4. El reino de Néferien. #5
Suplicó a los dioses que le permitieran cambiar la ley para que las hijas de reyes que nazcan con este tipo de poder solo sean inhabilitadas de su magia.
—Sabes que la respeto. A los tres. ¿Pero pedir que me una a ella? —sacudo la cabeza en un gesto de negativa firme.
—No tienes que ceder ante nuestros deseos si es lo que te preocupa —Ebhan toma asiento. Coloca su capa de cuero negro a un lado—. Siempre has sido libre de tomar tus propias decisiones.
—No tengo ningún tipo de interés por vuestro trono. Ni por ser un príncipe —me esfuerzo por relajar los hombros tensos—. Tú sabes cuales son mis sentimientos.
—¿Tus sentimientos? —Ebhan eleva las cejas de manera mordaz—. Te dije que debías aprender a ser práctico, Azohr. Esa mujer con la que llevas años obsesionado no va a darte la vida que puede ofrecerte ser príncipe de Néferien.
—¿Obsesionado? —trago saliva. Elevo la frente—. Tú solo puedes decir eso porque no sabe amar a alguien.
—Teniente… —el príncipe pestañea rápido un par de veces. Su mirada se llena de desconcierto.
—No te obsesionas con el corazón, Ebhan —endurezco el tono, las formas.
—Debes centrarte en lo importante —insiste el príncipe.
—¿Crees que es fácil actuar con cabeza fría? —me levanto de la silla apresurado—. ¿Crees que tú lo dominas? —río—. Cada noche te vas a tu cuarto triste porque añoras un amor como el que tenían tus padres.
Empieza a cansarme eso de escuchar consejos que no me benefician todo el rato.
—¿Cuántas veces me has confesado que desearías tener el amor y respeto que había entre los reyes? —sello los labios en espera de su valentía.
—Azohr… —Ebhan traga saliva. Titubea—. No debes olvidar que hablas con tu príncipe.
—No le tengo miedo a mi príncipe —le lanzo una mirada por encima del hombro—. Aunque parece que solo si acepto un trono, soy digno de su cercanía.
Ebhan permanece callado según se levanta.
Me sigue. Se centra en mis movimientos mientras me acerco a la chimenea para encenderla.
Su gesto es igual de serio que el mío. No está contento con lo que he dicho por la forma en la que se bebe el vino, aunque hace una mueca de resignación tras poner la copa sobre la mesa baja que está delante del sofá. Cierra los ojos al caminar hacia mí.
—Azohr —Ebhan pone una mano sobre mi hombro—. Si esa bruja que amas no te quiere, tienes el deber y el derecho de hacer lo mejor para ti.
—Estoy seguro de lo contrario —dejo caer el peso en la mano que apoyo en el marco superior de la chimenea—. Por primera vez estoy convencido de lo que pienso.
—¿Después de todo el tiempo que ha pasado? —Ebhan se cruza de brazos a la altura del pecho.
El príncipe no sospecha quién puede ser.
Nunca quise hablar de esto con él. Para ser sinceros, me habría ahorrado hablar de sentimentalismos si no fuera porque insiste en que eso es lo que hacen los hermanos.
Me costó convencerlo de que no debería de saber el nombre.
Accedió solo porque decía que, de saber quién era, si algún día la veía no podría evitar increparla para preguntarle las razones de tal desprecio a su teniente.
—Quizás este es nuestro momento Ebhan, y estoy dispuesto a renunciar a todo —tuerzo el cuello con ligereza para hundir en él mis certezas.
—Espero que la decisión que estás tomando sea la correcta —el príncipe asiente con labios apretados—. Si mi hermana se compromete, ni si quiera la reina podrá parar el enlace.
—Entonces nos reuniremos con Efaris. Debe empezar a considerar otros candidatos para el trono de Éxavor —me giro con seguridad. Me acerco a por la copa que Ebhan dejó en la mesa—. Debería de ser alguien que pertenezca al consejo.
—Bien. Deléitame con tu propuesta —el príncipe frunce el ceño. Me observa con una sonrisa de intriga.
—Rigor Thélmeris, mi general de división —le doy un trago a la copa.
—Yo había pensado en alguien como el maestro de inteligencia, es uno de los cargos más importantes del consejo —Ebhan toma asiento. Abraza el respaldo del sofá con los brazos.
—No creo que sea conveniente que el coordinador de espionaje y contraespionaje de Brenshire llegue al trono. Tiene que ser alguien que no tenga poder —estiro los labios pensativo.
Echo una mirada rápida a uno de los criados que esperan órdenes con las manos a la espalda alrededor de la mesa. Chasqueo los dedos, le señalo una de las botellas de la estantería.
—¿Qué propones, teniente Bradosck? —Ebhan deja salir una muestra de orgullo en forma de mirada profunda.
—El general Rigor tiene experiencia como director de las divisiones principales del castillo, y sabe emplear tácticas de lucha de nivel avanzado —comienzo a relatar.
Observo como el criado se acerca con dos copas relucientes y una botella a estrenar del vino amarillo más espectacular.
—Sé que es fiel a su príncipe y que sería una criatura fácil de controlar dentro del trono —doy un paso atrás para permitirle servir—. No queremos que quien acceda al gobierno de Éxavor sea un traidor, ¿cierto?
El sirviente apoya las copas de cristal con cuidado sobre la mesa.
Descorcha la botella en un sonido vacío, pero capaz de poner en marcha a todo un ejército.
Trabaja bajo nuestra atenta mirada. En silencio, y con cierta temblequera.
Una vez que la bebida ha sido servida, se retira caminando marcha atrás hacia su puesto y vuelve a la misma posición.
—Veo que no confías demasiado en el maestro de inteligencia —Ebhan suspira. Se inclina hacia delante para coger la copa de vino.
—Su lealtad a Brenshire ha sido demostrada desde los tiempos de tu padre, pero su inteligencia puede jugarnos malas pasadas —me agacho lentamente para agarrar la bebida.
—Entonces… —el príncipe arquea una ceja.
—Necesitamos que quien contraiga nupcias con la princesa no solo sepa obedecer órdenes, sino que además no tenga idea de cómo gobernar al pueblo —detengo la mirada sobre la suya—. Es la única manera de que Shaqia conserve el poder que Draegor quería.
—Me gusta como piensas teniente, es una lástima que no accedas al compromiso —el príncipe se levanta con el pecho inflado—. Serías un buen príncipe.
—Sabes que soy mejor teniente —sonrío.
—Pénedien —Ebhan voltea, señalándome orgulloso—. ¿Qué te parece todo lo que está sucediendo aquí?
—El príncipe tiene mucha razón cuando dice que la idea del teniente es majestuosa —Pénedien da un paso hacia delante. Se agarra las manos al frente para inclinarse.
—Sabía que tomarse una copa traería buen augurio —Ebhan sonríe. —Tomemos más.
Frunzo el ceño al beber, yo prometí hace dos copas que tomaría la última.
Contemplo como el príncipe agarra la botella por el cuello y se la lleva a la mesa para apoyarla con delicadeza al lado de las que están vacías.
Luego, se sienta. Deja caer el cuerpo de golpe, coge la servilleta para estirarla sobre su regazo antes de meterle otro tiento al tenedor.
—Esta noche no pienso separarme de mi amada —Ebhan señala la botella—. Con ella también encuentro lo que tenían mis padres, aunque desaparece cuando me despierto.
En un gesto silencioso en el que estira la mano, me señala el asiento para que lo acompañe.
Camino hasta la silla, pero cuando la estoy apartando, un incesante golpeteo en la puerta nos pone en estado de alerta.
El príncipe se mantiene sentado. Aparta su capa antes de dar el permiso pertinente.
Envuelve con los dedos la empuñadura de su daga personal.
Mueve las cejas en mi dirección para que cambie de posición y me coloque tras su sillón.
—Que pase quien golpea con tanta premura —Ebhan se recuesta sobre su asiento.
La puerta se abre inmediatamente. La oscuridad del pasillo engulle la visión hasta que los metales de las armaduras brillando nos delata que se trata de un guardia.
Avanza lentamente con una misiva en la mano.
—Mi señor —Tlórin, uno de los guardias privados del príncipe, se inclina—. Una carta del reino de Bhulkahdur fue recibida.
—Gracias Tlórin —Ebhan acepta la misiva haciendo una seña con la mano.
El guardia se acerca para entregarla. Se mantiene estático al lado de la mesa mientras el príncipe abre la carta. Todos los criados guardan silencio y esperan atentos las instrucciones sobre lo que deben hacer a continuación, pues la cena se ha visto interrumpida por segunda vez.
“De su majestad, el rey Wild Nuzgúm, de Bhulkadhur. A su alteza real, el príncipe Ebhan, de Néferien.
Estimado Príncipe Ebhan:
Espero que esta misiva os halle en tan buena salud y con tan buen ánimo como he tenido la fortuna de disfrutar en las horas matutinas de mi reino. La urgencia de esta carta no es otra que avisaros de la imperiosa necesidad de aumentar las protecciones sobre Néferien y extremar las precauciones.
Uno de los grupos que vigilaba los picos de la región suroeste desapareció hace cuatro días.
Solo uno de ellos ha retornado, por desgracia, gravemente herido.
Según su testimonio, un soldado de armadura desconocida empuñando una espada que brillaba ora clara, ora oscura, y cubierto por un velo raído de color azul que ocultaba su verdadero rostro, atacó su campamento y ejecutó a todos sus compañeros.
Pongo en vuestro conocimiento lo sucedido para que vuestra alteza tome las medidas necesarias para salvaguardar a los habitantes de Néferien.
Sin más preludios, su majestad el rey de Bhulkahdur, Wild Nuzgum.”
—¿Qué opinas sobre esto? —Ebhan sacude la carta para entregármela.
¿Un soldado de armadura desconocida?
—Podemos doblar la guardia sobre Brenshire y reunirnos con el rey a primera hora para conocer más detalles —doblo la carta con cuidado—. Deberíamos de avisar a Carsley y Éxavor. ¿Qué me dices sobre Ravenbell y Rhysartyr?
—No crearemos ninguna alarma hasta no estar seguros de lo que contar —Ebhan se levanta apartando la capa para bordear la mesa—. De momento solo avisaremos a la reina Efaris y a la princesa Shaqia, nosotros somos los más cercanos a Bhulkahdur.
—Te acompaño —camino en su dirección.
—Tú busca a Gandar y avísale de lo ocurrido. Adviértele que debe permanecer en palacio, al menos, hasta que todo se aclare —el príncipe sale del comedor junto al guardia sin siquiera determinar si estoy de acuerdo.