4. El reino de Néferien. #7
—Son los únicos segundos en los que observo el mundo tal y como tú lo haces —el hechicero junta sus labios en un gesto triste—. Tengo el placer de ver, pero solo el sufrimiento y dolor. Debo de vivir con la culpa e impotencia de no poder hacer nada para cambiarlo.
Guardo silencio, su confesión me hace sentir culpable. Quizás he hablado de más.
—Debes acompañarme al castillo. Ebhan ha ordenado que permanezcas con nosotros hasta que sepamos si Brenshire es seguro —observo las betas que forma la madera de la mesa en su superficie.
—¿Teniente? —la voz de Mim suena a mis espaldas.
—¡Mim! —titubeo sobrecogido.
Volteo nervioso por su inesperada presencia.
—Me dijiste que nos veríamos aquí a las nueve —el coronel estira el cuello—. Hace rato que ya no son las nueve.
—Claro —sonrío nervioso, con la voz algo entrecortada—. Estaba por aquí en tu espera.
—Me alegra escuchar eso, porque estaba empezando a pensar que te burlabas —Mim guarda silencio ante mis gestos con los ojos—. ¿Qué?
—Gandar, recuerda que debes de ir a Brenshire antes de que Ebhan llegue. Me meterás en un problema si no lo haces —le señalo con el dedo—. Mim te dejará a Shae con órdenes precisas.
—Por supuesto que no —Mim niega con fervencia. Alterna las pupilas entre el hechicero y yo.
—El teniente del ejército de Brenshire te lo ordena —el tono con el que lo digo es suficiente para que Mim asienta.
—¿Cómo volveré a casa, mi señor? —me pregunta Mim con el tono lleno de molestia.
—Te llevaré en Hai, pero primero haremos una ronda por el muelle —sonrío. Golpeo su hombro con la mano abierta—. A ver si ese soldado del espíritu que dice Gandar quiere asomarse por aquí.
—¿El qué? —Mim pestañea un par de veces en mi dirección.
—No te preocupes. Por lo visto acostumbra a dejar a uno del grupo vivo para que pueda ir asustando al resto —sonrío—. Con suerte puedes ser tú.
—No si me dejas sin fénix para huir —Mim estira los párpados—. ¿Estás seguro de que soy tu amigo?
—¿Por qué deberías pensar lo contrario? —alzo las cejas.
—Por nada, solo son algunos detalles… —chasquea la lengua—. Como ocultarme a quién dices amar, olvidar que te esperaba aquí.
Convierte la línea de sus labios en una curvatura de recriminación.
—Dejarme sin fénix mientras un soldado loco vaga por las tierras clamando venganza… —el coronel se cruza de brazos.
—Puedes huir en el mío si tienes miedo, pero dejaré de llamarte coronel si lo haces —le lanzo una mirada sarcástica de reojo.
—No me gustan tus bromas —Mim me mira entrecerrando los ojos.
Camino entre la multitud de nuevo para salir al fin de la taberna.
Cuando el aire fresco azota de nuevo mi cara, es como si de repente nada presionara mi pecho y pudiese respirar con facilidad.
Toda la pesadez del ambiente del interior ha desaparecido.
Mim me sigue. Tras atravesar la puerta mueve sus ojos con rapidez alrededor a la vez que acerca la mano a su daga.
—¿Cuál se supone que es tu plan? —Mim camina en pasos pequeños en mi dirección.
—Vamos a ir a la torre de las misivas —cierro el puño y levanto el brazo para llamar a Hai.
—¿Eladriel? —pregunta Mim. Sacude las cejas en un gesto picaresco.
Envuelvo la empuñadura de una de las dagas con precisión para desenvainar en uno de sus pestañeos. La estiro para apuntar al centro de su cara.
—Si vuelves a decir ese nombre en voz alta en un sitio como este, te corto la lengua —le musito una amenaza.
Observa la punta tragando saliva de forma sonora. Sube las manos a la altura de la cara para dejarlas a la vista. Respira algo acelerado, mantiene los ojos pegados al filo mientras Hai se posa a nuestro lado, clavando imponente sus garras en la madera del muelle.
—La mujer sin nombre —el oficial se aclara la garganta.
—Monta en Hai —le ordeno mientras guardo la daga de nuevo en el costado derecho.
Obedece de forma inmediata sin mediar palabra. Apoyo el pie en el ala, el fénix la sube hasta que puedo acceder a su lomo de un salto. Golpeo las riendas para que alce el vuelo.
—Lo siento —Mim convierte su mirada en pesada—. Lo digo en serio.
—Soy yo el que siente haberte amenazado, pero no me has dejado opción. Si alguien me relaciona con ella podrían matarla. Y a nosotros también.
—¿Vas a encontrarte con ella? —Mim trata de contener la sonrisa con torpeza.
—No te mentí cuando te dije que me había rechazado —estiro las riendas por la punzada del recuerdo.
—¿Entonces podrías decirme por qué nos dirigimos hacia la torre de las misivas en vez de patrullar sobre Brenshire? —Mim señala el reino bajo nosotros.
—Tengo que avisar a Ravenbell sobre lo ocurrido en los picos de Bhulkahdur —yo mantengo la mirada al frente.
—Supongo que el hecho de que no vayas a avisar a Rhysartyr es porque no tienes el permiso del príncipe, ¿me equivoco? —Mim eleva las cejas con una mueca de ironía.
—No me gusta que me conozcas tan bien —me giro. Echo la cabeza hacia atrás—. No me apetece tener que amenazarte de nuevo, así que guarda silencio y no te preocupes. El príncipe no sabrá que me has acompañado si descubre la verdad.
—¿Sabes? Puedo entender que no le hayas contado nada a Godrick porque es un pazguato de narices, pero… ¿no confiar en mí? —el coronel agudiza la mirada—. Debería de ir corriendo a delatarte por esta traición.
—¿Desde cuándo tengo una relación contigo en la que debo darte explicaciones de mis sentimientos? —mis labios apenas se curvan—. No sabía que eras tan intenso.
—Intenso… —Mim rueda los ojos—. Cada vez me caes peor.
—Escucha —anudo las riendas a la cincha de la silla y me coloco de medio lado—. No quería hablar de esto en voz alta porque para mí significaba aceptar que era verdad.
Me inclino hacia el lado para bajar la voz, todavía no sé por qué.
—Mi madre murió. Ejecutaron a mi padre y ahora me toca aceptar que quiero a quién no debo —bajo la mirada. Trago para ahogar la maldita lágrima que siempre asoma cuando hablo sobre esto—. Todavía no puedo entender por qué cualquier criatura a quien ame está destinada a estar lejos de mí.
—Eso es muy injusto, teniente —Mim apoya su mano en mi hombro. Asiente—. No seas duro contigo.
—Tal vez, esa sea la palabra —levanto la vista poco a poco para agarrar de nuevo las riendas—. Tendré que hacerme justicia de alguna manera.
Mim asiente. Se limita a patrullar en silencio la zona que sobrevolamos. Hai acelera mientras bordea toda la orilla del mar que baña la parte oeste del reino de Néferien y Ohiris. Echa un vistazo por el aire al bosque ancestral, aunque eso desvíe nuestra ruta unos quince minutos.