Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 13. El romance del dragón y la serpiente. #5
26%

13. El romance del dragón y la serpiente. #5

—Entonces tenéis deberes que cumplir con las clases de historia —indica mi padre antes de abandonar la estancia.

El brillo de los ojos cuando el teniente dedica me dedica una mirada según se acerca a Ebhan se vuelve fugaz.

Después de la salida de los altos cargos, el príncipe retira la barrera protectora, los músculos de las piernas y los brazos se sienten menos pesados.

Recoge sus utensilios con la ayuda de Azohr.

—Antes de retirarnos, me gustaría asegurarme de que os encontráis bien —el príncipe Ebhan se coloca frente a la puerta con la bolsa al hombro—. No me gustaría saber que el dolor ha vuelto cuando ya no me dejen regresar.

—Un trabajo que honra vuestro nombre, alteza —estiro el camisón contra el cuerpo para mostrar que nada sangra—. Ni de unas fiebres me recuperé tan rápido.

—Me alegra saber que mi deber está cumplido —Ebhan se echa hacia delante disminuyendo el tono de voz—. Brenshire no os prohíbe la entrada, acudid si lo necesitáis.

—Podéis contar con ello, mi señor —me inclino como muestra de respeto.

Ebhan dibuja una sonrisa amiga mientras voltea.

Estira la correa de su bolsa de cuero negra algo agrietada por la zona de pelo marrón de los bordes de la solapa.

Su mano casi envuelve el tirador cuando cae en la cuenta de que solo él se aleja.

Azohr se mantiene inmóvil en el lugar donde se encontraban sus pertenencias.

—¿Teniente? —el príncipe eleva la cabeza bajo una interrogación amenazante.

—Aún tengo una conversación pendiente con la princesa —manifiesta Azohr cruzándose de brazos—. Adelántate.

Ebhan cierra los ojos. Baja el brazo según su cabeza se sacude en una negativa. Su gesto emite el silencioso ruido de la frustración cuando se acaricia la frente.

—Debo de expresarme con mayor claridad —Ebhan carraspea—. Tienes un minuto para hablar y será en mi presencia porque no saldré de este cuarto sin ti.

—Creía que, entre mis derechos, estaba el tener vida privada —Azohr se vuelve tajante hasta en su postura.

Deben de tener mucha confianza. Si yo le hablase así a mi padre, mañana estarían preparando mi cuerpo con esencias y pigmentos para ofrecerme a Beliel.

—Vaya, cuanto lo siento, teniente de brujos —Ebhan deja caer la cabeza ligeramente a la derecha—. Es una orden.

—Parece que hoy no solo voy a romper las órdenes del rey de Ravenbell —mantiene la mirada fija. Envidio su control—. No voy a salir de Eryas sin hacer lo que deseo —sonríe—. Luego, aceptaré las consecuencias de ello.

Abro los ojos ante la sutil, pero velada discusión.

—Aunque es cierto que gozar de intimidad me gustaría —hablo. Capto la atención de ambos—. No veo problemas en que el príncipe nos acompañe.

—Eladriel… —Azohr levanta las cejas. Su tono cae hasta convertirse en un murmullo.

—Puede esperar en el balcón, estoy segura de que podrá aprovechar para maravillarse con las vistas —le sonrío.

Invito a Ebhan en un gesto de mano a que continúe hacia fuera.

El príncipe capta la señal. Coloca el peso de su cuerpo de una pierna en la otra para iniciar la marcha después de aceptar mi ofrecimiento con un movimiento de ojos.

—Pensé que harías una locura —el teniente sonríe, pero de puros nervios.

Puedo escuchar el sonido oscilante mientras se coloca los mechones que caen sobre su frente.

—¿Y arriesgar nuestros encuentros en la ciudadela? —sonrío. —Espero que Ebhan pueda disculparme por lo sucedido con mi padre. Que tú puedas hacerlo.

—Ebhan hubiera estado a salvo si no me hubiera atrevido a desafiar las órdenes de tu padre —sus ojos se ponen en blanco—. No quería mi presencia aquí.

—No es tu culpa, nadie es de su agrado —dejo escapar una ligera carcajada que suena a resignación.

—¿Por qué te ha hecho este ritual? —la curiosidad del teniente corta el ambiente.

—Me aterra que penséis que sus actos esconden motivos que puedan justificarlos —dejo caer el peso del cuerpo sobre la cadera.

—Pensé que era un castigo por colgar carteles esparciendo sus intimidades —el teniente calla. Me mira con una profunda sinceridad que solo es suya—. O tal vez por enviar la carta a Brenshire y Kioran.

Mi mente se sacude cuando lo escucho mencionar la carta. Ni siquiera tenía eso en mi mente en este momento.

—No creo que mi padre pueda encontrar a esa criatura —me apresuro a negar sus convicciones.

—¿Tú crees que tiene razón? —la mirada del teniente se vuelve directa, como su pregunta—. En la sala del trono aseguraste que no contaba la verdad.

—Aun así hizo lo correcto, cumplió con su deber —me aclaro la garganta.

—¿Por encima de las ordenes de tu rey? —el teniente inclina la cabeza hacia delante para que no pueda escapar a sus ojos.

—No habría pasado la noche contigo de no saber distinguir qué es justo y qué no —me entrego a ella.

—Entonces Ebhan solo le ha devuelto el favor a quién se atrevió a traicionar a su rey por nuestro pueblo —Azohr sonríe de una forma tan orgullosa… —Sé que estaría de acuerdo con mis palabras si también supiese que fuiste tú.

El príncipe nos observa en silencio. De medio lado. Su rostro refleja una mezcla de preocupación e intranquilidad según se apoya contra la baranda de piedra tallada.

—Antes de que Ebhan comience a enfermar por la impaciencia, quiero ser sincera con respecto a un asunto —mi mirada se endurece al verlo contemplar al príncipe sonriente.

—¿Tiene relación con mi partida esta mañana? —mi revelación tensa al teniente.

—Quiero hablar de Twig —sujeto las manos al frente para obligarme a lanzar el reclamo con tranquilidad.

—¿Twig? —creo que Azohr ni siquiera sabe a qué me refiero.

—Lo llamaste lacayo —la voz se me atasca en la garganta por un instante—. No permito que nadie se dirija a él en esos términos —agudizo las pupilas—. Tú tampoco.

—¿Pero es un…? —su boca omite esa última palabra.

—Lo es para mis enemigos —sello como si lo que digo fuera palabra de ley.

—No quería ser uno de ellos —desmiente Azohr con urgencia.

Sonrío ante su rostro lleno de dudas.

—Deseo que llegue el encuentro del claro —creo que no puedo evitar sonar suplicante solo por si mis límites le asustan—. Aunque entendería si tras todo lo sucedido aquí, deseas mantener las distancias.

—Esta no es la conversación más acalorada que he tenido con tu padre —el teniente avanza con cautela—. Yo… —lanza una mirada a Ebhan—. También lo deseo.

—No demores más a tu príncipe —le dedico una sonrisa agradecida antes de retirarme hacia atrás—. Es probable que estén pendiente del tiempo que os tomáis para recoger las cosas.

Ebhan respira aliviado cuando recibe mi señal de aviso para que regrese. Lo sé por la forma apresurada en la que vuelve al interior, su capa parece pesada y se mueve con suma ligereza.

—Espero que todo esté bien, princesa —Ebhan sonríe—. No deseo conflictos entre mi teniente y la princesa de las hadas cuando todavía no consigo manejar los que tenemos con el rey.

—Tan solo le agradecía de forma cercana el respeto mostrado cuando ha debido sujetarme —sonrío tímida—. Os agradezco a vos, mi señor, que hayáis tomado mi situación como prioritaria por sobre las de vuestro reino.

Puede que si me ve sonreír ampliamente, le parezca raro tras lo que acaba de pasar.

—Veo algo de la reina Olet en ti —Ebhan asiente—. Ravenbell tiene suerte y esperanza.

—¿Podemos dejar las revelaciones para otro momento? —Azohr recurre a la ironía.

—¿Veis como no debíais adelantaros al dar las gracias? —Ebhan infla su pecho.

El príncipe me dedica una reverencia. Me inclino mientras se aleja.

No dejo de pensar en eso que ha mencionado de mi madre, viene a mi mente con más frecuencia de la que me gustaría.

Muchas veces me pregunté si algún día despertaría.

Si encontrará la energía para hacerlo cuando esté preparada para ello.

Quizás está ideando un plan secreto en el que huye de este lugar de una vez.

O quizás desee pasar el resto de sus días con esta vida porque ya no sabe cómo se vive de otra forma.

Apoyo las manos sobre la baranda de piedra del balcón.

El sol se vuelve algo que agradecer después de haber estado en la oscuridad más profunda.

Las hadas del reino que cambian sus turnos de trabajo en las orillas del lago no lo saben.

Tampoco aquellas que corren tras otras jugando, tirándose agua mientras las risas chocan con las ramas y viajan a través del aire.

Ni las que están sentadas en lo que parece una conversación interesante por sus expresiones de sorpresa.

Solo espero que la familia que observa cómo su pequeña hija danza sobre una roca que flota en el agua aplaudiendo sus movimientos, nunca tenga que descubrirlo.

Las pisadas de Twig no me alertan, sé reconocerlas desde hace demasiado tiempo. Ralentiza el paso al ver que giro para esperarlo de frente.

—La princesa Eladriel ya conoce lo que pienso sobre sus encuentros con el teniente —Twig se coloca en el centro del marco—. Sin embargo, debo reconocer que su preocupación hoy parecía sincera.

—Así lo sentí yo también, pero no deseo hablar de él —sonrío genuinamente—. ¿Qué piensas acerca de Tien?

Twig frunce el ceño. Une sus labios en un silencio que le permite guardar un minuto de reflexión.

Nunca fue de su agrado, y aunque no soñé sus alcances yo siempre lo defendí.

Sentía pena porque le obligaran a reunirse conmigo sin importar lo que él deseara.

Supongo que, por un breve periodo de tiempo, encontré en él alguien que pudiera comprender lo que era mi vida.

—Parecía bastante preocupado por vuestra recuperación. Nervioso incluso, diría —Twig señala el fondo del cuarto—. Aún sigue en la puerta.

—Espero que se marche antes de que deba abandonar este cuarto —trago saliva.

—No confío en él. Aunque, tal vez veros en esa situación le hizo darse cuenta de cuán valiosa sois —la insistencia de Twig me causa desconcierto.

—No puedo evitar pensar lo contrario cuando el término que ha elegido para referirse a mí, es heredera —me apresuro a despejar sus nieblas mentales.

—Tal vez, el joven se vio obligado a mentir en presencia de su padre —sus labios se estiran como si fuese una posibilidad.

—No solo delante del cancilier suelta falacias —golpeo la barandilla—. También lo hace delante del rey.