Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 3. Entre el deber y el deseo. #6
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3. Entre el deber y el deseo. #6

O puede que eso sea el reflejo de los míos.

—El deseo no es suficiente para tomar decisiones tan peligrosas —la seriedad en el tono que empleo es suficiente para que su cuerpo se destense. Se aleje.

—¿Qué sería suficiente? —Azohr me mira con desconcierto.

—El amor, teniente —sentencio.

—Eladriel… —con voz nerviosa, echa un vistazo rápido al fondo para ver cuánto nos separa del resto—. A riesgos de que pienses que soy un idiota que no comprende tus palabras, siento que debo intentarlo una vez más. Si encuentro la manera de que nadie me reconozca en Eryas, podríamos…

—No —mi mirada es un pozo de mentira. Por dentro, los nervios me tienen temblando como una hoja—. La coherencia habla por sí sola. Hace un momento has sido testigo de la manera en que mis padres os han recibido.

—Necesito una respuesta sincera —su cuerpo se mueve en un intento de dar un paso hacia delante—. Necesito saber si realmente no deseas verme, o si solo estás siguiendo tu razón.

—Ambas dos, Azohr —una presión en el pecho me hunde hacia abajo.

Sé que se alejará para siempre si le miento. Pero le miento.

—¿Y el beso? —la tristeza se refleja en los ojos del teniente. En su voz entrecortada. Su decepción es más evidente que la mía, pero no más dolorosa—. ¿Por qué dijiste que lo deseabas? ¿Qué todavía lo esperabas?

—Lo deseo, teniente Bradosck. Pero no puedo confundir el amor con el anhelo a unos labios —evito su mirada. Me alejo a pesar de no quererlo.

—No quiero ser el teniente Bradosck —endurece el gesto—. Hace unos minutos tomabas mi mano como si no lo fuera.

—Intenta guardar la calma, pueden pensar que discutimos —hablo entre dientes.

—¿El protocolo tampoco te deja tener desencuentros? —separa las manos en un gesto de sarcasmo.

—¿Con el teniente enemigo de mi reino, en un lugar donde podrían apuntarte cincuenta guardias a la sesera? —me vuelvo rígida. Lo miro directamente a los ojos—. No. El protocolo no me deja, y mi razón tampoco.

—No quiero volver a ver a los guardias, ni a tu padre. Ni tampoco pisar este reino —eleva la voz ligeramente—. Necesito verte a ti.

—Yo no puedo marcharme como tú —sostengo con firmeza—. Pagaré todo lo que hagas ahora.

—Princesa —Azohr se aleja. Su postura se vuelve recta y de protocolo—. No puedes controlar todo. No está a tu alcance gobernar lo que sientes, lo que transmites.

—Si estuviera convencida de que eso es posible, no habría aceptado entrar en tu castillo —sello los labios.

—No puedes decirme que deseas que me aleje de ti después de aferrarte a mi mano —Azohr suspira—. No después de acceder a que haga mío tus labios.

—Eres tú quién no puedes pensar que verme será tan fácil como buscar un escondite —le lanzo una crítica con voz afilada.

—Sé que no será tan fácil como hoy. Ya sé que no puedo dejar que vean a Hai ni podré entrar si los guardias del rey me ven —arruga el entrecejo con tristeza—. Pero aun así quiero intentarlo.

—Me encantaría ser igual de valiente que tú, teniente —mi razón habla por mi corazón una vez más, y duele como nunca antes.

El silencio se cuela entre nosotros tras esas palabras.

Mim, Maren y el resto están a poco pasos de nosotros y eso será el fin de nuestra conversación, aunque yo sigo a su lado.

Él sigue al mío. Nos rozamos en vagos momentos mientras dura la despedida, y me doy cuenta de que será difícil convencerme de que debo mantenerme lejos.

Cuando el barco atraca, Lance abre la pasarela para que los brujos puedan zarpar.

Me hacen la debida reverencia antes de iniciar la caminata bajo el adiós alegre de Lugh, Lynn…

En cuanto a Azohr y a mí. La despedida no se ve igual en nosotros por mucho que tratemos de esconderlo.

Un hormigueo abrasador recorre mi abdomen cuando el barco empieza a alejarse.

Por ser consciente de ello. La amarga conversación con la que le he dado el último adiós al teniente me hace temblar las piernas, pero también me mantiene firme en mi decisión de protegerlo a él y a los reinos.

Prefiero que se marche despreciándome por haber rechazado su compañía, que llorar su muerte para siempre.

—Eladriel —Lynn apoya la mano en mi hombro—. Intenta mantener la calma cuando lo veas. Llamar la atención no será beneficioso para ti.

—Tranquilos —observo como Azohr se aleja—. Sé que debo ser prudente.

—Debes ser inteligente, Eladriel —Maren se sitúa frente a mí opacando mi campo de visión—. No eleves la voz, intenta mantener la calma, y sobre todo no dejes que Tien te manipule.

Bajo la mirada por un suspiro profundo. No puedo evitar sentir tristeza y hace tiempo que ni siquiera sentía. Esas palabras no solo son un recordatorio de todo en lo que se ha basado nuestra relación hasta ahora. Son también el anuncio de la vida que me espera si no consigo desprenderme de él.

—Si quieres te acompañamos para que ese traidor cante como un pajarito. Podría lanzarle una esfera de luz y rematarlo —Lugh se coloca frente a mí ondeando el brazo.

—No te preocupes, pequeña criatura desvalida —le sonrío de forma amigable. Es lo menos que se merece después de haberme sacado de mis pensamientos—. Tien no me preocupa en absoluto, quién de verdad me da pavor es mi padre.

—Todos lo comprendemos —Maren suspira.

—Si nos necesitas, asómate al torreón y grita —Rani abraza a Maren por la espalda con ternura.

—Gracias —les sonrío. Los miro con los ojos brillantes—. Nadie me ayudaría mejor que vosotros.

Nos despedimos mientras hacen muecas de apoyo.

Al entrar en el palacio lo veo tan solitario y silencioso, que la calma que resuena entre las paredes me sobrecoge.

Es inusual. Atravesando el pasillo principal, se encuentra el torreón de la enfermería.