2. El secreto del corazón de un brujo. #6
Podría ordenarle que le contase la verdad a Mim.
O simplemente hacerlo yo. Pero necesito que de todas las dudas que pueda tener respecto a mí, ninguna sea sobre el hijo del cancilier.
—Azohr —me obligo a guardar silencio, aunque mi garganta pica deseosa de continuar—. Conozco a Tien desde hace seiscientos noventa y nueve años.
Ahora yo dejo caer con cuidado mi mano sobre la suya.
—Es el hijo del primer cancilier de la cámara de mi padre y su mano derecha, pero ni la insistencia del rey durante siglos ha conseguido que mi corazón lo quiera —y me lanzo a su mirada perdida en el tacto de mi piel para prometer que lo que digo es cierto.
El teniente me dedica una mirada que luce llena de agradecimiento.
La conversación continúa el resto del tiempo que dura el trayecto, que es bastante más corto que lo que me ha tomado a mí llegar.
Su idea de montar un fénix me sigue pareciendo mucho más práctica.
Le pregunto acerca de lo que hace en su tiempo libre, y sobre cómo es tener la capacidad de curar a la gente.
Debe de ser algo complicado entrelazar sus tareas como teniente y su responsabilidad ante la magia mientras lidia con el albedrío de la muerte.
Mi estómago se ha acostumbrado por completo a volar en esta posición después de más de media hora en ella.
Mi mente se abstrae de la altura por las historias hasta que Hai lanza un chillido que nos avisa de que estamos por llegar.
Azohr recupera su posición inicial y sujeta las riendas para dirigir al fénix por la parte alta del bosque.
Sobrevuela la arbolada casi a ras, en forma de semicírculos.
Nos detenemos frente a la entrada de la cueva.
Desciendo en un lado de la gran piedra sobresaliente de la montaña.
—¿Crees que tardarán en llegar? —pongo el peso sobre la punta de mis pies para adquirir un par de dedos de visión—. No debería de haberla dejado sola, tenía miedo de los fénixes.
—Hai los ha sentido cerca durante todo el camino —Azohr inspecciona a Hai tras el vuelo—. No tardarán.
El fénix del teniente se aleja del árbol con rapidez para concentrarse en un punto concreto y vacío del cielo.
Grazna con intensidad, levantando el aire.
El animal de Mim aparece como un nodo pequeño que empieza a ganar tamaño según se acerca.
El coronel en cabeza dirige el vuelo con un bulto de cabello rojo a sus espaldas.
Azohr me aparta con el brazo cuando desciende sobre la roca y vuela en línea recta hacia nosotros.
Aprieta sus garras contra las grietas naturales que se han formado en la superficie por el paso de los años.
Arroja al aire pequeñas piedras y guijarros cuando aterriza que son capturadas por el ala de Hai.
La desplegó rápido para protegernos de los impactos y ahora, solo veo una nube de polvareda entre las plumas.
El rugido de las garras en la piedra desaparece lentamente.
Hai recoge el ala tras unos instantes de silencio mientras Mim desmonta emitiendo carcajadas al ver que Maren está tumbada sobre la montura.
Abrazada a ella con fuerza. Estira los brazos para ofrecerle ayuda.
Sujeta su cintura para dejarla con cuidado en el suelo.
Me dedica una mirada furiosa antes de inclinarse hacia un lado.
Parece que va a desvanecerse, pero el coronel estira los brazos para sujetarla.
—Volar con ella es lo más divertido del mundo —Mim nos mira con una sonrisa que le ocupa todo el rostro—. Quise mostrarles un par de piruetas y enseñarle lo que Shae es capaz de hacer, pero, creo que no ha sido una buena idea.
—Puede que no me creáis, pero estaba segura de que sabía volar hasta que he montado en ese bicho —Maren tiene la cara descompuesta. Su piel es más pálida que de costumbre.
Todos reímos excepto ella. Se apoya en un árbol, respira de forma sonora hasta que poco a poco el color a salud retorna entre arcadas de mareo. Me acerco para asegurarme de que se encuentra bien y puede dar más de dos pasos sin caerse.
—Esperaremos unos minutos aquí hasta que Maren se recupere del todo —volteo para dirigirme al teniente y al coronel sin apartar las manos de la espalda de Maren.
—Eladriel, pétalo… —Maren esboza una sonrisa pacífica un tanto extraña—. Después de haberme hecho volar en este maldito animal por llegar a salvar a Tien, ¿ahora quieres descansar?
—Estás a punto de vomitar —me llevo las manos a las caderas.
—¿Y qué es eso en comparación con haber estado a punto de perder la vida? —Maren señala a Shae y a Mim de forma enérgica—. ¿Tú sabes todas las piruetas que puede hacer un fénix?
—Jamás uno de mis jinetes a muerto —Shae tuerce la cabeza en su dirección con un graznido indignado.
—Podría haber caído —espeta Maren con puños apretados.
—¡Tienes alas! —replica Shae con todo exasperado.
Maren abre la boca y eleva su dedo índice dispuesta a responder, pero un destello de lógica la embriaga y solo encoge los hombros. Si reconoce el punto de Shae…
—Está bien, está bien… —Maren estira sus manos hacia el frente según asiente—. Puede que esta vez sí haya exagerado …
—Esta vez… —chasqueo la lengua con ironía.
Antes de iniciar el camino hacia el interior de la cueva, Azohr se coloca delante de los fénixes. Une las manos cerradas en forma de puño para extenderlas después de haber elevado los brazos.
—Protegat scutum —anuncia el teniente.
Una especie de velo translúcido comienza a brotar de su movimiento, alcanza a los fénixes para cubrirlos. Shae y Hai permanecen quietos tras una especie de barrera que ha formado un velo opaco. Son rebeldes, pero parece que saben cuándo tienen que seguir instrucciones de manera precisa.
—¿Qué les hiciste? —Maren pestañea al ver el manto borroso que los envuelve.
—Tranquila —Mim se acerca. Usa el brazo para atravesar esa bruma—. Es solo un escudo de protección contra las hadas.
—Ese rey que tienes no me inspira confianza. —sonríe el teniente.
El sonido es el único que ahora nos acompaña al interior de la cueva.
Firme, como nuestros pasos. Mis músculos comienzan a sentirse tensos.
Esa sensación se instala en mis hombros según avanzamos a pesar de que paso con frecuencia por este lugar.
Sin embargo, algo me dice que el recorrido hacia Eryas esta vez será distinto.