Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 3. Entre el deber y el deseo.
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3. Entre el deber y el deseo.

(Eladriel)

El interior de la cueva no está excesivamente oscuro.

Las grandes antorchas engastadas en las paredes rocosas están encendidas y alumbran el camino con algo de claridad.

Lo agradezco a pesar de que conozco cada roca del camino de memoria.

He elegido esta ruta para salir de la hondonada en varias ocasiones por ser la más eficaz para no ser vistos.

Hasta que mi padre lo descubrió. Fue construida para que las criaturas sin alas de Órianth accediesen de un lado al otro de la montaña.

Creo que un fénix podría estirar las alas aquí, pero mi padre les prohibió entrar alegando que son demasiado peligrosos para el reino.

Deseo pensar que teme al fuego que escupen.

El suelo es de tierra. Cuando se moja, deja un olor que emana de ella y embriaga el túnel en su totalidad.

El resto de criaturas lo encuentran desagradable, pero a mí el olor me reconforta.

Me recuerda a mi hogar. Contemplo el techo cóncavo digno de la creación de los dioses a pesar de que conozco cada arista que lo conforma.

Trato de mantener mi mente alejada del teniente.

Está demasiado cerca. Entrecierro los ojos sobre los picos en tonos negruzcos por la luz de la llama abrazándolos durante milenios.

—¿Sólo una cueva? —Mim observa con asombro las partes que conforman el interior. Sus ojos están abiertos—. Confieso que esperaba un gran palacio.

—¿Dentro? —Maren frunce el ceño.

—¿Sabes que el pueblo de los enanos está dentro de una montaña? —Mim entrecierra los ojos.

—Bien —Maren tuerce los labios con burla—. Ahora solo faltaría que pudieras diferenciar entre una montaña y una cueva —arruga la frente con ironía.

—Podría estar oculto —Mim toca la piedra fría y húmeda. Sus dedos se llenan del musgo y la tierra que hay sobre la piedra—. Aunque admito que no parece haber ningún rastro.

—No hay palacios aquí dentro —mis palabras captan su atención de inmediato. Sonrío de forma amable—. Este camino es una orden directa de los dioses a mi padre. Él debía crear un acceso rápido a las criaturas que no tienen alas.

Mim se asombra cada vez más, abre los ojos antes las palabras de Maren.

Se ha dedicado a explicarle el origen de cada uno de los elementos del camino.

Desde las estatuas hasta el grabado en forma de corona que envuelve el fuego de las antorchas.

Al teniente, sin embargo, parece que no le interesa en lo absoluto lo que entretiene a su coronel.

Como a mí. Nos he observado siguiendo sus pasos en silencio.

Tras minutos de distancia, siento su mano deslizarse casi sin tacto por mi espalda.

La cuela entre los mechones de pelo que caen sobre mi hombro.

Da un paso que lo arroja a mi lado. Analizo la distancia entre los movimientos de Maren y Mim mientras escucho como Azohr ríe por sus gracias.

Su sonrisa destaca en la penumbra. Pienso en su forma de comportarse al estar cerca justo cuando sus dedos se abren paso entre los míos buscando que me aferre a él.

La sensación que me recorre me quema. La acepto bajo la intimidad que nos ofrece la poca claridad que nos rodea, es perfecta para dejarme vencer por todo lo que antes estuvo a punto de derrotarme.

Las posibilidades de morir en mi reino son altas y preocupantes teniendo en cuenta que somos inmortales.

Preferiría perder mi esencia por esto, antes que desfallecer por Tien.

—Sé que te encantarán las vistas de Eryas. Es el palacio más imponente de Órianth —Maren une las manos en un gesto de emoción.

Parece que se ha recuperado por completo de ese tortuoso viaje que mencionaba hace un momento.

Su sonrisa de siempre ha vuelto. Se mueve con bastante soltura cerca de la sombra del coronel.

Maren ha relatado con minuciosa atención a los detalles, las anécdotas y curiosidades sobre el palacio y sus pueblos.

Cuáles son los últimos eventos relevantes.

Gracias a los dioses que percibimos una fuente de luz que nos muestra sus últimas palabras…

Nada más salir del intenso destello se aprecia la majestuosidad de las cataratas de Silverfall abrazando la parte trasera del palacio.

Las aguas descansan en un lago. Vémtix dejó un gran hueco en el suelo que retiene el agua cuando levantó la tierra para construir el hogar del rey de las hadas.

Su envergadura hace que, desde las torres más altas, el estómago siempre me chille.

Incluso si vuelo. El paisaje tiene miles de árboles a su alrededor.

Sobre las orillas. Los almendros rodean las zonas cercanas y sus flores están dibujadas en la bandera del reino como representación.

Pero también hay cerezos, sauces, árboles de sangre de dragón…

Todos ellos me deleitan. Los colores blancos, rosas y verdes se expanden por las rocas más cercanas a la humedad.

Por rocas y montañas reflejándose en la superficie transparente.

—¿La tierra está en…? —Mim titubea. Sus ojos abiertos casi podrían salirse de las cuencas—. ¿Tu palacio… está en el aire?

Camina tan distraído por lo que captan sus ojos, que en un momento Azohr se ve obligado a sujetar su brazo para impedir que caiga al vacío.

—Pensé que conocerías esta historia —camino hacia él con una sonrisa despierta.

La mano del teniente se despide de la mía cuando la luz nos amenaza con delatarnos.

—La diosa de la magia levantó la tierra para que el agua del dios Aivtor encontrara reposo. Llenó de poder el único árbol que descansaba en la superficie para que lo sostuviese en el aire —deslizo la mirada sobre la hondonada.

—Aivtor y Essoi pensaron que este era el mejor lugar para que su hijo y las hadas vivieran —Maren sonríe ilusionada por su reacción. Ha sido tal y como ella lo esperaba.

—Esto tiene más de diez torreones —el coronel todavía cuenta las torres a lo lejos.

—Deben tener visión a los pueblos de Eryas —contemplo su emoción sorprendida—. Cada milenio se agregan dos torreones nuevos desde los que se puedan ver los nuevos hogares.

—Estoy segura de que esto no es lo que más os sorprendería… —Maren dirige una encantadora mirada hacia el teniente. Hacia Mim.

—¿Crees que nos harán pasar un buen rato? —el teniente arquea una ceja. Esboza una irónica sonrisa.

—Pero… —Mim deja caer la mano con torpeza. En medio de su entrecejo se forma una arruga—. ¿Cómo llegaremos al palacio?

Como contestación a su pregunta, el barco de madera rojiza zarpa del muelle de Silverfall.

No hay un solo arañazo en el casco rojo y dorado.

Tiene un solo camarote en el que vive Lance, el capitán y encargado de la embarcación.

La quilla no mide más de veinticinco metros de largo y el ancla que cuelga de la toldilla tiene un hada forjada en su caña.

En el palo mayor hondea la bandera de Ravenbell con una gran flor de almendro grabada en ella.

El timón está justo debajo del castillo del navío, donde normalmente se sitúan los altos cargos cuando vienen acompañados de algunos de sus sirvientes.

Si ellos se atreviesen a estar en ese lugar, mi padre no los dejaría salir de aquí con vida. Estoy segura de ello.

—Esto no es cierto —Mim niega. Deja caer su mandíbula—. ¿Lo ves? —golpea el pecho del teniente con fuerza.

—¿Acaso pretendes que deje de hacerlo? —Azohr tose por los golpes.

—¿Alguna vez viste algo sin alas, volar? —Mim le lanza una mirada de reproche.

—Te llevaré a más misiones, coronel —Azohr ladea la sonrisa.

—Me quedaría en este reino solo por tenerte lejos —Mim entrecierra un ojo furioso.

—Espera a conocer a los reyes —le dedico una mirada de advertencia—. No tengo dudas de que después de compartir tiempo con ellos, este lugar dejará de parecerte tan maravilloso.

La sonrisa de Azohr se amplía mientras Maren trata de disimular la suya.

—Estará arrepentido de sus palabras antes de salir del palacio —asegura Azohr. Coloca la mano de un movimiento ágil sobre la nuca del coronel.

Observo los cenadores del jardín del palacio cuando estoy en las alturas.

Retengo en las pupilas por un instante el del invierno, ese siempre será mi favorito.

También puedo ver las estatuas de alabastro esculpidas con túnicas y espadas de cruces que representan la guardia real de mi padre en el patio trasero.

Qué mágico se ve todo para un reino que detesta la magia.

—Mi señora —Lance me dedica una reverencia desde el barco.

El capitán abre la pasarela. La deja caer en el suelo mientras Azohr y Mim se apartan para darnos paso. Sonrío en espera de que él embarque en primer lugar. Lance cierra la plataforma una vez que todos estamos montados. Coge el timón. El barco vira despacio.

Mim coloca su cabello por el viento cuando Maren se apresura a tomar su mano para tirar de él hacia la proa.

Casi consigue que su frente choque contra la madera de la cubierta antes de llegar.

Ella señala a todos lados sin parar de hablar.

Es tan maravillosa, tan cálida, que nadie podría quedar indiferente a ella.

Los pasos a mi espalda me recuerdan a Azohr.

Me hacen querer que oscurezca. Verlo cerca.

Recorro incesante el barco con la mirada hasta encontrarlo apoyado sobre la barandilla de babor.

Hubiera sido extraño si en esta ocasión no lo hubiese encontrado pendiente de mí, sus ojos no se han separado de mi figura desde que nos hemos encontrado en Brenshire.

—Tendrás que disculparte por tus insinuaciones de antes —esbozo una sonrisa juguetona al llegar frente a él—. Querías obligarme a admitir que te observo todo el tiempo, pero eres tú el que no deja de poner sus ojos sobre mí.

—En primera instancia, mi princesa, comprendo entonces que no es algo de tu desagrado —Azohr eleva su comisura izquierda con picardía—. No me pediste que dejara de hacerlo.

—¿Y en segunda? —arqueo las cejas con expectación.

—Yo nunca te di una negativa —se cruza de brazos—. Además, no encuentro las vistas fuera del barco tan interesantes.

—Te confieso que eso me resulta algo sospechoso —apunto alrededor con el dedo—. No puedes negar que son maravillosas.

—Lo son —sonríe. Apoya las manos en la barandilla de madera—. Pero su belleza no puede darme conversación.

—No pareces alguien que disfrute de la charla —la curiosidad se apodera de mí al instante.

—No lo soy. No estoy interesado en hablar —Azohr dibuja una sonrisa en mi cara de fascinación—. Quiero que seas tú quién hable.