3. Entre el deber y el deseo. #2
—No será una conversación interesante —niego con una sonrisa de burla—. Ni larga.
—Tienes razón. No es un buen momento ahora que estamos tan ocupados —la forma en que cruza un pie sobre el otro me distrae de su molesto tono irónico.
Preferiría poder decirle que no soy tan interesante como cree.
No sé qué más podría contarle sobre mí después de todo lo que hablamos en el vuelo.
Le he contado la estructura del ejército de las hadas.
Los juegos del festival de las estaciones y hasta cómo se intensifican y modifican nuestros dones con la edad.
—Nunca pude elegir entre la lectura y la música —mi voz se escapa rápida sin que lo haya ordenado.
—¿Acaso podrías jurarlo? —el teniente utiliza las manos para recuperar la postura—. Apenas me había dado cuenta de lo que te cuesta decidirte.
Para ser alguien tan serio, recurre mucho al sarcasmo…
—Si quiera dar una respuesta sincera, diría que disfruto de leer mientras suena la música —afirmo haciéndole caso omiso—. De escribir.
—Grandioso. Hay algo con lo que sí parece que puedes atreverte a elegir… —me dedica una mirada satisfecha.
—Tengo claro que eso me gusta —revelo con una sutileza mordaz.
—Merecía tu afilado comentario —asiente con labios apretados.
—Uno de mis lugares favoritos es la torre de las lenguas —sonrío. Continúo con la presentación sobre mí—. Tiene una biblioteca en la que los estantes te susurran sus secretos.
—A Draegor le encantaba llevarme a esos sitios —Azohr aparta la mirada hacia las cataratas por un momento—. No debes fiarte de ellos, cambian la historia según lo que desees.
—Sabía que aquel libro que Maren me recomendó era raro desde que salieron las primeras princesas con espada —arrugo el ceño por el recuerdo.
—Entonces… —Azohr me busca con la mirada mientras se inclina hacia delante—. Los libros y la música —ladea la cabeza ligeramente hacia un lado—. ¿Algo más?
Creo que nunca me detuve a pensar tanto en mí.
Tampoco nadie había mostrado especial interés en conocer tantos aspectos.
Solo me falta desvelar que hace tiempo estaba preocupada porque mi padre se sintiera orgulloso de su princesa.
Lo buscaba. Trataba de mostrarle lo poco que aprendía.
Siempre ha esperado que me convierta en un bestia como él, pero siento que hasta eso sería insuficiente.
Yo nunca podré ser lo que desea porque soy una mujer, y eso nunca cambiará.
Pero quizás, eso sea demasiado para ser la primera vez que hablamos.
—Tengo gustos sencillos —miento sonriente—. Disfruto de leer cualquier archivo de la ciudadela en el que pueda aprender sobre otras criaturas, sus culturas…
—Y… —junta los labios en un silencio dudoso según da un paso al frente—. ¿No hay algo más que capte tu atención?
—¿Qué esperabas escuchar? —dibujo una sonrisa genuina que hace tiempo que no sentía.
—Esperaba entrar en la lista de todas esas cosas por las que se te ve tan emocionada —Azohr se rasca la nuca.
—No creo que yo formara parte de la tuya hasta antes de esta mañana —río.
Azohr echa un vistazo rápido a Maren y Mim. Ellos siguen absortos en el paisaje fuera de la borda. Se acerca. Su mano se estira. Trata de alcanzarme a la mano, pero se detiene justo antes de que Lance recorra el espacio con la mirada asegurándose de que todo está en orden.
—Ese día que te vi en Néferien pensé que había visto a la criatura más hermosa.
Ningún rostro igual en ningún reino de Órianth —Azohr guarda silencio.
Sus ojos lucen llenos de verdad mientras dibuja una sonrisa—.
Mi aspecto ha cambiado un poco, es cierto, pero tú cara sigue siendo la más hermosa que jamás vi.
El recuerdo que mencionó en el salón de Brenshire aparece vagamente en algunos rincones lejanos de mi mente cuando su mirada intensa se encuentra con la mía.
Aunque encuentro sus ojos más profundos.
La imagen se esparce rápidamente por mi mente como si fuera un eco que quiere revelarme un oculto secreto.
El príncipe Ebhan se encuentra en compañía de un joven delgado, bastante más pequeño que la actual figura que posee Azohr.
Está frente a una estantería repleta de libros con cubiertas con letras en bronce.
Mi padre, mi madre y la reina Efaris parecen discutir asuntos en la punta de la alargada mesa.
Tien ríe. Sus carcajadas apuntan a los ojos azules que no dejaban de mirarnos desde lo lejos. O tal vez…
—El brujo que acompañaba a Ebhan… —lo miro con detenimiento.
Me aseguro de que todos los detalles que he observado en mi mente sean iguales.
—Te dije que mi aspecto había cambiado un poco —Azohr me recorre con la mirada hasta centrarse en mis labios—. Pero mis ojos siguen aferrados a la imagen de aquel día. A ti.
Toda mi espina dorsal se tambalea ante su gesto.
Si estuviera en un lugar donde no corriéramos el peligro de morir, sin dudarlo me lanzaría a probar sus labios.
No puedo negarme que lo deseo. Pero no de la forma en que he deseado a Tien.
No solo ansío besarlo y dejar que sus caricias vayan más allá de su control, también anhelo conocerlo y dejar que me conozca.
Si todo esto es algo que yo siento sin apenas recordarlo, sufro por pensar qué siente él. Tiene el poder de hacer que quiera enfrentarme a mis límites para descubrirlo.
—Creo que deberíamos acercarnos a Maren y Mim. Mientras menos tiempo pasemos hablando a solas aquí, mejor será… —me aclaro la garganta para animarme a retroceder.
—Sería un buen momento para que tomaras otra de tus decisiones —Azohr me insiste con la mirada.
—Ahora no es momento para pensar en mí —la alejo de la suya—. Tien necesita vuestra ayuda, ¿recuerdas?
Su semblante cambia por completo al incluirlo en la conversación, pero sufriría consecuencias si no llega a ayudarle.
El rey es más peligroso de lo que cree. Cuando se trata de mí, su ira se desata sin piedad.
Me gustaría pensar que me quiere tanto como para protegerme, aunque no desconozco que lo hace como manera de preservar su trono.
—He intentado olvidar que nos hemos reencontrado por culpa de una criatura moribunda que necesita ayuda —suspira el teniente.
—Hacer de héroe sí parece propio de ti —dibujo una sonrisa.
—¿Crees que es a esto a lo que me dedico? —sacude la cabeza en un gesto de negativa mientras esconde una sonrisa entre sus labios—. Solo estoy aquí porque Yeziel te ha mencionado.
—Que honor —bromeo. Realizo una ligera inclinación—. ¿Debería sentirme importante?
—Deberías —se acerca para posar su mano sobre mi rostro.
Intento apartarme y correr hacia Maren, pero Azohr baja la mano con tanta rapidez para sujetarme por la cintura e impedir que me marche, que solo puedo permanecer inmóvil ante él.
Yo recorro el alrededor con la mirada y la respiración acelerada por temor a que cualquiera de los ojos que trabajan para mi padre nos vea.
Él tiene una calma que no parece lógica.
—Creo que no eres consciente del peligro que corres si no me sueltas —tiro con fuerza de su brazo para apartarlo y retroceder.
—Solo quiero saber algo antes de que te alejes —los ojos de Azohr se encienden.
—No sé si podría… —titubeo.
—¿Querías ese beso en Brenshire? —Azohr me pregunta con tanta súplica en la mirada, que no puedo negarnos la verdad.
—Aún lo quiero —me alejo presta hacia donde Mim vitorea a Maren.
El estómago me cosquillea. Echo la vista atrás en un breve instante de cobardía para observar cómo Azohr se despeja los mechones con la mirada todavía fija en mí.
En cómo me alejo. De dos zancadas pasa por mi derecha.
Roza levemente su brazo contra el mío para situarse al lado del coronel.
Los dos aclaman las piruetas y giros que hace Maren fuera del barco, pero están tan cerca de la barandilla que no puedo evitar que mi pecho se apriete.
El barco atraca frente a la verja del palacio tras fondear el ancla. Lance se acerca a la borda algo encorvado. Supongo que su espalda está resentida de vivir en ese camarote desde hace casi tres mil años. Abre la pasarela de nuevo para desembarcar.
Las figuras de Aivtor y Essoi sobre las columnas de la verja siempre captan la atención de los visitantes.
La muralla de piedra blanca que rodea el palacio me trae amargos recuerdo, este lugar se ha convertido en mi prisión durante los últimos seis años.
Paseo por el jardín, pero no encuentro libertad.
Los guardias de la puerta nos esperan inclinados y con las hojas abiertas para permitirnos el paso.
Caminamos sobre la pasarela ancha y larga.
En ella están los bancos de granito blanco con matices naturales de color rosado situados a ambos lados.
—Admito que, quizás tanta flor, resulte poco reconfortante —el coronel arruga la nariz poco conforme.
Llegando al final de la pasarela, las puertas del palacio se separan bajo un sonido imponente.
Los guardias se inclinan. Mi padre aparece entre las hojas con su corona.
No negaré la real apariencia que le otorga el metal con el poder del agua y de la luz sostenidos por el viento.
Ni su presencia. Pero su rostro… No aparenta satisfacción por la llegada de los brujos.
—Buenos días, majestad —Azohr habla con una fuerza que no ha usado en todo el viaje. Se inclina con el gesto torcido.
Mim, Maren y yo hacemos una reverencia en silencio.
—Buenos días, teniente Bradosck —mi padre lo mira con su soberbia frialdad. Con los puños cerrados y el cuerpo totalmente tenso.
Mi madre aparece con su corona de pinchos y gemas rojas que resaltan el blanco de su piel y sus labios carmesí. Su pelo es cada vez menos negro y más blanco. Desde que no sale de palacio siempre lo lleva trenzado en pena.
—El profesor Sheilag nos comentó el accidente de Tien. Dijo que había ordenado a la princesa ir a por ayuda de los brujos de sanación —mi madre se coloca al lado de mi padre con una expresión seria, bastante poco común en ella con este tipo de visita—. Esperábamos a alguien de Berato.
—Mi señora —Azohr se inclina con mucho más agrado que hacia el rey—. La princesa acudió a Brenshire en lugar de al pueblo de los sanadores.
—Entonces, tú deber era llevarla hasta allí —espeta mi padre con autoridad.
—Tenéis una hija difícil de convencer —el teniente me mira de reojo mientras reprime una sonrisa.
El rey cierra ligeramente uno de sus ojos.