Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 5. El despertar de la princesa. #5
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5. El despertar de la princesa. #5

Camino entre ellos sacudiendo la cabeza mientras me pongo de puntillas. Trato de buscar a Maren, Lugh o Lynn por algún rincón. Desgraciadamente, al mirar al fondo a la derecha del cancilier Drieden, me encuentro con Tien y su mirada aguda de odio que es mejor no determinar. No vale la pena.

Cerca del escenario y bastante más cerca de lo que me gustaría del cancilier y su hijo, mi padre charla con el rey Aelfraed.

Ambos están en compañía de la princesa Aranel, sin embargo, ella se mantiene con la postura recta y relajada.

Escuchan atentamente la conversación hasta que se fija en mí, y asiente.

Debo acercarme para no ser descortés. Es un placer hablar con ellos.

Me caen bien y son amables conmigo, lo cual es algo encantador teniendo en cuenta las cosas tan desagradables que mi padre debe contarles sobre mí.

Además, si no les saludo oficialmente, me traerá consecuencias serias con el rey.

Ahora mismo preferiría bailar una canción lenta con Tien en el centro de la sala.

—Buenas noches, majestades —reverencio a todos los cargos presentes en la reunión y asiento con respeto a la ninfa Sophila.

—Buenas noches nos ofrezcan los dioses —Sophila se inclina ante mí.

—Buenas noches, princesa Eladriel —Aelfraed me sonríe—. Es todo un placer verte. Noto un ligero cambio en tí desde que no nos visitas en Rhysartyr.

—Sois muy amable, rey Aelfraed —asiento con gratitud hacia sus palabras—. ¿Hay algunos archivos nuevos en la ciudadela?

Estoy segura de que a él le gusta hablar de sus archivos tanto como a mí.

Es alguien bastante afable y sencillo. Siempre va ataviado con su querida túnica blanca y la flor de lis bordada en el lateral izquierdo del pecho.

Escucharlo es como leer un libro. Puede resolverte cualquiera de las dudas que tengas en solo un segundo, es bastante más cariñoso que mi padre.

—¿Qué modales son esos, princesa? —el rey da un paso para ponerse a la altura del elfo. Hace que la sombra de su figura se pose sobre mí—. ¿Trabajo en momentos de ocio?

—Querido Eliot —Aelfraed es la viva imagen de la calma. Coloca el brazo delante de mi padre—. Sé de buena mano que a la princesa le gusta mucho visitar Rhysartyr y leer los archivos. Es una honra para mí, y mi pueblo que no se conforme con el conocimiento conocido.

—No es el momento adecuado, Aelfraed —su majestad pone su largo dedo sobre mi frente para darme dos toques punzantes—. Ella es la representación de lo que pasa cuando una mujer se encarga de educar.

El tacto y el gesto de su piel fría y sin alma hacen que cierre los puños con ira. Aprieto las uñas contra mi propia palma para hacerme a mí el daño que no puedo hacerle a él.

—Créeme, viejo amigo, si la princesa tiene la mente enfocada en el conocimiento nada malo sucederá —Aelfraed ríe. Posa la mano en mi hombro como muestra de cariño.

—Eso es cierto, majestad —Aranel habla tras ellos en un tono profundo—. El conocimiento es la premisa de todo lo conocido. Por ello podemos juzgar, opinar e incluso tener valores y moral. Sin duda, no es la sabiduría la que trae el mal.

—Quizás la princesa de Rhysartyr tenga razón y el conocimiento no sea malo —mi padre sonríe de mala gana—. Pero desgraciadamente para todos, Eladriel no tiene ningún don relacionado con su reino, por lo que debe dedicar su tiempo a lo que realmente le incumbe.

—Querida princesa —el cancilier Drieden un paso hacia nosotros—. No podéis comparaos con la princesa Eladriel. Ella tiene un deber con el reino, no puede perder el tiempo en sandeces sin importancia para nuestro pueblo.

—Mi señor —Aranel le lanza una mirada imperiosa—. Aunque ya parece que carecéis de todo aquello de lo que os jactáis, deberíais haceros un favor a vos mismo y callar para no alardear de algo que debería avergonzaros.

—Disculpad mi falta de juicio, alteza —Drieden se inclina con lentitud, como si le costara trabajo hacerlo—. Conozco la importancia de la existencia del reino elfo en Órianth.

—¿Disculparte? —mi padre chasquea la lengua—. Un hombre de verdad jamás se disculpa ante una simple mujer. Ellas tienen la obligación de obedecer.

Aranel abre la boca, eleva su dedo índice para contestar.

Pero se ve interrumpida cuando Cedric Mondblade, el guardia privado de mi padre, aparece a mi izquierda con una misiva en la mano y la cara algo torcida por ella.

No puede saber el contenido del interior porque está completamente sellada, pero lo que sí debe de conocer es el disgusto que le dará a mi padre el remitente. Néferien.

—Mi señor —Cedric aun jadea por la prisa—. Esta tarde llegó a Vokmer una misiva de Néferien.

—¿Drieden? —mi padre se inclina hacia atrás, hasta que está cerca del cancilier.

—Deberíais cogerla, querido sire —carraspea el cancilier. Contempla la carta de forma perturbadora—. ¿Y si fuera una amenaza?

—No quiero problemas en la noche de hoy —mi padre se inclina para volver a su postura inicial—. Más de los que hay.

—No os preocupéis por eso, majestad —Drieden se inclina ante mi padre—. Yo mismo me encargaré de todo para que mi señor disfrute de la maravillosa noche que había planeado.

—Eliot… —Aelfraed sujeta el antebrazo de mi padre para dirigirse a él con cierta intimidad—. Deberíais coger la carta vos. Los asuntos de los reinos son de vital importancia, no han de ser relegados.

—Réstale importancia, mi viejo amigo el elfo —el rey sonríe. Estrecha a Aelfraed con el brazo por encima del hombro—. Esas escorias no merecen que echemos nuestra noche a perder.

—En eso tenéis razón, estimada majestad —el rey de Rhysartyr sonríe de forma enternecedora. Algo extraño para alguien que no está de acuerdo con esas palabras.

—Majestad —me atrevo a interrumpir su conversación con Aelfraed—. ¿Me concedéis el permiso de buscar a Maren?

—Podéis retiraros por ahora, pero debéis permanecer cerca para cuando llegue el momento de llamaros —me mira amenazante mientras me advierte con su condenado dedo.

Me inclino ante ellos antes de marchar, dedico una sonrisa a la princesa.

Ella se ha retirado al fondo en compañía de Vakandor Ealion, el sabio de Rhysartyr.

Aunque sigo sin saber dónde se encuentran Lugh y el resto, cualquier lugar es mejor que seguir escuchando al rey hablar.

Aun cuando siento pena por dejar a Aranel cerca suya.

Veo la cabeza de Rani sobresaliendo entre la multitud y me acerco a ellos mientras la ninfa Sophila se coloca en el centro del escenario.

El sello que tiene grabado en la frente en forma del compás de los vientos brilla con intensidad cuando ocupa ese lugar.

Los dioses las crearon como mensajeras entre los pueblos y como método de control.

A través de esa marca en ellas, los creadores perciben en la fuente que da vida de las cataratas todo lo que ellas ven si lo desean. Pero nunca lo desean.

—Buenas noches, estimados asistentes a Eryas —Sophila comienza a hablar cuando la música deja de sonar—. Hoy, los elfos de Rhysartyr y las hadas de Ravenbell tendrán el honor de deleitarse con un mensaje de unidad del rey Eliot.

Mi padre sonríe. Sube al escenario cuando una cantidad ingente de aplausos y elogios retumban por todo el lugar. Todos los que han tenido el honor de ser invitados a la zona de confianza de mi padre están ansiosos y expectantes ante ese mensaje.

Lanzo una mirada rápida a Tien, inmóvil en el mismo lugar mientras observa con atención a mi padre.

Una angustia que dibuja unas manos invisibles me sujeta por el cuello cuando la idea de que su intención sea anunciar nuestro compromiso se convierte en una de las opciones más reales.

No estoy preparada para eso. Al menos, no sin Maren y Lugh cerca para poder despedirme de ellos antes de tirarme de cabeza al lago.

—No hay mayor sabiduría que la de alguien que vive desde los primeros tiempos de Órianth —Sophila estira el brazo hacia a mi padre—. Es un honor para nosotros asistir tan solo a su presencia.

—Buenas noches, queridos pueblos —el rey levanta los brazos en un movimiento que incluye a todo el público—. Esta noche tenemos un motivo especial para reunirnos aquí, aparte de disfrutar de la inigualable compañía.

La angustia me sujeta con más fuerza que nunca, casi a punto de cortarme la respiración.

—Los elfos de la torre de las ciencias y nuestros canciliers y profesores han recogido datos preocupantes del día en el que nuestros solsticios se unen para la renovación natural de nuestras conexiones a la naturaleza y el dominio de nuestros dones —comienza su majestad con el semblante propio de

un discurso—.

Desgraciadamente, este año el solsticio de verano sufrirá una quebradura al fusionarse con el resto.

Perderá la energía suficiente como para dejar de funcionar…

“El sol ha aumentado de tamaño en los últimos tiempos, y eso dificulta la fusión de nuestras estaciones. Aunque somos criaturas poderosas, hay fuerzas que se escapan a lo que podemos controlar, por lo que las consecuencias para cualquiera de las criaturas de Órianth serán devastadoras.

Perderemos nuestra conexión con la naturaleza y los elementos.

Por esta razón, cualquier habitante sobre estas tierras también perderá su magia.

La falta de nuestro vínculo con la naturaleza traerá desorientación y enfermedades.

Nuestras habilidades para sanar, volar, o mantener la naturaleza se desvanecerán en un instante.

Las plantas dejarán de crecer adecuadamente y los animales cedidos por Avka se marcharán.

Toda la capacidad para el acceso a la sabiduría desaparecerá. Nuestros archivos dejarán de funcionar.

Tenemos la obligación de parar esta amenaza.

Los altos cargos nos hemos reunido para organizar y trasladar cuáles serán los nuevos horarios de trabajo de Ravenbell y Rhysartyr a partir de mañana.

Aquellos que decidan tomarse mis indicaciones a la ligera serán condenados por incumplir el artículo quinto del código real de Eryas.

Los elfos y las hadas más sabios de nuestros reinos han trabajado sin descanso durante días para encontrar la solución.

Nuestros hombres ya están actuando en consecuencia.