Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 4. El reino de Néferien.
6%

4. El reino de Néferien.

(Azohr)

La tierra de la cueva de Ravenbell suena bajo mis pies, me ofrece la única distracción posible a mis pensamientos de camino a los fénixes.

Ni siquiera sé con qué palabra nombrar lo que siento.

Quizás esté devastado. No esperaba que ella apareciera de esta manera, que solo lo hiciera para desaparecer después.

No quería comprender que esto no era el destino, sino una especie de tortura de los dioses.

Si Eladriel supiese todo el tiempo que he anhelado no amarla o desear el tacto de su piel…

. Deja que me acerque a ella, permite que retenga en mis recuerdos su olor a ámbar y toronja para que pensarla me erice el bello.

Y cuando eso sucede, lo entiendo como una confirmación de lo que tanto miedo he tenido de aceptar desde que la vi primaveras atrás.

Siempre he querido más de ella que una visita o una intención.

Siempre la he querido más de lo que debería.

Mim me lanza miradas silenciosas. Observa como guardo la voz durante todo el camino de salida, mientras quito la protección sobre Hai y Shae. E incluso cuando monto e inicio el vuelo. Aun así, permanece siempre cerca y cuidándome las espaldas como si fuera una más de mis extremidades.

—Teniente —Mim finalmente rompe el angustioso silencio—. Antes de montarte en el barco raro ese que vuela, hablabas.

No sabría cómo responder esa pregunta, como empezar…

Pero mi pecho siente algo que no sentía en otras ocasiones, ya no puedo callar la verdad.

Estaba delante. Su mano rozó la mía, mil planes tomaron mi mente y solo quería montarme en Hai.

Deseaba volver a Brenshire para contarle al coronel que aquella criatura que siempre mencionaba estaba en Eryas, la misma que me hizo desear algo un día.

Hasta que la esperanza se volvió más oscura que una noche sin luna ni estrellas brillantes.

Podría asegurarle a la princesa que solo deseo enseñarle a surcar los cielos a lomos de Hai si es lo que ella necesita escuchar para decidirse.

No incumpliría mi palabra. No le habría mentido.

Antes me había convencido de que estar cerca de ella sería peor que mantenerme alejado, más no había escuchado su risa.

No había hablado con ella ni descubierto cuán interesante es.

Mis labios y los suyos no habían estado a punto de unirse.

Ahora prefiero contemplar la curva de su sonrisa a su lado, que volver a Néferien con la falsa promesa de un te amo.

Quizás deba empezar a contarle a Mim esta parte. La dolorosa y real.

—Es un día difícil … —titubeo. Me muerto el labio inferior pensativo—. Intenso.

—Intenso… —Mim asiente con ojos entrecerrados—. ¿Desde cuándo utilizas palabras como esa para describir lo que te pasa?

—No recuerdo que antes levantaras el ánimo así de mal —elevo la ceja izquierda.

—Estás perdiendo tu simpatía natural —Mim rueda los ojos y aparta la mirada con indignación.

—He vuelto a ver a la mujer sin nombre —bajo la cabeza hacia las riendas para distraer mi atención en ellas.

Trago saliva ante su silencio.

—Me gustaría que dejaras de estar intenso para poder entenderte —el coronel arruga el entrecejo.

—Aquella de la que hablábamos hace algunos años en la taberna —carraspeo mientras rasgo algunos hilos con la uña.

—¿Quién? —abre los ojos. Dejando la mota de su pupila izquierda brillar con la intensidad que me reclama tener.

—Si sigues así de torpe, voy a tener que destituirte —trago saliva.

—Perdona por no saber quién es una mujer a la que apodas “sin nombre” —Mim se resigna, pero con esa ironía que detesto.

—Hablo de la princesa —confieso finalmente.

Los ojos de Mim quieren escaparse de su hueco tras lo que escuchan.

Tras ver que solo me observa ojiplático, aparto la mirada.

Ya sé que cara pondrá. De momento solo ha guardado silencio, pero he visto por el rabillo del ojo como mueve los labios de forma inútil mientras trata de encontrar las palabras correctas. Y más le vale encontrarlas.

Shae, al contrario, no ha dudado ni un segundo en hacerle un reclamo a Hai. Le ha hundido la mirada en una sacudida de cabeza. Está enfadada por su silencio y le exige la verdad, una verdad que no tiene ningún derecho a revelar si no es mi deseo.

—Azohr… —Mim se humedece los labios con torpeza—. Sé que por algo Ebhan te nombró teniente, pero debo recordarte que la princesa no debería…

—Sé que hay una norma. Que es un hada. Que su padre nos desprecia —le interrumpo para dejarle claro que no quiero sus advertencias—. Créeme, ya me he torturado durante mucho tiempo con todo esto.

—He sido testigo de tus desahogos —la mota de su pupila formada al contener alguna lágrima traviesa brilla con un atisbo de tristeza—. Lo siento.

—Me sorprendes —alzo la mirada de inmediato—. ¿Qué es exactamente lo debes sentir?

—¿Te has visto la cara? —Mim se ruboriza ligeramente. Tamborilea con los dedos sobre las costuras de la montura—. Sin ofenderte, teniente.

—No es necesario hacerlo, puedo sentir cosas que tú no ves —trago saliva.

—Eso es lo que siento, Azohr —sus ojos se abren ligeramente al dedicarme esas palabras—. Tu tristeza.

—No estoy triste, coronel —asiento con firmeza—. Ojalá sintiese eso. Al menos sé que pasaría en algún momento.

—¿Y Eladriel? —se inclina con curiosidad—. ¿Qué piensa ella?

—Me gustaría decirte que lo sé, aunque fuera un no rotundo —suspiro cuando el recuerdo de la cercanía en Brenshire me envuelve—. Casi la beso. Sentía su respiración tan cerca que no me hubiera importado quién hubiese entrado en ese momento.

No es posible que mi magia se haya equivocado tanto.

Yo lo he sentido. Ella no se ha mostrado indiferente a la forma en que mis ojos recorrían deseosos todos los rincones de su cuerpo.

No podía ocultar que soñaba reencontrarme con ella.

Su mirada no podía mentir tan alto y de una forma tan eficiente.

Y el modo en la que caminaba de mi mano en la oscuridad de la cueva…

Sus pensamientos salían en forma de hilo fino ansiosos por ser escuchados.

Tuve que luchar mucho para ignorarlos, para no invadirlos.

—¿Has visto lo cariñoso que es su padre? —Mim enarca las cejas. Resopla—. No me gustaría estar en tu lugar si se entera de que su querida princesita está dándose besos con un asqueroso brujo —estirando las manos al frente—. Y de nuevo, no te ofendas.

—¿Y crees que a mí lo que diga esa bestia me importa? —niego con la cabeza—. Si tuviera la certeza de que Eladriel me necesita…

—Será genial que los diviertas en uno de sus aburridos días de ricos estirados —Mim apoya la mano sobre el muslo para inclinarse—. Te torturarán hasta que te reúnas con Beliel.

—Si me guiara por el miedo hacia ellos, no habría intercedido por ti —esbozo media sonrisa.

—Los dioses son más poderosos que Eliot. El rey solo tiene poder en Ravenbell, pero ellos gobiernan todo Órianth —Mim arruga la frente.

—Solo me importa lo que piense Ebhan —dejo caer la comisura al recordar al príncipe.

—¿Lo sabe? —hoy, no deja de salir de su asombro.

—Eres la tercera persona que conoce el nombre, y él no es uno de los otros dos —carraspeo.

—¿Qué crees que diría? —Mim arquea una ceja con intriga—. El príncipe Ebhan te aprecia realmente.

—No tengo nada que hablar con él —tiro hacia atrás de las cuerdas que dirigen a Hai y le golpeo ligeramente el lomo con el pie para acelerar—. La princesa no ha aceptado mi propuesta.

—A riesgos de que tu fénix me desgarre con sus afiladas zarpas por lo que voy a decirte… —Mim se acerca. Acelera a Shae después de sacudir los correajes—. Es lo mejor.

—Un argumento un tanto rutinario y pobre —niego sonriente—. Deberás ser original, porque he tenido mucho tiempo de aprenderme algunos muy a fondo.

—¿Me alegro de que conserves la cabeza? —el coronel arruga el entrecejo.

—No ha aceptado mi propuesta, Mim —ladeo el cuello para fijar la mirada en él—. Aún.

—Ya la viste una vez y te alejaste —sonríe Mim—. Podrás hacerlo de nuevo.

—No —niego al instante—. Entonces no tenía nada que perder si me alejaba, pero ahora sí —afirmo con seguridad—. Ahora sé que ella también desea lo que yo, y no voy a rendirme ante eso.

Mim niega. Pasa la mano por su frente al ver que sacudo las riendas de Hai para adelantarme.

Acelero a todo lo que sus alas puedan tomar el aire a pesar de que aún no me he hecho al límite de su velocidad sin que haya peligro.

Solo esa sensación debería ser suficiente para arrancarme el control, pero sigo estando lo bastante cerca de Mim como para olvidarlo.

Hai respira acelerado cuando tiro de las cuerda con intenciones de que el aire me corte el aliento.

Que el viento me arranque los pensamientos de golpe y solo pueda concentrarme al frente para no morir en un pestañeo.

Mientras, un eco lejano reproduce mi nombre.

Mim. Mi cuerpo solo lo ignora porque tiene un propósito, mi mente me pide dejar de ser y enfocarme en Néferien.

En Brenshire. En la buena copa de vino que me serviré para pasar las cosas que se han quedado en el medio de mi garganta.

Y estoy seguro de que eso no podrá ayudarme a deshacerme de todas.

—¡Teniente! —Mim se coloca al costado derecho de Hai con el semblante blanco y desencajado—. ¿Es seguro que te encuentras bien?

—Lo que observas debería de ser suficiente respuesta a tu pregunta —tiro de las riendas de Hai de forma brusca. Giro hasta que ralentizar su paso.

—Has estado a punto de chocar —estira los ojos molesto.

—¿Te preocupa que no lo hiciera? —río. Dejo que mi ironía se escape.

—Tendría que haber dejado que lo hicieses, necesitas que se te baje ese ego —rueda los ojos antes de adelantarse con Shae.

Las piedras de los muros de Brenshire crecen según nos acercamos.

El puente largo visto desde la distancia, no se observa ni la mitad de tedioso tras dos horas de vuelo.

Nunca antes necesité tanto estirar las piernas.

Desmonto. Hai estira el pecho, se inclina hacia delante sacudiendo las patas antes de encorvarlas para alejarse hacia el campo de fénixes.

Yeziel sujeta con firmeza el pomo de su mandoble. Dibuja una sonrisa que ocupa todo su rostro cuando nos ve llegar.

—Buenas tardes, honorable teniente Bradosck —el guardia estira la espalda.

—Tan servil como siempre —enarco la ceja izquierda. Me cruzo de brazos y dejo caer el peso sobre una pierna.