8. Una respuesta. #5
—Buenos días —asiento en un saludo formal a uno de los guardias de la puerta.
—Buenos días, teniente Bradosck —asiente el guardia.
—Infórmale a la reina de que el teniente Bradosck necesita hablar con ella —saco la misiva de un hueco bajo la armadura para mostrársela. —Y dile que quiero que todos estén presentes.
—A sus órdenes —el guardia nos dirige una mirada antes de girarse para llamar a la puerta.
Mientras el guardia accede y el otro se mantiene en la puerta fiel a su puesto, el coronel y yo nos dedicamos a observar los ventanales a nuestra espalda.
Apenas un par de minutos después, se abre la puerta. El guardia abandona la sala. Su semblante está sumido en la seriedad, pero no parece haber ningún indicio de que haya algún tipo de problema.
—La reina les espera —afirma el soldado con la mano en el pomo de la hoja abierta.
Ingreso seguido por Mim a un soplo de distancia con expresión curiosa por todos los detalles del interior. Cuando ambos estamos dentro, un zumbido hace que el coronel trague saliva y se gire sobre sí mismo. Han cerrado las puertas.
Las paredes de madera oscura llenas de figuras talladas directamente en ellas.
Cuadros con marcos de oro y grabados en relieve brillan con más ímpetu por la claridad de la chimenea encendida incidiendo en ellos.
La reina está sentada en una de las butacas de terciopelo negro frente a ella con una copa en la mano.
Observa nuestros pasos con una sonrisa. Ebhan y Shaqia se encuentran justo en frente, de pie y con la misma sonrisa que Efaris.
—Buenos días, sus majestades —me inclino cuando llego al extremo de la gran mesa que ocupa parte de la entrada.
—Altezas —Mim hace una reverencia. Se mantiene recto detrás de la puerta.
—Azohr —la reina asiente sin borrar su sonrisa—. Hacía meses que no recibía tu visita.
—Perdonadme, mi señora —me excuso con una sonrisa cómoda ante ella—. Sabéis que no se trata de ningún motivo en especial.
—¿Este tiempo ha conseguido borrar nuestra relación, teniente? —pregunta la reina. Se inclina hacia delante para mirarme fijamente.
—Claro que no —niego. Sujeto las manos al frente—. Solo me limito a guardaros el respeto que merecéis.
Efaris suelta el vino sobre la mesa baja que está a sus pies. Se levanta. Aparta con cuidado su traje para dejar a un lado el sillón y caminar en mi dirección.
—Siempre fuiste un gran niño —la reina aumenta su sonrisa cuando posa sus manos sobre mis hombros—. No puedo verte como ese gran hombre que todos ven.
—Ahora es un hombre con secretos, hermana —Ebhan toma un sorbo de su copa cerrando los ojos. Exhala con placer cuando al abrir, observa el líquido del interior—. Es una lástima que ya no seamos para él lo mismo que hace unos años
—¿Por qué lo crees? —la princesa Shaqia juega con un par de mechones rizados que caen sobre su frente.
—Azohr se mantiene alejado de Brenshire la mayor parte del día —niega el príncipe—. Él ya no confía en mí como en tiempos de antaño.
Ebhan me mira de forma intensa y melancólica por un momento antes de volver a prestarle atención al contenido de su copa. Después de saborear el líquido, ladea la mirada hacia su hermana. Cree que no, pero salvo Mim, todos sabemos que esa sonrisa que esboza es fingida.
—Aún lo sigo haciendo, Ebhan —cedo por voluntad a sus palabras.
—Y bien… —la princesa de magia negra eleva la barbilla en mi dirección—. El guardia habló de una urgencia, y estamos perdiendo el tiempo con nostalgias y sentimientos.
—Así es —elevo el brazo para mostrarles la misiva—. Hemos recibido esto en Brenshire, pero creo que es aquí donde debería de haber llegado.
La reina toma la carta mientras mira a sus hermanos. Los príncipes se estiran curiosos ante el contenido. La abre según camina hacia ellos, se sienta en la misma butaca que ocupaba hace un par de minutos.
Sus ojos comienzan a abrirse según lee. Es tan evidente que no le agrada la lectura, que Ebhan baja la copa al observar su rostro de preocupación.
La princesa de magia negra hace el mismo movimiento.
Se inclina hacia delante como si así fuera a acceder antes a la información.
Los brujos de magia negra podemos sentir lo que los demás ven y piensan, pero no funciona igual con la magia de Efaris.
Y a Shaqia le inhibieron su poder cuando tenía seis años...
Alterno los ojos entre ellos. Mi cuerpo se tensa cuando el tiempo pasa y sus voces no ocupan el aire.
—¿Efaris? —pregunta Ebhan. Arquea las cejas tras tragar el sorbo de vino que había mantenido en la boca esperando respuestas.
—Un anónimo de Ravenbell —asegura la reina. Alza la mirada con la cara desencajada.
La princesa arrebata la carta de las manos de la reina y pasea por la habitación.
—Desde la sombra de la preocupación y el deber me comunico con vosotros. Mi conciencia me obliga a poner en vuestro conocimiento un tortuoso destino. La vida de neferianos y bhulkahrianos tal y como la conocéis desaparecerá —lee Shaqia en voz alta.
—¿El rey Eliot? —pregunta Ebhan.
Lleva la mano a la empuñadura de su espada cuando su cara se llena de angustia.
—Un fallo en la convergencia solar —asegura Efaris. Apoya el codo en el brazo de la butaca para dejarse caer ligeramente.
—¿Cuál es la necesidad de esconderse para dar semejante noticia? —Ebhan frunce el ceño. Se acerca a la princesa para leer por encima.
—El rey de las hadas y el rey de los elfos quieren mantener en secreto la solución a esa amenaza que destruirá nuestros reinos —Efaris toma aire.
—Quieren quedarse con todo el solium… —el príncipe eleva la cabeza lentamente. Sus ojos se llenan de rojo y rabia—. ¿Qué solución tendremos nosotros para sobrevivir?
—Podemos reunir a los tres consejos para conocer cuál es su opinión, pero entonces le daremos tiempo —se resigna Efaris.
—No podemos permitir que lo roben —Shaqia arruga la carta entre sus manos al dejar caer las manos con furia—. Tenemos que adelantarnos.
—Podríamos enviar patrullas de los ejércitos de cada casa de Néferien a por los cristales antes de que ellos planifiquen su salida —Ebhan asiente. Señala a su hermana con seguridad.
—No será esa nuestra manera de proceder —niega la reina.
Efaris se levanta pensativa. Su mirada apunta hacia el suelo y su mano a la barbilla.
—Es una buena opción —insiste la princesa—. No saben que tenemos esta información en nuestro poder.
—No podrían acusarnos de nada —sonríe el príncipe al romper la distancia con ella—. ¿Quién se arriesgaría a revelar algo tan valioso por una simple sospecha?
La reina guarda silencio, camina mientras los observa y aparta la mirada pensativa en varias ocasiones.
No puede aceptar ese plan. Si lo hace, todas las criaturas de Ravenbell y Rhysartyr estarían tan perdidas como ahora lo estamos nosotros.
¿De qué servirá que alguien se haya arriesgado a darnos aviso?
—No podemos actuar de la misma forma que ellos —lleno el silencio llamando su atención.
—¿Qué? —Ebhan estrecha la mirada.
Creo que solo a Mim le sorprende la mirada de asombro que la reina me dedica por atreverme a dar consideraciones sin ser preguntado.
—Quién está detrás de esa carta se ha arriesgado por nosotros —declaro. Les miro uno por uno—. Hay gente en ese reino que quiere que nos salvemos.
—¿Qué propones? —me pregunta Efaris con cabeza inclinada.
—Seguir los pasos de la carta. Quién sea que la haya escrito sabe bien de lo que habla y conoce al rey Eliot —afirmo con seguridad—. Si cree que confesándole a los reyes de Ravenbell y Rhysartyr que sabemos la verdad obtendremos su ayuda, debemos hacerle caso.
—¿Y si no es así? —pregunta Ebhan desde el otro extremo de la sala—. El rey Eliot no tiene fama de razonable. Por el contrario. Todos los presentemos sabemos el desprecio que siente por nuestra raza.
—Es cierto —certifica la reina.
Un golpe en la puerta nos hace girar a todos de inmediato. Una de las hojas se abre lentamente y el mismo guardia de antes accede.
—Mi señora —se inclina el guardia—. El rey Wild Nuzgum y su hijo, el príncipe Borin de los enanos, piden una audiencia con su majestad.
—Que pasen inmediatamente —ordena la reina sin detener su paseo de la reflexión.
El guardia se retira. Apenas un segundo después, el rey Wild entra con los ojos desorbitados y sacudiendo de forma brusca la cota de malla que protege su armadura.
Busca de forma incesante a la reina, aunque está ante sus ojos.
El príncipe accede tras él con la expresión totalmente calmada.
Sujeta la correa de su carcaj de cuero repleto de virotes de metal afilados con tanta tranquilidad, que no parece que vengan por el mismo motivo.
—Mi señora —Wild sujeta a la reina por los brazos cuando al fin la ve—. ¡Traigo una noticia terrible! ¡Terrible!
—Querido Wild. El teniente Bradosck nos ha informado de lo que sucede —la reina me señala estirando la mano de forma elegante.
—¿Qué haremos, mi señora? —Wild mira de forma compasiva a su hijo, que no se ha movido desde que ha entrado—. Le dije a mi hijo que lo mejor sería seguir las instrucciones de la carta.
—El teniente también asegura que es lo más indicado —señala Ebhan con figura recta y brazos cruzados.
—¿Qué creéis vos, majestad? —pregunta Shaqia. Da un par de pasos al frente para que el príncipe enano pueda verla bien.
—Todo depende de la cantidad de cristales que haya en esas minas —calla Borin.
—No podemos perder tiempo en inspeccionar la zona —Ebhan resopla lleno de rabia—. Cuando queramos volver, ya será demasiado tarde.
—Si unimos los hombres de Néferien y Bhulkahdur tardaríamos la mitad de tiempo —menciona la princesa de magia negra.
Están convencidos de adelantarnos y robar todo el cristal.
Lo haría solo porque tuvieran que suplicarnos por él, pero no puedo arriesgar a mi princesa por eso.
No serviría de nada llevármela lejos de su reino.
Puede que eso nos diese unos días de ventaja con respecto al resto de hadas, pero su vida está conectada a su poder y a la naturaleza.
La mía. Acabaríamos reuniéndonos con Beliel tarde o temprano.
Confío en que sea ella quién está detrás de todo esto y sepa lo que ha escrito.
En que el rey Wild me apoye en defender su idea hasta el final sea cuáles sean las consecuencias.