar de que su cuerpo no se turba como antes—. La manera en la que lo descubrí fue totalmente fortuita.
—¿Y no crees que yo debería de saber quién va a enterarse de que nos encontramos? —Lugh mira a la princesa angustiado—. No recogemos setas, Eladriel dice que podemos perder la cabeza en cualquier momento.
—En ese caso, no tienes que preocuparte —mantengo un tono serio, pero le lanzo una sonrisa cómplice—. Nadie dirá nada porque no es beneficioso para ninguno.
—Como sea Tien, no te lo perdonaré —me advierte Lugh tras dar un paso hacia mí—. No confío en ese maldito
—Ya te dije que Tien no vendrá —elevo la comisura izquierda de la boca cuando veo a Hai aproximarse—. Pero si quieres, puedes comprobarlo por tí mismo.
Las alas del fénix rebelan su majestuosidad bajo los coloridos rayos del sol.
El graznido suave que hace cuando despliega el poder de sus garras antes de posarlas sobre el suelo menea la copa de los árboles más próximos.
La hierba se mece cuando casi rozan sus puntas al terminar de descender.
Agacha la cabeza como muestra de respeto a la princesa Aranel y a mí.
—¿Un fénix? —Lugh mira asombrado a Hai—. Algo que no llame la atención del guardia molesto, ¿verdad? —me hunde la mirada.
—Lugh —Aranel se acerca a él sonriente—. Guarda silencio.
—Princesa —Azohr se desliza del cuello de Hai de un salto. Ajusta su armadura cuando toca tierra. —Princesa Aranel —se inclina ante ella con respeto.
—Bienvenido a tierras elfas, teniente Bradosck —Aranel asiente sonriente.
Una vez que Azohr susurra algo cerca de Hai, el fénix sale volando para alejarse de forma veloz.
Como él siempre vuela. El teniente camina hacia nosotros colocándose los dos mechones que siempre se mantienen rebeldes.
Nos recorre a todos con la mirada. Solo se centra en mi figura cuando la distancia es tan corta entre nosotros, que podría acariciarle sin estirar apenas el brazo.
Frunce el ceño al dedicarme una oculta mirada fugaz en lo que entiendo como un gesto de intriga ante la presencia de Lugh y la princesa.
—Lugh, ¿cierto? —Azohr entrecierra los ojos.
—Sí —Lugh inclina la cabeza. Su hombros se estiran cuando se cruza de brazos—. Pero que yo recuerde, no conozco a brujos.
—Por desgracia para tí, entonces —el teniente sonríe.
—Es uno de los brujos que ayudaron a Tien —le recuerdo a Lugh en un intento de guardar la cordialidad—. Recriminaste a su coronel por llamar príncipe a Tien.
—Es posible, porque Tien me cae peor que un grano en el trasero —Lugh se lleva el dedo al mentón pensativo—. Aunque tampoco recuerdo a Mim.
—¿Acaso tu cerebro funciona? —me apresuro a decir.
—¿Os conocisteis ese día? —Lugh me mira. Sus cejas se enarcan tras una sonrisa genuina.
—Algo así —Azohr me mira sonriente.
—¿Es tan inepto como para entregarte a alguien? —Lugh curva las cejas a modo de chanza—. Ahora tengo dudas sobre cómo me debe caer.
—No perdamos el tiempo hablando de Tien —trago saliva ante la incomodidad de las miradas alrededor—. No creo que Joralf permanezca tranquilo en la entrada por mucho tiempo.
—Estoy de acuerdo —Aranel se acerca a Lugh. Rodea su brazo de forma suave—. ¿Te gustaría darles algo de intimidad?
Inclina la cabeza para señalar la entrada a un pequeño camino en medio del bosque.
—Enseguida —Lugh sonríe a la princesa.
Golpea en una tierna ocasión la mano de Aranel. La deja caer mientras sus ojos se preocupan de mirar directamente a los míos. Se acerca.
—¿Feliz? —Lugh inclina la cabeza expectante por la respuesta.
—Lo intento —deslizo la mirada lentamente hacia Azohr, que me observa con el mismo brillo y la misma sonrisa que yo a él.
—Me apoyas. Yo lo haré de la misma forma contigo —me lanza una sonrisa rápida antes de plantar los ojos en Azohr—. Pero tú, teniente de no sé qué cosas de brujos…
—Bradosck —Aranel se inclina para recordárselo.
—Eso —Lugh asiente. Su dedo se eleva para señalarlo—. Será mejor que me escuches atentamente
La punta de su dedo se centra en el pecho del teniente. Sus pupilas se expanden cuando sus miradas se encuentran.
—No importa que seas alto. Más fuerte que yo —Lugh mira alrededor.
Da un par de pasos hacia atrás para igualar la estatura—.
Puede que si yo te diera un puñetazo me doliese más que a ti, pero si le haces daño a mi monstruo de pantano, no me importará que me des una paliza —entrecierra los ojos—. Te golpearé.
—¿A ella no le adviertes? —Azohr da un par de palmadas en su espalda.
—Sé pelear a pesar de ser un hada —eleva la barbilla con mirada desafiante.
—No será necesario que lo demuestres, confío en que dices la verdad —afirma el teniente con una sonrisa.
—Eladriel estará bien cuando calles, Lugh —Aranel sonríe disimuladamente. Toma su brazo para tirar de él.
Ambos deciden caminar por la parte oeste hacia una zona llena de pequeños matorrales y largos y delgados árboles.
Lugh lanza miradas por encima del hombro antes de caminar entre los primeros troncos.
Le sonrío todas las veces que decide asegurarse de mi bienestar.
Aunque en las dos últimas, no puedo evitar mirarle con una expresión de aburrimiento.
Cuando han dejado de ser visibles, dirijo la mirada hacia el teniente y la forma en la que su capa cae. Tomo aire, porque ahora que está él, hasta se percibe más agradable.
—¿Te gustaría ver los alrededores? —Azohr señala la parte este del claro con la mano.
—Me encantaría —asiento. Le dedico una sonrisa antes de iniciar la marcha—. Y… —le miro con algo de arrepentimiento—, siento no haber dicho nada sobre esto antes.
—Mim también lo sabe —me lanza una mirada cómplice—. Pero admito que ha sido una sorpresa encontrarlos aquí.
—Aranel te vio salir de la ciudadela la mañana del jueves —suspiro al aliviar algo de la angustia por compartirla con él—. Al menos, que sigas con vida significa que es fiel a su palabra.
—¿Está aquí para asegurarse de que te respeto? —pregunta el teniente con ironía—. Como tu amigo Lugh…
—Digamos que… —titubeo. Muevo ligeramente la cabeza en busca de las palabras adecuadas—. Ellos también desean poder hablar con tranquilidad.
—Pensaba que los elfos eran amigos de tu padre —una arruga toma su ceño.
—Los que quieren besar a un hada, no —sello los labios en una mueca de sorna.
—¿La princesa Aranel…? —inclina la frente hacia abajo para dedicarme una mirada de curiosidad.
—No conozco tantos detalles sobre sus sentimientos —niego. Bajo la mirada—. Pero Lugh está ilusionado.
—Pero el rey Aelfraed buscaba esposo para su hija —el teniente niega con desconcierto—. Noticias llegaron a Brenshire semanas pasadas.
—Puede que la princesa haya decidido oponerse a ello —encojo los hombros para restarle importancia—. No conocía a Lugh en ese entonces.
—¿Por Lugh? No renunciará al trono por él —eleva las cejas con seguridad.
—Admito que tenía mis reservas con respecto a ella —arrugo el entrecejo pensativa en todo lo que dice. En todo lo que hablé con ella—. Aunque finalmente ha venido a la reunión. Incluso arriesgándose a que su padre lo descubra.
—La princesa ansía la corona —insiste Azohr. Me clava una mirada de seguridad que no me atrevo a poner en duda—. Decía estar dichosa por ese compromiso.
Sus palabras encienden mis cavilaciones.
Aranel no mencionó nada sobre una unión, por el contrario, se veía decidida en encontrarse con Lugh.
Puede que el rey le ofreciera algún tipo de compromiso, que a la princesa le agradase la idea por un momento.
Tal vez, después de conocerlo decidió dar marcha atrás si no cumplió con sus expectativas.
O rompió el compromiso al llegar Lugh a su vida sin esperarlo.
Confío en que, de otro modo, no hubiera aceptado la nota.
—La princesa es una criatura con excelente juicio —afirmo finalmente sin darle muchas más vueltas—. Asume las normas con una cabalidad impresionante.
—Sí —el teniente suelta una carcajada llena de sarcasmo—. Veo que sus intenciones con Lugh son practicar las normas con integridad.
—Ninguna de sus decisiones se diferencian a las de la princesa de Ravenbell en días anteriores —le clavo una mirada llena de reproche—. Aún hoy.
—Eladriel —Azohr convierte sus labios en una línea recta—. No juzgo a la princesa por desear encontrarse con Lugh, simplemente creo que le engaña.
—Gracias por ponerme en sobre aviso —utilizo un tono de voz bastante más modoso—. No sé qué pasará en esta reunión, pero averiguaré qué hay de cierto en esas noticias.
—¿En cuánto a…? —Azohr vacila.
—No es necesario que anuncies cuánto me respetas, yo no dudo de ello —asiento mientras inicio la marcha—. ¿Asistirás a la reunión de reinos en Órianth? Es para los altos cargos.
—Ebhan me ha asegurado que no podré librarme de ello —el teniente resopla resignado mientras sigue mis pasos—. No me gustan esas reuniones. Todos son hipócritas que se odian siendo amigos mientras brindan.
—Parte del motivo por el que buscaron ayuda de la magia para sanarme, fue ese —sonrío. Sujeto mis manos al frente.