Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 11. La noche secreta. #6
22%

11. La noche secreta. #6

—Me arrullaba contra su pecho y permanecía sentado al borde de mi cama toda la noche —asiento sonriente.

—¿Te dejaba llorando en su puerta? —inclina la cabeza hacia delante.

—Pero Twig me protegía —insisto.

—Maldito bastardo hijo de puta… —Azohr aprieta los dientes en un gesto de ira.

—Él creía que ensuciaba su nombre y su poder —un par de lágrimas quieren apoderarse de mis ojos.

—¿Y tú? ¿Tú crees eso? —su mirada se hunde en la mía con profundidad.

—Yo luché por demostrarle lo contrario. O por demostrarme lo contrario a mí —ladeo el cuello sin considerar esas lágrimas que me han ganado—. No importa como él desee verme, ahora solo tiene peso como yo desee verme.

Siento la ternura en la forma en que sus labios dibujan una hermosa sonrisa. Estira su mano frente a mí para ofrecérmela. La acepto.

—Su carácter no puede empeorar —Azohr niega.

—Su carácter es lo que me convirtió en algo más que en una simple princesa —asiento irónica a pesar de que mi voz todavía tiembla.

—Si no eres una princesa como el resto, ¿por qué no has huido? —su mirada baja. Sus dedos sujetan mi mano con fuerza—. No deberías permanecer en ese palacio, no es seguro.

—¿Dónde podría ir? —ver su mano cerca me hace recordar que lo deseo. El resto de anhelos—. No puedo dejar a mi pueblo en manos del rey y sus canciliers.

—¿Qué podrías hacer tú contra ellos? —Azohr yergue la espalda con rapidez.

—Aun no lo sé —miento.

—Es curioso que estés tan preocupada por tus deber cuando tu padre ignora los suyos —critica Azohr—. Las leyes que tu padre no deja de repetir, recogen que la familia es lo más importante para tu reino.

Es extraño que tenga razón, que conozca tanto sobre mi reino.

Yo me negué a creer que eso pudiera ser cierto, en mi familia nunca hubo amor.

Yo lo deseaba en secreto bajo la apariencia de una vida resuelta al lado de las peores criaturas posibles.

Pero aprendí a encontrarlo en otros lugares y seres.

Entonces supe que era posible. Comprendí por qué nunca antes pude saber cómo era.

Lo sentí en olores. Al pasear en primavera junto a los besos de Twig y la forma en que me acunaba entre su pelo cano y promesas de amor eterno.

En las palabras de Lugh, en los abrazos de Maren… . En las pecas traviesas de Lynn.

Lo siento cuando miro al teniente y mi pecho vibra en sintonía con mis pensamientos.

—Lo es —me coloco sobre la cara para tomar sus manos—. Aunque quizás mis padres no supieron ser mi ejemplo.

—Entiendo que deseas una familia… —Azohr me observa con tristeza—. Yo no puedo ofrecerte una mientras Órianth exista.

—Encuentro hogar en ti —me inclino hacia delante con ojos que brillan suplicantes—. Me gustaría que me dejaras permanecer cerca.

—Hundiría estas tierras si eso te hiciese encontrar un hogar —no muestra un ápice de duda en su afirmación—. Pídeme un reino donde el rey Eliot no esté, y te lo daré.

—No quiero un reino —rechazo su proposición con una sonrisa—. Ni el poder que te otorga un trono —aparto las manos de las suyas para impulsarme—. Yo solo deseo tener libertad.

—¿Y qué impide que la tengas aparte de los dioses? —el teniente alza la mirada para seguir mis pasos.

—Mi padre —sentencio.

—Entonces algún día inclinaré al rey ante ti, y tú serás quién tenga su destino en tus manos —se levanta para acudir a mí. Me envuelve en un abrazo—. Te lo prometo.

—No deseo hacer nada que le haga sospechar de estos encuentros —hundo la frente contra su pecho—. Ni siquiera deseo imaginar qué nos haría.

La imagen de los guardias expuestos viene a mi mente.

—No sé qué asegurar sobre lo que sucede entre nosotros… —el teniente apoya su barbilla sobre mi pelo.

—Azohr, espera —trato de alejarme.

—Déjame terminar —su voz se llena de seriedad.

—Disculpa —no puedo evitar sonreír—. Continúa.

—Aún no sé qué sucede, pero te prometo que en este, o en los reinos que sea, seré tu hogar —declara con voz firme—. Sin la necesidad de que tú seas el mío, sin que sientas que debes quererme a cambio.

Acaricio sus brazos y la forma en que me rodean antes de apartarlos. Volteo para poder mirarlo a los ojos.

—Estar cerca de tí es mejor que cualquier inclinación suya —suavizo mi mirada. Me rindo a la calma de sus ojos.

—No dirás lo mismo cuando lo veas postrado ante tí —aparta la mirada por un instante como si se burlase de mi afirmación.

—Estás delante —afirmo sin titubeos—. Te sostengo y sé la respuesta.

No puedo evitar que la imagen de mi padre arrodillado por orden del teniente me erice la piel.

No sé qué sucedería. Lo desprecio, a su manera de gobernar, pero es mi padre.

Es el rey. Jamás he tomado una daga para arrebatar la vida de alguien ni puse veneno en comidas ni bebidas.

Tomar la vida de mi padre como la primera…

Me fuerzo a sonreírle a pesar de los recuerdos del rey.

No voy a tolerar que su sombra perturbe los que pueda crear en este momento porque no sé si habrá algo después del ahora.

Recorro el espacio en busca de algo que cambie la conversación, me concentro en el trozo de madera que antes apareció sobre la mesilla.

Por ventura corro a por él. Un hombre con pelo oscuro rodea a una mujer entre sus brazos.

Los ojos de ella son tan azules e intensos como los del teniente, su pelo largo y oscuro desprovisto de ondas o rizos. Solo liso.

—¿Quiénes son? ¿Tus padres? —acaricio los detalles de la pintura en los recovecos de la madera.

—Sí —Azohr me observa, pero sus comisuras ya no están alegres.

—Podrías hablarme sobre ellos —camino hacia él con la pintura.

—Es una historia demasiado larga —carraspea. Aparta la mirada cuando llego frente a él.

—Esa excusa… —sonrío.

—Quise decir que no es una historia divertida —declara entre dientes con la frente arrugada.

—¿Me harás suplicar entonces? —le pregunto con el tono lleno de picardía.

—Quizás si probaras… —su mirada se redirige hacia mí en un pestañeo.

—Te advierto que ese deseo puede convertirse en tu pesadilla —coloco la mano sobre la cintura.

—Ellos murieron —me mira a los ojos para revelarme la verdad.

—Lo siento —y solo eso me atrevo a decir.

Dejo caer la mano con la pintura. Me acerco en silencio y apoyo la frente sobre su pecho.

—¿Qué pasó? —pregunto en un susurro.

—Mi madre murió el día que nací —escucho la emoción desde la armadura—. Nadie pudo detener la hemorragia. Ni siquiera la magia del príncipe Ebhan.

Elevo la mirada cuando siento como sus lágrimas caen. Apenas fuerzo los labios en una sonrisa mientras me encargo de que no caigan al vacío. Que sean recogidas.

—¿Quién cuidó de ti? —acaricio su cara para apartarlas.

—La reina Rosemind fue como una madre los primeros años, hasta que enfermó —la tristeza de su tono me hace cerrar los ojos—. Trataron de encontrar una cura, pero la enfermedad se reproducía de nuevo sin poder hacer nada.

—¿Falleció? —uno los labios en espera de una afirmación.

—Cuando yo tenía cuatro años —confirma el teniente.

—¿Y tu padre? —sujeto su mano al ver que sus lágrimas siguen cayendo—. Has mencionado que murió, pero…

—Mi padre fue capturado por los dioses —Azohr toma aire.

—¿Por qué? —separo los párpados sorprendida.

Azohr me mira en silencio. Deja caer la mirada tras esbozar una leve sonrisa.

—Otro día te contaré el resto —el teniente se limpia las lágrimas.

Estira las comisuras con tanta necesidad de cambiar de tema, que no puedo negárselo.

—No dejaré que se te olvide —elevo las cejas a modo de advertencia.

—Si te cuento mi vida hoy, perderás el interés en reunirte en más ocasiones —una ceja del teniente se eleva para acompañar su chanza.

—¿Es una forma de coacción? —imito su gesto mientras le dedico una mirada desafiante.

—Si es así como deseas llamarlo… —inclina la cabeza delante según se encoge de hombros—. Yo prefiero definirlo como conocerse mejor.

—Es una encantadora forma de verlo —pongo los ojos en blanco.

—Aunque confío que sean otros los motivos que te unan a mí, contestaré a una pregunta más —eleva la barbilla en forma de aviso—. Nada sobre mi padre.

—¿Sobre cualquier cosa que desee saber? —creo que la forma en que mis labios suben lo asustan.

—Así es —asiente poco convencido.

—Tú… —mis pupilas caen cuando la timidez impide a mis palabras salir.

—¿Pretendes que me arrepienta de esto? —Azohr eleva sus manos hasta que abrazan su propia nuca.

—Quiero saber si tú has compartido cama con alguna criatura —pregunto de forma directa.

El teniente separa los ojos. Sus brazos caen de inmediato.

—Quiero decir —me aclara la garganta con urgencia—. Dijiste que tu madre falleció en el parto y no sé nada sobre tu padre.

—Hubo alguien con quién casi sucede —confirma el teniente. Se esfuerza porque nuestras miradas no se aparten.

—No es cierto —arrugo el entrecejo en un gesto de incredulidad.

—Tan solo de la misma forma en la que tú lo hacías con el entrenador —revela antes de guardar silencio.

—¿Te obligaron? —mi frente cae perpleja.

—¿A ti te presionaron para eso? —su pie derecho se adelanta.

—No —niego de inmediato—. A eso no.

Azohr guarda silencio por unos segundos.

—Lo propuso el príncipe Ebhan. Veía raro que me mantuviese apartado de quiénes trataban de acercarse —me lanza una mirada llena de penitencia que siento como propia—. No podía negarme. No podía decirle que eras tú a quién yo deseaba.

—Lamento no haber aparecido antes, ojalá lo hubiese hecho —no entiendo por qué, pero mi pecho se llena de presión.

—Debes saber que ahora no dudaré en decirle tu nombre si insiste —me observa con cautela—. No aceptaré otras proposiciones.

—Entonces gritaremos juntos —acepto apenas sus palabras terminan de escucharse.

—¿Te ves lista para morir? —inclina la cabeza con más convicción de la que esperaba.

—Te equivocas —mis ojos encuentran los suyos con más seguridad que nunca—. ¿Estás preparado para verlos caer ante nosotros?

Me detengo a pesar de que mi pecho ha ocupado mis ideas.

Trato de dar un paso hacia él incluso si no puedo.

Si yo misma no me acerco por ser consciente de que si lo hago en primer lugar, no será para darle un simple abrazo.