2. El secreto del corazón de un brujo. #5
La curva de mis labios se pierde. Dedico una mueca de poca amabilidad al teniente antes de adelantar el pie para alejarme.
—Sigues estando bajo mis órdenes —Azohr vuelve a sujetarme, pero esta vez de la mano—. Vendrás conmigo en Hai hasta que tus alas estén bien por completo.
Señala a uno de los fénixes blancos cuya punta de sus plumas es dominado por el naranja y rojizo. Su tallaje es descomunal.
—Yo no recibo órdenes… —le espeto entre dientes.
Antes de que pueda terminar de objetar o decir algo al respecto, procede a seguir con la presentación de Mim.
—Te aseguro que es un buen amigo y mago de magia verde. Irás segura con él —Azohr se dirige a Maren sonriente—. Además, no solo tiene pinta de simpático —eleva media sonrisa burlona—. Lo es.
—Princesa Eladriel. Deseo deciros que es un honor serviros a vos y a vuestro reino —Mim me dedica una reverencia—. Usaré mi magia para ayudar al príncipe de Ravenbell.
—Os agradezco vuestra disposición —sonrío de forma agradecida.
—En cuanto a ti, señorita Maren, espero que disfrutéis a lomos de Shae —asiente en dirección a Maren.
Azohr coloca la mano en la parte baja de mi espalda ahora que charlan entre ellos. Me hace caminar hasta el lugar donde su fénix aterrizó. Se coloca de medio lado antes de continuar.
—Coronel —Azohr utiliza una voz firme y segura de teniente—. Volaré delante. Mantente a una distancia prudencial y no bajes de los doscientos pies. No aceleres a más de setenta kilómetros por hora mientras cruzamos el valle.
—Teniente Bradosck —Mim cruza el brazo derecho por el pecho, eleva el izquierdo hacia arriba—. ¿Aterrizaje?
—Maniobra de descenso en espiral. Reduce velocidad al mínimo y mantén el equilibrio —clara el teniente mientras escala el ala del fénix bajo mi asombro—. El aterrizaje será en la roca de la entrada a Ravenbell, por la parte noroeste de la montaña.
El teniente engancha de manera firme sus pies en los estribos y estira las riendas.
Sonríe al desplegar el brazo para ofrecerme su mano como ayuda para subir.
Dudo si aceptarla y sucumbir a su adorable encanto, o batir mis alas para subir por mí misma.
No debo pensar apenas para elegir lo segundo.
No pienso darle otra satisfacción antes de abandonar este lugar.
Lejos de que a Azohr le moleste la decisión que tomo, veo que esboza una sonrisa de satisfacción.
Algo en la forma en la que lo veo cambia.
Arrugo el entrecejo al contemplarlo de nuevo, estoy acostumbrada a recibir una desaprobación cuando quiero hacer cosas por mí misma.
Me subo en Hai con la esperanza de no caerme en cuanto alce el vuelo.
Aunque sé hablar con los animales, nunca he montado en uno, y menos de estas dimensiones.
El fénix echa a volar hacia el frente dejando atrás la majestuosidad de las grandes paredes del castillo.
Sube a tanta velocidad, que debo agarrarme con fuerza al teniente para no caer al vacío que asoma bajo nuestros pies.
—Pensaba que tu orgullo no te dejaba recibir ayuda —Azohr esboza una media sonrisa burlona que deja ver por encima de su hombro.
—A diferencia de ti, no me han enseñado a montar en ningún pajarito —me ofende que se burle.
Me gustaría ver su cuerpo sostenido por mis alas.
—¿Pajarito? —chilla Hai. Sacude el cuello—. Te recuerdo que estás sobre mí.
—Perdona —abro los ojos sorprendida. No esperaba que me escuchara y pudiera ofenderse—. ¿No había un brujo menos egocéntrico que pudiera montarte?
—Al menos, parece que por fin llevo una criatura inteligente sobre los lomos —Hai grazna.
—Se supone que tienes que ir contra ella, no contra mí —Azohr se inclina sobre su cuello para darle un par de toques ligeros.
—Sería muy estúpido por mi parte ir contra el único cerebro de los tres —Hai sacude las alas con más fuerza.
—Mis vuelos no son tan entretenidos —río por primera vez desde que llegué.
Azohr ladea la cabeza con urgencia ante el sonido de mi risa. Me sorprende su reacción. Mis labios se convierten en una línea recta al encontrarme con sus ojos y su mueca de asombro.
—Puedo enseñarte a volar —me propone el teniente mientras dirige a Hai hacia la derecha en la salida de Néferien.
—Tengo alas… —entrecierro los ojos incrédula.
—Sabes que me refiero al pajarito —eleva la comisura izquierda de sus labios—. Te servirá como transporte, y es mucho más efectivo en combate.
Nunca lo hubiese pensado. Si hubiera volado en un fénix hasta aquí, no habría estado exhausta al llegar al castillo, y no habríamos tenido que parar.
Es más inteligente de lo que en un primer momento podría haber pensado.
No habla a través de su fuerza física. A medida que conversamos, descubro de manera más profunda una parte que capta todavía más mi atención.
Me gusta conversar con él mucho más de lo que me ha gustado nunca hacerlo con Tien.
—¿No sería raro ver a un hada volando sobre un fénix? —sonrío.
—Encuentro en la realeza una obsesión insana por la lógica —Azohr niega—. No debería importarte lo que crean, Eladriel.
Eladriel…
Cuando me llama Eladriel, me hace sentir como si la confianza nos hubiera unido toda la vida.
Aunque solo sea la que compartimos. Tan cercano como cuando me ha mirado por primera vez.
A pesar de que no es el único que utiliza mi nombre para dirigirse a mí, en su tono encuentro algo que lo hace diferente.
Lo prefiero a princesa y el tono con el que lo utiliza.
—No me has respondido, princesa —el teniente insiste en esa idea loca—. ¿Quieres que te enseñe a montar, o no?
—¿De verdad crees que mis padres me dejarían acercarme a ti? —mis pupilas se hacen pequeñas por la certeza—. Si me viesen montando a horcajadas y en compañía del teniente de magia verde de Néferien, me encerrarían en las mazmorras.
—¿Algo más por lo que puedas perder la cabeza hoy? —pregunta con tono de chanza.
—Creo que el día de hoy resume bastante bien lo que va contra sus normas —suspiro al recordar que aún debo afrontar la llegada.
—No me sorprende el desprecio hacia nosotros, más de una vez lo han demostrado —se acerca a Hai para dirigirlo. El fénix desciende ligeramente—. Pero lo de montar como una criatura extraña me tiene desconcertado.
—Las hadas no montamos animales y las princesas debemos ser protocolarias —me sujeto de nuevo con fuerza a él cuando empiezo a levitar de la grupa—. Solo por esto nos enviaría su ejército.
—No creo que se atreviese —noto como encoge el cuerpo cuando lo rodeo—. Aun no has respondido…
—Tu idea de que es una buena estrategia en combate me parece ingeniosa —aparto la mirada dejándome llevar por el silencio que debo mantener—, pero no depende de mí.
—Sí. Sólo debes decidirlo —asegura con una convicción envidiable.
—Me gustaría pensar que así es, porque lo haces ver muy fácil, pero soy la princesa de Ravenbell —he olvidado el miedo del principio ahora que lo observo desde arriba—. Lo olvidas cada vez que me miras.
Ordena algo a Hai que no consigo entender por el ruido de las alas contra el aire.
Sus manos acarician lentamente las mías antes de apartarlas de su cuerpo para ponerse en pie sobre la silla.
Gira lentamente. Hace algo de equilibrio antes de apoyarse con la manos en la silla y desciende para toma asiento de nuevo.
Me mira de frente con una sonrisa que choca con la angustia que yo todavía siento al haberlo visto hacer eso. Es sanador, sí, pero también es mortal.
—Tranquila, Hai tiene todo bajo control —el teniente se inclina hacia delante para tomar mi mano—. Puedes hacer que tus deseos cuenten.
Esa caricia me hace entender que, aunque Azohr parezca una persona intimidante y fría, en el fondo de su ser se esconde un alma buena y noble.
No me conoce, y, sin embargo, se ha interesado más por mi bienestar que cualquier otra criatura de mi reino distinta a Twig.
Hasta que recuerdo que ha decidido contarle a su coronel que Tien es el futuro príncipe.
Que ahora tengo un problema y mis deseos pueden verse más perdidos que nunca.
Sello los labios cuando siento que mis fosas nasales se abren, pero…
—Me gustaría saber por qué le has asegurado al coronel que Tien es el futuro príncipe —carraspeo mientras alejo la mano.
—Mim no hubiese aceptado si no se tratase de alguien tan importante —Azohr sonríe con una ceja levantada—. Lo necesitaba para llevar a Maren.
—No es una buena idea que lo hayas insinuado —estiro los labios en una mueca de molestia—. Eso puede llegar a oídos de mi padre, y no tengo ninguna intención de que lo haga realidad.
—Vamos —el teniente frunce el ceño. Borra todo gesto de sorna de la cara—. No puedo creer que lo que tú quieras no importe. Eres la princesa.
—Sí. Eso me ha otorgado una vida llena de privilegios y felicidad —resoplo con ironía—. Tendré que hablar con Tien en cuanto esté recuperado y rezarles a los dioses para que Mim mantenga la boca cerrada.
—¿Por qué? —inclina la cabeza curioso—. Su palabra debe de valer menos que la tuya.
—No tienes ni idea de cómo funciona la vida de una princesa, y menos, en Eryas —arrugo la frente—. Empezaba a desconfiar de Tien, y esto solo complica más las cosas.
—Eladriel, princesa, como lo desees… —apoya las manos en la silla para inclinarse hacia delante—. Necesito que dejes de hacer de cada respuesta un enigma —sonríe—. Si ya has confiado en mí para entrar a mi castillo y subirte a este animal, puedes decirme qué ocurre.
—No lo sé —suspiro. Desato la tensión que guardo desde la conversación con Maren en la puerta del castillo—. Por eso debo hablar con él.
—Antes parecías bastante preocupada por el entrenador ¿Tiene algo que ver con eso? —su voz se vuelve suave para insistir.
—Claro que no —chasqueo la lengua. Bebo de ser la única que lo ve algo normal—. Me preocupo porque eso es lo que pasa cuando alguien te importa. Que él no sea la criatura con la que quiero compartir mi vida no quiere decir que no me importe.
—Creo que el hecho de que te arriesgues a perder tus alas, es algo que haces solo por alguien que te importa mucho —Azohr aprieta los labios como si lo que escucha de mis labios fuese mentira.
Deseo que me crea a pesar de que no puedo decirle que no tenga razón.
Solo sé que tuve miedo y la necesidad de venir.