Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 7. La traición del deber. #7
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7. La traición del deber. #7

—Bienvenida a Ravenbell —Maren esboza una sonrisa tan amplia como su tono de amabilidad.

Rani y Lynn asienten con una sonrisa.

—Hola, princesa —Lugh aparta a Rani y Lynn con la mano para hacerle una reverencia—. Hacéis este cenador más mágico con vuestra presencia.

—Traidor —Maren entrecierra el ojo izquierdo. Se lleva las manos a la cintura.

—¿Más mágico? —reclama Lynn. Lo sigue de reojo mientras intenta volver al lugar en el que estaba.

—¿Te gustaría sentarte aquí? —Lugh señala un sitio junto al suyo haciendo oídos sordos. Justo donde estaba Lynn.

Aranel me dedica una sonrisa y acepta su propuesta sin hacerse esperar.

—¿Qué os ha traído a Ravenbell? —pregunta Maren curiosa. Posa la barbilla sobre sus manos para contemplarla con rostro encantador.

—Una visita a una vieja amiga —sonríe la princesa sin dar más explicaciones.

—Estoy encantado con vuestra amistad —ríe Lugh sin apartar los ojos de cualquier rincón de la cara de la princesa.

—Yo estoy encantada de conocer hadas tan amables —Aranel sonríe, da un pequeño toque en su nariz—. En especial, a ti.

—Entonces, solo os ha traído a estas tierras el placer —Rani se inclina hacia delante.

—Nada más que mero placer —sonríe Aranel. Se ve encantada ante tanta expectación.

—Es sorprendente —Rani ríe. Señala a la princesa mientras me mira—. Usa palabras como las tuyas.

—¿Te encuentras bien? —Lynn la mira con mirada estrecha—. Podrían confundiros con alguien de mi condición solo con veros de cerca.

—Es cierto —Maren se levanta. Se deja caer sobre la mesa para agarrar su cara—. Que alguien corra a por un vaso de néctar.

—No es necesario —estiro los brazos haciéndole hueco para poder tomar aire—. La cena le ha resultado pesada, eso es todo.

—¿Quieres hacer una competición de vino de la risa? —pregunta Lugh emocionado. —Seguro que el vino te hace sentir mejor. A mí me hace sentir mejor.

—No creo que eso sea algo a lo que esté acostumbrada —inclino la frente hacia delante para advertirle que se calle.

—Todavía no nos hemos presentado todos, y ya quieres emborracharla —Rani se inclina ante ella—. Rani Laster. Para serviros, princesa.

—Aranel Valoth —asiente—. El reino de los elfos siempre está para las hadas.

—No acapares la conversación, pandereta con patas —Lugh estira el cuello hasta interponerse entre Aranel y Rani.

—Supongo que el juego consistirá en saber quién bebe más sin reírse —Aranel ríe con sutileza. Tapa su boca de forma delicada—. Eladriel tiene razón, no se parece a lo que hacemos en mi reino.

—¿Qué hacéis allí? —Lynn pregunta. Bebe un trago de néctar.

—Bueno —Aranel inclina a cabeza. Estira los labios en una mueca de incógnita—. Antes solía frecuentar a la elfa Lithiriel, pero algunos problemas nos alejaron —agacha la cabeza por un breve instante—. Hay muchos libros en la ciudadela que una princesa debe hacer.

—¿De qué os encargáis, princesa? —pregunta Rani, recostado sobre el banco de mármol del cenador.

—Soy una de las consejeras de mi padre debido a que tengo el don del conocimiento. Además, también coordino las salidas en busca de información y el funcionamiento de las guardias de la ciudadela —la princesa se recoloca en su asiento bajo la atenta mirada de todos.

Un sentimiento de envidia sana me recorre. Aranel tiene potestad sobre su reino y trabaja para él. Yo sigo siendo un mero deshecho que van a intentar destruir a como dé lugar en cuanto represente algo de peligro.

—Vaya —Lugh mueve las pupilas dubitativo sobre qué parte de ella observar—. Es muy interesante.

—¿Interesante? —Maren arruga la frente con asombro.

—Sólo comer te parecía interesante —le reprocha Lynn. Rueda los ojos a la derecha.

—Imagino que ser cercanos a la princesa os hace ver cómo de complicado es nuestro papel —Aranel sonríe. Centra su atención en Lugh.

—¿Eladriel? —Lugh se echa a reír en cuanto me mira—. Es la princesa menos princesa que he conocido nunca.

—Ah, ¿sí? —Maren alza las cejas—. ¿Y a cuántas conoces?

—Pues a ella y a la princesa Aranel, pero no son iguales —Lugh murmura entre dientes mientras le dedica una mirada de tedio a Maren—. La princesa Aranel me cae bien.

—Pero tú a ella no —Rani ríe.

—Os interesa que la princesa vuelva, ¿verdad? —me dejo caer contra el respaldo. Suelto un suspiro de alivio al descargar el peso del día.

—Organizaremos otra reunión en mi palacio —Aranel lanza una mirada amable al grupo, y una cómplice en mi dirección—. Todos cambiaremos de aire.

Me parece entrañable que quiera reunirnos allí. Creo que lo que ha visto entre los muros de Eryas la ha dejado tan impactada, que prefiere no volver a entrar si no se ve obligada a ello. Y la entiendo, si no fuera porque Twig habita entre las mismas paredes que yo, también me marcharía.

Veo como todos disfrutan después de haber aceptado con entusiasmo su propuesta.

Mi mente después de lo ocurrido solo está en la carta que envié a Néferien y Bhulkahdur, en el hijo del cancilier.

En el teniente… Temo que mañana suenen las trompetas de Eryas anunciando la llegada de los altos cargos de los brujos y los enanos.

Que el destino de la profesora sea el mío y nunca llegue el miércoles.