Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 14. La alianza de la luz y las sombras. #2
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14. La alianza de la luz y las sombras. #2

—¿Preferís entonces que el rey entre en cólera? —me pregunta Twig con cierto aire subversivo que no me gusta nada.

—Bien —observo la ropa sobre la cama y cierro los ojos tras suspirar—. ¿Dónde están todas esas alhajas que mencionas? —ladeo el cuello hacia Elm.

—La orden de su majestad, la reina, fue que vos las recogierais personalmente en sus aposentos —asiente Elm.

Estoy acostumbrada a que todo me sorprenda, pero últimamente la reina me tiene desconcertada.

Hace siglos que no se atreve a dirigirse a mí para darme recomendaciones sin el permiso de mi padre.

Ni siquiera Elm me ha dirigido la palabra si no ha sido necesario.

Y, ahora, de repente, se preocupa de que cumpla con la etiqueta y encarga joyas a juego para que contente a mi padre y a los creadores con mi belleza serena de princesa hada.

No quiero despreciar su gesto. Es más, diría que me halaga tanto desvelo repentino y que desee reunirse conmigo con la excusa de entregármelas.

Aunque no puedo garantizarle que el encuentro vaya a tener el final feliz que espera.

—Iré, Elm, pero no ahora —asiento—. Debo ir a las clases de control.

Dejo atrás sus reverencias y saludo a Aemid con prisa.

Admito estar nerviosa por Órianth y ese empeño de los creadores en que los reinos estemos unidos.

Me pregunto si conocerán que las relaciones entre los altos están en el punto más complicado de toda la historia del reinado.

A juzgar por cómo han ignorado las malos lazos existentes durante siglos, he llegado a pensar que ni siquiera eran conocedores de lo que sucede.

Si es cierto que han recurrido a ellos para controlar el problema del solium, tal vez podrían intervenir en las ideas de guerra de mi padre.

Pero no sé cómo podría hacerles llegar esa información.

Despliego las alas. Me lanzo al vuelo desde el borde del precipicio de la entrada al palacio.

El aire fresco se siente agradable al caer en picado algunos metros, la temperatura gélida del agua al tacto con mis manos no solo resulta refrescante.

Despierta. Sobrevuelo la orilla mientras observo como cada hada, hasta la que corre apresurada entre los árboles, ocupa su lugar.

En la parte oeste Lugh me espera como cada día, pero con una débil sonrisa.

—Insecto reptador —anuncia Lugh tras cambiar el gesto al verme descender a su costado.

—Buenos días, pequeño ser iracundo de las ciénagas de Bohr —golpeo mi hombro contra el suyo.

—Tendrás que llevarme a esas ciénagas para ver con qué bicho pretendes igualarme —Lugh mantiene la sonrisa, pero se gira para que no pueda percibirla.

—¿Enfadado? —me inclino hacia delante para entrar en su campo de visión—. Si dices que no, al menos esfuérzate en que no lo parezca.

—Detesto que siempre sepas cuándo algo me perturba —Lugh se mantiene de espaldas.

—¿Forma parte de tu idea de venganza jugar a adivinar por qué estás molesto? —arqueo las cejas irónica.

—No utilices tonos de princesa conmigo —Lugh levanta el brazo, coloca la mano frente a mi cara—. Yo seré el que pregunte.

—Bien —encojo los hombros para restarle importancia—. Pero te advierto que, de no decir qué sucede rápido, me acogeré al derecho a no contestarte.

—Yo soy el que pondrá las condiciones —dibuja media sonrisa maliciosa.

—¡Lugh! —bajo los brazos con los puños apretados en un movimiento brusco.

—No estás nunca cerca porque tu padre te prohíbe salir —explica Lugh finalmente tras transformar la expresión de su rostro—. Y de repente te vas a dormir fuera de palacio, y ahora después aparece tu lacayo…

—Twig —le lanzo una mirada inflexiva.

—De repente aparece Twig —corrige Lugh estirando los labios en una mueca de apuro—, y asegura que no puedes acudir a nuestra reunión porque estás herida y el responsable es tu padre —niega.

Suspiro. Después de las clases de historia y la conversación con el profesor Glimmer solo podía irme a la biblioteca y buscar sobre todo lo que me habló. Pero, tampoco sé que tendría que decirles. Hasta dónde debo contar la verdad.

—Ayer debía investigar —bajo la voz. Miro de reojo al grupo de hadas que está a nuestra derecha—. Lo sucedido con el rey nada tiene que ver con esos asuntos.

—¿Cuántas veces prometerás la verdad? —Lugh permite que sus pupilas destellen indignación.

—La contaré —asiento con seguridad. Con la verdad que desea en la mirada.

—Si quieres disfrutar de todo esto —Lugh se señala de pies a cabeza con las manos y con orgullo—, primero tendrás que explicar por qué tu padre ha querido enviarte con Beliel.

—Decidió aplicarme el ritual de purgación de sombras porque Drieden le convenció de que los brujos que ayudaron a su hijo usaron su magia contra mí —confieso sin pararme a tomar aire ni un segundo.

—Que desagradecida la momia beata —Lugh abre la boca sorprendido—. Casi tanto como el inútil de su hijo.

—Fue él quien me salvó —aprieto los labios. Lo observo con la misma sorpresa que él expresa al escucharme.

—¿El cancilier, o el inútil? —pregunta Lugh perplejo.

—Tien —soy incapaz de proferir una mala palabra como adjetivo hacia él—. Algo que insulta a mi inteligencia de forma completa, si me permites señalarlo.

—¿Por qué? —Lugh tuerce el gesto confundido.

—Creía que empezaba a conocer sus intenciones, pero reconozco que este gesto me ha hecho dudar —chasqueo la lengua cansada.

—Entonces, salva a una criatura, ¿y eso es todo lo que necesita para redimirse? —Lugh resopla con indignación. Sostiene la mirada antes de apartarla en un gesto de negativa.

—Enfrentándose a las órdenes de mi padre —arrugo la frente para insistir en su buen gesto.

—No me gusta Tien —me recuerda Lugh con labios estirados—. Y te daría varias razones si Ilta no estuviera tan cerca —señala a un punto entre dos nubes de su frente por donde aparece la profesora.

—Hay otra cosa de la que quiero hablarte —me coloco en posición. Me dirijo a él con discreción—. Pero tendrá que esperar un poco.

La profesora se posiciona frente al grupo tan silenciosa y sonriente como siempre.

Sería tan sencillo si solo se atreviese a darme la información que sabe y que yo necesito…

No tengo dudas de que el profesor Glimmer ha informado a sus colegas en sus reuniones de consejo sobre mis dudas, entre ellas, las preguntas que lanzo acerca de las guerras y los archivos secretos.

Dudo que Ilta no esté al tanto de lo que sucede siendo una de las mujeres más inteligentes que conozco.

—Buenos días, jóvenes hadas de Ravenbell —la profesora se coloca las gafas por primera vez en el día de hoy—. Hoy, ejecutaremos una de las clases que tanto os gusta.

—¿A quién? —Lugh echa una mirada al resto de los presentes, asegurándose de que todos adoptan una expresión de sumisión estoica—. Ah, ya. A nadie les gustan las clases.

Ilta es muy dada a dar clases un poco… excepcionales.

A veces, nos coloca en parejas y debemos practicar así las nuevas técnicas.

Asegura que es importante no solo aprender a materializar la luz, también saber usarla en combate.

En la última clase contra objetivos, Lugh movió el rayo sobre un árbol de sangre de dragón y provocó un incendio que fue apagado de manera inmediata gracias al profesor de control de agua. Casi quema el reino.

—Puedes concentrarte en no destruir nada —sonriente, golpeo a Lugh con el codo—. Estoy segura de que lo lograrás.

—El otro día aprendimos a atraer rayos solares en entornos cerrados, y ya queda poco para completar la formación básica de manipulación de luz —la profesora nos recorre con la mirada en una pose elegante—.

Hoy vamos a crear aros que puedan lanzarse para atrapar o cortar al enemigo, aunque nosotros los usaremos para atrapar esta pequeña botella de cristal llena de agua.

Se acerca a uno de los árboles de la izquierda según señala una caja de madera.

—¿Y si la botella acaba rota? —pregunta Srien, uno de los mejores en control de luz.

—Esa criatura permanecerá una semana más con la formación básica —Ilta sonríe tras desplegar la mirada en su dirección.

—¿Puedo volver a esa formación sin pasar por la prueba de aros? —pregunta Lugh con temblequeo en la voz.

—No os dejéis vencer por los pensamientos, primero debéis observar cómo se hace —Ilta coge una de las botellas para colocarla sobre la rama de un árbol—.

Tendréis tres oportunidades cada uno para hacer que el aro pase por el cuello de la botella.

Se os cronometrará para estimar el tiempo que requerís en controlar la luz.

Todos nos agrupamos alrededor de la profesora ansiosos por observar cuáles son sus pasos.

Mientras pelean por abrirse hueco, yo simplemente me alejo.

Me coloco a un lado para no perderme detalle.

Cuando Ilta se siente preparada, su brazo derecho se dobla a la altura del codo y con su mano hace un pequeño movimiento circular que dibuja en el aire.

Un aro surge por la unión de las esquirlas en una tintineante luz amarilla que se vuelve más tenue por algunas de sus partes.

Extiende la palma de la mano justo detrás del anillo creado.

Se asegura de que cada mota de brillo trabaja en acentuar la potencia de nuestro poder.

Lo lanza hacia arriba sin pensar, mantiene el movimiento circular de la mano antes de perder de manera definitiva el control sobre él.

Cae con cautela. Vieja en arco hacia el cuello de la botella hasta conquistar su mitad.

Lugh pone los ojos en blanco según se lleva las manos a la cabeza. El resto de alumnos observan la técnica de Ilta, la mayoría con cierto escepticismo en sus propias capacidades al ver la forma en que la botella ha sido capturada.

—Eladriel, espera —Lugh se acerca corriendo. Eleva el dedo índice antes de posarlo sobre mis labios—. ¿Te importaría repetirme por qué esta clase es necesaria?

—¿Otra vez? —cierro los ojos al dejar que el aire se me escape.

—Es por si existía la pequeña posibilidad de dejar de sufrir en algún momento —se deja caer sobre mi hombro vencido.

—Lugh… —inclino ligeramente la cabeza hacia él—. Todos los días…

—¿Qué? —me muestra las palmas de sus manos—. No me gusta.

—Ninguno de los que estamos aquí controlamos nuestro don, solo debes practicar hasta que lo tengas dominado —sonrío.