13. El romance del dragón y la serpiente. #6
—¿Creéis que tenga otras intenciones detrás de este heroico gesto? —Twig se mantiene con la mirada esquiva.
—Solo asegurarse un buen futuro —le ofrezco la realidad con solo una frase.
—El joven Tien caminaba desesperado por los pasillos, yo mismo fui testigo de ello —dice Twig desconcertado—. No os dejéis llevar por los nuevos pensamientos que ocupan su mente, princesa.
—Está bien, puede que haya decidido rescatarme por piedad —encojo los hombros—, pero no confío en sus propósitos.
—Al igual que vos, él también se debatía entre la vida y la muerte —Twig siempre usa su pensamiento crítico para alejarme de mi seguridad…
—¿Y su salvación tiene que ser mi condena? —no puedo evitar sentirme molesta.
—No, claro que no, princesa… —Twig se humedece los labios.
—No trates de justificar lo que Tien dice, y menos, si es consciente de lo que puede pasar si abre la boca —inicio el paso hacia la entrada al cuarto, justo donde él se encuentra.
—No os apresuréis, recordad que el joven Mémberin cuenta con un gran apoyo por parte de vuestro padre —Twig baja apenas la cabeza—. Además, el cancilier Drieden es el ser más cercano al rey, y en el que más confía.
—No voy a ser benevolente con quienes se aprovechan de mí—mis fosas nasales se separan—. ¿Qué sucedería si lo permito?
—La ventaja de saber sus planes —Twig me muestra la astucia de su edad—. Aunque no lo creáis, la diplomacia puede ser tan efectiva como la fuerza.
—No creo ser capaz de disimular, el desprecio que siento por Drieden es más que evidente —dejo salir mi negativa ante sus recomendaciones.
—Muéstreles respeto cuando esté frente a ellos. Si sospechan que la princesa Eladriel es su enemiga, no dudarán en ir a por ella —Twig me observa con determinación, como si supiera que no guarda error en sus afirmaciones.
—No voy a prometerte que así será —me planto ante él con determinación—. Dependerá de cuáles sean sus actos.
A Twig no le falta razón cuando dice que lo mejor para mí es que no sospechen de mi desconfianza.
Si ya Drieden es capaz de utilizar cualquier tipo de excusa para que mi padre se ponga en mi contra, darle motivos para ello no creo que sea lo más acertado.
En cuanto a Tien… Una parte de mí quiere engañarse y creer que, aunque la sangre que corre por sus venas es la de un mendaz farsante, advenedizo y bellaco, él simboliza la redención de su padre.
Algunos de los gestos que tiene conmigo me confunden, como la sonrisa cuando aparezco en el salón donde nos reunimos.
O sus ojos resplandecientes mientras cuento algunas de las historias que he leído en los libros.
Por eso, no puedo dejar de pensar qué ha pasado para que su comportamiento sea de tan baja procedencia al citar nuestros encuentros íntimos.
Menciona unos sentimientos que ninguno de los dos hemos llegado a desarrollar.
Es precisamente esa cercanía a mi padre la que me produce desconfianza.
La forma en la que me ordena sus propios deseos porque sabe que con una sola palabra tiene el poder de cambiar mi destino…
—Aunque vuestras ganas de revelaros sean tan intensas como justificadas, mi pequeña princesa —Twig se acerca para impedir que me aleje aún—, no olvidéis que la inteligencia es la capacidad de mantenerse sereno ante la adversidad.
—Sé que tienes razón, solo estoy cansada de elevar la cabeza para demostrar fuerza… —bajo la mirada ocultando lo vidrioso de mis ojos—. ¿Por qué no debo hacerlo para conseguir lo que ellos consiguen sin esfuerzo?
—Al poder solo le importan los genitales que defiendan su jerarquía —Twig aprieta el puño—. Por eso estoy dispuesto a ayudaros en su lucha, porque es por todos aquellos que somos marginados y subestimados.
—Es el pueblo quien debe romper ese poder —me trago mis lágrimas y empujo mis debilidades con ellas—. Deben reaccionar con todo lo que estamos haciendo. Tienen que levantarse.
—Preparaos para cualquier cosa —enuncia Twig a modo de aviso—. Un pueblo sumiso es más fiel que una roca firme en la tormenta.
—No sé si podré esperar mucho tiempo más si no actúan —desvelo mi sonrisa nerviosa.
—Pasad desapercibida. Actuad como hasta ahora y nadie sabrá que algo ha cambiado en vos —Twig arruga la frente—. Utilizad vuestra distancia con las decisiones del reino para conseguir vuestros objetivos.
—No te inquietes —insisto con una determinación impropia en mí—. Tengo claro que debo mantener a mi padre contento y seguro de su confianza en mí.
—Exacto —Twig eleva su dedo índice—. Acudid puntual a sus clases. No faltéis a los desayunos y aceptad sin resistencia las reuniones que os programe con el hada Tien. Os aseguro que, desde la sombra, las decisiones son más firmes.
—Eso me recuerda las clases de historia —mi cuerpo se tensa por las palabras del rey—. Tal vez Glimmer me espere sin sospechar nada desde la hora acordada.
—Marchaos antes de que el profesor se retire —me advierte Twig—. Hace más de una hora que debe de estar en clase.
Ya son más de las cinco. Paso por delante de Tien tan solo dedicándole un escueto saludo antes de lanzarme con premura a las escaleras del torreón.
El pasillo luce interminable a pesar de estar cercano a la salida.
Los cuadros casi no se distinguen del reflejo.
Los candelabros que por la noche dan vida a estas paredes están descansando.
Un par de lacayos que cruzan hacia el pasillo de cocinas comentan entre ellos cuando me ven caminar como si nada hubiera sucedido.
Una criada sonríe conteniendo la emoción tras las manos.
Los guardias de la puerta genuflexionan con más respeto del que nunca antes noté.
Atravieso la floresta llena de palacetes donde los bailes son preciosos con el sonido de la catarata de fondo.
Sobre todo, cuando los músicos envuelven el ambiente con afinadas y elegantes notas.
Una de las copas de los árboles que ofrecen cobijo a la clase se mueve con fiereza...
De entre las ramas emerge majestuoso un búho.
El mismo que asustó a Tien en la prueba de vuelo.
Lo sé porque era albino con los ojos amarillos, y debe de haberse perdido, pues no es característico de estas regiones.
El profesor Glimmer abre la puerta mientras se lleva las gafas a la sien. Apenas sobrepasa la altura del pomo, pero coloca la mano a la cadera en un gesto amenazante.
—Buenos días, profesor —digo, todavía con la mano en el pecho por el susto.
—Buenos días, princesa —Glimmer me hace una reverencia. Tapa sus ojos con la mano estirada en las cejas para ver a través del sol—. ¿Ha sido ese el animal responsable de tal estruendo?
—Así es —asiento aún jadeante—. Ha salido del árbol de forma inesperada —señalo la parte más ancha del árbol de la que aún caen hojas.
—Pensaba que me vería obligado a cancelar las clases —el profesor me mira con agudeza tras colocar sus gafas de vuelo sobre sus ojos por un instante. Como si fuera a ver mejor con ellas—. Llega una rueda y tres cuartos de quesos tarde.
—Mi padre rendirá las debidas explicaciones, profesor —asiento en un gesto de pocas palabras.
—Entonces comenzaremos antes de terminar —me sonríe. Mueve su brazo hacia delante para acercarse a la pizarra.
Todo el material del profesor está preparado. Sus papeles están ordenados sobre su mesa y algunos dibujos sobre las primeras plantas están plasmados en la pizarra. Tomo asiento en la silla más próxima a su mesa aprovechando que se mantiene apoyado por delante de ella.
—Esta mañana hablamos sobre la creación del Ravenbell —Glimmer recoge unos papeles del montón previamente preparado—. Sabemos que los padres creadores de Eryas y alrededores son Aivtor y Essoi…
Esta historia me la sé mejor que ninguna otra.
De pequeña, cuando empecé a mostrar curiosidad por descubrir todo lo que había fuera de palacio, Twig me consiguió un par de libros.
Mi padre entró en cólera. Lo increpó por intentar corromper mi mente con textos que mostraban mentiras sobre el resto de los reinos y los quemó.
Durante años, el libro de la creación de mi reino fue el único que me acompañó.
Sé que el profesor puede darme mayores detalles de los que nadie me dará sobre los archivos. Siempre se ha mantenido al margen de todo lo que tiene que ver con política, pero no puede renegar de la historia. De la necesidad de contar la verdad.
—Profesor Glimmer —interrumpo sin pensar —.¿Por qué se crearon los archivos secretos?
—Denoto un repentino interés por el contenido de su interior —el profesor arruga la frente al colocarse de medio lado—. ¿Mentisteis en la clase anterior?
—No es más que curiosidad —amplío mi mirada intrigada—. ¿Por qué es secreta la creación de los ángeles?
—Un secreto bien guardado —asiente el profesor con labios apretados—. Gracias a ello, no sé qué contestarle.
—Solo maldad puede haber detrás de tanto silencio —de repente recuerdo las palabras de mi padre en la cámara y una punzada recorre mi espalda.
—Ningún reino fue creado con fines perversos —Glimmer sacude sus pies en pasos calmos hacia mi asiento.
—Entonces, nos protegen de los dioses de la antigua civilización… —bajo la vista sin mirar a ningún punto específico—. No puede ser otra cosa.
—No considero ese como el motivo de su existencia —sonríe el profesor. Siento que disfruta de las erróneas respuestas que lanzo con tanto desespero—. Aunque, es certera la enemistad de las tierras de Órianth y Avka con los reinos de Ylros y Ménthir.
—Profesor, le he dado todas mis teorías, dígame la correcta —mi expresión indica impaciencia y el profesor amplía aún más la sonrisa que ya tenía dibujada.
—Leyendas de nuestro reino relaciono con ese fin en particular —Glimmer sella sus labios. Como si esperase que eso fuera suficiente para entender todo.
—¿Qué? —arrugo el entrecejo.