Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 6. La libertad de Rhysartyr. #4
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6. La libertad de Rhysartyr. #4

Estira sus pequeños y redondos ojos—. Les dotó de siete dones como el de la sabiduría o el don del temor a los dioses.

Hizo gala a este último para hacerlos inmortales como nosotros.

—Bah. Solo seres creados para escribir las vidas de las criaturas de los reinos —Rani habla en voz alta desde su asiento al lado de Maren.

Recibe la aprobación de la mayoría de los presentes.

—¿Crees que no es importante lo que hacen, joven Laster? —Glimmer lo mira con superioridad en espera de su respuesta.

—Escriben cotilleos de la vida de los pueblos para guardarlos entre muros —Rani encoge los hombros con una mueca de indiferencia con la boca—. ¿Qué pueden hacer ellos que nosotros no?

Maren echa una mirada ejecutora a Rani. Debería meterle una de sus caléndulas en la boca para que dejara de decir tantas tonterías.

—¿No te da vergüenza hacer esa pregunta? —niega Lugh a mi lado.

—Tener capacidad para albergar el conocimiento… —Glimmer camina por la estancia—, traducir textos antiguos de las primeras lenguas, dar consejo desde la sabiduría y la ciencia. Prever y solucionar amenazas. La piedad para aplicar castigos… —me mira en esa última parte.

—El rey Aelfraed es conocido por sus juicios —dice un hada tras nosotros—. Creen que ninguno de sus súbditos lo respeta.

—Así es. El rey Aelfraed es el monarca que más personas exilia a Draenith —el profesor se para en la parte trasera de la clase, y todos nos giramos interesados en sus palabras—. Su justicia se establece desde la sabiduría y el conocimiento para evitar castigos desproporcionados.

Los juicios. Para que ocurran deben ser convocados, y en Eryas solo existe la palabra de mi padre.

—Ya existían dos criaturas distintas —Glimmer camina ahora por el segundo pasillo—. Aphaea se percató de que, al haber dos reinos, necesitarían que la información de sus asambleas fuera transmitida de forma veraz. De ese modo creó a las ninfas como mensajeras entre sus pueblos.

—Son las que visitan los palacios y castillos de los reinos cada dos cambios de estación, ¿verdad? —Norette eleva la voz con cierta reticencia—. Las he visto cuando he acompañado a mi padre a palacio.

—En efecto, joven Solaster —el profesor la señala. Le lanza media sonrisa amiga—. Las ninfas recogen la información las semanas previas a la convergencia. Cuando la nueva temporada de transformación comienza, todos los datos están debidamente registrados.

—Pero en el reino de los brujos la información acerca de los nacimientos se recoge de manera diferente —interviene Kaia Smifer, un hada de primer nivel que acaba de empezar las clases de historia.

—Exacto —el profesor vuelve al banco para subirse a él. Apoya sus manos en la rodilla para impulsarse—. Los neferianos reciben el poder directamente de la diosa Vémtix, por lo que su propio ángel guardián crea una lista con las criaturas que nacen.

—¿Por qué ellos son mortales? —Lugh frunce el ceño.

—Si bien los brujos y brujas fueron creados con la misión de utilizar su magia y conexión en la creación, no es la diosa quién elige que magia dotar. Es la magia la que elige a la criatura —comienza a explicar Glimmer.

Y aprovechando que todos contemplan su explicación en silencio, se delita con una mirada.

—La magia negra alberga una parte oscura y condenable, y las tres juntas el mayor poder —Glimmer aprieta los labios—. La única manera de controlar que nadie obtuviese nunca ese control fue con la mortalidad.

—¿Cuánto tiempo de vida poseen? —Tien arquea las cejas—. Esperemos que sea menos de lo que pensamos y nuestro rey no deba enfrentarse de nuevo a ellos.

—Se estima que pueden vivir con todas sus capacidades hasta los ciento veinte años —su mirada se entristece ante la afirmación del hijo del cancilier—. Ciento cincuenta como mucho.

Demasiado poco. Demasiado injusto. Sería muy torpe por mi parte pensar que debo correr a Brenshire y disfrutar de la cuenta atrás de Azohr. Rendirles cuenta a mis deseos antes de que pase el tiempo. Incluso si es a su lado donde querría estar ahora.

—Unos endebles a los que una simple herida puede eliminar —Tien se jacta de ellos.

—¿Ha oído hablar de la sanación de los brujos de magia verde? —el profesor estira la frente—. Su conexión con la naturaleza es tan alta, que pueden comunicarse con las plantas.

—Nada que no puedan hacer hadas —Tien eleva la barbilla con superioridad.

—Es algo bastante importante, señor Mémberin. Utilizan plantas para sanar y no necesitan saber cuáles son, solo escuchar sus susurros —el profesor sujeta las manos a la espalda.

Glimmer apoya los pies con dificultad hasta llegar de nuevo a la pizarra. Toma una barra de cal para comenzar a dibujar con ella.

—No me puedo creer que nos vaya a dar una clase sobre plantas —susurra Lugh con el cuerpo medio fuera de la silla—. Si quisiera aburrirme aprendiendo sobre tallos, escucharía a Maren en algún momento.

—Estas plantas son ejemplos de lo que podría necesitar un brujo.

El cantueso, sin ir más lejos, para aliviar un dolor de muelas —señala con un palo largo de madera la segunda planta dibujada—.

Si se encuentra en Bhulkahdur y la necesitase, en esa zona el crecimiento es escaso y podría hablar con las plantas cercanas para ser guiado hacia plantaciones.

Lo increíble no es la conexión de los brujos con la naturaleza, si no la confianza que ella parece poseer en estas criaturas.

—Profesor. A su majestad no le haría gracia escuchar que aduláis tanto al reino que es su peor enemigo —entonces Tien usa lo que solo le funciona, mi padre—. Háblenos de esa parte oscura.

—Supongo que os referís a los brujos de la fortaleza de Borh —el profesor le mira elevando una ceja. Acto seguido, se ayuda empujándose con las manos para subir al banco.

No podía esperar otra cosa de Tien. En las reuniones en las que se han tratado asuntos con otros reinos, su padre siempre se ha encargado de alimentar el odio que siente el rey por ellos.

Resultaría demasiado exigir que su argumento fuera diferente teniendo en cuenta que, en realidad, no le queda otra opción. O eso esperaba yo.

—Hasta el día de hoy nunca se ha conocido un ataque hacia ningún pueblo o criatura. De igual modo, se desconoce el motivo de la decisión que tomaron los dioses con los brujos de magia oscura —afirma el profesor.

—¿Qué otra podía ser? —Tien apoya el brazo en la rodilla y deja caer todo el peso ahí—. Su creadora los protege. Oculta la verdad para impedir que sean eliminados.

—No conozco motivo alguno por el que deberían protegernos de ellos —niega Glimmer—.

Tan solo doscientos años vivieron en libertad.

Luego, todo aquel que ha recibido el poder de la magia negra en los últimos casi tres mil años ha permanecido encerrado y custodiado hasta el fin de sus días sin importar edad.

Todos guardamos silencio tras las palabras del profesor, aunque en el rostro de algunos se dibuja la impasividad. Ninguno es consciente de que no tienen libertad como esos brujos. Y en estas circunstancias, no sé si podré confiar en que mi pueblo luche si a eso lo llaman justicia.

—Si los dioses han decidido que esa sea su vida, por algo será —Tien esboza una sonrisa llena de placer.

—Me gusta pensar que, como todos, ellos también se equivocan —Glimmer realiza una mueca de indiferencia con la boca.

El profesor guarda silencio por unos minutos.

Observa a Tien con una mezcla de decepción y resignación que llena sus ojos, refleja esa lealtad de Drieden que antes mencionó.

El hijo del cancilier estira los labios mientras su ceja se arquea sospechosa.

Glimmer debería tener más cuidado con sus afirmaciones.

—Habiéndose creado así el reino de Órianth en el año veintiún mil setecientos trece desde que los dioses habitan esta montaña en lo más alto de su cima —explica el profesor con desesperanza—, las criaturas se dedican a construir nuestras tierras.

—¿Y el pueblo de los enanos? —pregunta Lynn justo antes de que yo pueda separar los labios—. No os he oído mencionarlo.

—Tiene razón, señorita Lynn —sonríe el profesor. Inclina brevemente la cabeza en su dirección—. Después de doscientos años, el Dios del fuego y el metal Shaone creó a los enanos y los dotó de su mismo poder para abastecer al reino de armas.

—¿Y los ángeles cuando se crearon? —Maren torciendo el cuello en mi dirección.

El profesor Glimmer separa los párpados con asombro.

—¿Para qué quiere saber eso, joven Maren? —el profesor camina en su dirección.

—Eladriel siempre habla sobre eso —me mira sonriente. Feliz por estar ayudándome.

—¿No debería? —reconozco finalmente al no quedarme más remedio—. Se supone que estamos en la clase de historia, y eso lo es.

—Claro —titubea Glimmer—. Desgraciadamente, hay información en los archivos clasificados de los dioses que los profesores no conocemos. Ni siquiera los que hemos ayudado a escribir algunos de ellos, como es mi caso o el de la profesora Morgorite.

El profesor inclina la cabeza hacia un lado con ojos entrecerrados, pero mirada encantadora. Sujeta sus manos a la espalda.

—Me encantaría saber porque a la princesa le llama la atención la creación del ejército de los ángeles de Órianth —Glimmer sonríe.

—Me ha resultado curioso que no haya hablado de ellos como parte de la creación. Sin más —miento.

Siento como Tien analiza mis palabras con cuidado desde la lejanía.

—Los ángeles no son considerados criaturas de la creación. No tienen la capacidad de sentir ni libre elección, fueron creados para ser soldados de un ejército —Glimmer me clava la mirada.

Indaga en mí para saber cuáles son mis verdaderas intenciones.

—Gracias por la explicación, profesor —sonrío de forma amable en mi mejor actuación.

El profesor se da la vuelta tras unos segundos en los que sus ojos me recorren. Cuando se gira, suelto el aliento que había estado conteniendo mientras tanto.

Hasta ahora siempre he pensado que los dioses eran las criaturas más poderosas sobre Órianth, pero sus ángeles…

¿Hasta qué punto pueden controlar a su ejército?

Solo están creados para servir y matar. ¿Hasta qué límite pueden llegar sin capacidad de sentir?

No puede ser bueno. Mi padre la tiene y ya parece uno de ellos.