8. Una respuesta. #2
—No debes hablar de eso ahora —susurro cerca de su oído.
—¿No comprendes que trata de ofenderte? —Mim señala con fervencia a Godrick.
—Si continúas hablando, tú la ofenderás a ella —sujeto su brazo. Poso mi mirada en la suya a modo de aviso—. Aún no sabe nada.
—Entonces quizás deba descubrir la verdad —Mim me desafía con la verdad.
Tiene razón, pero no puedo hacerlo aquí. Ni así.
—¿Crees que el mejor lugar es el centro de un campo de entrenamiento? —mi mandíbula se tensa.
—¿Ha dicho que sí? —Fiena se hace con la conversación.
Mis ojos se centran un instante en los del coronel. Ladeo el cuello con remordimiento al escuchar su interrupción.
—¿Qué has dicho? —curvo las cejas con intriga.
—La mujer que amas —Fiena une su mirada con brillo turbado sobre la mía—. Por fin aceptó, ¿no es cierto?
Dejo caer el brazo. Veo a Mim abrir los párpados al colocarse a mi lado.
Sé que ella tiene derecho a saberlo. En realidad, nunca le he mentido.
Salvo en el pequeño detalle de que esa mujer de la que hablaba tenía alas y ninguna sombra de magia abandonaba sus manos.
Ebhan insistió en que me reuniera con ella cuando vio que se mostró interesada en mí, decía que era capaz y valiente.
Que era justo lo que yo necesitaba para no tener miedo a amar.
Aseguraba con tanta insistencia en que eso es lo que yo necesitaba para sanar mi corazón… Yo acepté, pero nunca le he mentido.
Y tampoco puedo hacerlo ahora.
—Sí —declaro finalmente.
Esta vez mantengo la mirada en alto para hacerme responsable de sus sentimientos. Realmente siento que no podría hacerlo de otra manera.
—¿Aceptó? —Mim se coloca delante de mis ojos con una mueca de indignación—. ¿Y no dirás nada más?
—Mim… —agarro su hombro para apartarlo—. Cállate.
—No es necesario —Fiena eleva la cabeza, creo, que con una forzada sonrisa—. Siempre supe que aparecería.
—Pero, ¿sabe que es la…? —Mim estira el dedo para señalar el aire. Alterna la mirada entre ella y yo.
—Sí —le interrumpo antes de que me sentencie—. Sabe que es una de las sanadoras de Berato.
—¡Ah! —exclama Mim. Sus comisuras se estiran con nervios—. Quizás Godrick tenga una oportunidad ahora —se encoge de hombros.
—¿Lo crees? —Lirys sacude la cabeza en un gesto de negativa—. No se parece en nada a él —me recorre con la mirada.
—Los dos llevan armadura, no veo diferencias —Mim desliza la mirada sobre Godrick, después sobre mí…
—Ella está interesada en lo que hay bajo ella —Lirys se coloca frente a el coronel con el semblante afilado por la sorna.
—Entonces tampoco debe preocuparse, encontrará lo mismo —Mim se acerca a Godrick y lo inspecciona de cerca—. A no ser que debajo de tanta barba se esconda una mujer.
—¿Quieres comprobarlo? —pregunta Godrick con rabia.
—Me tientas, pero no me agradan los peludos —Mim entrecierra los ojos con repulso.
—A ver —Lirys agarra a Mim por los brazos para darle media vuelta. Unen las miradas—. ¿No puedes ver diferencias entre Fiena y yo?
—No —el rostro del coronel se vuelve indiferente—. Pero porque a diferencia del teniente o Godrick, yo no pensaría en besaros.
—Tranquilo, yo preferiría pedirle al fénix que me quemara la lengua —Lirys pone los ojos en blanco mientras lo empuja para soltarlo.
—Yo prefiero que cambiemos de tema —elevo un poco el tono para parar la conversación. Dirijo la mirada hacia Fiena—. Y hablar a solas si lo deseas.
—Claro —asiente Fiena.
Lirys, Mim y Godrick siguen discutiendo entre ellos.
Culparía a Mim, pero tiene razón en que debo ser sincero.
Le advertí que no podría amarla, pero siento que le debo unas palabras.
Hace semanas que no se reúne a solas conmigo, nos alejamos incluso en los entrenamientos.
No quería hacerle daño porque sé que en el fondo siempre ha anhelado que la princesa nunca apareciera.
Podría mentirle y decir que esperaba que ver a Eladriel de nuevo no me despertase nada de lo que quise olvidar.
Que ella lo ha intentado y yo lo he intentado, pero no ha funcionado.
Prefiero decirle que nunca he dejado que funcione y hacerme responsable por ello.
Quiero contarle que nada ha cambiado desde ese primer día en el que hablé con ella.
Aquello que quise olvidar vibra más que nunca desde que por fin he podido dejar de soñar con cómo sería el tono de su voz, y he podido comprobarlo.
—Yo… —titubeo tras habernos alejado algunos pasos.
—¿Te has alejado por ella, o hay algo más que tengas que decir? —Fiena me interrumpe gracias a los dioses.
Observo cómo sus labios se sellan. Cómo sus ojos me miran con un resentimiento que apenas sería imperceptible para cualquier otra criatura que no la hubiera visto con tanta confianza como yo.
—Ella. Sabes que siempre ha sido ella lo que me aleja —sostengo la verdad con la mirada.
—Nunca tanto tiempo como ahora. Nunca más de un mes —baja la mirada. Como si pudiera ocultar algo que es evidente en su tono de voz.
—Ebhan me dio las propuestas, pero las rechacé —carraspeo—. Eso es todo.
—Lo has hecho otras veces, las has rechazado en más ocasiones —insiste en mantener la mirada desviada y la voz triste—, pero yo siempre volvía.
—No estuve con ella hasta ayer. Nunca estuve con ella y contigo —continúo con mi mirada firme sobre ella a pesar de que no me la responda—. No puedo mentirte, deseé besarla y aun así no sucedió.
—Sabía qué podía ocurrir sin que estuviera en tu vida, pero no esperaba que incluso en su ausencia me rechazaras durante tanto tiempo —eleva la mirada para mirarme con los ojos aguados.
—No te rechazo, sabes que yo nunca te elegí —sentencio.
—Lo hiciste. Me elegiste durante cuatro años —Fiena llena su mirada de reproche.
—Fue Ebhan quién lo hizo. Él convoca estas reuniones —puede que recordarle esto no sea agradable, pero sí parece necesario—. Si hubiera señalado a Lirys ese día en el campo de fénixes, yo la habría elegido a ella.
—No te creo —niega—. Hay ciertas cosas que no puedes fingir.
—Dije que no puedo mentirte —asiento con algo de pudor—. Me gusta lo que hay debajo de tu ropa, pero no sé cómo se puede fingir el amor —me trago la vergüenza—. Quizás ese fue el motivo por el que siempre fui sincero.
Sus ojos derraman las lágrimas que contenía entre sus párpados.
Doy un paso al frente porque mi estómago tiembla y su cuerpo se relaja, pero entonces el mío se tensa por completo.
Me importan sus lágrimas, pero ahora las temo.
No podía hacer otra cosa distinta que acceder a lo que pedía, quería que fuese sincero.
Sé que era ella a quién tocaba, a quién besaba.
Estoy tan seguro de eso porque me obligaba a mantener los ojos abiertos para mirarla, para no soñar con Eladriel mientras sentía que eran sus manos las que apartaban mi ropa.
—Pensé que el tiempo lo cambiaría —Fiena habla en un susurro.
—Lo siento —mantengo el tono serio a pesar de que desee acompañar sus sentimientos—. Desde el primer día que entraste en Brenshire te advertí que no sería posible.
—No pude agarrarme a una esperanza durante cuatro años, teniente —ella se mantiene firme en sus convicciones.
—Nunca dije que me quedaría a tu lado —sello los labios, pero solo para tomar aliento—. Nunca dejé de recordarte que si ella volvía, yo haría todo lo posible para mantenerla conmigo.
—Entonces… —sus pupilas se aferran a las mías—, ¿qué sucederá ahora?
—Ebhan ya sabe la verdad, ya no hay necesidad de fingir —dibujo una leve sonrisa para tranquilizarla.
—No es a Ebhan a quién le estoy preguntando —Fiena me lanza una mirada suplicante que voy a luchar por ignorar.
—A veces, el silencio también es una respuesta —afirmo.
Asiento por respeto a ella antes de dar un paso que me devuelva al grupo.
—Merezco saber la verdad de tus pensamientos —Fiena eleva la voz para evitar que me aleje.
—Nunca habrían existido de no ser por Ebhan —contesto sin volver la vista atrás—. Nunca existirán.
Mim me mira de forma connivente desde el costado de Hai. Mientras, Fiena intenta mantener la distancia de cualquier lugar en el que me sitúe.
Puede que Godrick esté disfrutando de la situación, que Lirys ya la esperara…
Pero yo detesto sentirme así y tenerla cerca.
Me siento culpable por cómo se siente. Yo sé que fui egoísta.
No quise aprovecharme de ella, estaba convencido de que por mucho que yo lo deseara, mi condena era aceptar que Eladriel y yo no volveríamos a vernos.
Pensé que Ebhan tenía razón al decir que conseguiría borrarme el miedo a amar.
Yo todavía no sabía que ese sentimiento ya tenía un nombre. Que nadie más podría beneficiarse de él si no es dueña.
—Alejémonos, teniente —Mim me aprieta el hombro para alejarme.
El coronel continúa impulsándome hacia delante con el brazo estirado. Impide que pueda mirar hacia atrás ni para decirle adiós a Lirys. Incluso si ella me mira con complicidad y una mirada triste mientras consuela a su amiga.
Nos detenemos detrás de los fénixes, en un lugar desde el que pueda observar cómo los soldados entrenan.
Godrick, Fiena y Lirys se han acercado a la sección que capturan las piedras imbuidas para comenzar.
La prueba del círculo de fuego y agilidad del jinete cuenta con tres secciones de siete fénixes y en la de combate debe haber al menos cinco secciones de diez.
La sección más grande, que cuenta con unos setenta más o menos, está a punto de empezar con la prueba del nido.
No sé cuántas criaturas pisamos el campo, pero siento que solo yo soy el centro de lo que sucede.
—Bien —Mim me sujeta el brazo para sostenerme la mirada—. No negaré que mi carácter social me hace hablar de más, tienes razón —inclina la frente hacia delante—. Pero no te daré más excusas.
—¿Qué esperas? —lo miro confundido.
—¿Qué espero? —sus párpados se separan. Sus manos se alejan de mí—. Que me cuentes qué ha sucedido. Qué ha cambiado.
—¿No es suficiente saber que la princesa no tiene el mismo pensamiento que el día que abandonamos Eryas? —una sonrisa ligera aparece en mi rostro sin que pueda evitarlo.
—No soy Fiena —sentencia Mim a modo de chanza—. No me entristecerán tus novedades.
—La burla no me hace sentir bien —mi mirada se entristece cuando la observo de forma fugaz—. No la quiero, pero sé lo que es querer.