8. Una respuesta. #6
—Ese maldito vástago indigno de Eliot no podrá negarnos la ayuda si nos presentamos en su reino —espeto casi sin darme cuenta según golpeo la mesa.
Todos voltean a mirarme. Abro los ojos ligeramente. Uno los labios mientras los recorro con la mirada en un silencio que llena la sala tras lo que acabo de decir.
—Estoy de acuerdo —asiente Wild con los brazos en jarra y una sonrisa.
—Explicaos entonces —Borin suelta su carcaj en una de las sillas de la mesa.
—Si la reina de Néferien y el rey de Bhulkahdur visitan personalmente al rey, pensará que se han aliado y hará cualquier cosa por evitar una guerra contra nosotros. —apoyo las manos sobre la mesa para dejar caer el peso ahí—. Ellos, como nosotros, saben que no es el mejor momento para eso.
—Tienes razón —Mim golpea su mano con el puño. No recordaba que estaba aquí—. Una visita con los tenientes de Néferien, el rey, y el príncipe de Bhulkahdur, y nos ofrecen la mitad del solium sin dudarlo.
—Aunque suenas muy convincente para no saber qué posición tienes… —la reina Efaris ríe caminando hacia el coronel—, el rey Eliot no cederá solo porque visitemos su palacio en tono amenazante.
—Pero podría funcionar —le miro de forma suplicante—, porque nosotros no somos como ellos.
—No tenemos tiempo para intentos, Azohr —la reina me acaricia la cara—. Sé que en tu bondad quieres buscar una solución ecuánime para todo Órianth. Lastimosamente, ha sido el rey quién ha decidido traicionarnos ante esta situación.
El príncipe Borin asiente enérgicamente de forma silenciosa. Busco apoyo en la mirada de Ebhan, en la de la princesa, pero todas me evitan confirmando que no lo hacen.
—Por favor… —bajo la mirada y solo mi silencio espero que le implore a la reina.
—El rey no podrá negarse porque nuestra ventaja es invencible —asegura Wild dando un par de pasos en mi dirección—. Sabe que si se niega a negociar el solium con nosotros, lucharemos por él y podría perderlo todo.
—Eso es —la reina abre los ojos. Lleva la mirada hacia Borin sonriente—. Si el rey se entera de que conocemos la verdad, su mejor opción será negociar. Una guerra sin tener segura la posibilidad de salvar a su gente después sería demasiado arriesgado para él.
—Pueden llevarse ellos todo el solium primero —advierte Shaqia inmóvil desde su sitio. Aun sostiene la carta.
—Podría hacerlo —Efaris desliza su dedo índice por su barbilla.
—¿Se arriesgaría? —Wild interviene con una ceja arqueada—. Si nos han enviado esta carta es porque Eliot aún no tiene el solium. Si vamos ante él, no se arriesgará a no negociar sin estar seguro de que no iremos a las minas antes que él al darnos una negativa.
—Entonces, ¿qué debemos hacer? —pregunta Ebhan, acercándose hacia nosotros.
—El rey Wild nos acompañará a visitar Eryas en el alba de mañana —declara Efaris con firmeza.
—Yo iré —doy un paso al frente.
El príncipe Ebhan inclina la cabeza a mi determinación. Mueve las cejas en una expresión de desconfianza que jamás me había lanzado. Descruza los brazos y da un par de pasos en mi dirección para detenerse justo en un punto en el que la luz oscurece sus facciones.
—No será necesario, Azohr —indica el príncipe con voz de autoridad.
—No es una petición —niego. Hundo los ojos en él.
—Tú no puedes tomar esas decisiones —sostiene Ebhan con semblante arrugado.
—Creía que era libre de tomar las que creyera oportunas —me cruzo de brazos. Mis pupilas lo observan de una forma tan feroz, que siento como mis cuencas se calientan.
—Las que tienen que ver con el reino, no —niega el príncipe de forma implacable—. Renunciaste a ese derecho cuando decidiste no aceptar el compromiso con Shaqia.
El coronel abre los ojos y la parte baja de la mandíbula le cuelga cuando me mira. Esa era una de las pequeñas cosas que omití en nuestro viaje a la torre de las misivas.
La princesa de magia negra eleva su barbilla. Contengo la ira tanto como puedo, pero es más fuerte que mi control y de alguna manera necesita salir. Los ojos se me vuelven rojos. Llenos de emoción contenida y rabia por sus palabras.
Soy uno de ellos, pero con limitaciones. Soy su hermano, pero sin olvidar que debo aceptar sus órdenes.
—Uno de los vuestros no necesitaría un compromiso para ello —mi tono se llena de decepción y dolor.
—Azohr… —Efaris estira los brazos para ofrecerme un abrazo—. Siempre has sido uno de los nuestros. Estás aquí con nosotros porque tus decisiones nos importan.
—Entonces, decido ir a Ravenbell —le contesto mientras mantengo los ojos puestos en Ebhan. Fijos en su mirada desafiante.
—¿Qué es lo que te une a ese lugar? —me pregunta el príncipe con tono indagador—. Proteges mucho esas tierras.
—Estoy tratando de tomar la mejor decisión para nuestro reino —miento sin dudar ni un segundo de lo que digo—. No necesito tener una corona en la cabeza para pensar.
—Teniente… —me advierte Ebhan.
—¿Llamarás a los guardias? —le insto—. Aun así iré a Eryas mañana.
Ebhan aprieta la mandíbula. Cierra los puños con fuerza. Su respiración se escucha desde aquí y las venas de su cuello comienzan a marcarse sin necesidad de tener que elevar la voz. Solo necesita mirarme.
—Tu insistencia es cautivadora —la reina interrumpe con su dulce voz la discusión que estaba a punto de formarse—. Dejaremos que nos acompañes si es lo que deseas.
—¿Qué haremos entonces? —pregunta Borin.
—Acudiremos al palacio de las hadas y pondremos en su conocimiento que nos ha llegado esta carta.
Si las negociaciones fracasan, no nos quedará más remedio que enfrentarnos a ellos por las reservas de luz —revela Efaris.
Mantiene una serenidad impropia teniendo en cuenta lo que dice—.
Nada perderemos por hablar, la guerra será mejor que la muerte.