8. Una respuesta. #3
—Tú lo asumiste, Azohr. Ella no —el coronel resta importancia a mis palabras.
—Incluso así. Mi culpa reside en darle esperanzas —guardo silencio.
—¿Esperanzas? —el sonido mordaz de su risa llena el ambiente—. Solo te encamabas con ella…
—Porque ella insistía —le recuerdo en tono de aviso que se desvanece según hablo—. Pero no debió importarme eso. Ni Ebhan.
—Su insistencia se ha redirigido en tu ausencia, Godrick está cerca de conseguir lo que desea —Mim rueda los ojos hacia el brujo para señalarlo con desprecio.
—Es idiota, pero a veces sirve para solucionarme los problemas —suspiro.
Ojalá él hubiese reconocido antes lo que siente.
Es probable que de ese modo, ella nunca se hubiese acercado a mí.
Todos sabemos que quiere establecer los encuentros con ella desde que apenas se sostiene en pie.
Incluso en nuestras reuniones en la posada era objeto de burla por no tener interés en las prácticas del resto con las mujeres del reino y los burdeles.
—Si confiaras en que soy tu amigo, yo también podría ayudarte —Mim se cruza de brazos para enviarme un ácido reproche.
—¿Cómo esperabas ayudarme? ¿Querías acompañarme a suplicar? —mi comisura izquierda sube burlona.
—Parece que funcionó —deja caer los brazos tras elevar las cejas de forma juguetona.
—No solo quiero que funcione —mi mandíbula se vuelve dura ante mis propios temores.
—Si supiera más detalles… —revela con tono de sarcasmo.
—La veré la semana que viene, y espero traer tan buenas noticias como esta —inflo el pecho para llenarlo de aire que calme mis nervios.
—No dudaría de ello —asiente con una amplia sonrisa pícara—. La mujer sin nombre cambió demasiado rápido de opinión como para que eso ocurra.
—Ebhan todavía desconoce quién es —estiro el dedo para avisarle de que cierre la boca—. Espero que no te acerques a él.
Sus labios me obedecen y callan, pero su silencio solo agrava la sensación de que hablar con él fue un error.
Espero ese consejo que solo te daría quién desea lo mejor para ti bajo el pretexto de cuán importante eres e ignora lo que sientes.
Lo entiendo, pero no es lo que quiero y eso debería ser suficiente.
—¿Por qué? —pregunta Mim después de aliviar la tensión de su cuerpo—. Quiero entender por qué lo haces.
—¿Querer a la princesa? —no puedo evitar que mis músculos respondan de la misma forma.
—¿Por qué te arriesgas? —el coronel ladea la cabeza con ligereza hacia un lado. Con dudas—. No tiene que ser Fiena, puedes enamorarte de una criatura de Néferien. Podrías tener una familia que no temas perder.
—Lo sé —bajo la mirada por el peso de mi derrota—. Pero no funciona.
—Tú no lo has permitido —espeta Mim sin dar tregua a mis emociones.
—No podía hacerlo —me sincero como me ha pedido.
Quizás, cómo nunca antes.
—Podrías haber ido a eventos, a bailes. No beber cada vez que acudía a tu lado —se empeña en que fingir era lo más sencillo.
—Bebía porque la engañaba cuando estaba con ella —alzo la mirada para confesarme—. ¿Hubiese sido mejor llevarla a bailes y avergonzarla?
—Quizás, solo una oportunidad hubiera estado bien —el coronel comparte su propio veredicto.
—Ella hablaba de un futuro. Hablaba de una vida de posición que no podía darle —recurro a su coherencia para que me entienda.
—¿Pero puedes entregarte a la muerte? —deja caer los brazos rendidos ante la impotencia.
—No deseo morir, pero no me importa hacerlo —niego sin pensarlo—. Me enseñaron a morir por estas tierras, ¿por qué no moriría por quién sería capaz de destruirlas?
—Esa maldita hada te importa más que yo —su semblante se vuelve blanco.
—Me importa más que yo —acepto por no ser capaz de sostener otra mentira ante él.
Dos sonidos de cuerno de dragón fae nos alerta.
Detiene de inmediato nuestra conversación.
Al fondo vemos dos guardias que corren en nuestra dirección desde la otra punta del campo.
Según se acercan, se hace más evidente el punto blanco que se mueve en una de sus manos.
Noticias. Y no demasiado buenas por la urgencia con la que nos buscan.
Todos los soldados están atentos a los guardianes, pero ninguno se sale de la formación. Incluso Godrick parece ansioso por acercarse y averiguar qué pasa por como lucha para quedarse allí al haberle negado con la cabeza su petición silenciosa.
Áreme, uno de los soldados de la guardia privada de Ebhan, me ofrece la misiva.
No hay nada escrito en ninguno de sus lados.
Ningún tipo de información acerca de quién la envía ni porqué.
Lleva un sello real, pero ninguno de los oficiales que conocemos.
Le doy vueltas al sobre, inspecciono las esquinas.
Por un instante incluso dudo en abrirla.
—Si tiras del sello hacia arriba, se abre —Mim señala la carta mientras me mira con cara de orgullo por saber abrir un sobre.
—¿Ves cómo debes confiar en tus capacidades, héroe? —le dedico una sonrisa aguda—. Te recomiendo que sigas practicando eso de callarte cuando no tienes nada inteligente que decir para terminar de pulirlas todas.
Tiro del sello y saco el papel. Debo de estar loco, o quizás llevo mucho tiempo pensando en la princesa, esto huele a ella. Algunas manchas de tinta han emborronado el papel, aunque todavía puede leerse con claridad el contenido.
—¿Y bien? —me pregunta Mim. Estira los brazos mientras pestañea con fuerza.
—Es de Ravenbell —apenas despego los ojos del papel mientras termino la lectura.
—¿El reino hada? —se acerca a mí para meter su cabeza entre la carta y mi campo de visión.
Le aparto la cara con la mano para leer las últimas líneas mientras un calor punzante comienza a subir por mi esófago.
Levanto la mirada y la clavo en Mim antes de echar un vistazo alrededor.
Los soldados, los fénixes… Todo desaparecería.
Esto es algo demasiado importante como para esperar a que Ebhan vuelva.
—¿Dónde está el príncipe? —le pregunto a Áreme mientras subo el puño para que Hai se acerque.
—Los fénixes de los guardias del sur dicen que lo avistaron con Shaqia dirección al castillo de Carsley —confirma el guardia.
—Azohr, estaría bien que en algún momento pudiera dejar de insistirte en algo para que me lo cuentes —Mim camina apresurado tras de mi con el puño en alto para llamar a Shae.
—¿Quieres saber qué pasa? —impacto la carta contra su pecho—. O nos damos prisa, o estoy seguro de que ya no va a preocuparte que yo muera.
Mim comienza a leer agarrando el papel por los lados con tanta fuerza, que consigue hacerle algunas arrugas.
—Ya… —el coronel arquea las cejas. Me lanza una mirada rápida por encima del borde del papel—. Un ciudadano de Ravenbell
—Es anónima —señalo lo último escrito en la misiva.
—¿Ni siquiera sospechas de ella? —Mim entrecierra los ojos.
—Huele a ella —una sonrisa ligera se me dibuja en la cara—. Pero no creo que se arriesgara a tanto siendo Eliot su padre.
—Estás empezando a darme miedo —sacude el papel cerca para que lo tome. —¿Huele a ella?
Los guardias pestañean perplejos al ver que la carta pasa de mis manos a las del coronel. Recorro el resto del campo con la mirada. Estiro la carta para repasar el párrafo con más detalle. Es peor que cualquier soldado atacando campamentos.
“Como ciudadano de Ravenbell, es mi obligación advertíos que ha llegado al reino información sobre un fallo en la convergencia solar de la unión de las estaciones. Esto provocará una desconexión de la naturaleza y toda la magia que de ella nazca,
originando enfermedades y la desaparición de las tierras de Órianth. Los fénixes se marcharán, perderéis vuestra capacidad para sanar o forjar, y la ciudadela dejará de proporcionar sabiduría.”
—Áreme. Busca al general Rhegor y dile que el teniente y el coronel de brigadas partirán a Carsley —le dedico una mirada llena de autoridad—. La orden del entrenamiento de hoy sigue en pie. Que la teniente coronel Aric se encargue de la coordinación de unidades en ausencia de Mim.
—Sí, teniente Bradosck —asiente el guardia.
Los soldados se alejan por la izquierda para dejar espacio a Hai y el fénix del coronel.
—Azohr —Mim eleva las cejas con desaprobación—. El príncipe la nombró hace dos días.
—¿Prefieres que se lo encargue a Godrick? —arrugo la frente con ironía.
—Bueno, yo creo que ella podrá hacerlo bien —Mim observa alrededor según cubre su vista del sol todavía bajo—. Tampoco puede ser peor que tú.
—Bien, entonces busquemos a Ebhan y a la reina. Estoy de acuerdo con la carta, pero sin la autorización de Efaris no podemos actuar —aumento el ritmo para alcanzar a Hai.
—¿Qué crees que dirá? —Mim me sigue apretando el paso—. La reina Efaris siente un gran desprecio por el rey Eliot.
—Estoy seguro de que la reina estará de acuerdo conmigo —le arrojo una mirada mientras escalo el ala de Hai.
—Claro, porque la carta huele a ella… —Mim se inclina sobre el lomo de Hai para estirar una mueca de burla.
—No —río—. Lo que hay escrito es importante. Si lo que dice es cierto, sea quien sea el autor de esa misiva tiene razón.
—¿Y si no es ella? —Mim eleva con seguridad la mirada—. ¿Y si tampoco quiere darnos el solium?
Hai y Shae lanzan un chillido al unísono. Se dirigen entre ellos miradas de dudas, dándole la razón a Mim.
—Yo no encuentro nada del rey Eliot en ella —asiento y me obligo a tragarme mis dudas.
—Tú no puedes decidir sobre este asunto. La quieres —el coronel se aclara la garganta—. Pero ella puede que solo se haya acercado para engañarte.
—Yo confío en lo que veo, Mim —ladeo el cuello para hundir en él una mirada molesta—. Confío en ella.
Acto seguido, Shae estira las alas para lanzarse al cielo de un ágil impulso.
Tarda solo un instante en colocarse a nuestro costado.
En la carta se mencionaba al reino enano y la necesidad de que ellos también se reúnan con los reyes de Ravenbell y Rhysartyr.
Espero que el rey Wild tome la decisión correcta antes de abandonar el reino y entregarle el trono a su hijo.
Puede que el príncipe sea excelente con las armas y la forja, pero no tiene el interés de su padre en mantener las buenas relaciones con el resto de los tronos.
Tampoco es muy diplomático, considera que Bhulkahdur ya ha sufrido suficientes desprecios.