Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 13. El romance del dragón y la serpiente. #7
27%

13. El romance del dragón y la serpiente. #7

El profesor sonríe. Se cruza de brazos como puede con una pizca de vanidad en su mirada. No sé bien si se debe a que disfruta de engañar a la princesa con facilidad, o porque realmente no sabe nada.

—Historias que se cuentan en noches de cerveza de la montaña —Glimmer se apoya brevemente en la punta de su pie izquierdo para tomar asiento en la mesa—. Algunas pueden inspirar teorías.

—Conozco qué es una leyenda —dejo escapar el aire—. Me gustaría escucharla.

—Hace dos mil ochocientos años, un dragón y una serpiente incumplieron la norma de los dioses y se enamoraron —el profesor se aclara la garganta, desconectando la mirada por un instante.

“Se encontraban en la cueva del dragón, y allí, sus noches se hermanaban con el amanecer. El amor que sentían era tan intenso, que no podían dejar de verse. De estar juntos. Al principio eran cautelosos y no salían de la cueva, pero cuando la oscuridad amparaba el secreto de su romance,

se sentían seguros. Así, decidieron mostrarle su amor a la luna sin saber que también los dioses eran testigos. Y cuando los descubrieron, decidieron intervenir para separarlos.”

—¿Los ejecutaron? —abro ligeramente los ojos. Dejo ver una preocupación alarmante en ellos.

—En un inicio, iban a condenarlos a vivir separados —Glimmer sonríe—.

Pero la serpiente, que tiene un temperamento salvaje, atacó a uno de ellos para defender a su amado, al que habían encadenado a un muro.

Los dioses se enfadaron tanto porque una criatura de su reino se atreviera a desafiarlos, que el castigo para ella fue la muerte.

Puedo ver como su expresión se llena de pena en una sonrisa invertida.

—Al dragón le dieron vida eterna, lo condenaron así al sufrimiento de estar sin ella —observa como presto atención a su historia sin pestañear, realiza una mueca de satisfacción—.

El dragón, roto de dolor, consiguió escaparse, pero antes juró vengar la muerte de la serpiente matando a todo aquel que viviera feliz en el reino.

Desconozco si esa historia explica por qué los dioses crearon todo un ejército, pero me estremece encontrarme en cada parte de ella.

No puedo dejar de verme en la serpiente.

A Azohr en el dragón. Y esta leyenda podría dejar de tener ese nombre si los dioses descubren que somos nosotros quienes nos reunimos a la luz de la luna. Y si me apuras, bajo el calor del sol.

—¿Tanto, por dos criaturas que se aman? —escondo con timidez la lagrima que quiere salir.

—Si hay algo que puede superar el poder del conocimiento es, sin duda, la incertidumbre de lo que puede hacer un fuerte sentimiento —el profesor me mira de lado, con las manos sujetas en la espalda.

—¿Qué conseguirían con ello? —encojo los hombros.

—Vigilar que nadie vuelva a desafiarlos de nuevo —asegura el profesor sin titubear—. Eliminar a quienes deciden incumplir sus deseos.

—Pero, el pueblo enano… —niego. Entrecierro los ojos brevemente—. ¿Para qué quieren armas?

—Interprete la leyenda como necesite, princesa Eladriel —Glimmer aparta la vista colocándose las gafas de vuelo.

El profesor se baja de la mesa. Coloca entre los papeles de su maletín los que anteriormente agarró para explicar la creación y guarda algunas plumas. Se acerca a la pizarra para limpiar su contenido.

La reunión en la cámara de asesores aparece en mi mente. No encontré constancia de una guerra en Órianth mientras buscaba información de la creación de los ángeles. Si hay alguien que puede ofrecerme el dato exacto, es él.

—Una última pregunta, profesor —me levanto. Me mantengo al lado de la silla—. ¿Qué pasaría si un reino decidiera ir contra otro?

—¿Cómo? —los ojos del profesor Glimmer se abren como platos.

Se da la vuelta de forma apresurada, deja caer el borrador sin mirar dónde.

—Una guerra entre reinos —repito la pregunta, insistente y deseosa de saber la respuesta.

—¡Eso sería nefasto! Hay criaturas que sufrirían unas consecuencias terribles —los ojos de Glimmer muestran una combinación de miedo y curiosidad.

—¿Los brujos? —trato de indagar para ver si tiene idea de los planes contra ellos.

—Los brujos son criaturas poderosas, ellos podrían defenderse de forma favorable —Glimmer se acerca a la mesa, apoyándose contra ella. —Pero los elfos solo cuentan con sus lobos, espadas y arcos.

—¿Cree que morirían? —mi alma se mantiene en espera de su revelación.

—En una guerra mueren criaturas —la tristeza suple todas las emociones que el profesor mostraba y se apodera de su expresión.

—¿Todas? ¿Una parte del reino? —necesito que sus respuestas sean más directas, que se implique algo más—. Diga algo, profesor.

—Las inocentes, princesa Eladriel —Glimmer termina de recoger sus cosas—. En una guerra siempre mueren las criaturas inocentes.

El profesor Glimmer abandona la sala de manera abrupta.

Tal vez no debería de haber insinuado nada, porque ahora creo que sospecha de los planes del rey.

Su palabra no tiene valor alguno. Ni siquiera el comité de profesores en conjunto tiene voz sobre estos temas.

Pero a mi padre no le gustará ver que hay criaturas que predican sus intenciones.

De esta, ni la mente más poderosa podría librarme.