Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 3. Entre el deber y el deseo. #7
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3. Entre el deber y el deseo. #7

Doy gracias de que, al menos, no esté tan lejos de mi dormitorio.

Algún lacayo y algún guardia vaga tranquilo por los pasillos y me saludan con total normalidad mientras siguen su camino sin un recorrido establecido.

Parece que solo disfrutan de estos instantes de paz que le otorgan los pocos momentos de silencio.

Al llegar al último escalón del torreón, el guardián de puertas del torreón de la sala de curas me hace una reverencia.

Asiente y abre. Debía estar esperando a que llegase en algún momento.

Pocas veces he visitado la enfermería, gracias a los dioses.

Es un lugar apagado a pesar de la luz que pueda entrar a través de las ventanas y ventanales.

Cuando cruzas la puerta, es como si todas las sensaciones buenas decidieran abandonarte.

En un suspiro la tristeza, la nostalgia, y el anhelo de tranquilidad son los que ahondan en la mitad de las tripas.

Ni siquiera los colores vibrantes de las cortinas y vestiduras de las sillas, o las camas bien elaboradas a base de madera fina, pueden borrar esa sensación.

—¿Tien? —susurro.

Busco a tientas su camilla.

—¿Estás dormido? —pregunto al llegar a la que está colocada bajo la ventana.

Se mantiene con los ojos cerrados, pero, las heridas han desaparecido por completo.

Su pelo está intacto. Su ropa ya no tiene rotos ni jirones y en su cuerpo ya no hay ninguna señal de la caída.

Impresionante teniendo en cuenta que, tan solo unas horas atrás, parecía el escudo de entrenamiento de un hada novato.

Aunque no demasiado si me pongo a pensar que hace exactamente ese mismo tiempo, el sentimiento que hubiera experimentado al entrar y verlo en estas condiciones sería muy distinto.

Eso me inquieta aún más.

—Eladriel… —susurra Tien. Se humedece los labios débilmente—. Por fin —se obliga a levantar para hacerme una reverencia.

—Olvida las reglas en este momento —me inclino hacia delante para recostarlo de nuevo.

Un cosquilleo de incomodidad me recorre desde las yemas de los dedos cuando entramos en contacto. Parece que le han dado un frasco de elixir del sueño para que descanse y termine de recuperarse. Su cabeza se mueve hacia los lados como si estuviese aturdido.

—Te he esperado toda la tarde —Tien sonríe levemente. Sus labios están algo pálidos, pero sus mejillas tienen mejor color—. Me han dicho que corriste a Néferien a buscar un brujo que me curase —traga saliva. Ahoga un quejido mientras se lleva la mano al hombro—. Eso te traerá problemas con el rey.

—Mi padre entenderá que debía ayudar al hijo de su primer cancilier —tomo asiento en el borde de la camilla. Evito su mirada.

—Ambos sabemos que tu padre no suele entender muy bien tus propósitos —lanza una frágil sonrisa nasal.

Él debe saber muy bien de lo que habla.

—No hagas esfuerzos —me obligo a poner un tono dulce mientras coloco la sábana que le cubre hasta la mitad—. Lo importante es que duermas y descanses para recuperarte.

—No le des importancia a cómo me ves ahora, para el baile estaré perfecto y seré tuyo toda la noche —el hijo del cancilier busca mi mano con insistencia por la superficie de la cama.

Ante ese gesto, se la ofrezco. Solo mentirme a mí misma por hacerlo me hace sentir peor, que mentirle a él a la cara en su estado.

Pero, apiadándome de él, no podía hacer otra cosa.

No creo que esté en condiciones de enfrentar nada en este momento.

Aunque físicamente parezca estar recuperado, es evidente que su conciencia no está trabajando con habilidad.

—Estoy segura de ello —finjo una sonrisa.

Contengo el resoplido de molestia que me produce en estos momentos solo su aroma.

—Quédate conmigo —aprieta sus dedos. Los entrelaza con fuerza contra los míos—. Te necesito.

Tan solo asiento con una sonrisa temblorosa.

Algunos parpadeos intensos lo distraen momentáneamente, y, mientras el elixir hace su efecto, las palabras que acaba de pronunciar resuenan en mi cabeza como nunca antes.

Te necesito. Sé que no soy lo más importante para él.

De hecho, para Tien, significo lo mismo que él para mí.

Ese ha sido precisamente el motivo por el que jamás he creído necesario sentarse a dejar claro nuestra posición.

No es indispensable hablar cuando los actos están gritando por sí solos.

Varias veces me dejó claro que no había sido una sugerencia por su parte empezar con estos encuentros.

Sin embargo, jamás declinó ninguno. En ellos era la criatura más amable sobre Ravenbell, sonriente y gentil en cada uno de sus movimientos, pero fuera…

Jamás me ha necesitado hasta este momento.

Si bien es cierto que no tiene accidentes de este calibre de manera frecuente, los dos hemos estado en situaciones poco favorables.

Puedo asegurar con la mano en el pecho que su nombre es el último que ha pasado por mi cabeza.

Tien se sume en el mundo de los sueños mientras acaricia la piel de mi mano.

Cuando compruebo que está profundo, me levanto lentamente de la camilla.

Con cuidado y dos dedos, sujeto su brazo para colocarlo sobre las sábanas.

Sin despertarlo. Ya no puedo confiar en nada de lo que diga.

Si nunca mintió, pediré su perdón por haberme marchado tan pronto como se quedó dormido.